31 de julio de 1980: en medio del Conflicto Armado Interno, el Ing. Ricardo Molina Mejía, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos, finaliza su turbulenta gestión como Rector interino

31julio1980
Edificio de la Rectoría del Campus Central de la Univesidad de San Carlos en la zona 12 de la Ciudad de Guatemala.  Muy cerca de donde se tomó esta fotografía se registró el asesinato indiscrimado de estudiantes de Ingeniería.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1980, la represión en contra de la izquierda que había emprendido el gobierno del general Fernando Romeo Lucas García, luego de que ésta había dado enormes muestras de poder y organización recién iniciado su período gubernamental en julio de 1978 se agudizó. Los grupos que habían dado muestras de ser los que coordinaban la oposición al régimen oligárquico-militar eran la Universidad de San Carlos, las asociaciones estudiantiles, grupos campesinos, las iglesias, y los sindicatos, los cuales se habían reforzado tras el terremoto del 4 de febrero de 1976 (pues el gobierno del general Kjell Eugenio Laugerud García tuvo que enfocarse en las tareas de reconstrucción), y tenían fuertes nexos e incluso miembros que también pertenecían a las fuerzas guerrilleras marxistas que libraran una guerra contra el gobierno.

En 1980, la situación se agudizó aún más tras la quema de la Embajada de España en Guatemala el 31 de enero en un confuso incidente que incluyó la toma de las instalaciones por parte de un grupo de campesinos asesorados por universitarios y guerrilleros y una respuesta brutal por parte de las fuerzas de seguridad del estado. Por esta razón, cada miércoles en reunión ordinaria y otros días en reuniones extraordinarias, se reunía la mayoría de los cuarenta y cuatro miembros del Consejo Superior Universitario (CSU) de la Universidad de San Carlos para analizar la situación de Guatemala, la cual era alarmante para los grupos de izquierda. La influencia de los opositores al régimen era evidente pues no había consenso sobre las acciones a tomar ya que solamente un reducido grupo sugería que la universidad debía bajar el perfil en su identificación con el movimiento izquierdista. Pero los que no querían cambia de postura estaban divididos: el grupo en el que se incluía el Rector Saúl Osorio Paz (quien era miembro del proscrito Partido Guatemalteco del Trabajo) propugnaba la firmeza en su postura, sin llegar a provocar al gobierno, mientras que el grupo más radical consideraba deber de la universidad unirse al proceso revolucionario marxista.

La estrategia del gobierno era infiltrar el Campus Central con miembros de las fuerzas contrainsurgentes clandestinas para identificar mejor a los líderes de las asociaciones y sindicatos, lo que resultó en que a diario hubiera víctimas universitarias de la represión del régimen, al punto que el mismo Rector estuvo a punto de morir en un par de veces. Ante esta situación, el CSU decidió que lo mejor era que el Rector Osorio Paz saliera del país, algo que logró después de momentos sumamente tensos. A partir de entonces estuvo trabajando en el exilio entre México y Costa Rica, mientras que en Guatemala fue reemplazado en sus funciones en Guatemala por el licenciado Leonel Carrillo Reeves, Decano de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia.

Tras un mes de relativa tranquilidad, el CSU se vio emplazado por los miembros que querían un cambio en la postura de la universidad (entre quienes había algunos universitarios con estrechos contactos con militares de alto rango) para que se pidieran la renuncia a Osorio Paz, aduciendo que las declaraciones y acciones de éste en el exterior ponían en peligro la integridad física de los universitarios que seguían en Guatemala. Carrillo Reeves planteó entonces que él no seguiría siendo el Rector en funciones para forzar a que Osorio Paz renunciara a su condición de Rector en el exilio o regresara a asumir nuevamente sus funciones. Los miembros izquierdistas del CSU rechazaron el planteamiento del Rector en funciones, pues consideraban que esto equivaldría a descabezar a la universidad y, vía nuevas elecciones, someterla al control militar.

Como Carrillo Reeves había asumido por ser el Decano que más tiempo había estado en el ejercicio de dicho cargo, luego de su renuncia le correspondeió asumir la Rectoría al segundo Decano más antiguo en el puesto, quien era el Ing. Roberto Molina Mejía. La fecha del traspaso de funciones se programó para el 14 de julio de 1980 y Mejía llegó antes de las 7:00 a.m. a la Rectoría en el Campus Central para cumplir con el mandato del CSU.  Los miembros del CSU procedieron a preparar la firma del acta de traspaso de funciones y justamente cuando Molina Mejía estaba a punto de firmar una de las copias del acta, se escuchó lo que parecía la explosión de muchos cohetillos en las afueras del Edificio de la Rectoría. Pero no eran juegos pirotécnicos; durante varios minutos, fuerzas de seguridad del gobierno provenientes de la zona 7 de la Ciudad de Guatemala dispararon en contra de todas las personas que ingresaban o circulaban por el acceso a la ciudad universitaria desde el Anillo Periférico, muy cerca de la Rectoría. Hubo docenas de heridos de bala y el saldo fatal fue de ocho estudiantes muertos (todos ellos estudiantes del curso de vacaciones de la Facultad de Ingeniería). Se trató del primer ataque en los recintos universitarios desde 1962, y la explicación oficial fue que esa mañana un grupo guerrillero había matado al jefe de la estación de policía de la zona 7 y que, en venganza, y en función de la acusación pública del presidente Lucas García de que la universidad era “centro de subversión“, integrantes de ese contingente habían decidido atacar a los universitarios, en forma inmediata e indiscriminada.

La universidad declaró tres días de duelo, cerró todas sus actividades académicas y sostuvo una conferencia de prensa para hacer conocer su posición a la opinión pública. Los diecisiete días que Molina Mejía fungió como Rector Magnífico de la Universidad fueron los más intensos de la época represiva; su equipo de trabajo tuvo audaces iniciativas para salvar la crisis y las amistades se solidarizaron con el Rector y la institución, ofreciendo su concurso para detener el baño de sangre. La universidad planteó el diálogo nacional y se alcanzó a los ámbitos académico, religioso y político, pero no se llegó a plantear tal diálogo. Incluso, hubo personas que, corriendo riesgos personales, le permitieron pasar cada noche en una casa distinta hasta que entregó el cargo el 31 de julio de 1980.

Carrillo Reeves fue nuevamente rector de la Univerisdad hasta que entregó el cargo al nuevo rector, Mario Dary Rivera en 1981.  Ambos murieron asesinados en el Campus Central de la universidad, Dary Rivera por un grupo izquierdista en diciembre de 1981 y Carrillo Reeves en diciembre de 1983.  Los decanos de tres escuelas facultativas tuvieron que renunciar y salir al exilio, y tres murieron asesinados o secuestrados; y se calcula que alrededor de 150 profesores y quinientos estudiantes murieron o desaparecieron en esa época.


BIBLIOGRAFIA: