18 de febrero de 1835: el Dr. Mariano Gálvez rechaza la reelección al cargo de Jefe de Estado de Guatemala

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Escuintla en la época en que Gálvez estuvo allí de vacaciones mientras los diputados le rogaban que aceptara la reelección como Jefe de Estado.  Grabado de Frederick Caterwood.  En el recuadro: retrato del Dr. Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia de Guatemala, muy pocos han sido los gobernantes que no se han corrompido en el poder y han extendido, o intentado extender, su mandato presidencial.  Durante el gobierno de los conservadores pro-católicos el general Rafael Carrera fue declarado presidente vitalicio y durante los regímenes liberales anticlericales, solamente el general Manuel Lisandro Barillas entregó la presidencia a su sucedor, el también general José María Reina Barrios; todos los demás gobernantes murieron en el poder o fueron derrocados por revoluciones tras largos años de dictadura, siendo reelectos varias veces por “voluntad de los pueblos“.   Tras la época revolucionaria, que fue truncada por la revolución del Movimiento de Liberación Nacional, los gobernantes no corrieron mejor suerte: Carlos Castillo Armas murió en el poder, y el general Miguel Ydígoras Fuentes fue derrocado por un golpe de estado.  Finalmente, los militares establecieron un sistema por medio del cual, el ministro de la Defensa llegaba a la presidencia y, de esta forma, una camarilla se perpetuaba en el poder.  Esta sistema tambén fue eliminado por un golpe de estado en 1982, y luego cambiado por el sistema supuestamente democrático que impera en el siglo XXI, y en que, como diría un político de la época del presidente Carlos Herrera, “el presidente tiene menos poder que un alcalde de pueblo”.

En la Primera Época Liberal, conocida también como el “Gobierno de los 7 Años“, se destacó la figura del Dr. Mariano Gálvez, quien tomó acertadas medidas cuando fungió como Jefe de Estado entre 1831 y 1835.  Pero, a partir de ese momento, el poder hizo de las suyas y Gálvez empezó a tomar medidas que desembocaron en una terrible guerra civil en que los campesinos católicos se alzaron contra el gobierno antlicerical y terminaron por derrocarlo en 1838.  Y la primera medida equivocada que tomó Gálvez fue la de fingir que no aceptaba su reelección como Jefe de Estado el 18 de febrero de 1835, como un ardid para que sus aduladores llegaran a extremos serviles para rogarle que siguiera en el poder.

Su plan fue el siguiente: poco antes de las elecciones se retiró a disfrutar de unas vacaciones en Escuintla dejando encargado del gobierno al comerciante Juan Antonio Martínez, y desde allí manejó los hilos de la situación, pues contaba con gran apoyo entre la sociedad de la Ciudad de Guatemala pues era muy localista y defendía los intereses de Guatemala ante el resto de Centroamérica, al que los guatemaltecos llamaban despectivamente “guanacos“.  (Esto quedó demostrado cuando forzó a las autoridades federales a dejar la Ciudad de Guatemala y trasladarse a Sonsonate en 1834).  Y como Gálvez esperaba, su triunfo en las elecciones de la Asamblea fue rotundo.

Los diputados que le eran parciales, se regocijaron por el triunfo y a Escuintla, en donde se movía toda la intriga del doctor Gálvez, llegó la notificación de que había sido electo nuevamente como Jefe de Estado.  Y aquí fue donde Gálvez quiso hacerse el indispensable, enviando la siguiente respuesta:

“Escuintla, 18 de febrero de 1835.

A los ciudadanos diputados y secretarios de la Asamblea.  Tuve el honor de recibir la comunicación de ustedes, datada el 9 del corriente, acompañándome el decreto de la misma fecha, que menciona la elección de primero y segundo jefe del Estado.  En mi mensaje dirigido a la Asamblea en la apertura de sus sesiones yo he manisfestado mi reconocimiento por lo honra de la reelección para primer jefe, así como la decisión que tenía y que tengo de retirarme a la vida privada; ahora reitero esto mismo, porque así entiendo que está en los intereses públicos. La ley no me obliga a servir en un segundo período, y la voz de mi conciencia me habla en este concepto.  Debo seguirla, y esto decido a pesar de mis deseos de oir la de los patriotas que me exigen la continuación de mi gobierno. Tengan ustedes ciudadanos secretarios, la dignación de poner esta mi respuesta en el alto conocimiento de la Asamblea, que no dudo servirá admitir la renuncia que hago de la primera magistratura del Estado.  Yo ofrezco a ustedes mis respetos y la perfecta consideración con que soy de ustedes atento servidor.

Mariano Gálvez”

El jefe de Estado sabía de antemano que los diputados, a quienes controlaba no le iban a aceptar la renuncia, y así fue.  Los diputados unánimamente pidieron al doctor Gálvez que continuara en el poder y “que se sacrificara en aras de la patria ante la voluntad manifiesta de los pueblos“.  Y aquí la situación se puso más teatral:  Gálvez se dió el lujo de rechazar la elección dos veces más, encantando de que los diputados le rogaran y suplicaran que siguiera al frente del gobierno enviándole correos hasta Escuintla, en donde seguía de vacaciones.  Y llegó al colmo de intentar darle largas al asunto, viajando a Amatitlán y luego a Antigua Guatemala, pero debía tomar posesión el 25 de marzo de 1835 y allí terminó el teatro.

¡Qué lejos estaba Gálvez de imaginar que su segundo gobierno sería un completo desastre y que tres años después, en lugar de que le rogaran que siguiera en el gobierno, tendría que salir huyendo del país, odiado y despreciado por sus enemigos y sus antiguos aliados en medio de una sangrienta guerra civil!


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (18 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 18 de febrero de 1835 el Dr. Gálvez rechaza la Reelección”. Guatemala: Nuestro Diario.