18 de abril de 1563: fallece el obispo Francisco Marroquín

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Detalle de una fachada barroca en la ciudad de Antigua Guatemala, la cual fue fundada por Francisco Marroquín y Francisco de la Cueva tras la destrucción de la antigua capital.  En el recuadro: sello postal conmemorando el cuarto centenario del fallecimiento del obispo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 11 de septiembre de 1541, la ciudad capital fue destruida por un deslave que bajó del volcán, matando a la mayoría de sus habitantes entre ellos los jefes de gobierno.  Quedaron a cargo del gobierno interino el obispo Francisco Marroquín y el licenciado Francisco de la Cueva, quienes se encargaron de encontrar un nuevo lugar a donde trasladar la destruida ciudad.

El 2 de marzo de 1542 el Virrey de Nueva España (México) nombró al licenciado Alonso de Maldonado como gobernador del Reino de Guatemala, a donde llegó el 17 de mayo y de inmediato empezó a trabajar en el trazo de la nueva capital, Santiago de los Caballeros, asentada ahora en el Valle de Panchoy.  Por esa época, el obispo Marroquín hacía frecuentes viajes dentro de su diócesis, a lomo de mula y enfrentando las más difíciles condiciones pues todavía no había caminos en Guatemala; durante uno de esos viajes, se enteró de que lo estaban difamando en la ciudad por acusar a los encomenderos de estar explotando a los indígenas de sus encomiendas, y por ello envió una enérgica protesta a los miembros del Cabildo, quienes eran los promotores de las infamias, diciéndoles “palabras feas y desvergonzadas se sicen contra mí; pero aunque yo sea ruin, soy vuestro pastos y vuestro padre y habéisme de tener mucho respeto, como lo shijos deben manifestarlo a los padres“.  No era la primera vez que Marroquín se veía envuelto en un escándalo, pues ya había tenía enfrentamientos con el obispo de Chiapas, Bartolomé de Las Casas por las encomiendas de indígenas que tenía Marroquín.

El 9 de septiembre de 1542, el obispo Francisco Marroquín solicitó al ayuntamiento criollo que se hiciera una procesión cada 11 de septiembre para recordar la destrucción de la ciudad.  El ayuntamiento aceptó, y aquella primera procesión se hizo en las ruinas de la antigua capital, ya que no se había hecho el traslado oficial a la nueva ciudad por estar ésta todavía en el construcción.

El 25 de julio de 1557, en su calidad de obispo, Marroquín asistió junto con el presidente, oidores, miembros del cabildo ecleasiástico, del ayuntamiento criollo y de los vecinos importantes, a la ceremonia de juramentación del monarca Felipe II, de acuerdo a lo estipulado en cédula de 16 de enero de 1556.

El 1 de noviembre de 1559, Marroquín instituyó la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, y el 9 de agosto de 1561 recibió la respuesta negativa del rey respecto al establecimiento de los padres de la Compañía de Jesús en la ciudad de Santiago.

El 5 de abril de 1563, ya sintiéndose morir, Marroquín extendió su testamento ante el escribano Juan de Guevara.  En una de las cláusulas de dicho testamento indica que legaba las tierras en Jocotenango que había comprado a Catalina Hurtado y al licenciado Caballón además de dos mil pesos, para la dotación del colegio que había instituido por escritura el 9 de marzo de 1562.  En aquella fecha, Marroquín había presentado una escritura ante el escribano Alonso Rodríguez para un colegio para los hijos de españoles pobres, donde serían impartidas las cátedras de artes, filosofía, teología y gramática. (Nota de HoyHistoriaGT: aquel colegio fue llamado “Colegio de Santo Tomás” y no fue en ningún momento la intención de Marroquín la de funda una universidad en Guatemala.  Lo que ocurrió es que el colegio de Santo Tomás fue convertido en la Universidad cuando ésta por fin fue autorizada en 1676).  En otra de las cláusulas del testamento, Marroquín cedió las casas que había comprado a Miguel de Aguirre por dos mil pesos para la fundación de una casa o convento para doncellas pobres y huérfanas.  (Nota de HoyHistoriaGT: al igual que lo ocurrido con la Universidad, la intención de Marroquín ha sido tergiversada con el paso de los siglos.  El obispo no dejó dinero para fundar un convento, sino para que la casa de doncellas pobres fuera convertida en el convento de la Inmaculada Concepción de María años más tarde).

Marroquín falleció en su fastuosa residencia en San Juan del Obispo el 18 de abrl de 1563, y fue sepultado “frente a la lámpara del Santísimo” en la catedral de la ciudad de Santiago el 20 del mismo mes.  Existe una leyenda sobre el hecho de que la imagen del Jesús Nazareno de Candelaria lloró al momento de la muerte del obispo dejando asombrados a lo que estaban en la iglesia, pero dejamos al lector que juzgue sobre la veracidad de la misma dados los hechos aquí presentados.


BIBLIOGRAFIA: