6 de octubre de 1926: sale una comisión del ministerio de Agricultura para acabar con los criaderos de langostas o chapulines en las márgenes del Usumacinta

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Una langosta migratoria femenina sentada en una rama con un menor de edad a un lado. En Guatemala a este insecto se le conoce también como “chapulín”. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1926 Guatemala se vió azotada por una plaga de langosta (o chapulín) la cual afectó considerablemente la cosecha de maíz, obligando al gobierno a importar ese grano básico desde el extranjero, y causando indirectamente una merma en la exportación de café dada la sequía que se produjo.  El gobierno del general José María Orellana en vez de enfrentar directamente el problema, se enfocó en distanciarse de la opinión pública y en promocionar su reelección, además de mantener a los miembros de su gabinete, en los que ya no confiaba la población y, para evitar toda crítica, en suspender las garantías constitucionales decretando estado de sitio el 25 de mayo de ese año.1

Cuando la muerte sorprendió al general Orellana el 26 de septiembre de ese año, su sucesor, el general Lázaro Chacón, restituyó las garantías mediante el decreto número 929 y de inmediato la prensa empezó a publicar sobre el problema de la plaga de langosta.  De esta forma, se informó que el 6 de octubre de ese año salió una expedición del Ministerio de Agricultura hacia los departamentos de Alta Verapaz, Quiché y Petén en busca de los criaderos de la langosta, la cual estaba presidida por Gustavo S. Muñoz (antiguo miembro de la comisión mexicana que se encargo de buscar y eliminar los criaderos de langosta), e integrada por Ignacio Aponte y José María Méndez.  La comisión estaba debidamente documentada y autorizada para recibir apoyo logístico en la gira que emprendieron para hacer las revisiones y mediciones de madera en los departamentos mencionados.2

El objetivo principal de la comisión era descrubir todos los criaderos de langosta que hubiera en las márgenes de los ríos Usumacinta, Negro o Salinas, y Pasión, entre otros, ya que se suponía que era allí en donde más abundaban.  Para el efecto, siguieron la siguiente ruta: de la Ciudad de Guatemala a Salamá, en donde se les unió el inspecto de agricultura Arturo Flores Chavarría, y allí se dividieron en dos: un grupo tomó por las riberas de río Negro o Chixoy hasta la confluencia de éste con el río La Pasión; el otro grupo siguió hacia Cobán, y de allí hasta el río La Pasión, para recorrer las márgenes del río buscando criaderos.  Para finalizar, ambas grupos se iban a reunir en la confluencia de La Pasión con el río Chixoy, y de allí iban a seguir por las riberas del río Usumacinta hasta llegar al territorio de los Lacandones.  En todo el trayecto se adentraron a ambos lados de los ríos para buscar más criaderos con la ayuda de los indígenas que habitaban aquellas inhóspitas regiones del país.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Padilla, Faustino (5 de junio de 1926). El licenciado Fuastino Padilla juzga la situación recién pasada). Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  2. Vela, David (7 de octubre de 1926). Sale otra expedición a El Petén. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.