6 de agosto de 1526: las fuerzas de Pedro de Alvarado, en su mayoría indígenas tlaxcaltecas y cholultecas, vencen defintivamente al señorío de Cuscatlán

6agosto1526
Grabado de la Guerra de Cuscatlán. Nótese que entre las fuerzas españolas había soldados indígenas originarios de México que vestían de forma distinta a los indígenas cuscatlecos. En el recuadro: grabado del conquistador Pedro de Alvarado. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.,

La sangrienta conquista de la región de El Salvador por parte de Pedro de Alvarado concluyó el 6 de agosto de 1526 con la cruenta batalla contra el señorío de Cuscatlán. Las fuerzas expedicionarias de Alvarado estaban conformadas por ochenta soldados españoles, cincuenta caballos y cuatro mil indígenas cholultecas y tlaxcaltecas, que habían arribado junto con Alvarado desde México y participado en la conquista de Guatemala.1 Al terminar la batalla, las fuerzas de Alvarado asesinaron a una gran cantidad de la población y quemaron sus aldeas.2

El conquistador dio la orden que en homenaje a su triunfo, y para dar gracias a Dios por haber “pacificado” aquella tierra de los “indios salvajes“, se celebraría cada 6 de agosto una fiesta en honor a la advocación del día que según el calendario coincidía con la celebración católica de la Transfiguración del Señor. De esta forma, aquella victoria de las fuerzas españolas se celebró hasta principios del siglo XX, con una procesión encabezada por la espada de Alvarado.2

Tras la muerte de Alvarado en México en 1541, su hermano Jorge, para tener sujeta la provincia de Cuscatlán, que era una de las más ricas de esta Gobernación, dispuso se fundase en ella una villa española a la que nombró “Salvador” por haberse ganado la última batalla el día en que la Iglesia Católica celebra la Transfiguración del Señor. Por esta misma razón se dedicó la Iglesia parroquial al Salvador del Mundo. En el altar mayor del templo (construido entre 1546 y 1551 bajo la dirección de Francisco Castellón, mayordomo del templo) se colocó una pesada escultura del Salvador del Mundo, donada por el emperador Carlos V de Alemania y I de España.2

En esa época, Juan Pérez de Sardoal, el rico encomendero y Alcalde Mayor de San Salvador cabalgaba en su caballo negro, armado de todas las armas, custodiando en el desfile la espada de Alvarado, que se guardaba en la ermita del pueblo de Mejicanos y que se paseaba todos los años en San Salvador junto con el Pendón Real de su majestad cada 6 de agosto. Por su parte, su esposa iba vestida de brocatel, en una litera pintada, toda cubierta de revoloteos de cupidos y llevada en hombros de esclavos negros. El Alcalde Mayor poseía miles de indígenas en encomienda y grandes extensiones de tierra.2


BIBLIOGRAFIA: