26 de julio de 1957: asesinan el presidente de facto Carlos A. Castillo Armas en el interior de la Casa Presidencial

La Casa Presidencial de Guatemala, en el Centro Histórico de la ciudad durante su construcción en 1936. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno del liberacionista Carlos Alberto Castillo Armas estuvo caracterizado por la lucha anticomunista inspirada en el ambiente mccartista que había en Estados Unidos al inicio de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, por la protección de los intereses del enclave bananero de la United Fruit Company en Bananera, Izabal y en Tiquisate, Escuintla y en terminar uno de los principales proyectos que dejó inconclusos el gobierno revolucionario socialista de Jacobo Arbenz:  la carretera al Atlántico.

En medio de esta vorágine de acontecimientos se produjo el asesinato del presidente en el interior de la Casa Presidencial.  Los acontecimientos que rodearon la muerte del malogrado coronel nunca se aclararon puesto que la versión oficial fue cambiando conforme se iban averiguando detalles.

Lo único que está claro, es lo que ocurrió después del asesinato; he aquí como lo relata Marta Sandoval en su artículo “Tres Disparos en una noche lluviosa“:

Castillo Armas, después de atender una reunión con empresarios, volvió a su habitación a descansar un rato antes de cenar. Faltaban unos minutos para las nueve de la noche cuando decidió ir al comedor. En los últimos meses la casa presidencial estaba casi desierta y los guardias eran cada vez menos. Castillo Armas recibió dos disparos camino al comedor; la primera dama trató de hacerlo reaccionar mientras gritaba: “¡Se fue por las escaleras! ¡el soldado lo mató!” Cuando los guardias subieron, encontraron el cadáver del soldado Romeo Vásquez Sánchez, quien tenía 24 años y hacía dos meses que estaba al servicio de Casa Presidencial.

A partir de aquí empieza la incertidumbre.  La primera versión oficial indicaba que después de matar a Castillo Armas, el soldado corrió escaleras arriba pero que al verse acorralado descansó la barbilla sobre el cañón y se disparó. En su cráneo encontraron una bala idéntica a la usada para matar al presidente y en su casillero un diario con 23 páginas en las que hablaba de sus planes que, inspirados en el comunismo, lograrían que el Dr. Juan José Arévalo regresara al poder al morir Castillo Armas​

Como era de esperarse, la opinión pública no quedó conforme con esa versión, y el gobierno tuvo que convocar a la prensa para mostrarles la letra de unas cartas que proporcionó la madre del sargento Vásquez y donde se constataba que era igual a la del diario. Pero lo que no terminó de convencer fue que un soldado con muy poca instrucción pudiera escribir frases como “sois chacales buscando un cadáver que roer“. Y, finalmente, la longitud del fusil del soldado Vásquez era más larga que sus extremidades superiores, de forma que para poder haberse suicidado se tendría que haber quitado la bota para poder dispararse y luego volvérsela a poner para que lo encontraran en la condición en que lo hicieron.

Los investigadores​ lograron encontrar a dos sospechosos: los guardias Víctor Manuel Pedroza de 17 años y Arturo Gálvez de 25, incriminados por su propio testimonio, ya que inicialmente dijeron que los líderes del complot eran el teniente Arnulfo Reyes y el mayor Julio César Anleu. Además, dijeron que el plan era atacar varios cuarteles al mismo tiempo para que después Reyes se convirtiera en presidente y Anleu en su Ministro de la Defensa.

Pero el 23 de agosto Pedroza y Gálvez fueron hallados inocentes de asesinato y condenados a dos años conmutables por sedición frustrada, pues en el primer día de juicio cambiaron su versión y dijeron que los habían amenazado para que inventaran toda la historia que contaron.  Esta vez dijeron que fue el coronel Manuel Pérez, jefe de maestranza del ejército, fue quien supuestamente los había convencido de lo que tenían que decir. Al final, Anleu, Reyes y Pérez salieron en libertad por falta de mérito y la investigación regresó a la hipótesis inicial de que había sido Romeo Vásquez el autor del magnicidio, a pesar de las obvias discrepancias en la versión original.

Todo siguió así hasta que el 20 de octubre de 1957 en el mirador de San José Pinula se encontró moribundo a Narciso Escobar, uno de los criminales más buscados en Cuba, quien había logrado ver la placa del carro de sus asesinos y se lo dijo a los agentes que lo recogieron, antes de expirar.  La policía detuvo el vehículo de los asesinos, pero tenía órdenes de dejarlos en libertad y así lo hizo. Esta orden provenía de Enrique Trinidad Oliva, jefe de seguridad nacional.

El carro de los asesinos estaba a nombre de Carlos Gacel, un cubano agente de la Dirección General de Seguridad de Guatemala y espía del gobierno dominicano. Cuando lo capturaron aseguró que le habían robado el carro esa misma mañana, pero cuando se sintió acorralado delató al también dominicano  Johnny Abbes García, quien era un conocido pistolero al servicio del dictador dominicado Rafael Leonidas Trujillo y que estaba en Guatemala.

Investigaciones adicionales, demostraron que el agregado militar dominicano Abbes García participó en el crimen del mirador, que Trujillo lideraba un complot para derrocar a Castillo Armas y que Narciso Escobar era cómplice; de hecho, Escobar era pistolero a las órdenes de Trujillo y recibió instrucciones para asesinar a Castillo Armas. Según esta hipótesis, al parecer Trujillo quería que Castillo Armas le otorgara la Orden del Quetzal a cambio de armas y dinero para financiar el Movimiento de Liberación, pero que el gobernante guatemalteco no se la quiso dar, incurriendo en la ira del generalísimo dominicano.​  No obstante estos descubrimientos, la inestabilidad política del país y los continuos golpes de estado y triunviratos militares favorecieron la huída de Abbes y Oliva de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA: