5 de febrero de 1829: el general Francisco Morazán al mando del “Ejército Protector de Ley”, inicia el sitio de la Ciudad de Guatemala

5febrero1829
Mapa de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1820.  La mayoría de los edificios todavía estaban a medias tras el traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros cuando ocurrió el sitio de Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general liberal Francisco Morazán se encontraba al inicio de su flamante carrera militar y política.  Tras sendos triunfos en la Batalla de La Trinidad y de Gualcho, y de reforzarse y reabastecerse en Ahuchapán, emprendió la marcha hacia la Nueva Guatemala de la Asunción, entonces sede del gobierno federal de Centro América.1

Morazán llegó  a reunir a dos mil hombres a los que llamó “Ejército Protector de la Ley” y con ellos marchó hacia la ciudad de Guatemala, la cual sitió el 5 de febrero de 1829.  Adentro de la entonces pequeña ciudadela, las fuerzas guatemaltecas se atrincheraron para resistir el sitio.1

Pero ya desde antes de que se iniciara el sitio, Aycinena comprendió que estaba en una situación muy difícil y que los criollos liberales querían la guerra a toda costa para hacerse del poder; esto quedó evidenciado el 27 de octubre de 1828, cuando envió un comunicado a sus conciudadanos, en el que les decía:2

Con el mayor sentimiento, me veo en la necesidad de anunciaros: que todos los esfuerzos del supremo gobierno nacional, y de las autoridades del Estado, por el restablecimiento de la paz, han sido inútiles: los que llevan la voz y se han apoderado del mando en S. Salvador, tienen interés en prolongar la guerra; porque ella sirve á sus miras personales, y les importa muy poco la suerte de los pueblos. Aspirando á la dominacion de toda la república, y al aumento de su propia fortuna, quieren teñir de sangre éste suelo privilegiado, y destruir todas las fuentes de la riqueza de la nacion y del propietario particular. Si no fuesen estos los principios de su conducta, ya habrian vuelto á la partia la tranquilidad de que antes gozara: ya habrian convenido en alguno de tantos tratados de paz que se les han propuesto, casi todos ventajosos para ellos mismos; pero los reusan, por que de nada se cuuidan menos que del bien general.

[…]

A pesar de tantas perfidias, y de tan repetidos testimonios de su mala fe y de la perversidad de sus intenciones; y accediendo á propuestas de los mismos gobernantes de S. Salvador: el S. P. E. de la federacion y el del Estado, enviaron nuevos comisionados á Ahuachapán en el mes de Septiembre, con el fin de ajustar la paz; pero tambien en vano: despues de mas de treinta dias de nuevas conferencias, el comisioado de S. Salvador en nada ha querido convenir: y los del gobierno general y de este Estado, regresan yá, perdida la esperanza de lograr el objeto de su mision.

[…]

Se ha convenido en las propuestas del comisionado de S. Salvador, hasta donde lo permiten los intereses mas grandes del Estado, y aquellos derechos que nunca son de sacrificarse; y para acreditar á su gobierno hasta que punto nos hallamos dispuestos á ceder; nuestro enviado presentó las proposiciones que acompañan á este manifiesto. Fijandose los de S. Salvador en la pretension injusta y avanzada, de intervenir en el régimen interior de este Estado, de mudar á su antojo las autoridades, y de darnos la ley de todos modos; se les han abierto partidos que sin ofender el decoro y la soberania de Guatemala. llenasen sus deseos y les produjesen los mismos resultados; se ha ofrecido la renovacion total de las actuales autoridades; se ha dado el decreto que la previene; y para alejar todo pretesto, se ha anunciado en mi nombre y con mi autoridad, que yo me separaría del gobierno.

A nada se accede, en nada se conviene.

[…]

Poco importariá los actuales depositarios de los podéres públicos, la reposicion de los individuos que los ejercian en 5 de Septiembre de 26; y aun pudiera prescindirse, por el bien de la paz, de todas las causas que influyeron en la separacion de aquellos funcionarios, y que justifican la eleccion de los que entraron á administrar el Estado en el año de 27: pero esta sería despojar al Estado mismo de la mas sagrada de sus prerrogativas: sería permitir que se le sobre pusiera la faccion que domina a otro Estado distinto: y antes debe Guatemala sepultarse en sus ruinas, que sufrir tamaño ultraje y tan notable depresion.

¡Compatriotas! Desengañemosnos: se buscan pretestos para la guerra y nada la evitará, mientras los gobernantes de S. Salvador crean que pueden prepodderar por la fuerza. Alentados por las ventajas con que se consideran á favor de los triunfos accidentales que han logrado ultimamente: ellos olvidarán la superioridad del virtuoso guatemalteco, amigo del órden, sóbre las túrbas que forman el apóyo de la anarquía; y alucinados con la esperanza quimérica de dominarnos, a nada se prestarian, aun cuando pudiesemos y quisiesemos otorgar sus temerarias solicitudes.

[…]

¿Guatemala podría nunca temer las pequeñas facciones armadas que tiranizan á San Salvandor?: ¿el mas numeroso, el mas rico de los Estados de la República, recibiría la ley de la minoría que oprime á un Estado de inferiores recursos? ¡No, Guatemaltecos!: Vosotros no sereis capaces de semejante abatimiento. Tomemos las armas: opongamos la fuerza á la fuerza y el enemigo, que tantas veces ha huido de nuestras sombras, no osará insultarnos con sus pretenciones temerarias, ni pisará impunemente nuestro territorio.

[…]

Compatriotas! La Asamblea del Estado me encarga su seguridad y me manda su defensa: a ella vamos ahora à limitarnos; y mi confianza de un éxcito feliz, es tanto mayor, cuanto es mas justa nuestra causa; mas grande vuestro valor: y sobre todo, cuanto que contamos visiblemente con la proteccion del Cielo, que siempre nos ha salvado. Ayudandme como hasta aquí y la victoria será nuestra.

Por mi parte, yo os ofrezco que moriré con vosotros, antes que abandonar la causa del Estado: y que si me tendría por feliz logrando que mi separacion del cargo con que me habeis honrado, fuese un medio de terminar la guerra: mientras permanezcea en él, yo no consentiré jamas en la ruina de eta preciosa seccion de la republica. Usaré del ámplio poder que me confieren vuestros dignos representates: agotaré los innumerables recursos con que debemos contar para nuestra defensa: y ningun temor, ningun riesgo personal, ningun sacrificio podré arredrarme, cuando se trata dé cumplir la mas estrecha y al mismo tiempo la mas grata de mis obligaciones.2

Y, tal y como lo dijo Aycinena en el comunicado, los criollos liberales guamaltecos que lo aborrecían, Mariano de Aycinena, y a su poderosa familia a quienes consideraban “aristócratas“, desertaron y se aliaron con los invasores. E incluso fueron más allá: desconocieron la autoridad de Aycinena y decidieron devolver el poder a las autoridades que habían sido despuestas en 1826 por el golpe de estado católico conservador que puso a Aycinena en el poder.3,4

Los partidarios de Morazán abrazaron la bandera del anticlericalismo y el positivismo para expulsar a los conservadores del poder y exiliarlos de la region, lo que consiguieron tras la rendición de Aycinena el 12 de abril de 1829.  Una vez expulsados, tal y como Aycinena lo comunicara en 1828, Morazán confiscó todos sus bienes y como muchos de los exiliados eran miembros de las órdenes regulares, permitió a su tropa saquear todos los templos católicos y las casas de los conservadores, con lo que se perdió mucho del legado artístico de Guatemala.   En cuanto a las grandes haciendas que tuvieron que abandonar los conservadores y los clérigos, Morazán las repartió  entre sus partidarios e incluso algunas de ellas llegaron a manos de ciudadanos ingleses que habían patrocinado al ejército morazánico.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta pública y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  2. Aycinena, Mariano de. Manifiesto del Jefe de Estado de Guatemala. Guatemala: Imprenta Mayor. 27 de octubre de 1828.
  3. Gobierno de Guatemala (1855). Nota fúnebre de Manuel Francisco Pavón Aycinena. Guatemala.
  4. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  5. Thompson, George Alexander (1829). Woodfall, G., ed. Narrative on an Official Visit to Guatemala from Mexico (en inglés). Londres, Reino Unido: John Murray.