29 de junio de 1541: muere Pedro de Alvarado tratando de apaciguar un alzamiento de indígenas chichimecas en Nochistlán, Nueva Galicia al pedido del virrey de México

Muerte de Pedro de Alvarado representada en el Códce Telleriano-Remensis.  Aparece el nombre en español y en náhuatl (Tonatiuh). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Bien dice el refrán aquello de que “a quien a hierro mata, a hierro muere” y ese fue precisamente el caso de Pedro de Alvarado.  En un viaje que tenia preparado para ir al Perú, tuvo que pasar primero por México, en donde al saberse que había un alzamiento indígena en la region de Nueva Galicia el virrey Antonio de Mendoza le requirió su ayuda para apaciguar la región.

Alvarado era un hombre cruel y sanguinario pero también era un soldado valiente que no rehuía la batalla, así que sin dudarlo se encaminó hacia Nochistlán en donde lo esperaban diez mil indígenas chichimecas furiosos y desperados dispuestos a la muerte antes que a la esclavitud, atrincherados en una montaña adyacente a la localidad: el Cerro del Mixtón.

Al llegar, las tropas de Alvarado se unieron a las del gobernador de la region, Cirstóbal de Oñate y, de acuerdo al plan original, iban a esperar a que llegaran las tropas enviadas por el virrey Mendoza.  Pero Alvarado no quiso esperar y partió hacia la batalla no sin antes decir: “La suerte está echada y cada uno que cumpla con su deber“.

El 29 de junio de 1541, Alvarado y sus soldados llegaron al pie de la montaña y la empezaron a reconocer, pero en aquel momento empezó una lluvia de flechas y piedras que les lanzaron los enardecidos alzados.  Entonces, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas retrocedieron y cuando los indígenas se dieron cuenta de esto, salieron de su trinchera para perseguir a los atacantes gritando a más no poder.  Segun cuentan los historiadores, la avalanche indígena incluía a mujeres y niños que preferían morir antes que seguir de esclavos.

Los indígenas obligaron a Alvarado a retroceder 3 leguas por un terreno muy accidentado y sembrado de plantas de maguey.  Finalmente desistieron de su persecución y los españes llegaron a un terreno que se prestaba para el contraaque.  Allí Alvarado se dió cuenta de que el notario Baltasar Montoya tenia problemas con su cabalgadura por el terror que le había producido al letrado la batalla  y fue a ayudarlo, pero con tan mala suerte que el caballo cayó y empezó a rodar por la ladera y se pasó llevando al Adelantado.

Pedro de Alvarado quedó muy mal herido por las cortadoras que le produjo su propia armadura durante la caía, aparte de los golpes que le causó el caballo y solo atinó a decir: “Me siento morir, pero no es bien que los nativos conozcan nuestra situación.

En estado agónico fue llevado hasta Guadalajara en donde dio sus últimas disposiciones y dictó una carta para su esposa, Beatriz e la Cueva pidiendo que lo sepultaran en la Iglesia de San Francisco en México y que asistieran todos los clérigos de la ciudad.

Se dice que cuando un medico le preguntó qué le dolía, Alvarado contestó “¡El alma!”.

Los restos fueron seputados en México, pero luego trasladados a Guatemala por gestiones de su hija Leonor, para finalmente perderse durnate uno de tantos terremotos que destruyeron la Catedral de la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Díaz del Castillo, Bernal (1568) Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, (texto en la web cervantesvirtual pp. 266)
  2. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. 
  3. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Polo Sifontes, Francis (1981). «Título de Alotenango, 1565: Clave para ubicar geográficamente la antigua Itzcuintepec pipil». En Francis Polo Sifontes y Celso A. Lara Figueroa. Antropología e Historia de Guatemala (Ciudad de Guatemala: Dirección General de Antropología e Historia de Guatemala, Ministerio de Educación). 3, Época II: 109-129. OCLC 605015816.
  5. Vallejo García-Hevia, José María (2008). Juicio a un conquistador, Pedro de Avarado “su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)”. Marcial Pons Historia. p. 1330. 
  6. Vázquez Chamorro, Germán (2003) “La conquista de Tenochtitlan” colección “Crónicas de América”, compilación de los cronistas J. Díaz, A. de Tapia, B. Vázquez, F. de Aguilar; “Relación de méritos y servicios” pp.121-147 Dastil, S.L. ISBN 84-492-0367-8