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Defensa de las posiciones filibusteras en la ciudad de Rivas, Nicaragua poco antes de rendirse. En el recuadro: el general guatemalteco José Víctor Zavala, comandante de la fuerzas guatemaltecas que formaron parte del Ejército Aliado Centroamericano. Imágenes tomadas de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

Los conflictos entre criollos liberales y conservadores siempre han tenido consecuencias catastróficas para los países latinoamericanos. Véase por ejemplo en México, cuando los conservadores quisieron oponerse a los cambios impuestos por los liberales liderados por Benito Juárez tras la guerra de la Reforma y la constitución de 1857, fueron a Europa y le otorgaron al Emperador Maximiliano la corona del Imperio Mexicano, con el respaldo del rey Napoleón III de Francia. Esto tuvo resultados desastrosos no solamente para los criollos mexicanos, sino que para todo el país e incluso para el mismo Maximiliano, que murió fusilado tras solo un corto tiempo en el poder.1

En Nicaragua la cuestión no fue muy diferente. Enemistados como siempre, los criollos liberales y conservadores entraron en disputa por el gobierno y terminaron pidiendo ayuda al filibustero estadounidense William Walker, quien vio la oportunidad perfecta para hacerse del poder en la nación centroamericana, muy apetecida por sus grandes lagos y la facilidad que estos ofrecían para pasar del Océano Pacífico al Atlántico, en una época en que todavía no existía el Canal de Panamá. Cuando Walker se autoproclamó dictador de Nicaragua, los países de la región dejaron por un lado sus diferencias y, con la ayuda de armamento porporcionado por los ingleses, y con sus mejores militares, se enfrascaron en la «Guerra contra los Filibusteros«, o «Guerra Nacional de Nicaragua«. Para entonces, Walker estaba cometiendo todo tipo de atrocidades, perpetrando frecuentes fusilamientos y quedándose con propiedades e intereses de los ciudadanos nicaragüenses.2

El 5 de mayo de 1856 el general Mariano Paredes, quien fuera presidente de Guatemala de 1848 a 1851, se puso al frente de los quinientos soldados guatemaltecos que el presidente Rafael Carrera envió para Nicaragua. Las tropas guatemaltecas salieron hacia El Salvador, llegando a la frontera con Honduras tras un mes de marcha. Debido a la lluvia, las tropas guatemaltecas permanecieron en Nacaome, Honduras durante tres semanas y, por fin, a mediados de junio, llegaron a la frontera de Nicaragua. Por su parte, el entonces coronel José Victor Zavala había marchado a El Salvador en misión diplomática con relación a los filibusteros y recibió órdenes del general Carrera de incorporarse en la columna de Guatemala como segundo jefe. Por su parte, Dueñas, presidente de El Salvador, movilizó a ochocientos hombres, al mando del general Belloso.3

El 12 de octubre de 1856, durante el sitio de Granada, Zavala demostró su valentía al atravesar la plaza de la ciudad hacia la casa donde se resguardaban los filibusteros bajo fuego intenso, logrando arrancar la bandera del enemigo. Cuando regresó a sus trincheras se ubicó en la parte más alta y blandiendo la bandera le gritó a sus soldados: «¡Veis, las balas filibusteras no matan!» ​No obstante haber recibido un proyectil la bandera y otro la guerrera que vestía, el futuro Mariscal saldría ileso de la acción.4 Ese mismo día, Walker y sus hombres habían atacando la ciudad de Masaya, que estaba defendida por el general Belloso, a quien redujeron a la plaza principal y las casas circundantes; pero al enterarse de la acción de Zavala en Granada, partieron hacia ella al día siguiente.5 Cuando Walker llegó a Granada, ya Zavala y sus cerca de ochocientos hombres habían prácticamente tomado la ciudad y reducido a los filibusteros a la ilgeisa parroquial y los edificios inmediatos. Walker los atacó en Jatelva a las 9 de mañana, y tras media hora de combate, los desalojó, quedando en poder de Granada nuevamente.6

Desafortunadamente, el general Paredes falleció el 2 de diciembre de 1856 víctima del cólera morbus y el tifus, que eran enfermedades muy comunes en esas latitudes, pasando el mando de las tropas guatemaltecas a manos del coronel Zavala.3A mediados de ese mismo mes llegaron a Guatemala las desagradables noticias de los sufrimientos que tenían las tropas guatemaltecas: el asedio a Granada y los estragos causados por las enfermedades. El general Carrera entonces ascendió a Brigadier al coronel Zavala; e hizo colocar el retrato de Paredes en el salón de honor del Consejo, además de asignarle una pensión a su viuda.3

Ya al mando de los guatemaltecos, Zavala y los otros comandantes centroamericanos entraron en discordia con el comandante salvadoreño Ramón Belloso. La situación llegó a tal punto, que Belloso ya no estaba dispuesto a volver a la campaña, alegando varias cosas, pero principalmente porque los otros jefes le criticaban hasta su modo de hablar; y que lo llamaban por apodo, especilamente el de «Nana Bellosa» en alusión a que era cobarde. El resto de comandantes negó que estuvieran haciendo lo dicho por Belloso, y finalmente se hizo la paz cuando todo se aclaró entre ellos. Esto hizo evidente que era necesario nombrar a un general en jefe, lo que a resultó en una prolongación innecesaria del conflicto.7

Finalmente, el 22 de marzo de 1857 se inició el sitio de la ciudad de Rivas con un estrecho cerco a la ciudad y cortando el suministro de agua a la misma. Los aliados sufrían no solamente los efectos de las balas filibusteras, sino que tambien los del cólera morbus, pero no conseguían que la ciudad se rindiera. El 11 de abril intentaron asaltar la ciudad, pero no lograron tomarla, aunque sí mermaron su resistencia. Durante el tiempo que duró el sitio habían salido las mujeres, niños y ancianos poco a poco, tras una serie de penurias y hacia el final, algunos de los filibusteros trataron de desertar, porque ya no soportaban el hambre.8

El 27 de abril los aliados cañonearon la ciudad, lo que continuó hasta el 30, cuando ya sólo quedaban algunos estadounidenses prácticamente derrotados. Entonces, el capitán Davis de la corbeta «Santa María» ofreció su intervención para alcanzar un acuerdo de paz y el 1 de mayo de 1857 se acordó que se dejaría salir a los pocos norteamericanos que quedaban y se otorgaba amnistía a los nicaragüenses que hubieran tomado las armas en el nombre del filibusterismo. El brigadier Zavala recibió bajo su autoridad la ciudad de Rivas el 2 de mayo y fue comisionado a llevar al derrotado Walker hasta San Juan en donde fue expulsado de Nicaragua.8,9

Doce dias después llego a Guatemala la noticia de la rendición de Walker y el triunfo se celebró por todo lo alto. Se echaron al viento las campanas de todas las iglesias, se enarboló la bandera nacional y hubo celebraciones religiosas con Te Deums. Y cuando arribaron las tropas vencedoras, fueron recibidas como los héroes que eran en todos los poblados en que pasaron.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Harding, Bertita (1934). Phantom Crown: The story of Maximilian and Carlota of Mexico. (en inglés) New York.
  2. Dueñas Van Severen, J. Ricardo (2006). La invasión filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional. Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana SG-SICA.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. p. 152.
  4. Ibid., p. 153
  5. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 300-301.
  6. Ibid., pp. 301-302.
  7. Zavala Urtecho, Huellas de una familia vasca-centroamericana, p. 163.
  8. Latin American Studies (s.f.). «Bandera cubana filibustera». latinamericansstudies.org (en inglés).
  9. Aceña, Efemérides militares, p. 103.
  10. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

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