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29 de abril de 1907: atentado de «La Bomba»

El presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje

29abril1907
Así quedó el carruaje presidencial tras la detonación del artefacto explosivo.  Imagen tomada de la revista oficial «La Locomotora«.

Los autores intelectuales del complot:

Desde mediados de 1906, el abogado Enrique Ávila Echeverría y su hermano, el médico Jorge Ávila Echeverría, junto con el también médico Julio Valdés Blanco y el ingeniero eléctrico Baltasar Rodil, planearon y ejecutaron un atentado contra el presidente de Guatemala, el licenciado Manuel Estrada Cabrera. El atentado se perpetró el 29 de abril de 1907 y que se conoció en su época simplemente como «La Bomba».

Los hermanos Echeverría y sus compañeros eran de posición económica solvente, egresados del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional Central para Varones en 18901 y habían estudiado en universidades extranjeras.2 Sin embargo, al regresar al país se encontraron con un estado de cosas en el cual predominaba un ambiente de desconfianza entre las familias acomodadas porque el círculo cercano al gobernante las forzaba a realizar negocios desventajosos so pena de ser acusado de conspirar contra el gobierno si no; los realizaban.3,4 Esto afectaba los intereses económicos de sus familias por lo que planearon con todo detalle un atentado con explosivos; así pues, aprovechando los recursos económicos de que disponían, adquirieron todo lo que se necesitaba: los explosivos, los detonadores de hierro, generadores eléctricos, cables especiales, productos químicos, cajas de hierro macizo, y además compraron al cochero del presidente, Patrocinio Monterroso. Ya con todo esto, cavaron túneles para poner artefactos explosivos en varios puntos de la ciudad de Guatemala por lo que pasaba el coche del presidente con relativa frecuencia.5

Planificación del atentado:

El escritor liberal Fernando Somoza Vivas, en su obra «El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco» refiere que el atentado ocurrió en dos fases; primero, los atacantes cavaron un túnel por debajo de la novena avenida de la Ciudad de Guatemala para que hacer estallar allí una bomba cuando el presidente fuera a presentar su informe anual a la Asamblea Nacional Legislativa. Para entonces ya tenían comprado al cochero del presidente, a quien habían sobornado con cincuenta mil pesos; éste, al llegar a lugar indicado, fingió que se le rompió una rienda y se detuvo justo sobre el artefacto explosivo mientras los conjurados interaron detonar la bomba sin éxito.​ Un cable había hecho corto circuito y a pesar de que intentaron detonar el artefacto explosivo diecisiete veces, no lo lograron. Entonces, al fallar en el primer intento, cambiaron de plan: cavaron un nuevo túnel debajo de la séptima avenida sur, una vía por la que el coche del mandatario también circulaba con frecuencia.6 La situación apremiaba, pues ya ya había muchos conjurados y muchos ciudadanos más sabían vagamente que en aquellos días iba a ocurrir un atentado en contra del presidente.7

El atentado del 29 de abril:

Véase también: José María Orellana

Finalmente llegó el 29 de abril de 1907. Sobre lo que ocurrió aquél día, como en muchos sucesos ocurridos en Guatemala, la rivalidad entre los criollos liberales y los criollos conservadores ha hecho que existan dos versiones sobre el tema, las cuales presentamos a continuación para que el lector saque sus propias conclusiones.

De acuerdo al escritor conservador Rafael Arévalo Martínez en su obra «¡Ecce Pericles!«, aquella mañana el licenciado Estrada Cabrera estaba de buen humor —algo que según Arévalo Martínez «no solamente era raro en su carácter sino que además sembraba el temor entre sus oficiales«— y, como cosa rara, quiso que su hijo Joaquín se sentara a su lado. Los ayudantes rodearon el carro y emprendieron la marcha. Cerca de la casa donde estaban los conjurados —ubicada frente a la Correccional de Menores— había una taberna y en la puerta algunos borrachos escandalizaban; el cochero atento sabía que estaba cerca del lugar indicado y que una línea en la pared de la calle le indicaría el sitio exacto en que tendría que detenerse. Pero los caballos no le obedecieron, y el carro se acercó a la acera de tal forma que el Jefe del Estado Mayor —el entonces brigadier José María Orellana— tuvo que subir su caballo a la acera para proteger al presidente de los que escandalizaban en la vía pública. De esta forma, el carruaje se detuvo a unas pulgadas más allá de donde debía haberlo hecho.8

Arévalo Martínez, dice que a las siete y media de la mañana estalló la bomba, destrozando el asiento del cochero y el que estaba frente al presidente y en el que su hijo había estado momentos antes. El cochero murió despedazado por la bomba, ya que los conspiradores le habían hecho creer que francotiradores se encargarían de Estrada Cabrera.​ Los dos viajeros y la mayoría de sus acompañantes rodaron por el suelo tras la explosión, siendo el presidente el primero en levantarse y ayudar a su jefe de Estado Mayor a hacer lo mismo; el presidente, revólver en mano, aparecía sereno sin saber que uno de los conspiradores pasaba a su lado en ese instante con un arma amartillada dentro de su saco para matarlo. Pero al ver la fisonomía decidida del presidente, el hombre se acobardó y no le disparó y, según dicen algunos, salió huyendo y paró sino hasta que estuvo fuera de las fronteras de Guatemala; otros refieren que los encargados de rematar al mandatario en caso de que sobreviviera al atentado se habían enemistado con los organizadores del complot pocos días antes y no estuvieron al tanto de los últimos detalles de la conjura.8

Por su parte, la revista oficial liberal «La Locomotora» relató así el suceso: a las ocho de la manana, cuando Estrada Cabrera había salido en carruaje de su casa de habitación y se dirigía hacia el Sur de la ciudad en su «laudable objetivo» de inspeccionar «las obras de civilización y progreso» que estaba construyendo su gobierno, estalló la mina cargada de dinamita por medio de un aparato eléctrico en la 7a. Avenida Sur, entre la 16 y la 17 Calle Oriente. La explosión se escuchó en toda la ciudad, pero «afortunadamente para el bien de la Patria» solamente resultó herido levemente el jefe de Estado Mayor, general Orellana, y muerto el cocheco Monterroso junto con uno de los caballos que tiraban del coche. Estrada Cabrea salió ileso y «con el valor y serenidad que le son proverbiales», tomó del brazo a Orellana y regresó a pie a su casa.9

Consecuencias:

Aquel atentado dió paso a dos cosas. La primera, un verdadero desfile de aduladores que fueron a felicitar al presidente a su residencia por haberse salvado, ya que eso era, según ellos, «la salvación de la paz, del progreso y de las libertades públicas«.9 Y la segunda, una verdadera cacería humana, en la que la policía secreta del presidente se dedicó a perseguir a los autores del crimen, llevándose por delante a numerosos inocentes en el proceso que fueron torturadas para saber en donde se escondían los autores del atentado,10 hasta que finalmente éstos fueron cercados en una casa frente a la iglesia de San José en la ciudad de Guatemala, y tuvieron que suicidarse para evitar caer en las manos de la policía cabrerista.11


Bibliografía:

  1. Moré Cueto, Julián (1 de noviembre de 1894). «Nómina general de los jóvenes que ha recibido diploma en el Instituto Nacional Central de Varones». El educacionista: órgano del Ministerio de Instrucción Pública (Guatemala) 1 (4). p. 205.
  2. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 170.
  3. Ibid. pp. 120-121.
  4. Arriola, Osmundo (1945). Quetzaltenango, album conmemorativo de la inauguración del Ferrocarril Nacional de Los Altos. Quetzaltenango: Tipografía Arte Nuevo. p. 18.
  5. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33). p. 6.
  6. Somoza Vivas, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana. p. 9.
  7. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 170.
  8. Ibid., p. 171.
  9. La Locomotora (10 de mayo de 1907). «Criminal atentado». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33). p. 1.
  10. Ávila Pessel, Carlos (6 de mayo de 1920). Defensa presentada por el Licenciado don Emeterio Ávila Echeverría después de ratificada la sentencia que le condenó a muerte, con relación al atentado del 29 de abril de 1907. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  11. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 182.

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