2 de mayo de 1931: fusilan a los acusados del «Crimen de la Novena Avenida»

El recién establecido régimen del general Jorge Ubico fusila a Eduardo Felice Luna, Cayetano Asturias y Juan Emilio Blanco, acusados de cometer el «Crimen de la Novena Avenida»

2mayo1931
Los sentenciados a muerte momentos antes de ser fusilados.  A la izquierda está Juan Emilio Blanco, al centro (de rodillas) Eduardo Felice Luna, y a la derecha Cayetano Asturias.  Imagen tomada del libro La Nueva Guatemala de la Asunción: economía política, crecimiento urbano y urbanización, 1898-1954 de Eduardo Antonio Velasquez Carrera.

El general Jorge Ubico Castañeda llegó a la presidencia Guatemala con la ayuda del embajador estadounidense Sheldon Whitehouse, quien arregló todo para que el gobierno  del general Manuel María Orellana no fuera reconocido por el gobierno del presidente Herbert Hoover luego del golpe de estado en contra del licenciado Baudilio Palma, y para que Ubico fuera candidato único cuando se realizaron las elecciones en 1931. El jefe de la Legación Estadounidense llegó incluso a mover sus piezas para adelantar las elecciones,  y gracias a sus influencias con los intereses estadounidenses en Guatemala, especialmente con la United Fruit Company, permitió que Ubico Castañeda tomara posesión antes del período para el cual fuera electo. De esta cuenta, el nuevo presidente inició su gobierno el 14 de febrero y no el 15 de marzo de 1931, como le correspondía de acuerdo a la constitución vigente en ese momento.1

Uno de sus primeros actos del nuevo gobierno fue fusilar a tres «señoritos» o «chancles«, que presuntamente habían asesinado a la anciana y sus a dos empleadas para robarle sus joyas, en lo que se conoció como el «Crimen de la Novena Avenida«.2 Los acusados fueron los guatemaltecos Eduardo Felice Luna y Cayetano Asturias, y el hondureño Juan Emilio Blanco, quienes fueron fusilados para dejar en claro que no se toleraría ningun tipo de crímenes en el nuevo régimen.3

Todo se inició el 21 de julio de 1930, siendo todavía presidente el general Lázaro Chacón, cuando perpetraron el asesinato de la señora Mercedes Estrada de Blanco y sus dos empleadas en su casa de la Novena Avenida de la Ciudad de Guatemala.  Los sospechosos fueron capturados el 24 de julio y se les acusó de haber cometido el crimen tras ser juzgados por una Auditoría de Guerra. Los abogados defensores de los presuntos ladrones y asesinos intentaron hacer una defensa, pero los sindicados ya habían firmado declaraciones que los inculpaban ante el Jefe de la Policía Nacional, Herlindo Solórzano, aunque luego dijeron que habían sido torturados y obligados a firmar.2 Por cierto, que el abogado que defendió a Felice Luna, al parecer fué contratado por la famosa «Madame» de la época, Eloísa Velásquez —quien era más conocida como «La Locha«—, con quien Felice Luna había mantenido una relación sentimental, y ella habría pagado una cantidad considerable por los honorarios del letrado.4

El 1 de mayo de 1931 los ya sentenciados a muerte fueron entrevistados en la Penitenciaría Central para conocer sus ultimas impresiones, y éstos contaron que tanto Eloísa Velásquez como la madre de Blanco, que venía de Honduras, los estuvieron visitando en la capilla ardiente antes de ser fusilados en el Cementerio General. Cayetano Asturias, quien tenía varios antecedentes por actividad criminal, manifestó en la entrevista que «lo único que pudiera pedir sería justicia, pero ya he visto que no la hay«. Por su parte, Juan Emilio Blanco fue enfático al decir «no tengo sino que ratificar que soy inocente, por ahora no tengo más que ratificarles, una vez más, que soy absolutamente inocente con respecto al crimen de la novena avenida, cuyos detalles verdaderos son ya conocidos de los señores Arturo Mendizábal y Rafael López Cáceres, como que existe en la auditoria de guerra iniciado un proceso sobre el particular. Hay más, se tiene conocimiento del lugar en donde los criminales se encuentran. Nosotros sabemos que dos de ellos están precisamente en el kilómetro diez de la línea del ferrocarril al norte y otro en Tela. Este que está en Tela, se llevó a una muchacha el nombre de cuya madre lo sabe Rafael López».3

Felice Luna, al parecer era muy dado a frecuentar bares y burdeles, especialmente el de «La Locha«, el cual era un lugar de encuentro de intelectuales, escritores, poetas, pintores y también de embajadores, militares, y funcionarios de gobierno. En su última entrevista, Luna fue claro al declarar que firmó la aceptación del crimen porque «todo fue bajo la coacción policial» y porque pensó que «se facilitaría después mi descargo«. Pero la situacion no mejoró. Al contrario, su defensor, el licenciado Manrique Ríos, fue apresado; y cuando Felice estaba en la casa presidencial el 24 de julio de 1930 y en la calle se amotinaba una multitud ciega aun por lo fresco del crimen de la novena avenida, le hicieron asomarse a una ventana y le dijeron «esa multitud quiere lincharlo, solo yo puedo salvarlo y lo logra usted confesando que tomó parte del crimen». Posteriormente, habría sido torturado cruelmente por el juez primero de paz, los gendarmes y sus jefes.3,Nota

Felice Luna, Asturias y Blanco fueron fusilados el día sábado 2 de mayo de 1931 en el paredón del Cementerio General, ante diez mil personas que presenciaron la ejecución ordenada por el general Ubico Castañeda y posteriormente fueron enterrados en el Cementerio en cajas talladas y barnizadas, que llevaron los familiares, a pesar de que también había disponibles cajas rústicas de pino que enviaron de la Penitenciaría y que habían sido fabricadas por los presos.4

Se cuenta que Eloísa Velásquez llevaba personalmente rosas rojas a la tumba de Felice, y que cuando ya no pudo hacerlo por su edad, envió a un mensajero a dejarlas por ella.


NOTAS:

    • Felice Luna y sus cómplices habían sido llevados a la casa presidencial porque el entonces presidente general Lázaro Chacón había ordenado que se resolviera aquel crimen lo antes posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-190.
  2. Asturas Morales, M. (25 de julio de 1930) «En manos de la justicia los verdaderos autores del espantoso asesinato de la 9a.» Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Vela, David (2 de mayo de 1931). «Ultimas palabras de los condenados por el asesinato de la 9a.«. Guatemala: El Impacial. Unión Tipográfica.
  4. Velásquez Carrera, Eduardo Antonio (s.f.) La Nueva Guatemala de la Asunción: economía política, crecimiento urbano y urbanización, 1898-1954. II. Guatemala.

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