2 de junio de 1765: desastre de la Santísima Trinidad

Una serie de desastres naturales entre el 2 y 4 de junio de 1765 destruyen a la población de Chiquimula de la Sierra.

Grabado del arquitecto Frederick Catherwood realizado en 1840, que muestr alas ruinas de la iglesia de Chiquimula de la Sierra. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La provincia de Chiquimula de la Sierra era una de las diez que conformaban la arquidiócesis de Guatemala, cuando la recorrió el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, durante los años de 1768 a 1790. A mediados del siglo XVIII la población  principal reunía varias construcciones y había llegado a su apogeo. Tenía varias iglesias, siendo la principal la majestuosa iglesia parroquial que estaba frente a la plaza pública, de 75 pies de frente y 250 pies de fondo, con muros de 10 pies de espesor, y una casa de curato adjunta.  Además estaba la Ermita del Calvario, cárceles públicas, cabildo indígena, mesones y viviendas. Como se acostumbraba en esa época, las casas de los encomenderos españoles estaban construidas de adobe y cubiertas de techo de teja, mientras que las de los indígenas y mestizos eran sencillos jacales con paredes de arcillas o varillas de carrizo y con techo de paja, hojas o pajón. Los corregidores vivían en las Casas Reales, en donde también funcionaba la Casa de Justicia; a setenta metros de dichas casas estaba  la Sala de Armas y se alzaba una pila comunal.  El poblado  estaba formado por los barrios de San Nicolás Obispo, San Juan, Santa Cruz, San Sebastián, y el Calvario.1

El historiador Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describió así a la iglesia principal en la Recordación Florida en 1790: «de gran buque, con no común arquitectura, con sacristía y capilla mayor, con dos elegantes bóvedas… se cubre de la debilidad de la paja frágil […] Su retablo principal con ostentación de grande planta […] con grave y decorosa arquitectura, con elegantes tallas, y retablos, y adornos bien esmerados de bultos y imagen primorosas, de docta y simetría escultura y pintura de gran perfección y viveza2

Chiquimula de la Sierra fue destruido por un evento cataclísmico que incluyó el rompimiento de unos cerros por donde escapó una considerable cantidad de agua que inundó el poblado, seguido de un fuerte terremoto que destruyó las construcciones principales y una tormenta eléctrica que quemó los jacales que habían sobrevivido. Reproducimos a continuación lo que relata el arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz, quien recorrió toda su arquidiócesis a lomo de mula entre 1768 y 1770, sobre el desastre de la Santísima Trinidad del terremoto del 2 de junio de 1765, y sobre cómo había quedado el poblado después del mismo:3

En el día 2 de junio del año de 1765 hubo en este pueblo y también en el de Zacapa, un huracán sobrado violento, que arruinó algunos edificios y maltrató otros. En el día 3 de los mismos hubo un gran temblor, que derribó edificios, que en el antecedente habían quedado maltratados y como en estos días no habían padecido mucho los jacales por ser de palos y cañas, en el 4 del mismo se formó una gran tempestad, que arrojó varios rajos y los quemó; con lo que dichos pueblos quedaron en lo material, cuasi destruidos enteramente, con muchas muertes y pérdida de sus habitantes.

Con este motivo, habiendo pensado en la reedificación de dichos pueblos, unos vecinos querían permanecer en el sitio, en donde antes estaban, sin duda para aprovechar lo que pudieran los despojos de las ruinas. Otros quisieron establecerlos en diferente sitio y lo que sucedió fue haber hecho unos pueblos de monstruosa dilatación, porque parte de los vecinos quedaron en el sitio en que habían estado hasta entonces; parte fundaron en otro diferente, de modo, que de extremo a extremo del pueblo hay como una hora de camino.Nota a

Quedaron en el sitio antiguo, según parece, las gentes más pobres; porque hasta de presente no se ven en él otros edificios que jacales, la iglesia y casa del cura por tierra para monumento de la ruina y de lo que fueron antes de esta tragedia; pues se ve que la iglesia era, o la mayor y más magnífica de todo el Arzobispado, o que en todo él no había otra que le excediera. En el sitio nuevo se ven ya varias casas edificadas con bastante hermosura, como son las casas reales, la del cula, del Alcalde Mayor y de varios vecinos, que forman buenas calles, buenos edificios y si hubiera providencia es regular que con el tiempo saliera uno de los pueblos mejor formados que habría en el reino.

Dice el cura en sus respuesta bastantemente mal adaptadas y diminutas, que el recibo de este curado asciendo a 2,800 pesos 1/2 real y algunos maravedís más que no se sacaron. Que en los cuatro pueblos se habla el idioma chortí. Que en todo el curato hay personas de confesión 5,253, familias 1,949 y personas de confirmación 2,165.  Que los vicios más dominantes son no pagar exactamente diezmos y primicia y haber mucha libertad en quitar honras.  Que hay tres escuelas en que se les enseña a leer, escribir y toda la doctrina cristiana.  Y que en este partido las vejaciones que los indios han tenido, han sido causadas de la ruina acá, tres años de pestes y necesidades.

Aunque parezca algún extravío del asunto, reflexionar sobre lo acaecido en los días 2, 3 y 4 de junio del año de 1765, no omito decir ser cosa bien irregular y que manifiesta bastantemente hallarse Dios ofendido (y mucho de estos pueblos) según lances semejantes, que nos acuerda la escritura, porincipalmente por el poeta Joel al cap. 1°., y aún debe aumentarse lo sucedido en Petapa, Atheos [en Sonsonate] y otros pueblos con el diluvio, o inundación que sucedió al mismo tiempo y en el mismo año, sin haberlos causado la abundancia de lluvias, sino romperse algunos cerros y salir por sus roturas tanta abundancia de aguas que los inundó con pérdida de los pueblos, de las iglesias y sus alhajas y de muchos bienes y personas, sobre cuyos principios es bien de temer que tales contratiempos tuvieron sus principios en tanta inundación de culpas, como se cometen tan sin respeto a Dios.3,Nota b

La iglesia quedó destruida y para 1840, ya eran solamente ruinas lo que quedaban, tal y como lo describe el explorador estadounidense John L. Stephens, quien estaba en una visita de buena voluntad al gobierno de Mariano Rivera Paz en Guatemala por orden del presidente de los Estados Unidos, Martin Van Buren: «encaminándonos hacia abajo hasta la orilla de la meseta, vimos lo que no había llamado la atención desde la distancia: una gigantesca iglesia en ruinas. Tenía setenta y cinco pies de frente y doscientos cincuenta de fondo, siendo los muros de diez pies de espesor. La fachada estaba adornada con ornamentos e imágenes de santos, más grandes que lo natural. El techo se había derrumbado y en el interior había grandes bloques de piedra y argamasa y una espesa vegetación. Fue edificada por los españoles en el sitio del antiguo pueblo indígena; pero habiendo sido dos veces destrozada por los terremotos, sus habitantes la abandonaron, edificando el pueblo donde se encuentra ahora. El lugar arruinado se utiliza ahora como cementerio; adentro de la iglesia se encontraban los restos de los sacerdotes y monjes, con sus respectivas lápidas«.4


NOTAS:

  • a: debe recordarse que en 1770 no existían los modernos medio de transporte.
  • b: era costumbre en la época en que ocurrió el desastre de la Santísima Trinidad que las catástrofes fueran atribuidas a los pecados de los hombres, en especial no pagar el diezmo obligatorio.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Putzeys, Ivonne; Flores, Sheila (2007) Excavaciones arqueológicas en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Chiquimula de la Sierra: Rescate del nombre y el prestigio de una iglesia olvidada. En: XX Simposio de Arqueología en Guatemala. (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía). Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología. pp. 1473-1490.
  2. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1882-1883) [1790]. L. Navarro, ed. Historia de Guatemala: O recordación Florida. Escrita el siglo XVII por el Capitán D. Francisco Antonio de Fuentes Guzmán, que publica por primera vez con notas e ilustraciones D. Justo Zaragoza. Madrid: Colegiata.
  3. Cortés y Larraz, Pedro (1958) [1770] Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala. En: Biblioteca «Goathemala» de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. XX. (I). p. 276.
  4. Stephens, John Lloyd; Catherwood, Frederick (1854). Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (en inglés). Londres, Inglaterra: Arthur Hall, Virtue and Co. p. 42.

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