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4agosto1883 Mapa que muestras las estaciones del Ferrocarril de Norte, cuando se terminó su construcción. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general presidente J. Rufino Barrios pensó unir a la Ciudad de Guatemala con la costa del Atlántico por medio de un ferrocarril, en igual forma como se había hecho con la costa del Pacífico, por lo que el 4 de agosto de 1883 lanzó una proclama «excitando el patriotismo de los guatemaltecos«, a efecto de que con los recursos de la población se construyera el Ferrocarril del Norte como una empresa nacional. Para tal efecto, se imponía una suscripción anual y obligatoria de cuatro pesos durante 10 años, que debían pagar todas las personas que devengaban más de ocho pesos mensuales, con derecho a ser accionistas y así llevar a cabo la obra con fondos de los propios guatemaltecos.1

El principal beneficiado con esta nueva línea de ferrocarril sería el propio presidente Barrios, ya que no solamente obtendría bonos, acciones y dividendos de la compañía constructora, sino que además el nuevo ferrocarril le sería de enorme utilidad para transportar los productos de sus fincas cafetaleras, ganaderas, entre otras.2

He aquí la proclama:

A los guatemaltecos.

Conciudadanos:

El Decreto emitido en esta fecha, os impone de la resolución que he adoptado con el objeto de hacer efectiva con los recursos propios del pais, la obra importantísima del camino de hierro, que debe abrir á la República, para su prosperidad y engrandecimiento, la ruta del Norte; llamada a dar pronta salida a nuestros productos, llamada a promover y sostener el cultivo de inmensos terrenos, hoy abandonados; llamada, en fin, a traernos por las corrientes del Atlántico, los progresos de la civilización en grande escala.

Al tomar esa resolución, y al imponeros el pequeño sacrificio de hacer un corto ahorro anual, que os será devuelto con creces por la misma obra a que se destina, creo haber interpretado el sentimiento nacional que en diversas ocasiones se ha hecho ostensible en favor de este pensamiento, que libra al país de los costosos sacrificios que regularmente originan las concesiones privilegiadas a compañías extranjeras.

La obra que vá a emprenderse no es superior a nuestros recursos; y ejecutada per nuestra propia cuenta, habrá de parecemos excesivamente barata, cuando llevada a término, nos encontremos disfrutando de sus inapreciables
beneficios. Esta pues es la herencia que podemos legar á nuestros hijos, porque de ella depende la riqueza del porvenir; y será dentro de breve tiempo una halagadora realidad, si el espíritu y la convicción que me asisten al emprenderla, encuentran, como lo espero, el auxilio y la cooperación eficaz de mis conciudadanos.

La forma adoptada para reunir el capital que demanda la construcción del ferrocarril al Norte, distribuyendo en largos plazos la pequeña suma que habrá de pagarse por suscrición, está combinada con la mira de que la clase pobre pueda cubrirla fácilmente, al mismo tiempo que sin esfuerzo, irá formando con esas cortas sumas un ahorro, que al finalizar la obra, le será de gran provecho. La misma combinación se presta para que las clases acomodadas puedan concurrir a la empresa, según la escala de sus fortunas.

A unas y otras clases, hago, pues, el llamamiento más enérgico, en nombre del porvenir de la Patria, para que inspirados en el deseo de su grandeza y felicidad, trabajemos resueltamente en esa obra del ferrocarril del Norte, que encierra para nuestra querida Guatemala, las más hermosas esperanzas: conquistemos la gloria de ser justamente bendecidos por las generaciones venideras, cuando la historia les recuerde que al espíritu patriótico de los guatemaltecos de 1883 deben el primer paso de la locomotora desde el Atlántico al Pacífico.

¡Conciudadanos! Día de inmensa gloria y regocijo será aquel en que el grito estridente del vapor, viniendo del Norte, llame a las puertas de nuestra bella Capital: apresuremos pues la llegada de ese grandioso dia, por la unión de nuestra voluntad, de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo.

Guatemala, Agosto 4 de 1883.

Vuestro conciudadano y amigo.

      • J. Rufino Barrios.1

Pero la construcción del Ferrocarril del Norte era mucho más larga y difícil que la del Pacífico y cuando el General Barrios murió en 1885, los trabajos del ferrocarril se suspendieron; para entonces solamente se habían tendido 32 kilómetros de rieles. No obstante, Barrios ya se había beneficiado económicamente pues poseía trescientas caballerías del gran lote «Los Andes» a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal.2

La obra no se pudo continuar durante el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas,3 y fue hasta que el gobierno del general José María Reina Barrios emprendió decididamente el proyecto que se construyó la línea hasta El Rancho.4

La catástrofe económica y posteriores revoluciones en 1897 no permitieron construir el ferrocarril sino hasta en 1907 por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera quien, contrario a lo que envisionara Barrios en 1883, tuvo que contratar a la United Fruit Company para terminar el ferrocarril, lo que inició la larga dependencia del país a esa poderosa empresa transnacional estadounidense.5,6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp.21-22..
  2. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 11.
  3. Vidaurre, Adrián (1907). Paralelo entre dos administraciones: apuntes para la historia. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilaciónde Las Leyes de la República de Guatemala, 1897-1898 XVI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 742-743.
  5. Estrada Paniagua, Felipe (1909). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1905-1906 XXIV. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. xvi.
  6. — (1909). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1904-1905 XXIII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 289-290.

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