4 de marzo de 1751: los terremotos de San Casimiro

Terremoto de San Casimiro destruye la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, la cual queda magnífica tras su reconstrucción

4marzo1751
Ruinas del hermoso templo de la compañía de Jesús que había sido reconstruido tras el terremoto de 1751, pero que fue gravemente dañado por los terremotos de Santa Marta en 1773.  En el recuadro: el poeta y sacerdote jesuita Rafael Landívar, quien en 1765 escribió el poema «Salve cara parens, dulcis Guatemala, salve» con el que se inicia su Rusticatio Mexicana y en el que describe los daños del terremoto de 1751.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 4 de marzo de 1751 ocurrieron los terremotos de San Casimiro, los cuales fueron una serie de sismos que afectaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, aunque los que mayores daños provocaron fueron el de las 8 de la mañana y el de las 4 de la tarde. Los edificios más afectados fueron el Palacio de los Capitanes Generales, la Casa de Moneda, la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, la iglesia de la Compañía de Jesús, el templo de San Agustín y la Iglesia de La Recolección.1

En el Extracto o Relación Metódica de la Comisión nombrada por las autoridades para evaluar los daños provocados por el terremoto de Santa Marta en 1773, se menciona al terremoto de San Miguel de la siguiente forma: «Décimo séptimo suceso memorable y décima destrucción de parte de la Ciudad: También es hecho cierto el suceso de los Temblores acaecido en el 4 de Marzo de 1751 , que llaman de San Casimiro, los cuales arruinaron las bóvedas de varios Templos, y parte desde las casas de particulares, dejando algunas otras maltratadas con lo de más, que n0 pueden dudar muchos de los concurrentes , y se acredita por relaciones é informes , que ofrecen la mayor probabilidad2

Conforme pasaron los días se fue descubriendo la magnitud de los daños.  El 12 de marzo los vecinos del templo y convento de San Agustín pidieron al síndico procurador de la ciudad que se derribara el complejo por «la indigencia de las rentas de dicho convento«.  Luego, el 16 del mismo mes, el lector jubilado de la Compañía de Jesús, Miguel de Cartagena, pide al ayuntamiento «que se le apliquen del ramo de alcabalas cuatro mil pesos» para reconstruir su templo; ese mismo día la abadesa del convento de la Inmaculada Concepción hizo constar al ayuntamiento que había quedado destruído el Sagrario, ya que se desplomó parte de la cúpula y parte de la bóveda del coro de la iglesia.1

El 18 de marzo el presbítero Miguel José Patiño, prioste de la ermita de San José. informó al ayuntamiento que la ermita estaba gravemente dañada, y les pidió ayuda para reconstruirla; y ese mismo día la rectora del colegio de niñas de Nuestra Señora de la Presentación solicitó ayuda para reedificar el centro que se había arruinado.  Posteriormente, el 23 de marzo, se recibieron las solicitudes de ayuda económica para los conventos de Propaganda Fide, de Nuestra Señora de Las Mercedes, del Beaterio de Belén, de la Ermita de Santa Lucía y del Espíritu Santo.1

En abril y mayo continuaban las solicitud de ayuda.  El 27 de abril el beaterio de Indias de Nuestra Señora del Rosario y los mayordomos y cofrades de la ermita de la Santa Cruz de los Milagros recibieron cincuenta pesos cada uno de parte del ayuntamiento; y el 4 de mayo, la reverenda madre Josefa María de Santa Gertrudes, priora del convento de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (Capuchinas), envió su solicitud de ayuda.3

Durante los trabajos de reconstrucción se arregló el perímetro de la Plaza Mayor, y el nuevo Palacio del Ayuntamiento criollo se terminó de construir entre 1765 y 1768.​ El Palacio de los Capitanes Generales, también tuvo que ser reconstruido totalmente y las autoridades de la Real Audiencia le solicitaron al  arquitecto mayor Luis Diez de Navarro que el edificio se asemejara al nuevo edificio del Ayuntamiento de Guatemala y que tuviera un portal de columnas de piedra con cúpulas en cada sector de intercolumnio, además de ser abovedado el techo del conjunto.4

Por su parte, tras su reconstrucción, la iglesia de la Compañía de Jesús quedó catalogada como una de los más hermosos de toda Guatemala.​  Las obras terminaron el 17 de julio de 1753, con la renovación del empedrado del patio del templo.  El arquitecto Juan de Dios Estrada, quien estaba a cargo de la construcción de la Iglesia de La Merced desde 1749, terminó el templo de estilo ultrabarroco guatemalteco, el cual fue inaugurado en 1767 con una robusta construcción que le ayudó a soportar los terremotos de Santa Marta de 1773.5

Si bien se desató una epidemia de viruela en la ciudad a principios de 1752,6 un período de prosperidad comenzó después del terremoto y la ciudad se benefició de diferentes obras públicas entre las que se encuentran el empedrado de calles y la fabricación de acueductos para llevar agua potable. La ciudad quedó magnífica, al punto que cuando estuvo terminada, rivalizaba con la ciudad de México en belleza y elegancia.  El poeta y catedrático jesuita guatemalteco Rafael Landívar, S.J. (descendiente del conquistador Bernal Díaz del Castillo) describió los estragos causados por el terremoto de 1751 y los excelentes trabajos de reconstrucción en un poema que escribió en 1765 tras el terremoto de la Santísima Trinidad que afectó al oriente de Guatemala, y que sería publicado como prólogo de su obra Rusticatio Mexicana en Bolonia, Italia (el lugar de su exilio) en 1783.  La traducción al español realizad apor José Domingo Diéguez de aquel poema que compienza con las conocidas líneas «Salve cara parens, dulcis Guatemala, salve» en 1842, se presenta a continuación:7

¡Salud, salud, o dulce Guatemala,
Origen y delicia de mi vida!
Deja, hermosa, que traiga a la memoria
Las dotes las ofrendas que convidas:
Tus fuentes, agradables, tus mercados,
Tus templos, tus hogares y tu clima.

Ya me parece que tus altos montes
A lo lejos mi vista determina,
Y las praderas y campiñas verdes
Que terna primavera fertilizan.
Cada rato que cercan las ideas
De los torrentes de aguas cristalinas,

Y sus playas techadas de sombríos,
Por donde las corrientes se deslizan:
Los retretes de adornos decorados;
Y los verjeles de las rosas chiprias.
¿Qué fuera, si yo el lujo recordase
De dorados damascos y cortinas,

Ya de sedas vistosas, ya de lanas
Con la tyria escarlata bien teñidas?
Para mí siempre fueron estas cosas
Un nutrimento, un gusto bien sentido,
Y dulce alivio que socorre al alma
En los pesares y aflicciones mías.

Me engaño ¡ah! trastornaron mi cabeza
Las ilusiones que el delirio pinta!
Lo que era poco ha del gran Reino
Ciudad capital, soberbia, altiva,
Ora no es más que escombros y montones.

Sin casas, plazas, templos, ni guaridas.
No quedó ya refugio al vecindario,
Ni trepando del monte la alta cima;
Pues los fragmentos eran precipicios
Que Júpiter fraguó para la ruina.

Pero ¡qué digo! Salen ya del polvo
Desde el umbral repuestos, reconstruidos,
Hasta la cumbre los suntuosos templos
Con elegante y sólida maestría.

Ya las fuentes se asocian con los ríos:
Ya las plazas exhaustas y vacías
Se encuentran ocupadas por la turba
Restituida a la calma primitiva.
Recobra la ciudad rápidamente
De sus mismos destrozos nueva vida,
Acaso más feliz ¡quiéralo el Cielo!
Cual otro fénix de inmortal ceniza.

Gózate ya ¡resucitada Madre!
¡Capital de aquel Reino la más rica!
Libre vive desde ahora para siempre
De temblores, de sus y de ruinas;
Y yo haré resonar hasta los astros
El eco tierno de canciones vivas,
Que pregonen el triunfo esclarecido
Que has alcanzado de la muerte impía.

Acepta, en tanto, aqueste ronco plectro,
Treste consuelo de amorosa rima;
Y que por premio conseguir yo pueda
Poseer en ti mi suspirada dicha.

Con la llegada del rey Carlos III de Borbón al trono español en 1759, las ideas de la Ilustración empezaron a imponerse y el rey dirigió las Reformas Borbónicas en contra de los privilegios de la Iglesia.  En Guatemala, esto se tradujo con el retiro de las rentables doctrinas de indígenas a las órdenes regulares, las cuales fueron entregadas al clero secular como estaba previsto en el Concilio de Trento.  Luego, el 2 de abril de 1767 la otrora poderosa orden de la Compañía de Jesús fue expulsada de todos los territorios del Imperio Español, y su fastuoso templo pasó a manos de los Mercedarios.8

De esta forma, cuando se produjo el terremoto de Santa Marta en 1773, en lugar de ayudar a la reconstrucción de los conventos de los frailes regulares, el capitán general Martín de Mayorga promovió el traslado de la ciudad a un nuevo lugar, y los obligó a abandonar sus palaciegos conventos por estructuras rústicas en la Nueva Guatemala de la Asunción.  El arzobispo Pedro Cortés y Larraz, por su parte, comprendió la intención de Mayorga y junto con el Cabildo Eclesiástico y el clero secular resistió el traslado hasta 1778, cuando finalmente tuvo que retirarse en favor del nuevo arzobispo, Cayetano de Francos y Monroy9.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 166.
  2. Ibid, p. 167.
  3. Comisión del presidente de la Real Audiencia de este Reino de Guatemala (1774). Extracto o Relación Methodologógica de los autos de reconocimiento. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas. p. 11.
  4. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, versión digital).
  5. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  6. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, p. 168.
  7. Landívar, Raphaelis (1783). Rusticatio Mexicana Bolonia: St. Thomae Aquinatis (en latín)
  8. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 116-118