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13 de octubre de 1848: imponen pena de muerte a ex-presidente Carrera

La Asamblea Legislativa prohibe al ex-presidente general Rafael Carrera regresar a Guatemala so pena de muerte mediante un decreto.

El capitán gneral Rafael Carrera y su amigo y aliado, el Mariscal José Víctor Zavala
El capitán general Rafael Carrera y su amigo y aliado, el Mariscal José Víctor Zavala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Primera presidencia de Rafael Carrera:

Véase también: fundación de la República de Guatemala, Rafael Carrera

El 21 de marzo de 1847 el teniente general Rafael Carrera firmó un decreto proclamando a Guatemala como República soberana e independiente, separándola definitivamente de la patria federada centroamericana, y se hizo llamar «fundador de la Nueva República«.1 Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos al frente del gobierno, para agosto de 1848 la situación de Guatemala era caótica: el presidente liberal de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, estaba patrocinando revueltas contra el gobierno conservador, y así fue como Serapio Cruz (conocido como «Tata Lapo«) asaltaba Totonicapán, y había revueltas en el oriente del país dirigidas por el grupo de «Los Lucios«.2 En la capital, los criollos liberales y conservadores se mantenían en constante pugna, y Carrera se dio cuenta que su prestigio se esfumaba y que era conveniente renunciar, lo que anunció en agosto luego de pacificar a Los Altos,3 y posteriormente con el siguiente manifiesto a la Asamblea Legislativa:

«Estoy resuelto a no permanecer más tiempo en la capital y a trasladarme a un país extranjero. Suplico a los señores representantes que, en recompensa por mis cortos servicios, se sirvan hacer el sacrificio de mantenerse en sesión permanente hasta admitir mi renuncia y nombrar a quien me suceda. Yo permaneceré en el despacho, mientras este respetable cuerpo se halle reunido».

Carrera renuncia a la presidencia:

Véase también: Carrera renuncia a la presidencia

La Asamblea aceptó encantada la renuncia de Carrera pues los criollos —tanto liberales como conservadores— estaban hartos de que un mestizo los estuviera gobernando y pasaron de inmediato a deliberar quién debería sustituirle.4 Al final, escogieron al señor Juan Antonio Martínez porque pasaba de los sesenta años, había mantenido una posición prudente con todos los gobiernos, había acrecentado su capital honradamente, su firma gozaba del mejor crédito y era liberal moderado, ejemplar padre de familia, sin vicios y con poca ambición de mando pública.5

Carrera decidió vender sus propiades de Palencia, junto a otras que tenía en Agua Caliente, Plan Grande, Los Cubes, El Cangrejito y Lo de Silva y la Asamblea Legislativa cedió las tierras de Palencia a la Orden de Predicadores, a quienes solicitó Carrera que las tierras no fueran comprometidas y que se reuniera a los habitantes pacíficamente para educarlos.6

Salida al exilio y condena a muerte:

El ahora expresidente partió a México a lomo de mula, y en su ausencia la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó el 13 de octubre de 1848 una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país. El decreto fue rechazado por varios diputados, que aducían que dicho decreto era provocativo y que temían que cuando Carrera se enterara, tomaría venganza contra ellos; a pesar de la débil protesta, prevaleció la opinión de aprobarlo, liderado por José Francisco Barrundia, y el decreto pasó al Ejecutivo, firmado por el presidente de la Asamblea, Bernardo Escobar, y por los secretarios Lorenzo Montúfar, Manuel Irungaray y Mariano Padilla. El presidente, Juan Antonio Martínez lo aprobó inmediatamente y al enterarse de esta bravuconada, Carrera se rió de buena gana, pues sabía que no iba a pasar mucho tiempo para que lo llamaran nuevamente a hacerse cargo de la situación; de hecho, dijo: «estos desventurados tendrán que llamarme y entonces impondré mis condiciones; y si no me llaman, vendré y de todas suertes yo seré el que imponga las condiciones«.6

Cruz es comisionado para detener a Carrera:

Véase también: Serapio Cruz (Tata Lapo)

Desesperada, y olvidando que el general Serapio Cruz ya había sido categóricamente vencido por Carrera en la acción de Patzún en agosto de 1848,3 la Asamblea lo comisionó en febrero de 1849 para que preparara la reacción militar en caso de que Carrera quisiera regresar a Guatemala. Era tal el desbarajuste, que Cruz emitió el siguiente decreto en el que, contrario a los principios liberales que supuestamente defendía, invoca a la divina Providencia:

«El señor Rafael Carrera trabaja por volver a Guatemala y por restaurarse en el mando de la presidencia… Los pueblos conocen ya sus verdaderos intereses: y no se les engaña con la facilidad que en 1837. El engañado esta vez será Carrera; la Divina Providencia, justa como es, no permite que sus crímenes queden sin castigo…»

¡Soldados de la división expedicionaria! Yo no tengo que recomendaros la disciplina y subordinación a vuestros jefes. Lo que ellos os manden, es lo que manda el Gobierno, y lo que mande el Gobierno, es lo que únicamente debe obedecerse, porque es la autoridad legítimamente constituida.«6

La proclama de Tata Lapo no tuvo efecto alguno. Es más, ese mismo mes Carrera envió abiertamente a sus emisarios a la capital de Guatemala, para predisponer a los liberales contra los mismos liberales e infundir esperanzas a los aristócratas.

Paredes retira la proscipción contra Carrera:

Véase también: Mariano Paredes

Y cuando el 5 de junio de 1849 el nuevo presidente, general Mariano Paredes, levantó la proscripción que pesaba sobre Carrera por medio del decreto 35, muchos criollos liberales huyeron hacia El Salvador,7 mientras que los conservadores decidieron aliarse con Carrera para evitar un alzamiento indígena similar a la Guerra de Castas que estaba ocurriendo en Yucatán y en donde estaban ocurriendo masacres de pobladores criollos.8


Biblografía:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 160-163.
  3. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 115.
  4. Hernández de León, Federico (1966). El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 233.
  5. — (1966). El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 31.
  6. Martínez Gallardo, Libia Elina (2005). El Municipio de Palencia. Tesis. Guatemala: Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.p. 3.
  7. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, VII. p. 235.
  8. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.

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