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1 de julio de 1944: Ubico renuncia a la presidencia

1julio1944
Museo Nacional de Arqueología y Etnología, originalmente un pabellón de la Feria de Noviembre construido para celebrar el natalicio del general Jorge Ubico.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el mes de junio de 1944 el régimen del presidente Jorge Ubico había tenido que afrontar serias protestas, las cuales se habían extendido desde El Salvador -en donde un mes antes había sido derrocado el general Maximiliano Hernández Martínez1. Para afrontar las protestas, suprimió las garantías constitucionales ante lo cual, un grupo de ciudadanos le envió la llamada «Carta de los 311» el 22 de junio, en donde le pedían que restituyera la constitución en su totalidad.  No obstante, Ubico no respondió favorablemente a esta carta, a la que siguió una segunda misiva en la cual ya se le exige su renuncia, luego de la muerte de la profesora María Chinchilla y las heridas de varios manifestantes contra el régimen en manifestaciones del 25 de junio.2

Ante las anteriores misivas, a causa del descontento popular generalizado, y por el obvio cambio en la política exterior del gobierno de los Estados Unidos ante los regímenes dictatoriales centroamericanos que había apoyado hasta ese momento, Ubico decidió renunciar el 1 de julio de 1944, y lo hizo enviando la siguiente renuncia a la Asamblea Legislativa:3

Honorable Asamblea Legislativa: en vista de la intranquilidad pública provocada en esta capital por grupos de individuos y estudiantes que se encuentran, según dicen, en desacuerdo con el Gobierno que presido, me veo en el caso, para que la paz y el orden reinen en todo el país, a renunciar irrevocablemente al cargo de Presidente de la República ante esa Honorable Asamblea.

    • Jorge Ubico3

Ubico también publicó y distribuyó el siguiente manifiesto, que fue leído por varias personas en las esquinas de la Ciudad de Guatemala:4

El día de hoy presenté a la Honorable Asamblea Legislativa la renuncia del cargo de presidente de la República. La presenté con carácter de irrevocable.

Volveré así a la vida privada, después de consagrar al servicio del país mis energías y experiencia en la vasta labor de dirección de un gobierno de orden y progreso.

Me retiro del poder dejando tras de mí una obra realizada que, si no llena ni hubiera llegado nunca a colmar mis aspiraciones de guatemalteco, es prueba no refutable del amor que como ciudadano profeso a mi patria y del cuidado que le dediqué como gobernante.

Jamás mis antecesores tuvieron que hacer frente, como yo, a una época tan preñada de dificultades y peligros; y me satisface poder asegurar que los que juzguen mi actuación hoy y mañana, con espíritu ecuánime y sereno, ajustarán su veredicto a la medida de mis pretensiones.

Un movimiento que empezaba a tomar caracteres de violencia, iniciado y proseguido hasta ahora por una minoría de los habitantes de la capital, me llevó a la decisión de resignar el mando, pues, a pesar del pequeño número de quienes se rebelaron como descontentos del régimen gubernativo, es manifiesto, en las peticiones que ellos me dirigieron, su deseo principal y unánime de que renunciara al ejercicio de la presidencia. Así lo hice, enseguida, sin dudas ni vacilaciones, porque en ningún momento del lapso de mi mandato abrigué el propósito de afirmarme en el poder contra la voluntad de mis condicionales.

Al cesar en las fatigas y sinsabores del elevado cargo que acepté en cumplimiento de un deber de ciudadano, hago expresa mi gratitud para el pueblo leal que estuvo a mi lado en circunstancias prósperas y adversas, lo mismo que para los funcionarios y empleados que me prestaron meritoria ayuda; y formulo votos muy sinceros por la ventura de mi patria y la armonía entre mis ciudadanos.

Guatemala, 1. de julio de 1944

    • Jorge Ubico4

Los escritores liberales han dicho que Ubico renunció para evitar un inútil derramamiento de sangre en el país,5 mientras que los opositores al régimen indican que lo hizo para darle un escarmiento a Guatemala y que por eso dejó en su lugar a los tres militares más beodos e incompetentes de su plana mayor: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda.6 Se ha rumorado que, cuando la situación estaba ya inclinándose a favor de la renuncia de Ubico Castañeda, los altos jerarcas del Ejército de Guatemala conferenciaron para determinar a quiénes nombrar para una comisión que le preguntara al presidente de la República a quién pensaba nombrar como su sucesor para tan alto cargo. Los militares determinaron que lo más prudente era comisionar para esto a los generales que tuvieran menos jerarquía dentro de la institución armada guatemalteca, y por ellos escogieron a Villagrán Ariza, Ponce Vaides y Pineda, quienes solicitaron la correspondiente entrevista con el presidente, la cual, aparentemente, transcurrió en términos como éstos:

—Permiso para hablar con el señor presidente.

Ubico Castañeda, quien acostumbraba a no apartar la vista de sus documentos mientras atendía a sus visitantes, contestó sin mirarles:

—Sí, ¿qué quieren?

Los generales, temerosos, continuaron:

—Entre los miembros de su plana mayor se quisiera saber, si en caso de que, ¡Dios no lo permita!, su excelencia llegara a faltar, quién consideraría usted que es el más apropiado para sucederlo.

Sin pensarlo siquiera, Ubico Castañeda levantó la vista un momento y, señalándolos con su pluma fuente, contestó:

—¡Ustedes tres! 

Ahora bien, lo más seguro es que Ubico tenía sus razones para renunciar; ya fuera por su precaria salud, o bien, por el deseo de emular al general Rafael Carrera y retirarse solamente para que el mismo pueblo lo llamara nuevamente para rescatar a la nación. Lo cierto es que solicitó al general Roderico Anzueto Valencia que le eligiera a tres generales para que lo sucedieran y éste eligió a aquellos que consideró que serían los más fáciles de manejar: Ponce Vaides, Villagrán Ariza y Pineda.5

Tras tomar posesión, el triunvirato militar emitió el siguiente manifiesto:7

El señor general de División don Jorge Ubico, Presidente de la República, animado hasta los últimos instantes de su inquebrantable amor a Guatemala, ha dispuesto renunciar irrevocablemente del alto cargo que ha venido desempenando y depositar interinamente el Mando supremo en un triunvirato militar, compuestos por los Generales Buenaventura Pineda, Eduardo Villagrán Ariza y Federico Ponce V., para que mantengan el orden y la tranquilidad mientras que el pueblo guatemalteco, en uso de sus legítimos derechos, designe a la persona que deba sustituirlo como Presidente de la República.

En tal concepto, los suscritos hemos asumido ya el Mando supremo de la República y conscientes de nuestras graves responsabilidades ante la patria, invocamos la cordura de nuestros conciudadanos para que, en estos momentos graves que vive el país, colaboren con nosotros, a fin de evitar una anarquía que sería de irreparables consecuencias.

Rogamos, pues, a todos los sectores sociales de la nación, que mantengan la mayor calma para que la paz no sea alterada y que todos los ciudadanos disfruten de sus derechos, conforme la ley, sin que haya necesidad de dictar medidas a que nos pudieran obligar las circunstancias.

Guatemala, 1 de julio de 1944.

    • Buenaventura Pineda
    • Eduardo Villagrán Ariza
    • Federico Ponce V.7

Se ha rumorado también que luego de emitir este manifiesto, los miembros de la Junta Militar, como primer acto oficial, se emborracharon para celebrar su buena fortuna.  Posteriormente, el 4 de julio, la Asamblea fue obligada prácticamente a tiros a aceptar la renuncia de Ubico y de los tres designados a la presidencia —que eran el general Demetrio R. Maldonado B., Carlos Herrera DoriónNota y general Pedro Reyes Reynelas— y a entregar el poder al nuevo primer designado, general Federico Ponce Vaides, dejando así al general Anzueto con un palmo de narices.3


NOTAS:

BIBLIOGRAFIA:

  1. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. pp. 52-53.
  2. Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  3. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. 310.
  4. Ibid, pp. CLXXXI, CLXXXII.
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.
  6. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  7. Méndez, Recopilación de Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945, p. CLXXXIII.

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