15 de marzo de 1945: Arévalo asume la presidencia de la República

Asume la presidencia de la República de Guatemala el doctor Juan José Arévalo Bermejo

Acto de toma de posesión del Dr. Juan José Arévalo como presidente de la República. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 15 de marzo fue la fecha elegida por los gobiernos liberales para iniciar los períodos gubernamentales.  Esta costumbre se mantuvo durante los gobiernos revolucionarios, que utilizaron la misma fecha para la toma de posesión.

El primero gobierno revolucionario fue el del Dr. Juan José Arévalo, de tendencia socialista espiritual,1 quien empezó a promulgar leyes a favor de los trabajadores, las cuales tuvieron su origen en el «New Deal» que impulsó el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt.2 Entre las leyes e instituciones implementadas estuvo el Código de Trabajo,3 la ley del Servicio Civil, los sindicatos , el Instituto Guatemalteco de Seguro Social4 y grandes cambios en la educación.5

Reproducimos a continuación parcialmente el manifiesto que el Dr. Arévalo hizo a la población el 10 de febrero de 1945, al confirmarse que había sido electo como presidente de la República, ya que incluye algunos aspectos importantes de la historia guatemalteca:

Compatriotas:

Por decreto de la Asamblea Nacional Legislativa, he sido proclamado electo de la República para el próximo período constitucional.  Queda así satisfecha, hasta en sus fórmulas legales, la voluntad popular expresada mayoritariamente en los comicios de diciembre, después de una campaña política que no dejó lugar a dudas con respecto a las preferencias populares.

Corresponde que diga, una vez más, mi palabra de gratitud hacia todos aquellos que actuaron decisivamente para el triunfo de la causa popular.  Un valor cívico, pocas veces demostrado por pueblo alguno, coronó los esfuerzos del nuestro, fatigado de gobiernos dictatoriales e impopulares. La resolución de los guatemaltecos de darse un gobierno por su propia voluntad, triunfa en forma espectacular.  Y ya puedo afirmar, por la correspondencia que he recibido desde el veinte de diciembre, que toda América admira y aplaude la explosión juvenil de Guatemala y su triunfo cívico.  Después de ser famosa por sus dictadores, los fusilamientos y las torturas, Guatemala es ahora ejemplo para todos los pueblos que luchan por la libertad.6

[…]

Tras el saludo inicial, Arévalo acusó a sus rivales de la contienda presidencial de no portarse decorosamente tras conocer el resultado de las elecciones:

La Junta Revolucionaria de Gobierno […] otorgó también una libertad sin restricciones, precisamente porque nos hallábamos en plena campaña electoral, dando así a todos los partidos igualdad de oportunidades en su acción proselitista.  Los partidos minoritarios aprovecharon esta libertad hasta llegar a las elecciones de diciembre; pero una vez conocidas las cifras impresionantes que confirmaban su escasa simpatía en el ánimo popular, emprendieron una campaña de calumnias y de injurias a la Junta Revolucionaria, al candidato electos por las seis séptimas partes del total de los electores, a los partidos triunfantes por la coalición arevalista. En un mal disimulado rencor de vencidos, propalaron por sistema la afirmación de que las elecciones habían sido fraudulentas e hicieron llegar al extranjero tal noticia. Califiquen los actores y los espectadores de nuestra lucha política cual es el grado de civismo que hay en esa queja.

Aparte de esta postura poco caballerosa, de negarse a reconocer la realidad de su derrota, algunos partidos minoritarios, haciendo uso y abuso de la libertad de prensa y de opinión, montaron toda una maquinaria de chismes de aldea, calumnias delictuosas, injurias provocativas y rumores alarmistas, que han producido en el ánimo de las gentes ingenuas un estado de zozobra y de desquiciamiento social y económico, de efectos perniciosos para la vida nacional.7

Y continuó, arremetiendo contra la apariencia de legalidad que otorgaba la Constitución de 1879:

[…] La Asamblea Nacional Constituyente se reúne para redactar la primera Constitución de la República que haya de cumplirse toda y siempre.  El nuevo estilo moral creado por la Revolución, exige un nuevo instrumento legal, a fin de no adoptar aquellos textos que jamás tuvieron vigencia dentro de la simulación legalista en que vivíamos. Una revolución de la profundidad de la nuestra, no podía conformarse con aderezar algunos artículos de las constituciones incumplidas.[…]

Con respecto a la fecha de su toma de posesión, Arévalo dijo lo siguiente:

Según lo ha declarado la Junta Revolucionaria, días después de promulgada la Constitución asumiré las funciones de Presidente de la República.  Mientras no haya Constitución, la Junta Revolucionaria de Gobierno actuará con la plenitud de su autoridad y con mi más absoluta confianza, sin que en su labor -como hasta hoy- tenga yo la menor ingerencia.  Los altos intereses de la Revolución y cierta angustia popular, indican que deben realizarse todos los esfuerzos para acabar cuanto antes la Constitución, y sería de desear que el 15 de marzo se diera comienzo al período constitucional de Gobierno.  […]8

En otra parte, acusó a los criollos liberales de tratar de desmerecer lo realizado por la Junta de Gobierno:

[La] labor profundamente patriótica, valiente y desinteresada [de la Junta Revolucionaria de Gobierno] no puede empañarse con sospechas de ninguna especie, originadas todas en círculos de la vieja escuela cabrerista, que desearía quebrantar la gran unidad del movimiento revolucionario.  […] Nuestra liberación política, obra del pueblo, se concretó por la hazaña de ellos. El lujo de haber disfrutado de elecciones libres le debe a ellos el pueblo de Guatemala.  […] Solamente los adversan y calumnian aquellos para quienes la democracia y la libertar consisten en «estar en el gobierno»: si ellos no están en el gobierno, no hay democracia ni hay libertad.9

Y también acusó a algunos de los ministros de la Junta revolucionaria de Gobierno de estar entorpeciendo las políticas de la Revolución aprovechando su alto puesto:

Guatemala renace apresuradamente, gracias a la labor de esos muchachos. No lo han hecho todo porque en cuatro meses tempestuosos no se puede transformar completamente a un país, y porque todavía no han presentado su renuncia funcionarios públicos adversarios de la ideología revolucionaria, que en forma visible o embozada han estado saboteando la revolución o protegiendo las maniobras reaccionarias desde sus altos cargos. Pero la Junta Revolucionaria ha hecho y sigue haciendo todo lo que está en sus posibilidades, según lo permiten la situación política, los recursos económicos y la conducta de los agitadores de la reacción.9

En otra parte de su manifiesto, Arévalo describió tal cual al servilismo del pueblo, y en especial de los criollos liberales, para con los gobiernos dictariales:

El halago permanente, el regalo adulón, el elogio indebido, los actos oficiales con aparato de solemnidad religiosa, el cumpleaños convertido en fiesta patria, las condecoraciones al gobernante, la triplicación de sueldos, a base de pensiones, la justicia consultada al ejecutivo, los legisladores llamados a la casa de gobierno, la adjudicación de virtudes que el gobernante no tiene, etcétera, etcétera; no fueron sino las formas apartosas de un fondo de abyección moral y política que perduraba en las esferas oficiales por obra de la escuela de Estrada Cabrera. […]10

[…] Aquellos que fueron absolutamente serviles durante los catorce años, los vemos ahora entregados a una furia de insolencia y de altanería contra las autoridades de la revolución, contra el Presidente electo, contra el pueblo mismo que ha producido la revolución y ha elegido al Presidente. […] Los cabreristas están por eso, condenados aparentamente a dos posibilidades: a vivir arrodillados ante el gobierno que les da empleo, o a emberrincharse en una prédica subversiva hasta asustar a algún gobierno y se les dé empleo.11

[…] Y como entendemos la oposición política simplemente como obligación de atacar, dirigimos esa conjtura en línea que perjudique más al gobierno, y entonces queda convertida la libertad psicológica de conjeturar en libertad «legal» de calumniar al adversario. La calumnia ha venido a constituir, por eso, el arma natural de ciertos partidos políticos. Así dijo el poncismo, que yo había utilizado un doble pasaporte al salir de la Argentina; así dijeron ellos mismos, que yo traía dinero nazi; así han afirmado los herederos del poncismo en nuestros días, que la misión Toriello había ido a Washington por orden mía para obtener dinero en los Estados Unidos.12 O el caso […] de los recinistas que con su torpe propaganda hicieron cundir en Suchitepéquez, Sololá y Chimaltenango, la especie de que Arévalo iba a castrar a los indígenas y a secuestrar a todas sus mujeres. Nosotros, los cultos, nos reiríamos de ese elemento de propagando política, pero los dos millones de indígenas no se reían.13

Y en cuanto al ejército, dijo algo que luego sería desmentido en la práctica tras el asesinato del coronel Francisco Javier Arana el 18 de julio de 194914

[…] Consiguieron crear en las filas de nuestro ejército un recelo de los oficiales de línea con respecto a los oficiales académicos, pues la reacción ha difundido la especie de que el ejército será organizado aristocráticamente con la exclusiva utilización de los oficiales de escuela.  […] Por fortuna, la alianza revolucionaria acordada entre el Mayor Arana y el Capitán Árbenz y la integración de la Junta Revolucionaria de Gobierno con el ciudadano Jorge Toriello, constituyen ya un afortunado mentís a todos esos embustes.[…] La permanencia del Mayor Arana y del Capitán Árbenz en altos cargos del gobierno militar durante todo mi período y la estrecha amistad de ellos y del ciudadano Toriello con el Presidente de la República, constituirán finalmente una garantía de que ya no será posible quebrantar esta poderosa unidad revolucionaria.[…]15

Finalmente, con respecto a su orientación socialista dijo:

La circunstancia de haber sido yo el primer candidato a la presidencia que se ha confesado pensar con mentalidad socialista, ha servido de precioso elemento de propaganda, principalmente entre los capitalistas extranjeros y guatemaltecos. A todos aquellos, que se han dejado impresionar por esta prédica interesada, les recuerdo una noción elementalísima: la de que un gobernante puede ser católico sin que eso signifique que impondrá obligatoriamente la religión católica a todos los habitantes del país, y que por lo mismo, un gobernante puede ser socialista, sin que eso signifique organizar necesariamente el país en forma socialista.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Bermejo, Juan José (1945). El Presidente Electo al Pueblo de la República. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 16.
  2. McJimsey, George (2000). The Presidency of Franklin Delano Roosevelt. (en inglés) University Press of Kansas. ISBN 978-0-7006-1012-9. pp.: 107-108.
  3. Méndez, Rosendo P. (1949) Recopilación de las leyes de la Republica de Guatemala, 1946-1947.  LXV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 840-841.
  4. Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (2021) Inauguración del IGSS. Guatemala: Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
  5. Cach, Mónica (11 de febrero de 2014). «Historia de la educación en Guatemala». Monografías en línea
  6. Arévalo Bermejo, Juan José (1945). El Presidente Electo al Pueblo de la República. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 3.
  7. Ibid., p. 4.
  8. Ibid., p. 5.
  9. Ibid., p. 6.
  10. Ibid., p. 8.
  11. Ibid., p. 9.
  12. Ibid., p. 12.
  13. Ibid., p. 13.
  14. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 527-552.
  15. Arévalo Bermejo, El presidente Electo al Pueblo de la República, p. 14.