5 de mayo de 1582: fallece fray Gonzalo Méndez, fraile franciscano que organizó la obra de su orden en Guatemala

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Grabado de Sololá y el Lago de Atitlán en 1887, publicado en “Guatemala, Land of Quetzal”.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Fray Gonzalo Méndez nació en La Alcarria, Guadalajara, en España y se formó en la provincia franciscana de Galicia.1  Tomó el hábito en la provincia de Santiago, y se trasladó a América el 18 de diciembre de 1839 a petición del obispo Francisco Marroquín, quien le pagó por el flete y transporte y quien le pidió organizar conventos franciscanos en Guatemala.2  Rápidamente se adaptó a la cultura indígena y aprendió tres idiomas nativos para poder comunicarse y predicar con mayor facilidad. 3

Desarrolló su ministerio entre los indígenas zutujiles de la región de Atitlán, donde fundó el segundo convento católico que hubo en Guatemala y primero de los franciscanos.4 Durante su vida llevó la castidad al extremo, huyendo incluso de hasta conversar con las mujeres, y vivió en una gran pobreza, teniendo solo su zayal y un brevario y durmiendo sobre una tabla en el suelo con un trozo de madera que le servía de cabecera.5 En una ocasión, para una Navidad, tuvo que caminar 36 kilómetros en caminos de difícil acceso para ir a tres poblados diferentes a impartir la misa, y eso que su constitución siempre fue delgada y andaba descalzo.6 Sobre su persona se han tejido numeros relatos y leyendas que lo describen como un misionero ejemplar, dedicado por completo a la evangelización y defensa de los indígenas.3  Por ejemplo, se contaba que como los peces del Lago de Atitlán eran muy pequeños y llenos de espinas, hizo llevar a él peces más grandes del Pacífico para que mejorara la pesca; sin embargo, cuando la demanda por los peces de Atitlán se incrementó más allá de las posibilidades de los indígenas, fray Gonzalo Méndez “cerró la laguna” y desde entonces no se pudo pescar los grandes peces que había traído.7

Méndez fue custodio y provincial del convento franciscano de Atitlán, y también de Yucatán, hasta que fue trasladado a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, a una edad avanzada, donde murió el 5 de mayo 1582 a los 77 años en el convento de San Francisco, luego de 41 años de dedicarse a la catequización de los indígenas guatemaltecos.4,8,9  Fray Juan Casero de la orden de los frailes Menores, ministro provincial de la provincia del nombre de Jesús en Guatemala, reportó a sus superiores de la orden franciscana que fray Gonzalo Méndez le contó poco antes de morir sobre la siguiente visión que tuvo tras la muerte del emperador Carlos V:10

“Estando ya en lo último, me mandó que me confesase, y fuese a decir misa, y cuando vine me mandó por santa obediencia, que a nadie en su vida dijese lo que me quería decir, y que había enviado a llamar al señor presidente, y al señor obispo para decirles este caso, y no habían venido y se le acababa la vida; y después de haber dado muchos suspiros y sollozos, y derramendo muchas lágrimas me dijo: ‘Tan vivo tengo la representación de lo que os quiero decir, que jamás a hombre ni aun en confesión dije, ni puedo absternerme ni dejar de causarme alteración grande en el alma de contento, mezclado de una tristeza, si acaso será conmigo tan justo Dios, siendo como he sido mayor pecador, que sean más los años de mis penas, y aun esto sería consuelo.  No temo muerte ni pena, como yo no pierda a Dios.’  Consoléle entendiendo era causa triste, y tomándole las manos me mandó otra vez a jurar, y luego dijo: ‘Desde que yo tuve uso de razón, tuve particular amor al emperador Carlos V que todos los días de mi vida, hasta cuatro años de su muerte, hice particular oración por él, y con más ahínco que por alguna otra cosa, hasta los cuatro años después de la muerte del dicho, que acabando yo de decir misa, en la cual le encomendéa Dios, y viéndome el coro, y estando en la acostumbrada oración por él, ví una visión, ni sé si en cuerpo, o fuera del cuerpo. Sé que fue en breve tiempo, y que fue estando yo despierto y libre, que ni era hora de sueño, ni yo estaba en disposición de ello, pues me hallé acabado el caso, de rodillas, como antes lo estaba.  Vi un juicio de Dios formado, y una sola una silla de Majestad en la cual Nuestro Señor estaba asentado, cerca de todos los santos y ángeles, y vi entrar en el juicio a un hombre afligido, y como que salía de una larga prisión aherrojado y cansado, al cual acusaron, los demonios de gravísimos pecados que había cometido, de que jamás había hecho penitencia y atestiguaban con los ángeles y santos, los cuales todos confirmaron ser así que había hecho casos enormes en que no le habían visto penitente y el emperador Carlos V (que yo le conocí en el aspecto) aunque todos lo acusan, no parecía tener nada, ni habló en su disculpa, solo levantó con grande acatamiento los ojos, y los puso con mucha confianza en Dios como que le pedía declaración de la verdad; y sin hablar, Dios le mostró en sí mismo a todos los santos y ángeles, que aquellas cosas de que el emperador era acusado, no habían sido en él culpas, poruqe las había hecho por particular revelación suya, y que en ellas no había sido sino ministro de la justicia divina, por particular orden divino, y que antes había merido en ello: y con esto se le llenó el rostro de alegría al emperador, y todos los santos ángeles adoraron a Dios en aquel secreto, y muy contentos y alegres aventaron a los demonios, y tomando por la mano Dios al emperador le llevó consigo a su gloria.’11

Al sepelio de fray Gonzalo Méndez asistieron gran cantidad de indígenas, que lo estimaban profundamente, además de los miembros de las otras órdenes, de la Real Audiencia, del obispo de Guatemala y el de la Verapaz.6


BIBLIOGRAFIA: