7 de diciembre de 1893: los esposos Maudslay llegan a Guatemala

El explorador y arqueólogo británico Alfred Percival Maudslay y su esposa Anne Cary Maudslay llegan a Guatemala para recorrer varios departamentos

7diciembre1893
La exploradora británica Anne Cary Maudslay, esposa de Alfred Percival Maudslay, quien recorrió Guatemala entre 1893 y 1894 tomando numerosas notas sobre los pobladores, regiones y monumentos mayas. En el recuadro: la peligrosa jaula metálica que Maudslay describe en su obra, con la que los pasajeros eran llevados de barcazas al muelle en San José, Escuintla. Imágenes tomadas de «A Glimpse of Guatemala«, de la Sra. Maudslay.

Alfred Percival Maudslay fue un explorador británico que visitó a Guatemala en varias oportunidades, pero fue cuando llegó al país entre 1893 y 1894 que trajo consigo a su señora esposa, Anne Cary Maudslay, quien se encargó de redactar un detallado diario de su periplo por la región.  De este viaje surgió el libro «A Glimpse of Guatemala» («Un vistazo a Guatemala«) el cual contiene una descripción muy particular del viaje de la esposa del explorador británico, desde la perspectiva de la sociedad victoriana que imperaba en la Inglaterra de esa época.  Aquel libro es un diario del viaje, que presta atención a numerosos detalles que van desde las costumbres y aspecto de las mujeres indígenas hasta la descripción de los poblados que visitaban, con una atención al detalle que solamente una dama británica podía plasmar.

Los viajeros partieron de Inglaterra en octubre de 1893 y llegaron a San Francisco, Estados Unidos, el 13 de noviembre, con la intención de embarcarse para Guatemala el 18 de ese mes.  Sin embargo, como ocurría frecuentemente con los viajeros europeos que llegaban a California, se enfermaron de gripe y no pudieron salir sino hasta unas semanas después. Finalmente  llegaron a Guatemala el 7 de diciembre de 1893, tras embarcarse en el puerto mexicano de Acapulco. 

He aquí como relata la Sra. Maudslay la llegada a Guatemala, con su estilo muy particular:1

[Tras salir de Acapulco] el clima había estado caliendo, despejado y tranquilo, pero tan pronto como entramos al golfo de Tehuantepec sentimos una caída drástica en la temperature y un significativo aumento en el movimiento.  Cuando estábamos a medio camino del golp, poco a poco empezamos a ver en el horizonte los primeros signos de la larga cordillera de montañas y volcanes que siguen la costa casi desde Tehuantepec hasta Panamá.  Gradualmente, conforme navegábamos hacia la costa, los picos volcánicos empezaron a distinguirse del resto de la masa montañosa: primero el Tacaná y el Tajumulco, los más altos de todos, y luego la cresta del Santa María y del Atitlán, y por último pudimos reconocer la suave siluate del de Agua y el de Fuego, cubiertos por envolturas de nubes, y supimos que nuestros viaje estaba por terminar.

Con una vista panorámica de este gran paisaje anclamos en el puerto de Champerico, en donde por muchas y calientes horas estuvimos en la orilla del atracadero, mientras el barco cargaba y descargaba, y esperaba que los pasajeros abordaran.  El pueblo estaba de fiesta ya que estaba de visita el general Reina Barrios, presidente de Guatemala, y los miembros de su gabinete, quienes iban a ser nuestros compañeros de viaje hasta el Puerto de San José.  Varios barcos fondeados en el muelle estaban adornados con banderas, e incluso nuestro viejo y sucio vapor dio lo mejor de sí para engalanarse para recibir a su distinguido pasajero.  Nosotros tratamos de disfrutar y quedar impresionados con las festividades, pero los cañonazos y juegos pirotécnicos que nos acompañaron mientras partíamos apenas y compensaron por el tiempo perdido y tener que viajar en un barco sobrecargado de pasajeros.  Los acompañantes del presidente se apropiaron de todo; se desperdigaron por todas las cubiertas, durmierton en nuestras sillas de cubierta y tuvieron éxito en romper ambas.  Afortundamente, aquella corta travesía nocturna nos llevó al Puerto de San José y al final de nuestro placentero viaje.

Nuevamente anclamos mar adentro, y cuando nos tocó el turno de ir a tierra, cada uno de nosotros fue sacado del barco en una silla colgante que caída pesadamente sobre los otros pasajeros y las pilas de equipaje que ya se encontraban en una pequeña barcaza que estaba a la par del vapor.  Esta operación se repitió a la inversa cuando llegamos a la costa, en donde una jaula metálica era bajada desde el muelle de metal que se veía prodigiosa y alarmantemente muy por encima de nosotros, hasta que éramos elevados a lugar seguro.  Gracias a Dios que no había corrientes, sino que únicamente las suaves olas que lllegaban incesantemente a la costa.  Aún así, el desembarque fue una experiencia desagradable, y no quiero ni pensar en como sería en un día tormentoso; pero uno debe recordar que aún el terror de encontrar el momento preciso para pasar de una ligera barcaza a una pesada jaula metálica, que un momento golpe el suelo de la barcaza y al siguiente está colgando amenazadoramente por encima de uno, es preferible al antiguo método cuando las barcazas eran llevadas a través de las olas y los pasajeros desembarcaban empapados hasta los huesos y aterrorizados, a pesar de que habían sido lo suficientemente afortunados para no naufragar y escapar de los dientes de tiburones hambrientos.

Una larga vista de plaza de arena caliente que mira hacia el sur, con un fondo de palmeras y árboles de banano, una cuantas casas y un interminable océano describen el puerto de San José.  No hay una sola posada decente en el lugar, y nuestra condición al ver el único tren que salía para la Ciudad de Guatemala sin nosotros (gracias al retraso en que nos dieran nuestras pertenencias en la aduana) hubiera sido lastimera, de no ser por la hospitalidad del coronel Stuart, agente de la compañía naviera, quien nos hospedó en su casa en la playa y nos proporcionó todas las comodidades para pasar la noche.»1

Por esas paupérrimas condiciones en que los pasajeros eran desembarcados en San José fue que el general presidente José María Reina Barrios inició la construcción de un mejor puerto en Iztapa,2 el cual desafortunadamente quedó inconcluso en 1897 cuando la economía nacional se desplomó.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Maudslay, Anne Cary; Maudslay, Alfred Percival (1899). A Glimpse at Guatemala and some notes on the Ancient Monuments of Central America. (en inglés).  Londres: John Murray. pp. 5-8.
  2. Macías del Real, A. (15 de julio de 1897). «Puerto de Iztapa»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (24).
  3. La Ilustración Guatemalteca (15 de febrero de 1897). «Ecos de la Prensa»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala) 1 (14): 216.