Atentado de los Cadetes contra el presidente de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera

20 de abril de 1908

El cadete Víctor Vega intenta asesinar al presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera durante la presentación del embajador de los EEUU. Fue el segundo intento contra la vida del presidente guatemalteco en un año y provocó no sólo que clausuraran y demolieran la Escuela Politécnica, sino que inició el régimen de terror de Estrada Cabrera que se extendió hasta 1920.

Antiguo edificio de la Escuela Politécnica, que se encontraba en el convento que había sido expropiado a los frailes de La Recolección en 1872.
Antiguo edificio de la Escuela Politécnica, que se encontraba en el convento que había sido expropiado a los frailes de La Recolección en 1872.  En el recuadro: monumento a los caídos tras el atentado, que se encuentra en el Cementerio General en donde fueron sepultados los caídos un ano después del derrocamiento de Estrada Cabrera, el 22 de abril de 1921.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El atentado de «La Bomba»:

Véase también: Atentado de La Bomba

En abril de 1907 se produjo el «Atentado de La Bomba», del que salió milagrosamente ileso el presidente Manuel Estrada Cabrera, y cuyas represalias fueron terribles no solamente para los autores intelectuales y materiales, sino que para sus familias y numerosos ciudadanos inocentes ya que, siguiendo el ejemplo dejado por el general presidente J. Rufino Barrios, Estrada Cabrera aprovechó las circunstancias para deshacerse de enemigos políticos y de personas cuyos negocios le interesaban.1

Situación de Guatemala en 1908:

Véase también: Manuel Estrada Cabrera, Escuela Politécnica

Para 1908 el gobierno cabrerista mantenía su régimen dictatorial y el servilismo estaba en su apogeo; de hecho, la iglesia de Santo Domingo había cambiado el recorrido de su solemne procesión de Viernes Santo para pasar frente a la casa de habitación del presidente, situada en la 7.ª avenida sur de la Ciudad de Guatemala. Esta circunstancia fue tenida en cuenta por varios cadetes y oficiales de la Escuela Politécnica, quienes advirtieron que el capirote del traje de cucurucho (que por esos años cubría el rostro de los penitentes) era ideal para esconder a posibles conspiradores. Los cadetes concibieron un plan sencillo: aprovechando que la procesión iba a pasar frente a la casa del presidente, irían disfrazados de cucuruchos, invadirían la casa presidencial y apresarían a Estrada Cabrera. Pero para el Miércoles Santo de ese año los conjurados estaban presos: dos de ellos, durante una borrachera en una fonda, habían hablado de más y terminado en la cárcel. Estrada Cabrera, una vez que supo de la conjura, puso palizadas frente a su casa, prohibió que la procesión pasara enfrente y prohibió el uso de los capirotes en el traje de cucurucho.2​ Uno de los delatores fue el oficial Roderico Anzueto Valencia, agente de Estrada Cabrera, y quien años más tarde sería el brazo derecho del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.3

Orden de la Escuela Politécnica para el 20 de abril:

La orden del día 20 de abril de 1908 dice textuamente así:

Orden de la Escuela Politécnica del 20 de abril de 1908. Con fecha de ayer, se recibió del Ministerio de la Guerra, la comunicación que literalmente dice:

Señor Director de la Escuela Politécnica. Presente. Teniendo lugar, mañana en el Palacio del Poder Ejecutivo la recepción del Excmo. Señor don Guillermo Heinke enviado extraordinario y ministro plenipotenciaro de los Estados Unidos de América; para el acto dispondrá Ud. que la compañía de caballeros cadetes y su bandera haga guardia en el palacio. La banda marcial llegará a esa a las 12 1/2.

(f.) L. y R. Molina. 

En virtud a la disposicion anterior, todos los caballeros cadetes que tienen uniforme de gala y que puedan asistir a ese acto del servicio, dejarán de asisitir a clases desde las 10 am, del día de hoy, para arreglar perfectamente su equipo de campaña. A las 12 en punto se pasará revista por el capitán; y a las 12 1/2 estará la sección lista para marchar al mando del mismo capitán Maldonado y del teniente Juan Ignacio García, como abanderado irá el sargento Hurtado. Las clases continuarán para todos los que queden en el establecimiento. El comandante Zamora, permanecerá como Jefe de Servicio hasta el regreso del señor Maldonado.

(f.) El director, Rafael D. Ponciano. 

(f.) El ayudante: Florencio Ponciano.12

Asimismo, el director de la Escuela envio al Ministro de la Guerra el siguiente comunicado informandole del ascenso a Sargento Segundo del cadete Hurtado, quien iba a portar la bandera para el acto del 20 de abril:

Guatemala, 20 de abril de 1908.

Señor General Ministro de la Guerra. P.

Señor:

Tengo la honra de remitir a Ud. junto a la presente el nombramiento de Sargento Segundo que esta Dirección extendió a favor del cabo Alberto Hurtado Peña, para que si el señor Ministro tiene a bien, autorizarlo con su firma. Me permito indicarle a Ud. que el señor Hurtado, por su buena conducta y aplicación, se hizo acreedor al indicado ascenso. 

Protesto a Ud. mi subordinación y respeto.

(f.) Rafael D. Ponciano13

El disparo del cadete Vega:

El 20 de abril de 1908 estaba planificada la recepción oficial del nuevo ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Mr. William Heinke, en el Palacio de Gobierno; esas recepciones se realizaban en el salón de honor del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el viejo palacio colonial y en ellas montaban guardia los cadetes de la Escuela Politécnica, que acababan de relevar a la guardia de línea, que se trasladó al patio del Palacio. De hecho, Estrada Cabrera era muy aficionado a que los cadetes prestaran sus servicios en exhibiciones públicas oficiales.4

El presidente, vestido de rigurosa etiqueta, llegó a la puerta del salón en el palacio en su coche de punto; el imaginaria avisó a a concurrencia, y a la una y cuarto de la tarde el presidente bajó del coche, y atravesaba el corredor público frente al Pabellón Nacional portado por el cadete Hurtado cuando sonó un disparo. El cadete de la Escuela Politécnica Víctor Manuel Vega, en lugar de presentar el arma le disparó a Estrada Cabrera a quemarropa, pero el proyectil sólo hirió a éste en el dedo meñique de la mano izquierda.​ Por una casualidad increíble, el presidente se salvó porque el corredor público era muy estrecho, y cuando pasó frente a la bandera se quitó el sombrero de copa y apartó la tela de la insignia con la mano izquierda justo cuando salía el disparo de Vega. Estrada Cabrera se tiró al suelo y rápidamente se arrastró hasta la esquina más próxima y se metió a la primera oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se puso a salvo.5​ Allí se le unieron el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M. (revólver en mano) y el subsecretario Felipe Estrada Paniagua, además de algunos soldados. Posteriormente fue tratado por los médicos, y salió a un balcón del Palacio para calmar a los ciudadanos y evitar que se produjera la anarquía al saberse de su supuesta muerte.​6

Motivaciones del cadete Vega:

De acuerdo alí escritor Rafael Arévalo Martínez, Vega habría disparado sobre el presidente en venganza por la prisión y las torturas de sus jefes y amigos, que habian sido apresados el Jueves Santo tras la delacion del cadete Roderico Anzueto Valencia.  Sin embargo, de acuerdo al general José Domingo García SamayoaNota, lo que podria haber ocurrido es lo siguiente:

Segun lo describen, [Vega] era un individuo con múltiples problemas personales y emocionales que lo llevaban constantemente a actuar de forma irracional siempre involucrando a otras personas y con tendencias suicidas. Lo que sí aseguran en algunas versiones es que Vega tenía suficientes motivos familiares para fijar en su mente un fuerte odio y resentimiento contra don Manuel.  Por eso es que la razón más insistente y de la que se tiene más certeza es que le prometió a su novia que vengaría el daño que el Presidente habria causado a la familia de ella.  Alguien ha dicho también que Vega planificó entrar a la Politécnica, porque así tendría mejores oportunidades para realizar su cometido, ya que los cadetes siempre estaban muy cerca del mandatario cuando se le rendían honores.14

Reacción del gobierno:

Véase también: José María Orellana

La guardia del presidente reaccionó de inmediato, atacando a la compañía entera de los cadetes que montaba guardia, hiriendo y matando a varios de ellos, mientras que el resto fue conducido a los calabozos o logró refugiarse en casas vecinas.​ Los oficiales a cargo del Estado Mayor presidencial eran: brigadier José María Orellana, coronel Mauro de León, tenientes coroneles Ernesto de León y Juan B. Arias, comandante Carlos Jurado, capitán Lisandro Anleu y Silvano Muralles.​ Fue precisamente Anleu quien mató al cadete Vega en el lugar donde intentó perpetrar el magnicidio, quien cayó a los pies de la comitiva de Estrada Cabrera, quedando tendido entre el corredor y la alfombra de la subsecretaría de Relaciones Exteriores. ​6

La tropa de la Guardia de Honor custodió a los cadetes detenidos, junto con el capitán Emilio Maldonado y a los músicos de la banda. Algunos fueron trasladados a la Comandancia de Armas y otros a la Guardia de Honor para ser interrogados.  A las 2 de la tarde, Maldonado fue separado del grupo y llevado al Cuarte de la Rápida donde fue fusilado sin previo juicio. Uno de los capturados el Jueves Santo, el capitán Alfredo Fuentes, fue fusilado inmediatamente después y los restos de ambos fueron enterrados en rústicos ataúdes como N.N. en la Isla del Cementerio General.15

Por su parte, los cadetes fueron interrogados a golpes de vara de membrillo a calzón bajo en el edificio del Segundo Cuerpo de Artillería, aunque ninguno confesó porque nadie sabía nada.  Otro grupo fue llevado a la Guardia de Honor en donde corrió igual suerte.16

Finalmente, los tenientes coroneles Daniel Mendoza y José A. Salazar, junto con el comandante Manuel María Moreno fueron fusilados porque se sospechaba que eran miembros de «la Espartana», una organización secreta que habria sido formado para derrocar al presidente; se les acusó de inculcar a la traición y rebeldía entre los cadetes. Todos los acusados, incluyendo al coronel Manuel P. Córdova, y a los caderes Hurtado y Escobar, fueron torturados toda la noche del 20 y a las 9 am del día siguiente fueron llevados al patio principal de la comandancia de armas y de allí a la Escuela Politécnica, en donde fueron fusilados individualmente por orden descendente de grado.17

Los cadáveres de los fusilados fueron llevados al Cementerio General y enterrados como N.N. sin ninguna identificación y sin siquiera un ataúd rústico. Fueron sepultados amontonados en una fosa común.18

Manifiestos de adhesión:

Como había ocurrido tras el atentado de La Bomba los ciudadanos se apresuraron a manifestar su adhesión al «Benemérito Presidente» y «Jefe del Partido Liberal«. La manifestaciones quedaron recogidas en la obra «El crimen del 20 y el pueblo de Guatemala» de Fernando Somoza Vives, publicada en 1908 y que tenía la siguiente dedicatoria: «‘La Mañana’ y su Redactor dedican este volumen, síntesis del afecto de un pueblo a su Gobernante, al gran Repúblico licenciado don Manuel Estrada Cabrera.»7

A continuación se reproducen algunos de los mensajes publicados:

  • Felicitamos a la República por la salvación de su prestigiado Jefe y a la madre amorosa por la salvación del amado hijo8
  • Con profunda pena, con dolor inmenso, [en los] corazones leales al hombre generoso, a quien sus […] enemigos gratuitos no tienen más que echarle en cara una perpetua compasión para sus obsecados adversarios8
  • El pueblo entero ha condenado ese delito incalificable en que no se ve sino la mano misteriosa de alguien que quiere poner en práctica venganzas personales que la moral y el derecho no pueden admitir.9
  • Salvada por fortuna la vida del jefe del Estado, que en vez de estos sinsabores, merece el bien de la Patria, por su amor a la misma, felicitamos no sólo al eximio Presidente de la República por haber salido con vida de peligro tan inminente, sino a todos los guatemaltecos quienes ya saben que continúa al frente de sus destinos el egregio Patriota, que por su misma grandez se ha atraído odio de los pequeños y miserables, sobre quienes ha de recaer, por las leyes del orden moral, la sanción implacable de la justicia y la maldición de la sociedad y de la Historia.9
  • Señor Presidente: Guatemala entera, por nuestro medio, os presenta sin reticencias de ningun género con toda espontaneidad y con toda sinceridad también su incondicional y firme adhesión a vuestra causa y a vuestra persona, sus congratulaciones por haberos salvado providencialmente. […] Dignaos de recibir con benevolencia, Señor Presidente, esta sencilla pero ingenua manifetación de simpatía y aprecio que individual y colectivamente vienen a haceros, en esta ocasión solemne, los Representantes del pueblo de Guatemala.10
  • [Tras el ataque] volvió el rostro sereno al grupo de homicidas y entró al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde después de enjugarse la preciosa sangre […] comenzó a disponer lo conveniente […] para la Nación, que felizmente permanece inalterable.11

Por el mismo estilo continúan los mensajes provenientes de toda la República y de todas las dependencias estatales, algunos con más de dos mil firmas.


Notas:

  • García Samayoa no solamente fue historiador, instructor y subdirector de la Escuela Politécnica sino que tambien fue Ministro de la Defensa en 1993.  Además, era sobrino del cadete José García Escobedo quien fue capturado, torturado y muerto por los esbirros del presidente el 30 de abril. Por esto último, García Samayoa hizo una exhaustiva investigación de lo ocurrido el 20 de abril de 1908. 

Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El Libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 177-182
  2. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 200-209.
  3. Unión Tipográfica (1920). Principales jefes del Cabrerismo. Guatemala: Unión Tipográfica.
  4. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 125.
  5. Ibid., p. 126.
  6. Estrada Paniagua, Felipe (29 de abril de 1908). «El crimen del 20». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala). IV (61) p. 2.
  7. Somoza Vives, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana. p. 3.
  8. Ibid., p. 15.
  9. Ibid., p. 22.
  10. Ibid., p. 37.
  11. Ibid., p. 20.
  12. García Samayoa, José Domingo (2014). El Ocaso de las Dictaduras: golpes de estado, el enfrentamiento armado y la paz en Guatemala. Guatemala: Artemis y Edinter. p.: 25.
  13. Ibid., p. 26.
  14. Ibid., p. 38.
  15. Ibid., pp. 29-30.
  16. Ibid., pp. 31-32.
  17. Ibid., p. 39.
  18. Ibid., p. 40.