27 de febrero de 1767: emiten Real Decreto para coordinar expulsión de los jesuitas

27febrero1767
Ruinas de la Iglesia abandonada de la Companía de Jesús en la ciudad de Antigua Guatemala en 1875. Nótese el paredón y la chimenea construidos posteriormente a los terremotos de 1773, cuando el edificio fue usado como fábrica. En el recuadro: el Conde de Aranda, quien organizó la logística para la expulsión de la Orden en 1767. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El enorme poder político y económico de la orden de la Compañía de Jesús -los Jesuitas- empezó a disminuir en el siglo XVIII, con la difusión a lo largo de ese siglo tanto del jansenismo -que era una doctrina de una fuerte carga antijesuítica- como de las ideas de la Ilustración. Por ello, se empezó a pensar que los métodos educativos de la Compañía, y su concepto de la autoridad y del Estado eran ya anticuados; además, la monarquía española estaba cada vez más laicizada y más absolutista, y empezó a considerar a los jesuitas ya no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos por su oposición al regalismo. Y encima de todo esto, se mantenían vigentes los ancestrales conflictos que los jesuitas tenían con las órdenes religiosas tradicionales.1

La llegada al trono del nuevo rey Carlos III en 1759 supuso un duro golpe para el poder y la influencia de la Compañía, pues el nuevo monarca, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a la orden, ya que estaba influido por su madre -la reina Isabel de Farnesio- y por el ambiente antijesuítico que predominaba en la corte de Nápoles de donde provenía.2

Aunque el rey en su pragmática sanción del 2 de abril de 1767 menciona que hay gravísimas razones que lo obligan a expulsar a los jesuitas, también dice que se reserva para sí explicar cuales eran.3  En realidad, los jesuitas consistían la máxima oposición al regalismo absoluto que Carlos III aspiraba, ya que esta doctrina política defiendía el derecho del estado nacional a intervenir, recibir y organizar las rentas de sus iglesias nacionales y chocaba frontalmente con la absoluta lealtad de los jesuitas hacia el Papa. Tras el motín de Esquilache en 1766, el rey vió la oportunidad que esperaba para salir de la orden y solicitó al fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes, que abrira una pesquisa secreta sobre el asunto; Campomanes enseguida dirigió su atención hacia los jesuitas a partir de la evidencia de la participación de algunos de ellos en la revuelta mediante la violación del correo, informes de autoridades, delaciones, y confidencias de espías.4

Con la documentación acumulada, Campomanes -un acérrimo antijesuita – presentó su Dictamen ante el Consejo de Castilla en enero de 1767 y acusó a los jesuitas de ser los responsables de los motines con los que pretendían cambiar la forma de gobierno. En sus argumentos inculpatorios recurrió a todos los argumentos antijesuíticos que se habían acumulado en los dos siglos desde su creación, incluyendo su apoyo al tiranicidio -por su supuesta relación con los intentos de magnicidio en Francia y Portugal-, su relajada moral, su afán de poder y riquezas, y sus supuestos malos manejos en las colonias  América. El presidente del Consejo de Castilla, el conde de Aranda, formó un Consejo extraordinario que emitió una consulta en la que consideraba probada la acusación y proponía la expulsión de los jesuitas de España y sus Indias. Para tener mayor seguridad, Carlos III convocó un consejo o junta especial presidida por el duque de Alba e integrada por los cuatro Secretarios de Estado y del Despacho, el cual ratificó la propuesta de expulsión y recomendó al rey no dar explicaciones sobre los motivos de la misma. Tras el real decreto del 27 de febrero, y a lo largo del mes de marzo de 1767, el Conde de Aranda dispuso con el máximo secreto todos los preparativos para proceder a la expulsión de la Compañía.5

Reproducimos aquí aquel Real Decreto, dada su importancia histórica:6

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real en el extraordinario, que se celebra con motivo de las ocurrencias pasadas, en consulta de veinte y nueve de Enero próximo; y de lo que sobre ella me han expuesto personas del más elevado carácter; estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad, y justicia a mis Pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias, que reservo en mi Real ánimo; usando de la suprema autoridad económica, que el Todo-Poderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis Vasallos, y respeto de mi Corona; 

He venido en mandar se extrañen de todos mis Dominios de España, e Indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes a los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores, o Legos, que hayan hecho la primera Profesión, y a los Novicios, que quisieren seguirles; y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía en mis Dominios; y para la ejecución uniforme en todos ellos, os doy plena y privativa autoridad; y para que forméeis las instrucciones, y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido, y estimareis para el más efectivo, pronto, y tranquilo cumplimiento.  Y quiero, que no so las Justicias y Tribunales Superiores de estos Reynos, ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los Virreyes, Presidentes, Audiencias, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes-Mayores, y otras cualesquiera Justicias de aquellos Reynos, y Provincias; y que en virtud de sus respectivos Requerimientos, cualesquiera Tropas, Milicas o Paisanaje, den el auxilio necesario, sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer el que fuere omiso en mi Real indignación; y encargo a los Padres Pronviciales, Prepósitos, Rectores y demás Superiores de la Compañía de Jesús se conforme de su parte a lo que se les prevenga puntualmente, y se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia; de modo que en todo se proceda conforme a mis Soberanas intenciones.

Tendreislo entendido para su exacto cumplimiento, como lo fio y espero de vuestro celo, actividad y amor a mi Real Servicio; y dares para ellos las órdenes, e Instrucciones necesarias, acompañando ejemplares de este mi Real Decreto, a los cuales, estando firmados de Vos, se les dará la misma fé y crédito que al original.

      • Rubricado de la Real Mano

En el Pardo, a veintisiete de febrero de mil setecientos sesenta y siete. Al Conde de Aranda, Presidente del Consejo.6

El Conde de Aranda, a su vez, dirigió la siguiente orden circular el 27 de marzo a toda las autoridades mencionadas en el Real Decreto:

Carta Circular con remisión del pieglo reservado, a todos los Pueblos en que existan Casas de la Compañía; y se dirigió a sus Jueces Reales Ordinarios.

Incluyo a Ud. el pliego adjunto, que no abrirá hasta el día dos de abril; y enterado entonces de su contenido dará cumplimiento a las Ordenes que comprende.

Debo advertir a Ud. que a nadie ha de comunidad el recibo de esta, ni del pliego reservado para el día determinado que llevo dicho; en inlitencia de que si ahora de pronto, ni después de haberlo abierto a su debido tiempo, resultase haberse traslucido antes del día señalado por descuido, o facilidad de Ud., que existiese en su poder semejante pliego con limitación de término para su uso, será Ud. tratado como quien falta a la reserva de su oficio, y es poco atento a los encargo del Rey, mediando su Real Servicio; pues previniéndose a Ud. con esta precisión el secreto, prudencia, y disimulo que corresponde, y faltando a tan debido obligación, no será tolerable su infracción.

A vuelta de Correo me responderá Ud. contestándome el recibo del pliego, citando la fecha de esta mi Carta, y prometiéndome la observancia de lo expresado; por convenir así al Real Servicio.

Dios Guarde a Ud. muchos años, Madrid 20 de marzo de 1767.

        • El Conde de Aranda.6

El pliego mencionado en la circular contenía órdenes detalladas de qué hacer con la congregaciones de jesuitas el 2 de abril, fecha en que se ejecutó la Pragmática Sanción para el extrañmiento de los Jesuitas.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 135-137.
  2. Ibid., pp. 137-138.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Domínguez Ortiz, Carlos III y la España de la Ilustración, pp. 138-139.
  5. Ibid., pp. 139-140.
  6. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  7. Ibid., pp.5-30.