21 de septiembre de 1848: Guatemala reconoce la formación del Estado de los Altos

Tras la renuncia del general Rafael Carrera, el gobierno de Guatemala reconoce pasivamente la formación del Estado de los Altos

21septiembre1848
Teatro de la Ciudad de Quetzaltenango en 2020. En el recuadro: el escudo del Estado de Los Altos, que estuvo vigente efímeramente de 1838 a 1840 y de 1848 a 1849. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

A mediados de 1848 el presidente Rafael Carrera veía su gobierno tan debilitado que fue obligado a renunciar y abandonar Guatemala por sus mismos partidarios, los criollos conservadores.  Carrera no había logrado pacificar el país y eran constantes los crímenes políticos, los asesinatos en las carreteras, las invasiones de forajidos desde Honduras y El Salvador y los intentos de invasión de exiliados guatemaltecos desde esos países.1

Los criollos, tanto liberales como conservadores, no miraban con buenos ojos que un mestizo como Carrera dirigiera los destinos del país y encontraron en la situación imperante la oportunidad perfecta para salir de él.  Carrera fue obligado a renunciar y se fue a exiliar a México, hasta donde le llegó la noticia de que iba a ser fusilado sin previo juicio si osaba poner nuevamente un pié en Guatemala.2

Para el 5 de septiembre de 1848, el Estado de Los Altos ya había vuelto a formar, de la mano de su líder militar y político, el general Agustín Guzmán y con el apoyo de los criollos liberales que residían al oeste de las Verapaces y de Escuintla, además de los que residían en El Salvador.1  La respuesta del gobierno guatemalteco ante esta situación fue muy timorata, y da una idea de por qué Carrera simplemente esperó el momento oportuno para retornar a hacerse cargo del país en 1849:3

“Habiendo tomado en consideración la asamblea constituyente la consulta que el gobierno dirigió con fecha 31 de agosto ultimo, con motivo del pronunciamiento de la municipalidad de Quetzaltenango, erigiendo a los departamentos de Los Altos en estado independiente de Guatemala: oídos los dictámenes de varias comisiones que entendieron en el asunto con presencia de los demás pronunciamientos que posteriormente fueron remitidos; tuvo a bien acordar este alto cuerpo se diga al gobierno:

    1. Que los pronunciamientos indicados, se consideran perjudiciales a la causa misma que por ellos se quiso establecer.
    2. Que la voluntad general, libremente expresada por los pueblos de Los Altos, será respetada y decidirá de su suerte cuando se obtenga legalmente.
    3. Que para reglamentar la manera de lograrlo como corresponde, es muy urgente la concurrencia de los diputados de todos los distritos de Los Altos.
    4. Que el gobierno proteja eficazmente a los pueblos que no hayan secundado el pronunciamiento, o tengan manifestada su voluntad de continuar unidos a esta república.
    5. Que explore la voluntad de aquellos pueblos, ya manifestada en muchos documentos, trayéndonos a la vista y dictando otras medidas, si lo tiene por conveniente.
    6. Y en fin, que emplée todos los medios suaves que dicta la prudencia para atraer al orden a los pronunciados en aquellos departamentos, y si no fueren bastante para obtener el resultado que se desea, que use de sus facultades ordinarias conforme previente las leyes vigentes.”3

El Estado de Los Altos se formó y empezó a intentar formar relaciones internacionales para ser reconocido, pero sus autoridades no contaban con que el general Carrera regresaría en cuestión de unos pocos meses, y que retomar Los Altos por la fuerza sería solamente el primero de una larga serie de triunfos políticos y militares que se extendieron hasta su muerte, en 1865.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p.50.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.

20 de septiembre de 1783: nace Dolores Bedoya de Molina

Nace Dolores Bedoya, esposa del doctor Pedro Molina Mazariegos, gestor de la Independencia de Centroamérica y líder del partido liberal que se formó tras la misma

20septiembre1783
Celebración de los criollos luego de la declaración de la Independencia de 1821.  Doña Dolores Bedoya lucía seguramente como una de las damas en el cuadro de Fernando Beltranena que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

De todos los guatemaltecos es conocido que la señora Dolores Bedoya de Molina organizó una celebración en las afueras del Palacio de los Capitanes Generales de la Nueva Guatemala de la Asunción, en lo que hoy en día es la Plaza de la Constitución el 15 de septiembre de 1821.1  Sin embargo, después de eso ya no se le menciona más en los libros de historia.  ¿Qué ocurrió con ella?  Y, ¿por qué fué tan importante su participación durante la Independencia?

María Dolores Bedoya nació en la recién fundada Nueva Guatemala de la Asunción el 20 de septiembre de 1783, y era hija de Pedro Bedoya y de Manuela Antonia González.   En esa época la ciudad apenas se estaba edificando y eran muy pocos los edificios y los servicios públicos disponibles por lo que eran frecuentes las epidemias.  A pesar de ello, la señorita Bedoya alcanzó la edad adulta y el 9 de febrero de 1804 se casó por poder con el doctor Pedro Molina, destacado médico guatemalteco que por ese entonces residía en Nicaragua.1

Tras la boda, partió para Granada, en donde tuvo a los primeros cuatro de sus hijos; cuando regresaron a Guatemala en 1814, tuvo a sus otros cuatro hijos.1 En esa época ya se había producido la invasión napoleónica a España y el golpe de estado que derrocó al rey absolutista Fernando VII y se convocó a las Cortes de Cádiz para promulgar una constitución más republicana, la cual quedó truncada cuando el rey regresó al poder.2  Fue en esta década que se empezaron a dar los movimientos independentistas en las colonias americanas y en la Capitanía General de Guatemala fue cuando se formaron dos grandes grupos entre los criollos:  los aristócratas y los hacendados.3

Los criollos aristócratas eran los miembros de la familia Aycinena, la cual estableció su centro comercial en la capital del Reino de Guatemala en el siglo XVIII y gracias a ello tenía lazos muy estrechos con las autoridades españolas al punto que muchos de ellos ocupaban cargos de importancia militar, económica, religiosa y política, además de que el patriarca de la familia, Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, había sido nombrado Marqués de Aycinena, siendo uno de los primeros y últimos poseedores de títulos nobiliarios en el Reino de Guatemala.3,4  Entre los otros miembros estaba José Alejandro de Aycinena quien fue militar y rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo; y entre cuyas acciones militares estuvo pacificar las regiones que luchaban por la independencia.5  Y también estuvo Juan José de Aycinena, quien heredó el marquesado y también fue rector de la Universidad y eclesiástico, llegando a ser obispo in partibus de Trajanópolis.6

Por su parte, los criollos hacendados eran el resto de descendientes de conquistadores, quienes no tenían los mismos privilegios que los de la familia Aycinena y consideraban que habían sido relegados a un segundo plano por los comerciantes de la capital.  Era en este grupo en donde el doctor Pedro Molina fue uno de los principales líderes, al punto que cuando se hicieron del poder en 1829, fue nombrado rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue fundada en lugar de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, ya que los liberales ya no querían enseñar educación religiosa.7

Conociendo entonces como estaba la situación de los criollos centroamericanos en 1821, se entiende major el papel que tuvo la señora Bedoya de Molina, y el por qué dicho papel ha sido documentado por los historiadores guatemaltecos:  ella era esposa del principal líder del partido liberal y la historia fue relatada por Alejandro Marure, Lorenzo Montúfar, Ramón Rosa y Ramón Salazar, todos ellos liberales.8  El hecho fue que a ella le solicitaron que enardeciera los ánimos de los presents en la Plaza de Armas aquel 15 de septiembre de 1821, para que los que estaban en la reunión dentro del Palacio de los Capitanes sintieran presión popular, y lo logró a la perfección.1

En el Acta de Independencia se describe el rol de la señora Bedoya de Molina, ya que dice textualmente así: “reunidos en uno de los salones de este palacio la misma diputación provincial, el ilustrísimo señor arzobispo, los señores individuos que diputasen la excelentísima audiencia territorial, y el venerable señor dean y cabildo eclesiástico, el consulado y el muy ilustre colegio de abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos: congregados todos en el mismo salón, leídos los oficios expresados, discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de ‘Viva la Independencia’ que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de este palacio, se acordó […]”9 Es decir, sabiendo que las autoridades españolas y los criollos aristócratas no eran partidarios de la Independencia, enardeció los ánimos de los presentes para que las autoridades se decidieran de una buena vez.

Irónicamente, a pesar de estar casada con uno de los mejores y escasos médicos de su época, su salud no era muy buena y durante sus últimos diez años padeció de una grave enfermedad, muriendo en la ciudad de Guatemala el 9 de julio de 1853 a los 70 años de edad.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Nuñez de Rodas, Edna (1984) Dolores Bedoya. Guatemala: José de Pineda e Ibarra.
  2. La Parra López, Emilio (2018). Fernando VII. Un rey deseado y detestado. XXX Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Barcelona: Tusquets. ISBN 978-84-9066-512-1.
  3. Casaús Arzú, Marta Elena (s.f.). «El papel de las redes familiares en la configuración de poder de la élite en Centroamérica». Revista Realidad (Madrid, España). Archivado desde el original el 27 de marzo de 2014.
  4. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena». Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  5. Cañas, José Simeón (1812). Oración encomiástica ofrecida por el Rector y Claustro de la Real y Pontificia Universidad de Guatemala al Excmo. Señor don José de Aycinena y Carrillo. Guatemala: Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.
  6. Belaubre, Christopher (2009). «Juan José de Aycinena» (edición en línea). Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica (Guatemala).
  7. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  8. Montúfar, Lorenzo; Salazar, Ramón A. (1892). El centenario del general Francisco Morazán. Guatemala: Tipografía Nacional.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.