27 de octubre de 1828: Aycinena advierte sobre la invasión de Morazán

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana, el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena publica un manifiesto advirtiendo a la población de la inminente invasión de Francisco

27octubre1828
Firma del Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821.  En este cuadro de Rafael Beltranena elaborado en 1910, Mariano de Aycinena aparece de pie, segundo de izquierda a derecha.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de aliarse con los miembros conservadores de la familia Aycinena y haber apoyado el golpe de estado contra el Jefe de gobierno Juan Barrundia en 1826, se inició de la Guerra Civil Centroamericana.1 En Honduras, Francisco Morazán era secretario del jefe de Estado Dionisio de Herrera, un liberal que gobernaba como dictador benévolo porque las autoridades de la Corte de Justicia no habían tomado posesión y la Asamblea Legislativa se había disuelto; sin embargo, esta situación no era del agrado del Vicario Capitular y Provisor de la Diócesis, el acaudalado aristócrata Nicolás Irías Midence, quien pidió ayuda al gobierno federal para salir de Herrera.  Las fuerzas federales, al mando del teniente coronel aristócrata José Justo Milla sitiaron Tegucigalpa a partir del 4 de abril de 1827, y prácticamente la destruyeron hasta que Herrera se tuvo que rendir tras haber sido traicionado el 10 de mayo. 2

Morazán logró escapar y luego venció a Milla en la célebre Batalla de la Trinidad el 11 de noviembre. A partir de ese momento, el gobierno federal empezó a perder fuerza y Morazán se convirtió en el Jefe de Estado de Honduras. Luego de varias batallas, el 23 de octubre de 1828 el general Morazán hizo su entrada triunfal en la plaza de San Salvador y  unos días más tarde, marchó en Ahuachapán para organizar el ejército con miras a retirar a los conservadores aristócratas y eclesiásticos del poder en el territorio guatemalteco e implantar un orden constitucional afín a la Federación Centroamericana que los liberales ambicionaban.3,4

Al enterarse de estos hechos, el jefe de Estado conservador de Guatemala, Mariano de Aycinena y Piñol trató de negociar con Morazán, pero como éste deseaba vengar la destrucción de Tegucigalpa y la prisión de Herrera y además estaba decidido a acabar con la hegemonía de los aristócratas y eclesiásticos guatemaltecos, no aceptó ningún trato. Aycinena, al ver que no conseguía una solución pacífica, escribió a sus conciudadanos:5

«COMPATRIOTAS:

Con el mayor sentimiento, me veo en la necesidad de anunciaros: que todos los esfuerzos del supremo gobierno nacional, y de las autoridades del Estado, por el restablecimiento de la paz, han sido inútiles; los que llevan la voz y se han apoderado del mando en S. Salvador, tienen interés en prolongar la guerra; porque ella sirve a sus miras personales, y les importa muy poco la suerte de los pueblos. Aspirando a la dominacion de toda la república, y al aumento de su propia fortuna, quieren teñir de sangre éste suelo privilegiado, y destruir todas las fuentes de la riqueza de la nacion y del propietario particular. Si no fuesen estos los principios de su conducta, ya habrían vuelto a la partia la tranquilidad de que antes gozara: ya habrían convenido en alguno de tantos tratados de paz que se les han propuesto, casi todos ventajosos para ellos mismos; pero los rehusan, porque de nada se cuidan menos que del bien general. […]

A pesar de tantas perfidias, y de tan repetidos testimonios de su mala fe y de la perversidad de sus intenciones; y accediendo a propuestas de los mismos gobernantes de S. Salvador: el S. P. E. de la federacion y el del Estado, enviaron nuevos comisionados a Ahuachapán en el mes de Septiembre, con el fin de ajustar la paz; pero tambien en vano: despues de más de treinta dias de nuevas conferencias, el comisionado de S. Salvador en nada ha querido convenir: y los del gobierno general y de este Estado, regresan yá, perdida la esperanza de lograr el objeto de su mision. […]

Se ha convenido en las propuestas del comisionado de S. Salvador, hasta donde lo permiten los intereses más grandes del Estado, y aquellos derechos que nunca son de sacrificarse; y para acreditar a su gobierno hasta que punto nos hallamos dispuestos a ceder; nuestro enviado presentó las proposiciones que acompañan á este manifiesto. Fijandose los de S. Salvador en la pretensión injusta y avanzada, de intervenir en el régimen interior de este Estado, de mudar a su antojo las autoridades, y de darnos la ley de todos modos; se les han abierto partidos que sin ofender el decoro y la soberanía de Guatemala. llenasen sus deseos y les produjesen los mismos resultados; se ha ofrecido la renovación total de las actuales autoridades; se ha dado el decreto que la previene; y para alejar todo pretexto, se ha anunciado en mi nombre y con mi autoridad, que yo me separaría del gobierno.

A nada se accede, en nada se conviene. […]

Poco importariá los actuales depositarios de los podéres públicos, la reposicion de los individuos que los ejercian en 5 de Septiembre de 26; y aun pudiera prescindirse, por el bien de la paz, de todas las causas que influyeron en la separacion de aquellos funcionarios, y que justifican la eleccion de los que entraron a administrar el Estado en el año de 27: pero esta sería despojar al Estado mismo de la más sagrada de sus prerrogativas: sería permitir que se le sobre pusiera la facción que domina a otro Estado distinto: y antes debe Guatemala sepultarse en sus ruinas, que sufrir tamaño ultraje y tan notable depresión.

¡Compatriotas! Desengañémosnos: se buscan pretextos para la guerra y nada la evitará, mientras los gobernantes de S. Salvador crean que pueden prepodderar por la fuerza. Alentados por las ventajas con que se consideran á favor de los triunfos accidentales que han logrado ultimamente: ellos olvidarán la superioridad del virtuoso guatemalteco, amigo del órden, sóbre las túrbas que forman el apóyo de la anarquía; y alucinados con la esperanza quimérica de dominarnos, a nada se prestarian, aun cuando pudiesemos y quisiesemos otorgar sus temerarias solicitudes. […]

¿Guatemala podría nunca temer las pequeñas facciones armadas que tiranizan a San Salvandor?: ¿el más numeroso, el más rico de los Estados de la República, recibiría la ley de la minoría que oprime a un Estado de inferiores recursos? ¡No, Guatemaltecos!: Vosotros no sereis capaces de semejante abatimiento. Tomemos las armas: opongamos la fuerza a la fuerza y el enemigo, que tantas veces ha huido de nuestras sombras, no osará insultarnos con sus pretenciones temerarias, ni pisará impunemente nuestro territorio. […]

¡Compatriotas! La Asamblea del Estado me encarga su seguridad y me manda su defensa: a ella vamos ahora a limitarnos; y mi confianza de un éxito feliz, es tanto mayor, cuanto es más justa nuestra causa; más grande vuestro valor: y sobre todo, cuanto que contamos visiblemente con la proteccion del Cielo, que siempre nos ha salvado. Ayudadme como hasta aquí y la victoria será nuestra.

Por mi parte, yo os ofrezco que moriré con vosotros, antes que abandonar la causa del Estado: y que si me tendría por feliz logrando que mi separacion del cargo con que me habeis honrado, fuese un medio de terminar la guerra: mientras permanezcea en él, yo no consentiré jamás en la ruina de esta preciosa seccion de la republica. Usaré del ámplio poder que me confieren vuestros dignos representantes: agotaré los innumerables recursos con que debemos contar para nuestra defensa: y ningun temor, ningun riesgo personal, ningun sacrificio podré arredrarme, cuando se trata dé cumplir la mas estrecha y al mismo tiempo la mas grata de mis obligaciones.

        • Mariano de Aycinena y Piñol5

Y, tal y como lo dijera Aycinena en el comunicado, los criollos liberales guatemaltecos que lo aborrecían a él y a su poderosa familia —a quienes consideraban «aristócratas» y llamaban despectivamente «serviles«—, desertaron y se aliaron con los invasores. E incluso fueron más allá: cuando Morazán todavía estaba indeciso sobre la invasión a Guatemala, el 22 de enero se alzaron en Antigua Guatemala y desconocieron la autoridad de Aycinena,6 diciendo que devolvían el poder a las autoridades que habían sido despuestas en 1826 por el golpe de estado católico conservador que puso a Aycinena en el poder.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39-42.
  3. Montúfar, Lorenzo; Salazar, Ramón A. (1892). El centenario del general Francisco Morazán. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Rosa, Ramón (1974). Historia del Benemérito Gral. Don Francisco Morazán, expresidente de la República de Centroamérica. Tegucigalpa: Ministerio de Educación Pública, Ediciones Técnicas Centroamericana.
  5. Aycinena y Piñol, Mariano (27 de octubre de 1828) Manifiesto del Jefe de Estado de Guatemala. Guatemala: Imprenta Mayor.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 128-131.
  7. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.