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Tropas guatemaltecas pasando revista durante la Guerra Nacional de Nicaragua. En el recuadro: el héroe costarricense Juan Santamarina, quien se autoinmoló para incendiar un mesón en donde había filibusteros. Imágenes tomadas de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano y Wikimedia Commons.

Durante la guerra contra los filibusteros, luego de la salida de las fuerzas costarricenses debido a los estragos que estaba provocando entre ellos el cólera morbus, los gobiernos conservadores de la región enviaron a sus ejércitos para combatir al filibustero estadounidense William Walker y a sus mercenarios estadounidenses y europeos.1

El 5 de mayo de 1856, al alba, el general Mariano Paredes, expresidente de la República de Guatemala, partió del Guarda de Buena Vista en la Ciudad de Guatemala al frente de quinientos soldados, escogidos de entre los mejores del ejército guatemalteco de la época. 2

El gobierno de los Estados Unidos al principio había rechazado la invasión que perpetró Walker, pero luego cambió de opinión y el 4 de marzo de 1856 reconoció al gobierno presidido por Walker, recibiendo en Washington, D.C., al representante del gobierno filibustero, el padre Vigil.3

El capitán general Rafael Carrera, presidente de la república, publicó un manifiesto a todos los habitantes aquel 5 de mayo, en el que les decía: «A la vanguardia de las fuerzas expedicionarias. Bien conocidos son los sucesos ocurridos en Nicaragua desde que, en octubre del año pasado, unos pocos extranjeros, procedentes de California, se apoderaron en aquella república de la autoridad, aprovechándose del agotamiento que había producido la discordia y una prolongada lucha intestina.». Y terminaba su manifiesto diciendo: Vais a defender una causa santa: la causa de nuestra religión y de nuestra raza. A vuesto hermanos de Costa Rica ha cabido el honor de derramar la primera sangre en defensa de la patria. Vosotros váis a acreditar que en Guatemala estamos dispuestos a sacrificar todo por ella. Tengo entera confianza en el jefe que os manda y en vuestro valor y sufrimiento. Yo os seguiré de cerca, con todos vuestros compañeros, si fuere necesario. Entretanto os recomiendo la más estrecha unión con vuestros hermanos del Salvador, Honduras y Costa Rica, para llevar a cabo la obra común de lanzar del país a los que, sin derecho alguno, han venido a mezclarse en nuestra disensiones y a amenazarnos con la más oprobiosa servidumbre«.4

Las tropas guatemaltecas iniciaron entonces, a pie, el largo y tortuoso camino hasta Nicararagua. El entonces coronel José Víctor Zavala, quien estaba en El Salvador en una comisión diplomática, recibió la orden del presidente Carrera de incorporarse a la columna guatemalteca en calidad de segundo jefe lo que cumplió cuando la tropas pasaron por el territorio de aquel país.5

Las tropas aliadas centroamericanas eventualmente vencieron a Walker, pero todo aquel sacrificio no serviría de nada, pues en 1912, el gobierno conservador de Nicaragua llevó nuevamente a los Estados Unidos al país. Al respecto, un líder conservador hizo la siguiente observación: «En el año 56 un gobierno liberal llevó a los filibustero sa Nicaragua; el gobierno conservador de Guatemala, presidido por Carrera, el gobierno conserador del Salvador, presidido por don Rafael Campo en inmediatamente por don Francisco Dueñas, el gobierno conservador presidido por el general Guardiola, imitaro pronto al gobierno de Costa Rica, presidido por Mora y pusieron a las órdenes de la soberanía centroamericana dinero y hombres, para combatir contra los [estadounidenses]. Pasaron los años y un gobierno conservador en Nicaragua llevó de nuevo a los gringos. ¿Qué pasó? El gobierno liberal de Guatemala, presidido por Estrada Cabrera, el gobierno liberal del Salvador presidido por el doctor Manuel Enrique Araujo, el gobierno liberal de Honduras presidido por el general Manuel Bonilla y el amplio gobierno de Costa Rica, presidido por don Ricardo Jiménez, se cruzaron de brazos ante la tragedia que los [estadounidenses] consumaron en las tierras ensangrentadas por Walker, y no hubo siquiera una protesta por el sacrificio de Benjamín Zeledón, el gran mártir«.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 225.
  2. Ibid., p. 226.
  3. Ibid., p. 227.
  4. Ibid., pp. 227-228.
  5. Ibid., pp. 229.

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