3 de enero de 1578: el ayuntamiento criollo recibe una carta desde México anunciando que han partido monjas concepcionistas para fundar un convento en la ciudad de Santiago

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Ruinas en restauración del templo del convento de la Inmaculada Concepción en la ciudad de Antigua Guatemala.  En el recuadro, una monja concepcionista corona al profesar en el convento de México.  Imagen de Wikimedia Commons.

El 24 de noviembre de 1576 los alcaldes ordinarios de la ciudad de la ciudad de Santiago (hoy Antigua Guatemala) para que se aproveche el viaje de Diego Galán a México a recoger a las hijas del presidente Pedro de Villalobos, para que gestione el permiso para que envíen algunas monjas de la Inmaculada Concepción a fundar un convento en la nueva ciudad en Guatemala.  Se acordó que el capitán Francisco de Santiago acompañara a Galán en esta misión.

Tras casi un año de viaje y gestiones, el 11 de noviembre de 1577 se libró la patente del doctor Pedro Moya de Contreras, primera dignidad de la Iglesia de México, permitiendo que fueran monjas concepcionistas a Guatemala a fundar un convento y el 3 de enero de 1578 el ayuntamiento criollo recibió una carta del doctor Moya, avisando que ya habían partido hacia Guatemala las monjas de la Inmaculada Concepción que iban a fundar un convento en la ciuda de Santiago.  Ante esto, el ayuntamiento decidió que el alcalde Juan Rodríguez Cabrillo de Medrano fue el encargado de partir al encuentra de las religiosas para llevarles “regalos y refrescos“.

Tras un largo viaje, finalmente llegaron a la ciudad de Santiago las monjas Sor Catarina Bautista, Sor Elena de la Cruz, Sor Inés de los Reyes y Sor Juana de San Francisco, quien era la abadesa.; y en agradecimiento a su cooperación para que se estableciera el convento concepcionista, el ayuntamiento regaló medio real de agua (es decir, proporcionó servicio de agua gratuito) al capitán Francisco de Santiago.

La primera monja concepcionista que profesó en la provincia de Guatemala fue Sor María de la Concepción, el 30 de junio de 1579.  Es conveniente indicar que en la época colonial, la vida monástica era símbolo de status económico, como lo demuestran las características de las monjas en el siglo XVII; ya para entonces había dos tipos de monjas, descalzas y urbanistas, cuyas características eran las siguientes:

Atributo Monjas descalzas Monjas urbanistas
Denominación Recoletas o de vida común Calzadas o de vida particular
Costo de ingreso Ninguno Dote en especie o una propiedad que produjera réditos para la congregación
Tipo de vida De clausura De clausura
Rezo En el coro En el coro
Regla de austeridad Estricta: dependían de la limosna, guardaban silencio en todo momento, excepto para rezar y nunca tomaban chocolate Relajada: podían tener ingresos y beber chocolate, excepto durante el ayuno
Habitaciones Vida en común en salas de recreación de labores. Poseían una celda minúscula que sólo les servía para dormir Sin vida en común. Vivían en una celda grande que era prácticamente una casa de reducidas dimensiones
Alimentación Comían juntas en silencio en refectorios. No podían comer carne Preparaban sus propios alimentos. Les estaba permitido comer carne fuera del ayuno
Servicio Realizaban las labores, o se servían del servicio comunitario de la congregación Podían tener sirvientes personales
Vestimenta Ropas austeras de fibras rústicas Ropajes finos; solían utilizar joyas
Calzado Sandalias sencillas Zapatos o zapatillas
Atribuciones especiales Ninguna Maestras de las niñas encargadas al convento

BIBLIOGRAFIA: