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23 de enero de 1752: Figueredo y Victoria es nombrado segundo arzobispo de Guatemala

23enero1752
Ruinas de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Antigua Guatemala. El arzobispo Figueredo y Victoria protegió mucho a esta orden durante su gestión. Fotografía de Eadweard Muybridge tomada en 1875. En el recuadro: el arzobispo Figueredo y Victoria.

Francisco José de Figueredo y Victoria fue el segundo arzobispo y XVIII obispo de Guatemala. Era originario de Nueva Granada y fue nombrado obispo de Popayán en 1740, y luego arzobispo de Guatemala en 1751. La Bula Papal que lo confirmó se expidió el 23 de enero de 1752 llegando a la Capitanía Generalel 13 de mayo de 1753. La ceremonia en que se le impuso el palio fue celebrada en la iglesia de Cuajiniquilapa.1,2

Figueredo y Victoria había obtenido su doctorado en la Universidad San Gregorio de los Jesuitas en la ciudad de Quito, lo que indica que era de una familia pudiente. Por esta razón, se mantuvo leal a la Compañía de Jesús durante toda su vida, apoyando toda clase de donaciones para los jesuitas, aunque algunas fueron censuradas por el Consejo de Indias.3

Lo más importante de su gestión fue poner en práctica la orden Real por la que se despojó a las órdenes religiosas regulares de sus doctrinas y pasarlas al control del clero secular, aunque en la práctica la poderosa orden de los Dominicos conservaron sus grandes docrinas en la Verapaz (incluyendo el sur del territorio del moderno departamento del Quiché).1,2

Figueredo y Victoria era ya de edad avanzada cuando se hizo cargo de la mitra guatemalteca, pero eso no le impidió recorrerla. En octubre del mismo año en que llegó a Guatemala emprendió su visita pastoral llegando a casi cincuenta poblados durante seis meses. De esta visita dejó un informe exhaustivo en el que le informa al rey que el clero secular en Guatemala contaba con noventa y dos curas párrocs para noventa y cuatro parroquias y que el cabildo eclesiástico contaba con cinco dignatarios y cuatro canonicatos pero dos estaban vacantes; además informó que había 236 seculares sin cargo de alma, once diáconos, quince subdiáconos, seis menores y setenta y cuatro estudiantes en el Colegio Seminario Tridentino, de los cuales sesenta y cuatro esetaban destinados a la carrera eclesiástica.3

Su edad tampoco fue impedimento para que apoyara en todo cuando pudo a los jesuitas guatemaltecos, a quienes no solamente ayudó con su colegio en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, sino que se esforzó en otorgarles las siguientes donaciones:

    • 4,000 pesos para la reconstrucción de la Iglesia tras el terremoto de San Casimiro en 1751
    • 1,246 pesos como limosna
    • 18,782 pesos para redondear algunas posesiones de la orden y mejorar el potrero de San Ignacio
    • 15,500 pesos como aportación complementaria.
    • En julio de 1759 dedicó una parte sustancial de sus fondos para establecer como fiesta de precepto la de San Ignacio de Loyola, fundador y santo patrono de la orden.3

El anciano arzobispo quedó completamente ciego a los 80 años de edad y pidió al rey que le asignaran un coadjutor que le ayudara en su ministerio. El Rey asignó al guatemalteco Miguel de Cilieza y Velasco, quien era Maestrescuela de la Catedral y amigo personal del arzobispo, pero la autorización llegó al Reino después del fallecimiento de Figueredo y Victora, ocurrida el 24 de junio de 1765, misma fecha en la que había pedido ser admitido en la Compañía de Jesús.1,2

Fue sepultado en la Iglesia de los jesuitas, y su oración fúnebre estuvo a cargo de dos sacedotes de la orden, siendo uno de ellos el doctor y poeta Rafael Landívar.3 Tras la muerte de Figueredo y Victoria, fue sustituido por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien emprendió una visita pastoral aún más exhaustiva que la de Figueredo y Victoria, y quien en su informe final indica que «por ser muy anciano y casi ciego, se aprovecharon algunos clérigos para mandar a su antojo«.4

Irónicamente, tras la muerte de Figueredo y Victoria en 1765 y antes de la llegada de Cortés y Larraz a Guatemala en 1768, los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios del Rey de España en 1767, como parte de la Pragmática Sanción que los obligó a salir de todos los territorios del Imperio Español.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  2. — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  3. Belaubre, Christophe (2004). Figuerero y Victora, José Francisco; principales acontecimientos de la vida de un arzobispo que fue siempre muy cercano a los jesuitas. AFECH
  4. Cortés y Larraz, Pedro (2001) [1770]. García, Jesús María; Blasco, Julio Martín, ed. Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala. Corpus Hispanorum de Pace. Segunda Serie. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN 9788400080013. ISSN 0589-8056.
  5. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.

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