2 de agosto de 1954: los cadetes de la Escuela Politécnica, muchos de ellos adolescentes, y oficiales de la base militar “La Aurora” se alzan contra el “Ejército de la Liberación” y lo derrotan en el recién construido Hospital Roosevelt

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Instalaciones de la Escuela Politécnica cuando ésta se encontraba al principio de la Avenida de La Reforma.  Desde aquí se alzaron los cadetes contra el ejército liberacionista en 1954.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El primer problema político sorteado por los liberacionistas tras el derrocamiento del coronel Jacobo Arbenz Guzmán, fue la sublevación de los cadetes de la Escuela Politécnica el 2 de agosto de 1954.

De acuerdo al historiador de la CIA, Nicholas Cullather en su obra desclasificada en 1997 “Secret History: The CIA’s Classified Account of its Operations in Guatemala 1952-54 “, el llamado “ejército de liberación” fue organizado y entrenado en Honduras para dar la apariencia de que el derrocamiento de Arbenz había sido obra de una levantamiento interno, pero en realidad la caída del presidente se debió a la presión que el gobierno de Dwight Eisenhower hizo sobre el régimen guatemalteco mediante la Operación PBSUCCESS financiada por la United Fruit Company. Las tropas comandadas por el coronel Carlos Castillo Armas estaban constituidas principalmente exiliados guatemaltecos y por soldados mercenarios de la CIA que se hacían pasar por campesinos y agricultores del oriente de Guatemala.

La rebelión de los cadetes tuvo varias razones:

  1. Antes de la llegada de Castillo Armas a Guatemala, se nombró al coronel Jorge Medina Coronado como director de la Escuela Politécnica, quien era un oficial intransigente y muy severo con sus cadetes.
  2. Los cadetes fueron obligados a rendir honores militares a Castillo Armas cuando éste llegó al Aeropuerto proveniente de El Salvador, por órdenes de los jefes militares que habían pactado con los liberacionistas.  En esta acción los liberacionistas que venían con el líder y sus admiradores en tierra se avalanzaron sobre la bandera, haciendo que los cadetes rompieran su formación y la perdieran por unos minutos.  Entre los guardaespaldas de Castillo Armas había numerosos jóvenes y personas de las élites económicas anticomunistas del país, que se unieron a últma hora al movimiento liberacionista y que no combatieron pero que sí mostraban sus armas y uniformes verde olivo con aire triunfal.
  3. El Director de la Escuela Politécnica dió un castigo ejemplar a sus cadetes por perder la bandera, primero reprendiéndolos frente al alto mando del ejército de Guatemala y a los miembros del ejército liberacionista y luego obligándolos a regresar a paso ligero desde el aeropuerto hasta la primera calle de la Avenida Reforma.  Posteriormente, los hizo correr hasta la medianoche en las instalaciones de la escuela con el uniforme de gala y el fusil al hombro.
  4. El 31 de julio, varios cadetes son humillados en el prostíbulo “El Hoyito” que estaba cerca de la Escuela en la Colonia Lima y que en la actualidad es el Instituto Guatemalteco Americano (IGA).  Los cadetes, quienes ya estaban en los últimos años de carrera, son desarmados y humillados por liberacionistas armados con subametralladoras que hicieron varios disparos al aire y a las casas del vecindario.  Tras el incidente, el director castigó con severidad a sus cadetes y degradó a los que eran galonistas.
  5. Los cadetes y otros oficiales fueron obligados a desfilar junto con las tropas liberacionistas para celebrar el Día de la Unidad Nacional del Ejército. En esta instancia se condecoró a los supuestamente valerosos miembros del ejército liberacionista, se rindieron honores a la bandera del MLN, y se reconoció al ejército “triunfador” en el territorio nacional, lo que fue humillante para los miembros del ejército que no habían pactado con los liberacionistas.

Después de haber marchado triunfalmente por las principales calles de la Ciudad de Guatemala,  los liberacionistas entregaron las armas y fueron a dormir al recién construido hospital Roosevelt, en donde quedaron acantonados.   Lo que no sabían los liberacionistas era que en una residencia de Santa Clara se estaba fraguando un complot en contra de la Liberación por parte de los oficiales de la Base Militar “La Aurora” y que los cadetes de la Escuela Politécnica estaban planeando un alzamiento por su parte para vengar todas las afrentas recibidas.

Amparados por la oscuridad, los cadetes atacaron a los invasores a  las 3:30 AM, aunque aquellos que estaban en su último año de carrera no quisieron combatir  Al enterarse, la Base Militar “La Aurora”, la Brigada Guardia de Honor y la Fuerza Aérea Guatemalteca (FAG) los apoyaron.  La FAG envió dos aviones P-51 y expulsó del país al P-47 que estaba ametrallando y bombardeando las posiciones defendidas por los cadetes.  El futuro presidente y entonces oficial en la Escuela Politécnica, Kjell Eugenio Laugerud García, les proporcionó el armamento y las municiones del Almacén de Guerra.

A las 6:30 PM los cadetes lograron que los liberacionistas se rindieran, y acto seguido les hicieron marchar con las manos en alto y haciéndoles abordar un tren, les remitieron de regreso hacia el Oriente del país, rumbo a Zacapa; de esta forma demostraron lo verdaderamente débil que era el “ejército de liberación” y pusieron en evidencia la pasividad del Ejército durante la invasión.

El oficial de la Base Militar “La Aurora”, mayor Manuel Francisco Sosa Avila, quien había proporcionado un batallón de tanques y había estado con los cadetes hasta que el último liberacionista había abordado el tren para Zacapa, relató en 1960 que él tuvo la oportunidad de quedarse con el poder ya que hubo un momento en que el país se quedó sin autoridades, debido a que Castillo Armas estaba celebrando su triunfo en Antigua Guatemala con el embajador estadounidense John Puerifoy y algunos oficiales de alto rango del ejército guatemalteco que habían traicionado al presidente Arbenz. Sin embargo, avisado de la situación, regresó a la ciudad de Guatemala a pie primero por Mixco, luego por la Finca El Naranjo para finalmente atravesar el barranco de El Incienso y llegar al Palacio Nacional junto con Peurifoy y su comitiva.

Los cadetes habían quedado al mando de la situación, pero la habilidad del arzobispo de Guatemala Mariano Rossell y Arellano (quien era el capellán del ejército de liberación) y del embajador de los Estados Unidos John Peurifoy, nuevamente salió a la defensa de los intereses de la United Fruit Company: en una reunión en la que los cadetes se entrevistaron con el embajador y el arzobispo para hacerles saber que este no era un movimiento comunista, Puerifoy les dejó claro que no iba a tolerar ningún alzamiento, y que si ellos persistían en sus intenciones, ordenaría a los Marines de los Estados Unidos (que estaban muy cerca del país para paliar una huelga general que se estaba dando en contra de las compañías fruteras estadounidenses establecidas en Honduras) realizar una invasión a Guatemala. Los muchachos, alarmados por esta amenaza, depusieron las armas.

Al final,  algunos de los jóvenes cadetes fueron enviados a prisión junto al oficial Sosa Avila y la acción dejó un saldo de numerosos muertos y heridos de ambos bandos, el cierre temporal de la Escuela Politécnica y el envío de cuantos cadetes se pudo a estudiar al exterior gozando de becas para que pudieran proseguir sus estudios, en áreas distintas a la milicia. Posteriormente se abrió nuevamente el plantel de estudios militares, bajo la dirección del coronel Carlos Arana Osorio, en 1955.

Las consecuencias del alzamiento fueron las siguientes:

  • Los líderes del movimiento murieron en combate;  ellos fueron los cadetes José Luis Araneda, Luis Antonio Bosh Castro, Carlos Enrique Hurtarte Coronado.  También murió el soldado Lázaro Yucut.
  • Castillo Armas, luego de un juicio, expulsó de la Escuela Politécnica  a los cadetes más comprometidos, que eran los del penúltimo año, incluyendo a los galonistas y al abanderado, que quedaron marginados de la carrera militar.
  • El gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes empezó a reincorporar a los cadetes y oficiales graduados que retornaban a Guatemala, entre ellos el mayor Sosa Avila que fue nombrado Comandante de la Marina de la Defensa Nacional, y los oficiales Alejandro de León y Francisco Franco Armendáriz, quienes el 13 de noviembre de 1960 se levantaron en armas contra el gobierno en protesta por la invasión que se planeaba contra Cuba en Retalhuleu y por las malas condiciones de la tropa, y quienes fueron de los primeros en caer en combate.
  • El gobierno de facto del coronel Enrique Peralta Azurdia vigiló a los ex-cadetes a quienes no se les permitió continuar en la carrera militar, mientras que los que sí se reincorporaron fueron asignados a puestos administrativos alejados de cualquier comando.
  • Durante el gobierno de Carlos Arana Osorio, el presidente trató de ayudar a algunos de los ex-cadetes que sobrevivían sin trabajo y sin esperanzas de terminar su carrera militar.
  • Algunos cadetes que participaron en el movimiento del 2 de agosto tuvieron suerte.  El general Benedicto Lucas García, por ejemplo, llegó a ser general de brigada tras estudiar en Francia y gracias a que su hermano Romeo era presidente, llegó a ser el Jefe del Estado Mayor del Ejército.  Otro ejemplo es el general Jaime Hernández, quien fue nombrado Ministro de la Defensa durante el gobierno del presidente Vinicio Cerezo.
  • La acción de los cadetes fue finalmente reconocida como una gesta por el gobierno guatemalteco en 1995.

BIBLIOGRAFIA:


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