3 de septiembre de 1922: el gobierno de facto del general José María Orellana restablece los lineamientos liberales en Guatemala y expulsa al arzobispo Luis Javier Muñoz y Capurón

Sepelio del general José María Orellana en 1926.  Su repentina y misteriosa muerte no sirvió a la causa para conseguir el retorno del expulsado arzobispo, ya que Muñoz y Capurn murió en 1927.  Imagen tomada de Wkimedia Commons.

La situación de la Iglesia Católica en Guatemala durante los regímenes liberales que se sucedieron entre 1871 y 1944 fue precaria.   Barrios y Barillas expulsaron a los arzobispos PIñol Aycinena y Casanova Estrada, respectivamente, y luego de la caída del presidente Manuel Estrada Cabrera en 1920, el arzobispo Riveiro tuvo que abandoner el país pues era detestado por la grey católica por haber sido nombrado por el derrocado presidente.

El sucesor de Estrada Cabrera, el ciudadano Carlos Herrera y Luna, inició una política de no renovación de las concesiones a la United Fruit Company, empresa estadounidense que había apoyado el gobierno cabrerista.   Ante situación, la UFCO patrocinó un golpe de estado dirigido por José María Orellana, quien expulsó a Herrera y ratificó las concesiones de la frutera transnacional.

El recién nombrado arzobispo Luis Javier Muñoz y Capurón denunció esta situación, por lo que el 3 de septiembre de 1922 fue expulsado del país por el gobierno de Orellana, junto con numerosos curas párrocos y los sacerdotes jesuitas que habían retornado a principios del siglo XX  Entre los expulsados estaba el futuro arzobispo Mariano Rossell y Arellano. A partir de ese momento, Orellana impuso las mismas restricciones anticlericales que habían existido durante el gobierno de Barrios y Barillas: el clero no tenia derecho a tener propiedades y se prohibió la entrada de las órdenes religiosas.

Aunque ya el partido conservador estaba muy debilitado tras ciencuenta años de control liberal, la población permanecía mayoritariamente católica y la medida de la expulsión del arzobispo fue adversada por numerosas personas, en especial las mujeres de alta sociedad.    De hecho, rápidamente iniciaron las gestiones para que se repatriara al arzobispo, quien había ido inicialmente a El Salvador, de donde tambié fue expulsado.

Aunque Orellana murió  en 1926 en circunstancias misteriosas mientras estaba en un hotel en Antigua Guatemala pero esto no sirvió a la causa del arzobispo, quien murió en el exilio en Colombia en 1927.

La situación de la Iglesia Católica en Guatemala mejoró durante el gobierno del general Ubico, pero no se recuperó del todo sino hasta luego de la caída del gobierno del coronel Jacobo Arbenz en 1954, en la que participó activamente el entonces arzobispo Mariano Rossell y Arellano.  Gracias a su activa participación, Rossel consiguió que en la Constitución de 1956 se permitiera nuevamente a la Iglesia Católica tener propiedades, que se restituyera la educación de la religión y que retornaran las órdenes religiosas.  Irónicamente, esto también benefició a las iglesias protestantes estadounidenses que empezaron a proliferar en el país desde entonces.

BIBLIOGRAFIA: