21 de junio de 1839: se restablecen las órdenes religiosas en Guatemala luego de haber sido expulsadas por Francisco Morazán y los liberales en 1829

21junio1839

El 13 de abril de 1839 habían entrado los campesinos montañeses a la capital del Estado de Guatemala, comandados por el general mestizo Rafael Carrera.   Aunque los milicianos eran hombres duros y analfabetos con un acérrimo fanatismo católico, respetaban a su general, quien tenía un supremo don de mando.  La bandera de los campesinos había la religión: era en los asuntos de la Iglesia en donde más se hacía sentir el cambio radical en el gobierno del Estado. 1  Si bien el impuesto individual hacia los indígenas los había afectado, fue la implementación de los Códigos de Livingston la que causó gran indignación entre la población campesina, pues autorizaba el divorcio y el matrimonio civil, dejando por un lado siglos de sincretismo religioso con la religión católica; por ello fue que cuando el gobierno del licenciado Mariano Gálvez intentó implementar cinturones sanitarios contra una epidamia de cólera, previniendo a los pobladores acceder a sus fuentes de agua, el descontento estalló en una rebelión en todo el país.2

Tras su ingreso triunfal, y fiel a la bandera del catolicismo, Carrera ordenó al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, hombre “de caráter débil pero de buen corazón“, que reuniera a la Asamblea Legislativa para que se hiciera un decreto que ordenara al gobernador eclesiástico que en todas las iglesias del Estado se hiciera un día de rogación por el acierto de los trabajos de la propia Asamblea.  Aquel el principio de lo que sería la simbiosis entre la Iglesia Católica y el Estado guatemalteco durante los próximos treinta años.1

El cambio en el sentimiento religioso fue muy grande y contrastaba con todos los vejámenes y humillaciones que se le habían hecho a los curas párrocos y a los frailes regulares durante el gobierno liberal que empezó en 1829, tras la invasión de Francisco Morazán que derrocó no solamente al gobierno federal sino que a las autoridades del estado de Guatemala, encabezadas por Mariano de Aycinena.3  No solamente habían expulsado a los frailes y ex-claustrado a las monjas, sino que el país no tenía arzobispo sino gobernador eclesiástico, porque al prelado Ramón Casaus y Torres lo habían expulsado los liberales sin mayores contemplaciones.3-5

Una de las primeras medidas en favor de los sacerdotes católicos fue la autorización del retorno de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, y Colegio de Misiones de Propaganda Fide (La Recolección, la cual era la preferida de la familia Aycinena y recibió trato preferencial) y que se les devolvieran sus iglesias y conventos.5  En cuanto a los Jesuitas, éstos habían sido expulsados por las autoridades españolas desde 1767 y no poseían conventos ni haciendas en el país, pero eventualmente les fue autorizado el retorno.

Los religiosos encontraron así en Guatemala un refugio a la persecución de que eran víctimas en todo el continente americano, pues se les miraba como un símbolo de la dominación española y un atraso en el progreso de los pueblos. 6 Pero gracias al férreo control de Rafael Carrera sobre el gobierno guatemalteco, pudieron desarrollarse tranquilamente en el país hasta 1871, cuando los liberales por fin retomaron el poder.5

El decreto de 1839 por medio del cual se autorizó a los religiosos a retornar al Estado es el siguiente:

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DEL ESTADO DE GUATEMALA, 21 DE JUNIO DE 1839, DECLARANDO INSUBSISTENTE EL DE 28 DE JULIO DE 1829, POR EL CUAL SE SUPRIMIERON LAS ORDENES MONÁSTICAS

  1. Se declara nulo e insubsistente él decreto de veintiocho de julio de mil ochocientos veintinueve, contraido á la supresión de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, Merced y Colegio de Misioneros de Propaganda Fide.
  2. En consecuencia el gobierno del estado, poniéndose de acuerdo con el goberno eclesiástico, y oyendo á la municipalidad de esta capital, proveerá lo conveniente para que desde luego tenga efecto el restablecimiento del Colegio de misioneros de Propaganda Fide proporcionando a los religiosos la devolución de su iglesia y convento; y haciendo para ello las indemnizaciones que fueren de
    justicia.
  3. Para el restablecimiento de las otras órdenes religiosas, el gobierno también de acuerdo con el ordinario eclesiástico, y oyendo á la corporación municipal, dispondrá lo conveniente; consultando á la asamblea cuando fuere necesaria alguna resolución legislativa.7

BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. 
  3. Molina Moreira, Marco Antonio (1979). «Manuel Francisco Pavón Aycinena, constructor del sistema político del Régimen de los Treinta Años». Tesis (Guatemala: Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala).
  4. Williams, Mary Wilhelmine (1920). «The ecclesiastical policy of Francisco Morazán and the other Central American liberals». (en inglés) The Hispanic American Historical Review III (2).
  5. Hernández de León, Federico (10 de abril de 1928). «Fenómenos de nuestra historia». Nuestro Diario (Guatemala).
  6. Pérez, Pedro Nolasco O. de M. (1966). Historia de las Misiones Mercedarias en América. Madrid.
  7. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 273.