6 de diciembre de 1921: Consejo Militar se hace con el poder

Los militares golpistas encabezados por el general José María Orellana toman el control de Guatemala

La Ciudad de Guatemala en 1921. En los recuadros: los generales que conformaron el Consejo Militar tras la renuncia de Carlos Herrera.  Imágenes tomadas de “Caída de una dictadura” de Rafael Montúfar.
La Ciudad de Guatemala en 1921. En los recuadros: los generales que conformaron el Consejo Militar tras la renuncia de Carlos Herrera. Imágenes tomadas de “Caída de una dictadura” de Rafael Montúfar.

Tras el derrocamiento del presidente Carlos Herrera el 5 de diciembre de 1921 a manos de su propio Jefe del Estado Mayor, general José María Orellana, y de su Ministro de la Defensa, quienes encabezaron a un grupo de militares entre los que se encontraba también el general Jorge Ubico, el mando del gobierno quedó en el Consejo Militar que se conformó, y cuyo primer decreto intentó darle legalidad a aquel golpe de estado patrocinado por la poderosa transnacional estadounidesne United Fruit Company tras bambalinas.

Aquel decreto dice así:1

José María Orellana, José María Lima y Miguel Larrave, Generales de División del Ejército de Guatemala, encargados del Poder Ejecutivo

Considerando:

Que la Asamblea Legislativa fué disuelta el 30 de Septiembre del año próximo pasado, sin llenar los requisitos que establece el artículo 99 de la Constitución; que en consecuencia, el Cuerpo que con aquel nombre ha venido funcionando hasta el día de ayer, no es la Representación del Pueblo de Guatemala, como se ha demostrado incontestablemente en las peticiones formuladas por las numerosas entidades políticas y municipales, y por otros importantes órganos de la opinión pública;

Que en las actuales circunstancias por que atraviesa el país se hace indispensable la reunión del Cuerpo Legislativo para que conozca y resuelva en todos los asuntos urgentes que el Poder Ejecutivo deba someterle

Por tanto, con apoyo en el artículo 77, inciso 20 de la Constitución,

Decreta :

    • Artículo primero. — Convócase a sesiones extraordinarias a la Asamblea Nacional Legislativa que se disolvió el 30 de Septiembre del año próximo pasado, con motivo de la reforma de la Constitución, para que conozca de la renuncia presentada por el ciudadano Carlos Herrera del cargo de Jefe del Estado y resuelva acerca de los demás asuntos que el Ejecutivo someta a su consideración.
    • Artículo segundo. — Señálase para la instalación de dicha Asamblea, el día 8 del corriente mes en esta ciudad.

Dado en Guatemala a los seis días del mes de Diciembre de mil novecientos veintiuno,

    • J. M. Orellana
    • José M. Lima
    • Miguel Larrave.1

De acuerdo al historiador liberal Rafael Montúfar en su obra «Caída de una Dictadura«, aquel decreto incluía varias irregularidades que fueron incluídas con pleno conocimiento de los miembros del Consejo Militar. En primer lugar, como dicho consejo era producto de un golpe de estado, no podía tener ninguna atribución constitucional, ya fuera de la Constitución de 1879 o de la de 1921, y tampoco podía apropiársela legalmente sin cometer una usurpación. Por ello, no tenía la competencia para convocar a sesiones extraordinarias a la Asamblea, pues solamente el Jefe del Ejecutivo legalmente electo puede hacerlo. Así pues, los militares, colocados en esa posición de poder por la frutera estadounidense, debieron haber convocado a la Comisión Permanente, la cual debería haberse hecho cargo de la situación. Otra de las irregularidades del Decreto fue haber aludido a la renuncia del Jefe del Estado, ya que Herrera era Presidente de la República y no a la del Estado. Y, finalmente, en el Decreto el Consejo Militar se autoinvistió como Encargado del Poder Ejecutivo, lo cual definitivamente no le correspondía.2

Pero como aquel golpe de estado estaba patrocinado por la UFCO, aquellas irregularidades fueron pasadas por alto y los miembros de la antigua Asamblea Legislativa disuelta en septiembre de 1920 (casi todos ellos antiguos cabreristas) se reunió de inmediato sin pensar en nada más que en el deseo de retornar al cabrerismo, sin don Manuel Estrada Cabrera, y por ello se instaló el día que se le previno.  Fue tal la premura con que se reunieron, que en lugar de tomar el nombre correcto de «Asamblea Legislativa de la República«, lo hicieron bajo el nombre de «Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala«, un ente ilegal que decretó numerosas disposiciones, que deberían haber sido nulas solamente por este hecho.3

El mismo Montúfar se dió cuenta de que todos los intentos de los cabreristas y liberales por hacerse con el poder por la vía legal durante las postrimerías del gobierno de Herrera fueron una fachada, como explica en su obra ya citada publicada en 1923: «ese grupo de individuos sin norma fija, aprovechó la oportunidad que encontró en la Junta del día 6 de Diciembre para prescindir del plan de regularidad y de garantías que los liberales históricos deseaban poner en práctica, y echaron en tierra los trabajos de las mejores y más honradas intenciones.  Tales individuos buscaban una oportunidad, que encontraron propicia, para escalar ambicionados puestos; y su afán fué el de aislarse combatiendo a todo aquel que no les estuviera subordinado.  A pesar de su ceguedad, el resultado les ha puesto en evidencia el deplorable error en que estuvieron; y hoy divididos, y sin la misma influencia, sufren la censura por haber ocasionado al país males que todavía no pueden apreciarse4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar, Rafael (1923). Caída de una Tiranía. Páginas de la Historia de Centro América. Guatemala: Sánchez y de Guise. pp. 155-156.
  2. Ibid,. p. 156.
  3. Ibid,. p. 157.
  4. Ibid,. p. 159.