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9 de octubre de 1883: Asamblea envía mensaje a Barrios al abrir sesiones extraordinarias

El presidente de la Asamblea, el sacerdote Angel María Arroyo, envía un mensaje sumamente servil al general presidente J. Rufino Barrios con motivo de la apertura de sesiones extraordinarias para evaluar la conveniencia del nuevo convenio entre el gobierno guatemalteco y los tenedores de bonos de la deuda inglesa

9octubre1883
El Cerrito del Carmen en 1883. En el recuadro: el padre Angel María Arroyo, quien se convirtió en acérrimo liberal y gran colaborador de J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Barrios convoca una asamblea extraordinaria:

Véase también: J. Rufino Barrios

El 25 de septiembre de 1883, el general presidente J. Rufino Barrios convocó a la Asamblea Legislativa para iniciara sesiones extraordinarias a fin de estudiar el convenio celebrado en Londres entre los tenedores de bonos de la deuda inglesa y el Representante de Guatemala.

Respuesta del presidente de la Asamblea Legislativa:

Véase también: Angel María Arroyo

A la petición de Barrios, el presidente del cuerpo legislativo, Angel María Arroyo —un sacerdote convertido en acérrimo liberal—, contestó con gran servilismo, como lo muestra la reproducción completa de la respuesta que aquí se presenta:1

Contestación de la Asamblea Nacional Legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional Don J. Rufino Barrios, le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883.

Señor General Presidente:

La Representación Nacional, convocada a sesiones extraordinarias por decreto gubernativo de 25 de septiembre de este año, se ha impuesto con vivo interés en el importante Mensaje que os habers servido dirigirla, exponiendo el asunto que principalmente ha motivado la convocatoria.

El celo que el Poder Ejecutivo, dignamente presidido por Vos, demuestra en todos los negocios que se relacionan con los bien entendidos intereses de nuestra patria, no podía menos que extenderse al arreglo equitativo de la deuda exterior, que nos legaran las administraciones anteriores a la gloriosa revolución de 1871.

No fue ciertamente, la administración que os ha tocado presidir, la que contratara el préstamo británico de 1825; no fue ni pudo ser ella, la que contrajera el empréstito de 1869; tampoco fue vuestro Gobierno el que aprovechara, como lo habría hecho, para obras de pública utilidad, los fondos de esas negociaciones, ya totalmente consumidos al implantarse el régimen liberal y progresista de que habeis dotado a la República. No obstante, la Asamblea reconoce como Vos, que los fundamentos que dan vida a ese régimen bienhechor, la dignidad y decoro inherentes a sus principios, el crédito de Guatemala y el buen nombre de su Gobierno, imponen el deber de aceptar las deudas contraídas y de esforzarse en la esfera de la legalidad y dentro de los límites que señalan los recursos del país, para cumplir obligaciones que ya pesaban sobre el Tesoro Nacional.Nota

A fin de llenar ese deber, vuesta solicitud ha querido, con justicia, procurar una combinación que, de seguro, no lastimaba ajenos derechos y consultaba debidamente los positivos intereses de Guatemala. La negociación celebrada por nuestro Ministro en Londres, y que no fue alterada por las bases enteramente diversas bajo las que se había manifestada al Gobierno que podía realiarse un convenio con los tenedores de bonos, es la forma en que se presenta el arreglo de la deuda exterior y el principal motivo que os determinó a convocar extraodinariamente a la Asamblea, para que lejos de retardarse, se conozca el deseo que abrigáis de que se examine y decida tan interesante negociado.

La Asamblea, Señor, declara solemnemente que inspirada en los consejos del bienestar de la República y secundando los patrióticos sentimientos y elevación de ideas de su ilustre Mandatario, examinará ese proyecto a la luz de los principios de la justicia y de los dictados de la equidad; meditará con detenimiento y madurez cada una de las cláusulas que contiene; y, penetrándose de la importancia y trascendencia del asunto, resolverá todo aquello que, pudiendo obtener debido cumplimiento, no extrañe condiciones de que el país pueda en la actualidad o en el futuro, justamente resentirse.

Señor Presidente: vuestro Mensaje es una prueba más del cariñoso afecto que profesais a esta querida patria, que, con razón os estima como el más preclaro de sus hijos. El Cuerpo Legislativo en su nombre y en representación del pueblo os saluda cordialmente, y se complace en aseguraros que el derecho y la verdadera conveniencia de la República serán, como siempre, en sus deliberaciones, los únicos móviles a que obedezca la Asamblea Nacional.

9 de octubre de 1883.

        • Angel M. Arroyo, Presidente.1

Resolución de la Asamblea Legislativa:

Aquel préstamo no fue aprobado porque contenía estipulaciones que alteraban las existentes en términos muy desfavorables y onerosos para la Nación. Por esta razón, se autorizó al Ejecutivo para que «continuara gestiones hasta lograr un arreglo conveniente y equitativo«.2


Notas:

  • a: los préstamos aquí aludidos fueron realizados por el gobierno del liberal Juan Barrundia en 1825, cuando Guatemala era parte de la República Federal de Centro América, presidida por el general Manuel José Arce y Fagoaga, mientras que el segundo fue realizado por el gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna. Inglaterra, por intermedio de los banqueros Skinner y Klee, y de su enclave en Belice, daba préstamos de muy buena gana a los países centroamericanos, los que eran utilizados en su mayor parte en pertrechos de guerra en los constantes conflictos que terminaron por separar la región en cinco débiles países.

Bibliografía:

  1. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  2. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 632.

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