28 de agosto de 1871: solicitan la expulsion de los Jesuitas de toda la República

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Vista general de Quetzaltenango en 1896.  En esta ciudad fue en donde se exigió inicialmente la expulsión de los jesuitas. Imagen publicada por “La Ilustración Guatemalteca

Tras la Reforma Liberal de 1871 aparecieron numerosos clubes liberales en favor de una reforma radical y rápida, entre los que sobresalían los de la Ciudad de Guatemala y los de Amatitlán. Estos clubes, que se autodenominaban “Junta Patriótica”, eran imitaciones de los iniciados durante el movimiento de la independencia en la década de 1810, aunque las juntas de 1871 eran anticlericales y, de acuerdo a algunos historiadores, dominadas por los masones. Entre los miembros de la junta de la capital se contaban figuras políticas como las de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes luego desmempeñarían papeles politicos prominentes después de que J. Rufino Barrios llegara a la presidencia en 1873. Rosa, por su parte, alcanzó gran notoriedad a través de sus escritos anticlericales. De hecho, todos los miembros de estos grupos eran figuras políticas sobresalientes en la comunidad y ardientes partidarios de Barrios,  que opinaban que con el liderazgo moderado de Miguel García Granados no podría llegarse a la reforma radical que exigían.

Cuando la Junta de Quetzaltenango empezó a exigir la expulsión de los jesuitas de su localidad, algunos escritores respaldaron la expulsión de la compañía de toda la república; por ejemplo, el 28 de agosto de 1871 Inés Ramírez, uno de los miembros de las juntas, acusó a la Compañía de Jesús de acoger “miembros hipócritas, vanidosos, orgullosos y fanáticos empeñados en impedir el progreso y en matener al mundo entero en la ignorancia”. La demanda de Ramírez seguía la de la Junta Patriótica en la capital, la cual había hecho circular un escrito en el que enfatizaba el hecho de que la demanda de expulsión de la república “no implicaba que se considerara un destino similar para las otras sociedades religiosas”; de hecho, la Junta “encontraba mucho que alabar en estas últimas, ya que a través de sus enseñanzas de principios morales ayudaban significativamente a la civilización del pueblo”.

Las Juntas consideraban, que los jesuitas “ponían en peligro la estabilidad política a causa de su riqueza, porque pervertían la inteligencia de la juventud; oprimían al clero religioso nacional, cuya misión evangélica era la caridad y la paz, y desviaban a través del fanatismo a los elementos más débiles e inocentes de la sociedad, a quienes los jesuitas habían convencido que religión y jesuita tenían el mismo significado”.  Se llegó a decir que esta acción había sido reconocida en todos los países civilizados y aun por el Papa Clemente XIV y se urgía a los superiores religiosos a “apaciguar las mentes perturbadas de los ciudadanos quienes habían sido agitados por los jesuitas para evitar su exilio”.

Como quedó demostrado apenas un año más tarde, lo que a las Juntas les interesaba no era el bienestar de los ciudadanos y evitar el fanatismo, sino salir del más incómodo de sus rivales: las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por ser ellos los propietarios de las mejores haciendas, trapiches e ingenious de la República.  Los jesuitas fueron los primeros en ser expulsados, seguidos de las demás órdenes en 1872.  Acto seguido, los liberales fueron tras las propiedades comunales de los indígenas, a quienes les despojaron de éstas por medio de hábiles ardides legales en los que hizo una subasta de los ejidos y tierras comunales y no se le permitió ofertar a las comunidades indígenas.  De esta forma, surgieron los grandes latifundios cafetaleros y ganaderos que caracterizaron a la economía guatemalteca del período liberal.


BIBLIOGRAFIA: