29 de julio de 1773: los terremotos de Santa Marta destruyen la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

29julio1773
Ruinas de San Francisco El Grande en 1840.  Nótese que el campanario estaba resquebrajado pero no derrumbado como en la actualidad.  En los recuadros: el arzobispo Pedro Cortés y Laraz y el Capitá General Martín de Mayorga.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La destrucción parcial de la ciudad de Santiago de los Caballeros ocurrió en medio de una fuerte lucha de poder entre las autoridades civiles y eclesiásticas en la Capitanía General de Guatemala (o Reino de Guatemala, como tambien se le llamaba).1 El férreo domino que había tenido la Iglesia Católica sobre la monarquía española se requebrajó en la segunda parte del siglo XVIII, al punto que en 1767 la Compañía de Jesús fue expulsada de todos los territorios de España, obligándolos a exilarse en otros lugares del mundo.2  En Guatemala, los jesuitas expulsados dejaron tras de sí un imponente convento y templo en la ciudad de Santiago de los Caballeros, la educación de la población de la ciudad e importantes y muy rentables haciendas que fueron otorgadas a los mercedarios.

Mientras los jesuitas se vieron afectados, las otras órdenes, especialmente los franciscanos, dominicos, recoletos y mercedarios) se repartieron todos los pueblos de indígenas, a los que llamaban “doctrinas“, y de donde obtenían mano de obra para trabajar en las haciendas de los frailes a cambio de la doctrina católica.3  Estas doctrinas en realidad tendrían que haber sido entregadas al clero secular desde el principio de la colonia, pero las poderosas órdenes religiosas no las entregaron hasta que fueron forzadas a hacer también en la segunda parte del siglo XVIII.

El clero secular, por su parte, también estaba en problemas. En 1768, Pedro Cortés y Larraz tomó posesión de la arquidiócesis de Guatemala a regañadientes y su primer acto oficial fue recorrerla por completo, empresa que le tomó  dos años; en el informe de esta visita pastoral, Cortés y Larraz relata que después de que las doctrinas pasaron al clero secular a su cargo, la calidad de la evangeliación disminuyó radicalmente ya que muchos de los curas párrocos estaban supuestamente ordenados, pero no cumplían con los requisitos míminos pra su formación como tal, no contaban con título de ordenación y no realizaban ejercicios espirituales de ninguna índole.3

A mediados de 1773 llegó a Guatemala el Capitán General Martín de Mayorga, quien estaba al mando cuando ocurrieron los terremotos del 29 de julio.1  Los terremotos fueron la excusa perfecta para que Mayorga terminara de debilitar al clero guatemalteco, pues comprendió que si obligaba a trasladarse a la órdenes religiosas a una nueva ciudad, éstas quedarían a su merced y en la necesidad de vender sus grandes haciendas para empezar de nuevo sus conventos y templos.  Por su parte, Cortés y Larraz comprendió las intenciones del Presidente del Reino y opuso una férrea resistencia al traslado, sabiendo que si se trasladaba perdería numerosos ingresos por concepto de rentas y censos.1  Es por esto que aunque la ciudad fue trasladada oficialmente el 2 de enero de 1776, las parroquias seculares de la arruinada ciudad de Santiago siguieron funcionando hasta que el arzobispo fue obligado a renunciar cuando llegó su sucesor, Cayetano de Francos y Monroy en 1779.4

El martes 29 de julio amaneció despejado.  El ayuntamiento criollo se iba a reunir por la tarde, pero a eso de las 3:40 pm se produjo un primer temblor, que fue rápido y violento, e hizo que los habitantes salieran aterrorizados a las calles y plazas. Diez minutos después se produjo un nuevo temblor, mucho más fuerte que provocó que se cayeran varios edificios.5  El escribano del cabildo, José Manuel Laparte, escribió:

“En veinte y nuebe de julio de mil setecientos setenta y tres, en espera de tenerse el cabildo ordinario a eso de las tres y media de la tarde sobrevino un fuerte movimiento de tierra, asoró lo bastante a los habitantes de esta ciudad, y muchas más por la continuación con que acomenten, había el tiempo como de dos meses y sin pasar más minutos; acometió otro de tan rápido, y descomunal estremecimiento que arruinó los templos y casas, agregando la penalidad de ser en la estación del hybierno, en que por la incomodidad del tiempo, y hora, apenas puedo sentar esta razón.”6

No es posible determinar cuánto duró aquel segundo sismo, pues en la época colonial no se contaba con instrumentos adecuados para el efecto.  Sin embargo, como los habitantes entraban en pánico y empezaban a decir “¡Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal! Líbranos de todo mal” o a rezar el Ave María, o a exclamar el nombre del santo de su devoción, algunos autores estimaron cuando pudo haber durado el sismo en base a cuantes veces se repitieron dichas frases u oraciones.7

Nubes de polvo estaban asfixiando a los vecinos, miembras retiraban a los muertos y heridos de entre los escombros. Como iba entrando la noche, cada quien se acomodó lo mejor pudo y solamente pensaba en pedir misericordia a Dios.  Incluso las autoridades civiles estan estupefactas por lo acontecido.  Pero los temblores continuaron, junto con tormentas eléctricas que cayeron durante la noche, las que inundaron la arruinada ciudad.  El arzobispo Cortés y Larraz durmió en su carruaje en la plaza.8

Los terremotos en sí dañaron parcialmente a la ciudad, e incluso hubo algunos edificios de reciente construcción, como el de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo o el de la Iglesia de la Merced, que no sufrieron mayores daños y fueron utilizados como parroquias hasta 1779.   Otras estructuras, por el contrario, fueron dañadas severamente:

  1. Palacio de los Capitanes Generales: “los ángulos que miran a la plaz amayor, el arco capialzado de la puerta principal, el cuartel de dragones, el patio principal que corresponde a la Audiencia, las cuatro fachadas de pórticos altas y bajas, derecha, e izquierda las otras dos amenazó ruinas; las oficinas que enfrentan con los citas pórticos; las caballerías del cuartel y demás piezas que refiere.  El patrio que comprende la vivienda del señor presidente alta, y baja, padeció enteramente el mismo estrago.9
  2. Catedral Primada de Santiago: tenía hendidas sus bóvedas y cuarteadas sus paredes, y parecía que se caería y arruinaría todo.8
  3. Templo de los Jesuitas: tenía arruinadas las bóvedas y el campanario, mientras que la casa de ejercicios y la vivienda interior resistieron el terremoto.
  4. Iglesia del Carmen: quedaron solamente pedazos de paredes.
  5. Parroquia de San Sebastían: perdió su artesonado
  6. Parroquia de Los Remedios: paredes cuarteadas y su capilla mayor con su cimborrio estaban totalmente destruidos.  El retablo mayor quedó bajo el arco toral.10
  7. Ermita de la Cruz del Milagro: se derrumbó por completo.
  8. Templo de El Calvario: se derrumbó por completo.
  9. Calle de los Pasos: varias capillas se dañaron y la undécima se derrumbó.
  10. Barrio de la Candelaria: la ruina fue general. Toda esa parte de la ciudad no era más que una inmensa mole de escombros que no permitían reconocer las calles.  La imagen de Jesús Nazareno quedó aplastada por su retablo y tuvo que ser restaurada después.
  11. Templo y convento de Santo Domingo: otrora de los más notables por su magnitud y por sus bien construidas paredes y bóvedas, quedó convertido en un promontorio de piedras y ladrillos, que ocultaban las destrozadas esculturas y pinturas, los valos sagrados y demás objetos que lo enriquecían.  Las celdas estaban casi todas destruidas y las paredes en el suelo.  Se cayó el arco bajo del coro, y se derrumbaron varias paredes de la biblioteca, del convento, del claustro y de la botica. La imagen de la Virgen del Rosario quedó seriamente dañada, y tuvo que ser reparada posteriormente.11,12
  12. La Recolección: el templo perdió la pared de respaldo y la bóveda mayor sobre el presbiterio y el crucera, mientras que los arcos, coro, noviciado y la parte alta de los claustros quedaron inhabilitados.13

La ciudad podría haberse reconstruido, tal y como ya se había hecho tras los terremotos de San Miguel en 1717 y de San Casimiro en 1751, pero aquella vez la oportunidad para debilitar al clero fue aprovechada por Mayorga, que logró que el rey Carlos III ordenara el traslado de la ciudad al Valle de la Ermita. Luego del traslado, la necesidad de desmantelar los antiguos templos de la ciudad de Santiago para construir los nuevos en la Nueva Guatemala, el abandono en que cayeron los templos y el terremoto del 3 de septiembre de 187414 terminaron por destruir la otrora esplendorosa capital de la Capitanía General de Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México). Archivado desde el original el 4 de marzo de 2016. pp. 118-119.
  2. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  3. Cortés y Larraz, Pedro (2001) [1770]. García, Jesús María; Blasco, Julio Martín, ed. Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala. Corpus Hispanorum de Pace. Segunda Serie. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN 9788400080013. ISSN 0589-8056.
  4. Belaubre, Christophe (2013). «Francos y Monroy, Cayetano: Aspectos de la vida del arzobispo de Guatemala que vino para retomar el control de un clero guatemalteco en estado de rebelión casi abierto». Archivado desde el original el 22 de julio de 2017.
  5. Pérez Valenzuela (1964) [1934]. La Nueva Guatemala de la Asunción. 2a. edición. 78 En: Biblioteca Guatemalteca de Cultura Popular, 15 de septiembre. Guatemala: José de Pineda Ibarra. p. 46.
  6. Libro del Cabildo de la ciudad de Santiago de 1773. Archivo General de Centroamérica, AI. 2 2, exp. 11805, leg. 1801. fol. 111.
  7. Melchor Toledo, El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821, p. 101.
  8. Ibid., p. 102.
  9. González Bustillo, Juan (1774). Razón puntual de los sucesos más memorables, y de los estragos, y daños que ha padecido la ciudad de Guatemala y su vecindarios des que se fundó en el paraje llamado Ciudad Vieja o Almolonga, y de donde se trasladó al que actualmente se halla.  Mixco: Oficina de don Antonio Sánchez Cubillas. pp. 12-13.
  10. Melchor Toledo, El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821, p. 103.
  11. Ibid., p. 104.
  12. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas. pp. 21-22.
  13. Melchor Toledo, El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821, p. 105.
  14. The New York Times (20 de diciembre de 1874). «Earthquakes. A record of the shocks in 1874-the thirty days of terror in Guatemala»The New York Times (en inglés) (Nueva York, Estados Unidos). Archivado desde el original el 7 de diciembre de 2015.