8 de abril de 1920: tras pactar con los cabreristas, el Partido Unionista que aglutinaba a los conservadores guatemaltecos, consigue que se declare mentalmente incapaz al licenciado Manuel Estrada Cabrera

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Barricada de unionistas preparade para el ataque a la residencia presidencial de “La Palma”.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En Guatemala la rivalidad entre criollos (ya sean liberales y conservadores, o comunistas y anticomunistas) ha sido la causante de los golpes de estado, guerras civiles y revoluciones que han retrasado el desarrollo del país.  Esta rivalidad ha sido aprovechada por las potencias internacionales desde el inicio de la vida independiente, fomentando la inestabilidad local para su beneficio, dada la privilegiada ubicación geográfica del país y su proximidad al Canal Interoceánico de Panamá y al de Nicaragua (que las potencias han estado intentando construir desde 1821).1

Hasta 1898, la principal potencia con intereses en el área era Inglaterra, la cual dominaba la situación desde el enclave comercial en Belice y sus hábiles diplomáticos y banqueros (entre ellos las familias Skinner y Klee) quienes endeudaron a los gobiernos del área gracias a la venta de armas para repeler ataques de sus enemigos.

La situación empezó a cambiar poco a poco cuando en 1871 el gobierno mexicano por fin empezó a poner orden en su territorio y en 1898 los Estados Unidos se consolidaron como el otro gigante local al vencer a España y arrebatarle Cuba y Puerto Rico. Los gobiernos de ambos países empezaron a influir en la política centroamericana, con los Estados Unidos aliándose con el presidente de Guatemala, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, mientras que el presidente mexicano, el general Porfirio Díaz, buscaba alianzas con las otras naciones del Istmo.   Desafortunadamente para Díaz, la Revolución Mexicana de 1910 dió al traste con las aspiraciones porfiristas de dominio en la región y los estadounidenses consolidaron su hegemonía en Centroamérica, apoyando al gobierno de Estrada Cabrera por más de 20 años y haciendo sentir su presencia por el enclave bananero de la United Fruit Company (y sus empresas subsidiarias que tenían los monopolios del transporte ferroviario y marítimo).2

Pero el licenciado Manuel Estrada Cabrera perdió el apoyo político de los personeros de la United Fruit Company tras no poder aprovechar la agitación que había México por las revoluciones contra el golpista Victoriano Huerta para formar la República Suroriental con Chiapas y Petén y quedarse con el apetecido y estratégico estrecho de Oaxaca.   El gobierno norteamericano solamente estaba esperando una excusa para no permitir una nueva reelección de Estrada Cabrera, y tras las quejas de los criollos conservadores de que había perseguido al obispo José Pinol y Batres por haber dado unas homilías en las que criticó al gobierno, le retiró su apoyo. Esto envalentonó a los conservadores, quienes a finales de 1919 distribuyeron el “Acta de los tres dobleces” anunciando la formación del Partido Unionista,  que don Manuel tuvo que aceptar.  Aquel partido estaba formado por los conservadores y su directiva incluía, entre otros, a Emilio Escamilla, Tácito Molina, Julio Bianchi, José Azmitia, Manuel Cobos Batres (quien era primo del obispo perseguido) y otros miembros prominentes de la familia Aycinena. El 1° de marzo de 1920 en la inauguración del período de sesiones de la Asamblea Nacional Legislativa, se reconoció al partido quedando así oficializada su existencia. A partir de entonces, Estrada Cabrera reiteró públicamente su voluntad de atender los deseos de la comunidad internacional para dar mayor apertura política, aunque seguía arrestando y persiguiendo a los simpatizantes unionistas.3

​El 11 de marzo de 1920, los unionistas convocaron a una manifestación en la que participaron miles de ciudadanos, siendo abanderado de aquella manifestación el ciudadano y dirigente unionista José Azmitia. Pero esta manifestación fue reprimida por el Gobierno; el Ejército y la Policía dispararon contra los indefensos manifestantes, lo que unió a la población y a la comunidad internacional en contra de que Estrada Cabrera continuara en el poder. Y ya el 18 de marzo todo el personal de correos y aduanas se unió al nuevo partido, acción que fue inmediatamente imitada por el personal de telégrafos.4

Para el 7 de abril de 1920, todo el pueblo de Guatemala estaba afiliado al partido unionista y la autoridad de su directiva regía en toda la República.​ Con Estrada Cabrera quedaba un grupo reducido de partidarios que todavía buscaban su precaria protección y unos cinco mil hombres de tropa, en su mayoría indígenas de Momostenango, bien armados y en posesión de las dos anticuadas fortalezas de Matamoros y San José y del fuerte contingente militar en la residencia presidencial de La Palma. ​ Los unionistas no tenían armas ni habían buscado conexiones militares; Silverio Ortiz, líder obrero, y algunos otros directores habían recibido la promesa de muchos jefes militares de apoyarlos en caso de conflicto armado, pero solo uno de ellos, López Avila, tenía a la sazón tropas a su mando y exigía un decreto de la Asamblea para resguardo de su honor militar.​ Había llegado el momento de dar el golpe decisivo, pero se resolvió, a propuesta de Tácito Molina, que el presidente provisional que sustituyera a Estrada Cabrera fuese un hombre que inspirara plena confianza a la directiva del partido unionista, pero no un miembro relevante de este, dejándose para elecciones posteriores la selección del candidato idóneo.4

Para lograr el acuerdo, fue necesario que los unionistas entraran en componendas con un grupo de diputados liberales cabreristas, y con el presidente de la Asamblea Nacional, que en ese momento era el cabrerista Adrián Vidaurre y su segundo, José Beteta; entre los diputados con quienes se pactó estaban: Mariano Cruz, Carlos Herrera y Luna y Manuel Arroyo. Por parte de los unionistas, los que negociaron con los diputados fueron: Tácito Molina, Manuel Cobos Batres, Demetrio Avila y Julio Bianchi.​ Al final, acordaron que el presidente interino fuera el ciudadano Carlos Herrera, mientras que los cabreristas iban a designar a cuatro de sus ministros de gobierno y los unionistas a los otros tres.3, 4 Escritores unionistas como el propio Julio Bianchi y Rafael Arévalo Martínez aducen que el partido aceptó esta fórmula propuesta por Vidaurre por buena fe y por desconocimiento político, dados los nefastos resultados que tuvo, pero es más probable que aquellas hayan sido las directrices del embajador de los Estados Unidos.

Ya acordado como se formaría el gabinete, se procedió a programar la sesión de la Asamblea del 8 de abril. Se acordó que el orden del día sería:

  1. dar la licencia, no solicitada, a Estrada Cabrera para que pudiera ausentarse del país;
  2. elegir a Herrera como presidente provisional, y
  3. emitir un decreto ordenando a todas las fuerzas militares que reconocieran al nuevo Gobierno como la única autoridad legítima de la república.4

En la sesión legislativa del 8 de abril de 1920 el líder unionista José Azmitia entregó un documento con las acusaciones contra el presidente, y el diputado Letona (reconocido cabrerista que había hablado con los unionistas la noche anterior) pronunció un discurso que había sido acordado, y en el que proponía derrocar al presidente declarándolo mentalmente incapaz para gobernar, contentando así al pueblo sin que los diputados aparecieran como traidores. Su discurso fue saludado con una gran ovación.5

Al enterarse de aquello, el presidente Estrada Cabrera dijo simplemente: “¿Loco, yo?  Ya verán su loco!” y así se inició la llamada “Semana Trágica“, en la que se produjeron bombardeos desde La Palma hacia la Ciudad de Guatemala, empezando por el bombardeo desde el Cuartel de Matamoros el mismo 8 de abril.  Despues de encarnizados combates durante las primeras 48 horas, la situación bélica se calmó y los unionistas finalmente se consiguió que el ejército leal a Estrada Cabrera se rindiera luego que se consiguiera sobornar a sus oficiales cercanos.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bauer Paiz, Alfonso (1965). Compilación de leyes laborales de Guatemala de 1872 a 1930. Guatemala: Centro de Estudios Económicos y Sociales, Universidad de San Carlos de Guatemala.
  2. Bucheli, Marcelo; Jones, Geoffrey (Mayo de 2005). «The Octopus and the generals: The United Fruit Co. in Guatemala». Harvard Business School Case (en inglés)
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Bianchi Smout, Julio (1941). Prólogo de “¡Ecce Pericles!” de Rafael Arévalo Martínez. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Colón Gómez, Julio (1980). «Mi tío José». Revista Ingeniería (Guatemala: Colegio de Ingenieros de Guatemala).
  6. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209

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