19 de julio de 1930: perpetran el “Crimen de la 9a. avenida”

19julio1930
Anuncio publicitario de un automóvil Marmon 34 color amarillo canario, similar al utilizado por los autores del crimen de la 9a. avenida.  En el recuadro, retrato de la señora Mercedes Estrada viuda de Blanco, víctima del horrendo crímen.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Nuestro Diario.

En medio de una vorágine de problemas que afrontaba el gobierno del general Lázaro Chacón derivado de la Gran Depresión, se produjo un horrible crimen contra la señora Mercedes Estrada viuda de Blanco y dos de sus damas de servicio en su propia casa en a novena avenida de la Ciudad de Guatemala.  Aquel crimen conmocionó a la sociedad guatemalteca, al punto que el propio presidente exigió que se resolviera lo antes posible y hubo llamados exigiendo que a los culpables se les aplicara la pena de muerte.

Reproducimos a continuación una combinación de las crónicas sobre cómo ocurrieron los hechos, las cuales fueron publicadas en el periódico “Nuestro Diario” el 21  y el 25 de julio de 1930:

Fueron tres mujeres las víctimas de este cruel asesinato, quienes se llamaban así: doña Mercedes Estrada Cerezo viuda de Blanco, casada en segundas nupcias con el señor don Arturo Vengoechea (este apellido colombiano se acostumbra escribir en aquella nación con V. dental) y divorciada del mismo señor nombrado ultimamente; se hace constar que el señor Vengoechea acotumbraba firmar con la misma era descrita según lo afirman los familiares don Manuel Estrada Rodríguez y Salvador Estrada Rodríguez.  La señora Estrada viuda de Blanco contaba con sesenta y cinco años de edad y disfrutaba de una situación económica solvente.

La otra víctima es una sirviente de nombre Romualda Martínez recién llegada a la casa, ladina, vestida de mengala, que vivía maridablemente con Antonio García con domicilio en la doce avenida sur y veintitrés calle; la tercera es otra sirvienta Alejandra N. nativa de Chimaltenango que ya tenía algún tiempo de servir a la señora Estrada viuda de Blanco; dichas víctimas fueron levantadas por el señor juez primero de paz y a quienes se les practicó la correspondiente autopsia.[…]

En la vecindad de la casa de la señora Estrada está establecida la floristería de doña Alicia Contreras de Urréjola.  El viernes por la tarde pasó la señora Estrada a ese establecimiento con el objeto de encargar una canasta de flores, que había de enviar al matrimonio Orantes-Martínez Garrido, que se celebraba el sábado.  En la  mañana de este día, a las doce, todavía mandó a su sirvienta Alejandra, a la casa de la señora doña Trinidad de Samayoa a preguntar cuál era la dirección de la familia Martínez Garrido.

[De acuerdo a las investigaciones de la policía] el sábado, poco tiempo después del mediodía, diez y nueve de los corrientes, y alrededor de la una de la tarde, se reunieron los individuos Blanco, Felice, Asturias, Caceros, Berducido el chófer Ramírez, en una cantina situada en la avenida de Santa Elena, sita entre noveva y décima calles, ponientes disponiéndose a tomar licor; se hace constar que dicha reunión obedecía a un plan preconcebido, por los sucesos que en seguida se desarrollaron; después de permanecer en dicha cantina donde despacha una mujer blanca, naringoncita (nariz recta) y un hombre.

Se dirigieron Blanco y compañeros, tripulando un carro color amarillo canario, capota de lona y número de matrícula del presente año: cuatrocientos setenta y tres, marca Marmon, propiedad de Eloísa Velásquez, concubina de Felice, por la trece calle hasta llegar a la novena avenida, cruzando en puente de Chispas con dirección hacia el norte y parándose frente a la casa número treinta y ocho; el primero en descender del carro fue Juan Emilio Blanco, procediendo a tocar la puerta, la cual la abrió una sirvienta, que reconociéndolo como familiar de la señora viuda de Blanco, le dijo que pasara adelante.

Se hace constar que Juan Emilio Blanco, es pariente política de la señora, por ser sobrino del primer esposo, don Eduardo Blanco; acto seguido, bajaron los demás compañeros de Blanco, penetrando todos a la casa de doña Mercedes, cerrando la puerta y quedándose uno de ellos custodiando el zaguán; después se desarrollaron los asesinatos de las tres personas que habitaban la casa, comenzando por doña Mercedes, que se encontraba durmiendo la siesta, creyéndose que simultáneamente se cometió el de la sirvienta vestida de mengala, que se encontraba en el interior; la otra sirvienta había salido a traer unos dulcos y al regresar fue agarrada en el zaguán por el que allí se encontraba, cogiéndola del cuella y entrándola cargada con el otro brazo hacia el interior.

[…] Un perrito colocho, de color blanco, se encontraba adentro y el que no ladró al reconocer a Juan Emilio Blanco como frecuente visitador de la casa, habiéndole hecho cariño y poniéndose a jugar con él.  Después de tener la convicción de que las víctimas quedaban exánimes, se dedicaron a abrir los armarios, saqueándolos y robando un lote de alhajas que envolvieron en un paquete pequeño, y algo en efectivo; acto seguido se retiraron saliendo sigilosamente uno en pos de otro.

Una de las sirvientas de la señora viuda de Blanco, pasó el sábado por la tarde frente a la floristería a donde se había encargado la confección de la canasta, la dueña al verla pasar la llamó para decirle que le avisara a la señora que la canasta estaba hecha, respondiéndole la sirvienta que no podía hablar con su patrona por encontrarse ésta “muy ocupada”. Al poco rato de la floristería se le envió un recado para saber si quería o si ya no deseaba la canasta para deshacerla y aprovechar lo que se pudiera de las flores que se habían perdido.  Como no le abrieron la puerta a pesar de las repetidas llamadas que en ella se hicieron, la señora Urréjola envió un aviso a la señora Clara Villacorta de Goicolea, pariente de la ahora fallecida y ésta a su vez avisó a la señorita Concha Estrada de la Hoz [quien residía en la 10a. avenida sur 28], que poseía un llavín de la casa.

El lechero que llegaba cotidianamente a la casa para entregar la leche del consumo, en la mañana del domingo, estuvo llamando inútilmente, hasta que se fastidió y se fue en vista de que ninguno le abría.  Como la señora Estrada se quedaba algunas veces a almorzar o a comer en casa de algún familiar o de una de sus amistades, en realidad su ausencia no causó mayor extrañeza.

Luego del llamado de la señora de Goicolea, la señorita Estrada de la Hoz acudió [el domingo en la mañana] hacia la residencia de la víctima, sin tener la más ligera sospecha del tremendo drama que se había desarrollado en la casa y persona de su pariente.  Haciendo uso del llavín penetró al interior de la casa.  Apenas pasó del zaguán al corredor, vió que en la habitación de enfrente un armario estaba abierto y todos los enseres regados por el suelo.  Este hecho la impresionó vivamente, y sintiendo miedo de continuar adelante, resolvió salir de la casa y avisar a los demás parientes de la señora Estrada, y luego dió aviso a la policía diciendo que al parecer se había cometido un robo en la casa citada.

La policía recibió la llamada telefónica a las 9:50 AM y comisionó al inspector Rodolfo Rojas y a los agentes Salvador Almazán, Ignacio Hurtado y Marcelino Melgar para que fueran al lugar del suceso.  [Cuando penetraron] al interior notaron que un armario se encontraba abierto y todos los objetos esparcidos por el suelo.  Al rato llegó el juez primero de paz, acompañado del susodicho inspector y de los familiares Antonio de la Hoz y Concha de la Hoz, encontrando en el dormitorio dos fallecidas, una de ellas la señora Estrada v. de Blanco y la otra su mengala.

Este crimen sería muy publicitado en su época y se saldó con el fusilamiento de tres de los implicados, Eduardo Felice, Juan Emilio Blanco y Cayetano Asturias, el 2 de mayo de 1931.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asturas Morales, M. (21 de julio de 1930) “La espantosa tragedia del sábado recién pasado” Guatemala: Nuestro Diario.
  • — (25 de julio de 1930) “En manos de la justicia los verdaderos autores del espantoso asesinato de la 9a.” Guatemala: Nuestro Diario.