23 de diciembre de 1586: tras casi dos años de temblores y erupciones del volcán de Fuego, se produce un fuerte terremoto que daña severamente a la ciudad de Santiago de los Caballeros

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Los volcanes de Fuego, Acatenango y Agua vistos desde Escuintla en 1840. Grabado de Frederick Catherwood.  Tomado de Wikimedia Commons.

El volcán de Fuego ha tenido en jaque a la ciudad de Antigua Guatemala desde su fundación como Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1541, y es que la ciudad fue fundada prácticamente en las faldas de dicho volcán. (La ciudad anterior, en el valle de Almolonga, estaba a tan solo legua al suroeste de la ciudad de Santiago, al pie del volcán de Agua, que la destruyó durante un deslave en septiembre de 1541.)

Los temblores y erupciones volcánicas fueron parte cotidiana de la capital del Reino de Guatemala desde 1565, cuando un terremoto daño la mayoría de sus edificios, situación que se repitió en 1575, 76 y 77.

Posteriormente, el 27 de diciembre de 1581, hubo una fuerte erupción que arrojó tal cantidad de ceniza que los habitantes tuvieron que encender velas para poder ver.  Era la época colonial y previo a las reformas borbónicas, por lo que la Iglesia Católica todavía tenía el control absoluto de la situación; por esta razón, se hicieron procesiones de rogación y la gente se confesaba a gritos, creyendo que era el día del juicio.  La situación se mantuvo tensa hasta el 14 de enero de 1582, cuando el volcán arrojó lava durante veinticuatro horas, pero luego se calmó.

Pero las tribulaciones continuaron. Cuenta el historiador clérigo Domingo Juarros en su obra “Compedio de la Historia de la Ciudad de Guatemala“: “También los años de 1585 y 86 fueron en extremo amargos para los vecinos de Guatemala: porque habiendo comenzado los temblores de tierra el 16 de enero de 1585, se continuaron todo ese año, y el siguiente con tal tezón, que no pasaban ocho días sin que temblase. Aumentóse la tribulación, con el fuego que por seis meses continuos no cesó de arrojar el Volcán.  Pero el mayor estrago lo causó el terremoto de 23 de diciembre de 1586, que destruyendo la mayor parte de la ciudad, sepultó en sus ruinas a muchos de sus moradores, sacudiéndose la tierra con tal fuerza, que los cerros se desgajaron y se abrieron profundas grietas en la tierra.”

Los sismos y erupciones se repitieron con regularidad en el siglo XVII y XVIII.  En este último, la ciudad fue destruida por los terremotos de San Miguel en 1717, de San Casimiro en 1751 y deSanta Marta en 1773.  Fue en este último, cuando ya la Iglesia no controlaba el Estado español, que se produjo un profundo conflicto entre las autoridades civiles y eclesiásticas, y las primeras decidieron trasladar la ciudad al Valle de la Ermita y debilitar aún más las autoridades del clero.

Y los daños han continuado.  En 1874 un violento sismo demolió varias estructuras que habían sobrevivido los terremotos de Santa Marta, y el terremoto del 4 de febrero de 1976 terminó por derrumbar numerosas fachadas de las antiguas iglesias.


BIBLIOGRAFIA: