19 de abril de 1525: Cortés cruza la selva petenera

Cortés y sus hombres cruzan la selva petenera y la región del norte de Izabal para reunirse con Cristóbal de Olid en Honduras

Ruta que utilizó Hernán Cortés para cruzar la selva petenera con sus soldados y aliados indígenas para reunirse con Cristóbal de Olid en Honduras. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de la muerte de Cuauhtemoc, Hernán Cortés emprendió un vaje desde México hasta Honduras para encontrarse con la fuerzas expedicionarias de Cristóbal de Olid, el cual lo llevó a atravesar la inhóspita selva petenera. Aquel viaje fue terrible, no solamente por el terreno y la selva, sino por la mutua desconfianza entre los españoles y los indígenas cholultecas y tlaxcaltecas que los acompañaban, y por la escasez de víveres que se fue agravando conforme avanzaban.1

Atacados por el hambre lograron llegar al lago Petén-Itzá, en donde los recibieron los habitantes de la isla que se encuentra en él —y que en el siglo XXI es la ciudad de Flores—.  Ajenos a las verdaderas intenciones de los visitantes, los itzáes los ayudaron en lo que pudieron y les proporcionaron la comida que necesitaban desesperadamente.1

De esta visita surgió la historieta de un caballo enfermo que dejó Cortés en la isla.  Los itzáes atendieron al caballo lo mejor que pudieron, pero como nunca habían visto uno antes no sabían como alimentarlo.  Así que de nada sirvieron las viandas que le ofrecieron y el animal murió al cabo de una semana.  Los indígenas lo envolvieron en un saco y lo colgaron en la parta alte de su templo principal, y para perpetuar su memoria unos escultores lo cincelaron en piedra para mostrárselo a Cortés cuando regresara, cosa que nunca pasó.2

Cortés y sus hombres emprendieron nuevamente la marcha, ya repuestos gracias a los cuidados de los itzáes. Pero cometieron un grave error: subestimaron lo inhóspito del terreno y no llevaron suficientes víveres.  De hecho, se internaron en la parte más difícil de toda la región, dirigiéndose hacia el lago de Izabal sin saber lo que les esperaba.3

La temporada de lluvias se adelantó y por las noches los aguaceros causaban estragos entre los expedicionarios, además de generar grandes cantidades de fangales que eran difíciles de transitar con agua o lodo hasta la cintura por horas. Al salir de la selva se encontraron con llanuras sin abrigo ni protección o por montañas rocosas con desfiladeros donde era fácil resbalar.  Ya no había animales para cazar ni plantas comestibles, así que tuvieron que recurrir a comer serpientes y otros reptiles o insectos, lo que a más de uno le provocó un envenamiento.3

Era la temporada de Semana Santa y cuando llegó el Domingo de Ramos, 19 de abril de 1525, los expedicionarios llegaron a una cuesta empinada formada de pedernales de cuarenta kilómetros de extensión.  La lluvia hacía que muchos hombres y bestias cayeran sobre los pedenales, hacíanse graves cortaduras.  En ese momento ya no había víveres y los expedicionarios tuvieron que recurrir a devorar los restos de sus compañeros muertos para poder sobrevivir.  Cortés iba a la retaguardia estimulando a los soldados y a los indígenas sobrevivientes con una pica como si se tratara de animales de carga.4

Después de doce días de este tormento encontraron un río que se había desbordado por las lluvias.  Trabajaron en construir un puente durante tres días y fueron pasando de uno en uno tratando de mantener el equilibro, ya que un resbalón significaba la muerte.  Finalmente, los que sobrevivieron llegaron a un poblado en donde les dieron suficientes alimentos y lograron continuar su marcha para encontrarse con Olid.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 127.
  2. Ibid., p. 128.
  3. Ibid., p. 129.
  4. Ibid., p. 130.
  5. Ibid., p. 131.