29 de septiembre de 1717: terremoto de San Miguel destruye ciudad de Santiago de los Caballeros

Luego de fuerte erupción del Volcán de Fuego, el terremoto de San Miguel destruye a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

Boceto del siglo XVI que muestra una de las erupciones del Volcán de Fuego.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Volcán de Fuego ha estado activo desde mucho antes que los españoles conquistaran la region centroamericana en la década de 1520.  A pesar de ello, los invasores construyeron importantes centros políticos y comerciales en los valles de Almolonga y de Panchoy, ubicados prácticamente en las faldas de tres enormes volcanes: el Volcán de Agua, el Volcán de Fuego y el Volcán Acatenango.

Ya el 10 de septiembre de 1541 la naturaleza había avisado cuando un deslave de las laderas del Volcán de Agua sepultó a la Ciudad de Santiago que estaba entonces en el valle de Almolonga, obligando el traslado de la capital a su nueva ubicación en el valle de Panchoy, a unos cuantos kilómetros de la destruida ciudad.1, Nota_a

La nueva ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala estaba un poco más lejos del volcán de Agua, pero más próxima a los volcanes de Fuego y Acatenango.  De hecho, en la ciudad, los habitants creían que la cercanía de los volcanes y las montañas que rodeaban a la ciudad, en especial el Volcán de Fuego, era la causa de los temblores que frecuentemente ocurrían e incluso el arquitecto mayor, Diego de Porres, llegó a afimar que los terremotos eran causado por las «reventazones del volcán».2

Al caer la noche del 27 de agosto de 1717 se registró una erupción muy fuerte del Volcán de Fuego, y su actividad fue aumentado, al punto que el 3 de septiembre se celebró un cabildo extraordinario para tomar medidas al respecto. El cabildo acordó sacar en procesión a las imágenes del Santo Cristo de la Catedral Primada de Santiago y de Nuestra Señora del Socorro, quienes eran los patronos jurados contra el fuelo de los volcanes.3

Como la actividad sísmica no cesaba, el cabildo se reunió nuevamente el 4 de septiembre, y en ese oportunidad acordaron que: «esta ciudad y por ella este cabildo, justicia y regimiento, prometa y jure en la forma acostumbrada a Señora Santa Ana y su esposo, el señor San Joaquín, por Abogados y Patronos especialmente por el fuego del volcán, para que a su intercesión libre Dios Nuestro Señor a los vecinos y habitadores de esta ciudad«.4

Hubo muchas más procesiones de imágenes, y hasta que el día 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, tras los sismos leves acostumbrados por la tarde, el escribano Juan Ruiz de Alarcón consignó: «día miércoles a primera noche sobrevino a esta ciudad el terremoto grande que llaman de San Miguel, que causó gravísimos daños en ella, y salieron huyendo sus moradores, más de las tres partes de ellos a los pueblos circunvecinos y se trató de trasladarla y se salió a buscar sitio, que fuese a propósito para ello«.  Al día siguiente, 30 de septiembre, se produjo un nuevo temblor a las nuevo y media de la mañana, y los sismos no cesaron sino hasta el 4 de octubre, cuando se reportó que desde las nueve de la noche la ciudad sufría los efectos de fuertes temblores.5

Los terremotos de San Miguel dañaron a Santiago de los Caballeros considerablemente, y hubo un abandono parcial de la misma, escasez de alimentos, falta de mano de obra y muchos daños en las construcciones de la ciudad; además de numerosos muertos y heridos.  De hecho, las autoridades pensaron seriamente en trasladar la capital a un nuevo asentamiento menos propenso a la actividad sísmica, y para ello el capitán general Francisco Rodríguez de Rivas convocó a una junta general de autoridades civiles y eclesiásticas para que junto con los vecinos trataran el asunto de la traslación.  En la primera sesión, realizada el 6 de octubre, solamente el maestro de campo José Agustín de Estrada y Azpeita se opuso al traslado.5

Como no lograban ponerse de acuerdo, el 19 de octubre el ayuntamiento y el obispo Juan Bautista Alvarez de Toledo acordaron nombrar una comisión que recibiera informes acerca de los efectos que habían provocado los sismos, para así informale al rey de España y pedir la traslación de la ciudad oficialmente.  Este informe estuvo concluido el 23 de noviembre y fue enviado al rey para su decisión final.  Mientras se esperaba la resolución final, hubo serios conflictos entre los que apoyaban el traslado y los que no, llegando incluso al extremo de que el virrey de la Nueva España le envió a Rodríguez de Rivas una carta exponiéndole que hasta allá habían llegado quejas de pobladores de Santiago de los Caballeros a quienes no se les permitía abandonar la arruinada ciudad.5

La respuesta del rey se demoró, así que para el marzo de 1718 la Real Audiencia  decidió que se desocupara el valle de Panchoy y que la ciudad se traslada al valle de Santa Ana Chimaltenango, pero después se decidió que era mejor hacerlo al valle de las Vacas.  En este punto, Rodríguez de Rivas indicó que para hacer el traslado era el cabildo criollo el que debería sufragar los gastos, y cuando éste se opuso, se convino en dejar en suspenso todo lo actuado hasta no obtener la aprobación definitiva del rey.6

Finalmente, el 16 de julio de 1718 llegó la nota del rey denegando la solicitud para trasladar la ciudad.  Entonces, estando todavía como estaba la monarquía Española al dominio de la Iglesia Católica, el propio capitán general Francisco Rodríguez de Rivas donó de sus propios fondos para reconstruir el oratorio de San Felipe Neri y la parroquia de El Calvario.​ La reconstrucción tomaría un par de décadas, pero la ciudad se recuperaría totalmente e incluso sobreviviría el terremoto de San Casimiro en 1751.   No fue sino hasta los terremotos de Santa Marta en 1773, y por la division entre el gobierno español y las autoridades eclesiásticas, que la capital finalmente se trasladó a un nuevo lugar.7-9


NOTAS:

  • a: Debe recordarse que en el siglo XVI, esa era una considerable distancia para el traslado de una ciudad.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 1
  2. Ibid., p. 20.
  3. Ibid., p. 115.
  4. Ibid., pp. 115-116.
  5. Ibid., p. 116.
  6. Ibid., p. 118.
  7. Comisión del presidente de la Real Audiencia de este Reino de Guatemala (1774). Extracto o Relación Methodologógica de los autos de reconocimiento. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  8. Moncada Maya, J. Omar (5 de mayo de 2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín». Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796.
  9. Melchor Toledo, Johann Estuardo (noviembre de 2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». Tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).