18 de junio de 1862: se realizan las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, miembro de la familia Aycinena y uno de los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera

 

Interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. Imagen de “La Ilustración Guatemalteca” publicada en 1896.

El 18 de junio de 1862 se celebraron en la Catedral Metropolitana de la Nueva Guateamla de la Asunción las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, con toda la solemnidad de la Guatemala católica conservadora del gobierno de Rafael Carrera.  A la ceremonia presidida por el arzobispo, asitió el presidente Carrera, ya para entonces todo un personaje culto y de mundo (muy lejos del campesino analfabeta que había dirigido la revolución contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Galvez en 1838).  Al presidente vitalicio lo acompañaron todas las autoridades de la época, los embajadores y una gran multitud que abarrotó las tres naves de la iglesia.

Contrario a las falsas versiones divulgadas por los historiadores liberales encabezados por Lorenzo Montúfar, Ramón Salazar y el hondureño Ramón Rosa, Carrera no solamente no fue un instrumento de los conservadores, sino que todo lo contrario:  gobernó con mano de hierro no solo a los criollos conservadores, sino a toda la población guatemalteca.  Y Batres Juarros fue uno de sus principales colaboradores, razón por la que las exequias fúnebres fueron magníficas.

Batres Juarros era también un personaje con mucha personalidad, pero en una Guatemala en donde existía la figura del presidente Carrera, solamente había lugar para un líder. Eso no impidió que los criollos conservadores lograran muchas cosas en ese período, principalmente gracias al empeño de Batres, quien era hombre de Estado y velaba por los intereses de su clase económica con empeño inquebrantable.

De todos los puestos que ocupó en el gobierno conservador, es quizá el de Canciller en el que más éxitos obtuvo y al que llegó por haber ayudado a Carrera a regresar del exilio en México cuando la situación en el país estaba al borde del caos absoluto.

Pero en ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos estaban divididos en dos grandes grupos rivales, incapaces de reconocer los méritos de los oponentes y dispuestos a tomar o arrebatar el poder politico y económico a la primera oportunidad.  De esa cuenta, cuando los criollos liberales tomaron el poder en 1871, sus historiadores se encargaron de tergiversar los acontecimientos acaecidos durante los treinta años del gobierno conservadores y de desprestigiar a sus principales estadistas convirtiendo la figura de Carrera en la de un analfabeto que firmaba como “Raca Carraca” y a Batres en un pusilánime e inepto del que no valía la pena siquiera recordarse.

BIBLIOGRAFIA: