31 de agosto de 1544: la audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

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Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: “estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas” y querían que el rey les compensara por esto, diciendo “páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran “acabados de conquistar, indomables y contumaces“.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque “si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe.”4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales (es decir, indígenas que comunes que no eran esclavos) como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región “no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido“, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que “todos eran muertos“; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala “asola y destruye“.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: “por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son“. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.