1 de noviembre de 1854: José Milla y Vidaurre publica un Cuadro de Costumbres sobre el Día de Difuntos

1noviembre1854
Tumba de doña Agapita de Sánchez, uno de los mausoleos más artísticos y en mejor estado de conservación del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.  Ella fue la madre de Delfino Sánchez, Ministro de Instrucción Púbica del general J. Rufino Barrios. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para que el lector se dé una idea de cómo era la vida durante el gobierno conservador del general Rafael Carrera, recomendamos dos obras:  “Cuadros de Costumbres“, del conservador José Milla y Vidaurre, y “El Tiempo Viejo, recuerdos de mi juventud“, del liberal Ramón A. Salazar.  Ambos narran la misma época desde un punto de vista diferente, lo que ayuda a formarse una perspectiva un tanto imparcial de la misma.

Milla Y Vidaurre publicaba artículos en la prensa de la época describiendo las diversas costumbres, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días.  En esta línea, en noviembre de 1854, poco tiempo después de que al general Carrera lo habían nombrado presidente vitalicio, publicó su columna “Visita al Cementerio” que describe la tradición guatemalteca de visitar los camposantos el 1 de noviembre, y que reproducimos a continuación dado su valor histórico:

Antes de ayer por la tarde un numeroso concurso de todas las clases de la población, acudia, como de costumbre, á visitar el cementerio general. Los sepulcros habían sido reparados, blanqueados ó pintados de nuevo; reproducidas las inscripciones que ha borrado el tiempo y colocadas por todas partes guirnaldas de flores naturales. Después de las fiestas de los vivos, que se han multiplicado en los últimos días, debía venir también la tiesta de los muertos. La palabra está escrita, y no la borraremos, ciertamente.

(Nota de HoyHistoriaGT: el Cementerio General al que se refiere Milla y Vidaurre en este artículo no es el que actualmente está en la zona 3 de la Ciudad de Guatemala, sino el que se encontraba detrás de la Catedral Metropolitana, en donde ahora está el Mercado Central. Y el comentario sobre la multiplicación de las fiestas de los vivos se refiere al aumento de fiestas religiosas y oficiales que había habido desde que Carrera tomó el poder en 1851.)

Porque ¿qué otra cosa es sino “una fiesta” esa bulliciosa peregrinación que hacemos anualmente al lugar donde reposan las cenizas de nuestros padres, no para nutrir el ánimo con inspiraciones cristianas y filosóficas, sino para buscar una distracción, para procurarnos algunas emociones en el comercio con los vivos, que invaden en tropel el pacífico dominio de los muertos? Y sin embargo, si esa visita anual se hiciese con un espíritu de religiosa reflexión, no hay duda que en vez de ser un vano pasatiempo, sería una excursión provechosa para el ánimo. Son tantos los pensamientos graves que naturalmente inspira la visita de un cementerio que es necesaria toda la insolente ligereza de la informe civilización de nuestro siglo, para imponerles silencio. No somos aficionados a contrastes romancescos, y por eso omitimos el fijar la consideración, como pudiéramos hacerlo, en esa chocante ostentación de la vida y la salud, bienes tan frágiles y perecederos, ante la podredumbre y las cenizas. Recorremos indiferentemente los nombres de los que duermen allí el último sueño, como si nunca debiésemos acompañarlos, y nos entretenemos en leer los epitafios, como quien vé los títulos de las obras en una biblioteca. Si nuestra curiosidad nos hace quizá encontrar al paso el nombre de un deudo, de un amigo, de un favorecedor, el recuerdo que excita en nosotros dura mucho menos, de seguro, que esas coronas de amaranto y de ciprés con que se han ataviado los sepulcros.

(Nota de HoyHistoriaGT: una interesante observación a que ya en 1854, la visita a los cementerios se hacía solo por costumbre heredada de la época colonial y sin realmente pensar en la fragilidad de la vida ni reflexionar al respecto. Para entonces ya se había convertido en una simple excusa para salir a pasear con amigos y familiares).

Parece que nos olvidamos de que todos los hombres somos, según la feliz expresión de un escritor, “condenados a muerte con diversos plazos” y sin pensar en que dentro de breve acaso nuestro propio nombre estará inscrito en ese catálogo de los que fueron, visitamos el cementerio como si fuese un jardín público, y acudimos alegres á verla “fiesta de los muertos”.

¿No habrá en esa visita tal cual hoy la hacemos, algo de aquel epicurismo de los griegos y de los romanos, que procuraban siempre asociar á la idea de la muerte imágenes de voluptuosidad y de goces sensuales? En los banquetes de estos últimos, se dice que cuando los esclavos colocaban las luces en la mesa, pronunciaban estas palabras: Vivamus, perundum. “Vivamos, pues hemos de morir”. Hemos leído en alguna parte que en un antiguo monumento griego está representada una calavera junto á un trípode cubierto de manjares, y la inscripción siguiente: Come, bebe, corónate de flores porque pronto estarás asi. Pero esas fórmulas de felicidad terrestre repugnan a la austera severidad del cristianismo; y por eso es extraño que mientras la iglesia se lamenta y ora sobre el polvo de las generaciones que nos han precedido en el camino del sepulcro, vayamos a ostentar lujo y vanidades a la tranquila morada de la muerte.

(Nota de HoyHistoriaGT: Milla era originalmente un liberal empedernido, quien cambió de partido conforme fueron cambiando los acontecimientos en el país. En esta parte del artículo se advierte una velada crítica al rigor católico y un elogio al pensamiento de la Ilustración, que abogaban los liberales de su época).

Al mencionar hoy en nuestra crónica local la visita al cementerio, no hemos podido prescindir de hacer estas observaciones, pues cualquiera que reflexione algún tanto, al ver esa multitud que acude, por costumbre, a reir junto a los sepulcros, adornados como para fiesta, no dejará de meditar en todo lo que hay de chocante en ese paseo al sitio melancólico donde reposan hacinados los mortales despojos de la senectud, la virilidad, la adolescencia y la infancia, confundidos allí por aquel poder terrible y misterioso, a cuyo golpe nadie puede sustraerse, y que frecuentemente elige para sorprendernos los instantes de la vida en qno creemos no deber temerlo.

Imminet et tácito clam venit illa pede.-

(Nota de HoyHistoriaGT: en la época de Milla y Vidaurre, quien firmaba sus artículos y obras como Salomé Jil, era costumbre demostrar que los escritores presumieran de su nivel académico escribiendo frases en latín. En este caso en particular, la frase con que Milla y Vidaurre terminó su artículo de 1854 significa: “Ya es inminente, aunque venga sigilosamente“).


BIBLIOGRAFIA:


 

 

31 de octubre de 1996: muere el ex-presidente Julio César Méndez Montenegro

31octubre1996
Teatro Nacional, cuya construcción se inició durante el gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El licenciado Julio César Méndez Montenegro fue el único presidente civil que gobernó Guatemala entre 1951 y 1985, aunque su gobierno no fue muy diferente del resto.

Méndez Montenegro estudió en el entonces prestigioso Instituto Nacional Central para Varones y luego obtuvo el título de abogado y notario en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

El 22 de junio de 1944, Méndez Montenegro fue uno de los 311 ciudadanos que firmaron un memorial solicitando al presidente general Jorge Ubico Castañeda la reinstauración de las garantías constitucionales en Guatemala, el cual fue un factor importante en los movimientos populares que concluyeron con la renuncia de Ubico Castañeda el 1 de julio de 1944.

Tras el derrocamiento del coronel Jacobo Arbenz Guzmán el 27 de junio de 1954 y el asesinato del líder liberacionista Carlos Castillo Armas el 26 de julio de 1957, su hermano Mario Méndez Montenegro, ex alcalde de la Ciudad de Guatemala entre 1944 y 1948, fundó el Partido Revolucionario (PR) y era uno de los principales candidatos a ser el presidente del “Tercer Gobierno de la Revolución“, cuando el coronel Enrique Peralta Azurdia convocó a elecciones generales luego del golpe de estado contra el presidente general Miguel Ydígoras Fuentes en 1963. Sin embargo, el Partido Revolucionario se distanció de los izquierdistas radicales y de ​los cambios de fondo propuestos por la Revolución de Octubre y optó por una posición de derecha moderada para poder participar en los comicios.

Desafortundamente, Mario Méndez murió en circunstancias sospechosas en octubre de 1965 y Julio César Méndez se presentó en su lugar como candidato del Partido Revolucionario. El aparecimiento de los escuadrones de la muerte y la persecución que inició el gobierno de facto de Enrique Peralta Azurdia en contra de los líderes de izquierda por el surgimiento del grupo guerrillero “13 de Noviembre” y las “Fuerzas Armadas Rebeldes“, no impidió que Méndez Montenegro fuera electo presidente, y que el célebre periodista guatemalteco Clemente Marroquín Rojas fuera electo vicepresidente. El historiador izquierdista y ex presidente de Guatemala Francisco Villagrán Kramer relató que Méndez Montenegro y Marroquín Rojas antes de asumir el puesto tuvieron un conflicto, pues Marroquín Rojas se negaba a firmar el conocido como “Pacto Secreto con el Ejército“, que habría sido la condición que ponía el alto mando militar para entregar la presidencia a Méndez Montenegro.

Ya en el poder, su esposa, Sara de la Hoz,tuvo como secretaria de prensa a la periodista Irma Flaquer Azurdia, reconocida figura del periodismo de izquierda, y que fuera secuestrada pocos años después.

Durante su gobierno se estableciaron definitivamente las especificaciones de la bandera nacional y se estableció la fecha del 30 de junio como feriado oficial para celebrar el “Día del Ejército“, aunque en realidad lo que se conmemora es la victoria de la Revolución Liberal de 1871 cuyos líderes, los generales Miguel García Granados y J. Rufino Barrios, se atribuyeron la creación del Ejército de Guatemala. Con esto se evidenció que el gobierno de Méndez Montenegro fue controlado por los militares,​ al punto que el periódico satírico “No nos tientes” de la huelga de Dolores de los estudiantes de la Universidad de San Carlos dijo de él: “Perdimos a un licenciado, ¡pero ganamos a un coronel!” Asimismo, hubo persistentes rumores de que el licenciado Méndez Montenegro era únicamente un presidente títere, y que el alto mando del ejército lo mantenía alcoholizado en los dispensarios de licor que se encontraban en las cercanías del Palacio Nacional en el llamado “Callejón del Conejo“.

En marzo de 1968 concluyeron las negociaciones entre el gobierno de Méndez Montenegro con personeros de la International Railways of Central America (IRCA), subsidiaria de la United Fruit Company, para lograr concluir con la huelga de cuatro mil trabajadores que acumuló setenta y dos días. La huelga estuvo organizada por el entonces poderoso sindicato ferrocarrilero y al resolverla ambas partes llegaron a varios acuerdos, entre los cuales estaba incluido que fondos del gobierno cubrirían los 1.6 millones de quetzales para pagar los sueldos de los trabajadores quienes depusieron el movimiento. La concesión del ferrocarril para la International Railways of Central America (IRCA), se inició en 1904 durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, pero para 1968 la empresa había tenido pérdidas sustanciales luego de la construcción de la carretera al Atlántico durante los gobiernos de Jacobo Arbenz Guzmán y Carlos Castillo Armas, utilizó excusas (como el pago de los salarios atrasados de la huelga de 1968) para crear artificialmente un estado de insolvencia y de esta forma lograr que sus ya decrépitos activos pasaran a propiedad del Estado de Guatemala, hecho que se ejecutó al margen del procedimiento administrativo público, lo que permitió a la IRCA evitar la responsabilidad por el pasivo dejado.  Así fue como se creó la empresa gubernamental Ferrocarriles de Guatemala (FEGUA).

En cuanto al Conflicto Armado Interno que se dió en Guatemala, inicialmente las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) arengaron a la población para que votara por Méndez Montenegro, pero el Ejército de Guatemala no le permitieron ningún margen de acción, y las FAR recrudecieron sus actos de violencia. De hecho, durante su gobierno la violencia política se incrementó. (Dos años después de la toma de posesión, el Clemente Marroquín Rojas hizo público que el presidente había pactado previamente con el ejército, quien lo conminó a que le dejara mano libre para aplicar su estrategia contrainsurgente a cambio de dejarlo gobernar). Ante esta situación, la población rural que originalmente creía que los guerrilleros iban a regresar a la capital para tomar el poder junto con Méndez Montenegro, se dió cuenta que debían esperar y que iba a haber una guerra prolongada, por lo que se desencantaron del movimiento guerrillero, sintiéndose engañados.

Para 1968 se habían producido más de dos mil asesinatos en el país producto del enfrentamiento entre la guerrilla izquierdista y los comandos de extrema derecha. Y hubo varios hechos de alto impacto. Por ejemplo, un hecho que conmovió a la sociedad guatemalteca fue el secuestro, tortura y asesinato de la ex-miss Guatemala de 1958, Rogelia Cruz Martínez, quien se había unido a la guerrilla después de las jornadas estudiantiles de 1962 en contra del gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes. Fue raptada en diciembre de 1967 por las fuerzas de derecha, y encontrada muerta el 11 de enero de 1968 cerca de un puente en las proximidades de Escuintla, con terribles señales de tortura. Los guerrilleros, por su parte, vengaron su muerte atacando a un grupo de personal militar de los EE.UU. Y la situación no quedó allí. En agosto de 1968, la Fuerzas Armadas Rebeldes asesinaron al embajador de Estados Unidos en Guatemala John Gordon Mein, quien había dado el pésame a las familias de los militares estadounidenses asesinados por la guerrilla; y como represalia, el Ejército de Guatemala asesinó a varios dirigentes de las FAR.

Otro hecho siginificativo fue que el 27 de febrero de 1970 fue secuestrado Alberto Fuentes Mohr, ex-ministro de Hacienda y Crédito Público, quien había asumido la cancillería tras la repentina muerte de Emilio Arenales Catalán, y el 6 de marzo secuestraron a Sean Holly, agregado laboral de la embajada estadounidense. Ambos fueron secuestrados por las FAR, y fueron liberadas luego de que el Gobierno accediera a las exigencias planteadas por los guerrilleros, consistentes en la liberación de militantes de la organización. Posteriormente, el 31 de marzo de 1970, en la avenida de las Américas de la ciudad de Guatemala fue secuestrado por miembros de las FAR el embajador alemán Karl von Spreti; cuando las exigencias de los guerrilleros no se cumplieron, el 5 de abril por la noche la policía descubrió el cadáver del embajador en las cercanías de San Pedro Ayampuc. (Durante el gobierno de Méndez Montenegro ocurrió la muerte del comandante guerrilero Turcios Lima y hubo una fuerte ofensiva contrainsurgente, que provocó la casi derrota total de los grupos guerrilleros, quien dieron estos golpes para tratar de mostrar que aún tenían presencia).

Tras pasar a la vida privada luego de entregar el poder a su antiguo ministro de la defensa, general Carlos Arana Osorio, Méndez Montenegro falleció el 31 de octubre de 1996 en la Ciudad de Guatemala.


BIBLIOGRAFIA: