12 de mayo de 1840: tras aplastar a Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un tratado a El Salvador por las reparaciones de guerra

 

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Capitán General Rafael Carrera. Retrato oficial que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Después de derrocar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840, Carrera se fue a Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos.  Luego, regresó a la ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, que habían apoyado la invasión morazánica con sus soldados.

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó convenios para maniatar a El Salvador.  Hacía allá se dirigió en compañía del padre Joaquín Durán, ministro de Relaciones Exteriores,  y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado.

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria y de su llegada, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y, sin mediar palabra, despidió a los salvadoreños hasta el día siguiente y se fue a dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza.

Los emisarios salvadoreños le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco y apenas y pudieron expresarse en su presencia, mientras que el general tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de como se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.

Fue hasta el día siguiente que fue el general guatemalteco quien mandó a llamar al presidente Cañas y a su ministro Barberena y les dijo:  “No habrá mucho que hablar: aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Solo queda que saquen en limpio lo que dice allí y firmemos.”

Y así se hizo.

En resumen, el convenio firmado esa vez dice que El Salvador no ocuparía en cargo públicos a ningún funcionario y militar que cooperó con Morazán en la invasión a Guatemala, y que se comprometía a entregar a Guatemala a todos los involucrados en las maquinaciones contra ella.  Además, dice que Guatemala se reserva el derecho de decidir cuando iba a permitir el regreso de los prisioneros de guerra que había dejado Morazán en Guatemala cuando huyó.

Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, mientras que el gobierno salvadoreño tuvo que reprimir serias revueltas cuando el contenido del convenio se hizo público.

BIBLIOGRAFIA: