26 de junio de 1887: el presidente Manuel Lisandro Barillas rompe el orden institucional y se constituye en dictador luego de una rebelión en Huehuetenango

General Manuel Lisandro Barillas, president de Guatemala de 1885 a 1892.  A pesar del autogolpe de 1887, terminó su período constitucional en 1892 y entregó el poder a su succesor tras convocar a elecciones.  Imagen tomada del libro “Guatemala, Land of Quetzal“.

Uno de los presidentes olvidados de la historia guatemalteca es el general Manuel Lisandro Barillas, quien gobernó a Guatemala entre 1885 y 1892.  Y no es que esté olvidado por ser un mal presidente, ya que comparado con los gobiernos de la llamada “época democrática” que se inició en 1985, el suyo fue un régimen de altos quilates.  Su figura fue relegada al olvidado sencillamente porque fue enemigo personal del licenciado Manual Estrada Cabrera, quien se encargó no solamente de borrarlo de los libros de historia sino de eliminarlo físicamente, ordenando su asesinato en la Ciudad de México en 1907.

Barillas llegó al gobierno por su gran habilidad política luego del fallecimiento del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.  El entonces ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia, supo desde un principio que el primer designado a la presidencia, don Alejandro Sinibaldi, no tenia carácter para gobernar y empezó a mover sus influencias para hacerse con el poder.  Pero no contaba con que los miembros de la Asamblea se dieron cuenta de sus intenciones y consiguieron convencer a Barillas para que fuera a la Ciudad de Guatemala lo más rápido posible para hacerse cargo de la situación.

Ya en el poder, Barillas le hizo a Barrundia lo que luego haría Estrada Cabrera con él: no solamente lo neutralizó políticamente, sino que organizó una intensa campaña de desprestigio acusándolo de ser el autor de todas las barbaridades y vejámenes que se dieron durante el gobierno del finado general Barrios.  Y luego, cuando Barrundia quiso unirse a una invasion salvadoreña contra Guatemala, hizo que la policía lo matara cuando se resistió a su arresto a bordo de un barco mercante estadounidense.

En 1887, ya siendo presidente constitucional, hubo una sangrienta rebelión que Barillas sofocó a sangre y fuego en Huehuetenango, la que aprovechó como excusa para suspender las garantías constitucionales, muy al estilo de lo que quiso hacer Jorge Serrano en 1993.  Aquel 26 de junio de 1887 suspendió las garantías constitucionales y se instituyó en dictador, acción que fue comunicada a los otros gobiernos de Centroamérica y al de México, indicándoles que la media era transitoria y obedecía a una crisis interna.

Aprovechando la suspension de garantías, Barillas disolvió a la Asamblea Legislativa y convocó a una Asamblea Constituyentes, por medio de la cual hizo modificaciones a la constitución de 1879, las cuales estuvieron listas en noviembre de 1887, y por medio de las cuales a pesar de la suspension del regimen institucional en junio, su período seguía siendo constitucional.  También aprovechó para acusar al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada de estar publicando documentos de la Curia Romana sin autorización, y así expulsarlo del país.  (Casanova no regresó a Guatemala sino hasta 1897.)

Por su importancia histórica el decreto se reproduce a continuación, ya que presenta muchas similitudes con autogolpes que se dieron en los años posteriores:

MANUEL LISANDRO BARILLAS, general de division y Presidente de la República de Guatemala

Asus conciudadanos:

El Poder Ejecutivo ha dictado hoy un decreto que la utilidad pública demanda y la necesidad exige.

El 11 de diciembre de 1879 se expidió la Constitución política fundada en los principios del Derecho público y de conformidad con las reformas que el espíritu moderno ha implantado.

Esa ley, llamada en su mayor parte, a vivir muchos años, sirviendo de base al engrandecimiento de la Patria, fue reformada el 20 de octubre de 1885.

Las reformas se hicieron en momentos de agitaciones y de transición, sin que, en todas ellas, precediera la calma que requería una obra de tanta magnitud y trascendencia. 

Los legisladores, guiados por el deseo de limitar en lo absoluto la acción del Poder Ejecutivo, le prescribieron reglas cuya observancia pone en la necesidad de sucumbir.

Las dificultades fueron aumentadas por las Legislaturas del año anterior y de presente, las cuales emitieron considerable número de leyes aun más restrictivas e impracticables. Algunas de ellas arrebatan al Poder Ejecutivo facultades indispensables para el Gobierno, de que no lo habían privado ni aún las reformas de 1885.

No aspiro al poder absoluto, no quiero omnímodas; pero es preciso que tenga la autoridad que exige el cumplimiento de la muy alta mission que el Puebo me ha confiado. No hay Gobierno sin hacienda, y ésta no puede existir si el Poder Ejecutivo carece de medios para mantenerla y acrecentarla.  El Crédito, elemento económico que todo Gobierno debe sostener aun a costa de los más grandes sacrificios, ha sufrido considerablemente.

Vine al Poder en virtud de la revolución gloriosa de 1871, cuyo programa estoy obligado a defender y no puedo hacerlo bajo el peso de disposiciones que me detienen el paso y me conducen a la más odiosa reacción.

No quiero una dictadura; aspire a que sea libre el Pueblo que me ha honrado su confianza, y por lo mismo he decretado la convocatoria de una Asamblea Constituyente.  Tampoco aspire a poner en peligro los triunfos liberales que Deben ser nuestra guía, alcanzados por los legisladores de 1879.  Sólo me propongo que la Constituyente que hoy convoco, revea las reformas de 1885.  Este alto cuerpo se reunirá el 1 de octubre del presente año: de manera que el Poder que asumo en virtud del artículo 1 del decreto dictado hoy, es muy transitorio. (Este artículo decía:  El Poder Ejecutivo asume el Poder Supremo de la Nación, quedando en consecuencia suspenso el regimen constitucional).

Guatemala, junio 26 de 1887.

Manuel L. Barillas

BIBLIOGRAFIA: