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13 de junio de 1869: alzamiento indígena en Chiapas

Templo católico de San Juan Chomula, Chiapas. El cura párroco de la localidad fue asesinado por indígenas alzados en 1869. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una de las razones por las que se impuso el capitán general Rafael Carrera ante los criollos aristócratas guatemaltecos fue que estableció pactos con los líderes indígenas del occidente guatemalteco cuando regresó al poder en 1849,1 lo que evitó sangrientos alzamientos indígenas como los que ocurrieron en Yucatán en 18472 y en Chiapas en 1869, y que eran producto de las abusivas leyes económicas de los criollos yucatecos y mexicanos en contra de ellos.

Tras la consolidación de la independencia de México en 1821 gracias al triunfo del ejército trigarante de Agustín de Iturbide, se iniciaron los conflictos entre los criollos conservadores y los criolos liberales, tal y como ocurrió en Centroamérica. Por un lado, los criollos conservadores —que incluían al clero— querían mantener el estado tal y como se encontraba durante la colonia, ya que les representaba numerosos privilegios, y por el otro, los criollos liberales que abrazaron el pensamiento de la ilustración y la masonería a fin de obtener una separación de Iglesia y Estado y acceder ellos al poder y a los privilegios que hasta entonces habían gozado los conservadores.3

Al igual que ocurrió en Centroamérica durante el siglo XIX, la lucha entre los criollos mexicanos eran despiadada, y no les importaba incluso llegar a entregarle el país a potencias extranjeras con tal de mantener o arrebatar los privilegios económicos. Fué así como, tras perder la guerra de Reforma contra el presidente republicano liberal Benito Juárez, los conservadores consiguieron entregar la corona imperial de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo, quien llegó al país en 1864, y quien se mantuvo en constante guerra contra las autoridades republicanas de Juárez, quien contaba con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Maximiliano fue finalmente derrotado y fusilado en el Cerro de las Campanas en Querétaro en 1867. A partir de se momento, Juárez, retomó el poder absoluto y consolidó las Leyes de Reforma, con lo cual se separaba definitivamente a la Iglesia Católica del Estado mexicano, y se le expropiaban todas sus propiedades a las órdenes religiosas.4

Esto produjo un vacío de poder en Chiapas, ya que como los curas párrocos eran los encargado de mantener sosegados a los indígenas, el debilitamiento del clero permitió a éstos retornar a sus creencias ancestrales. Entonces, en 1867 aparecieron tres piedras en el paraje Tzajalhemel, en Chamula, descubiertas por Agustina Gómez Checheb, alias «la Leona» quien las llevó a Pedro Díaz Cuscat quien dijo ser sacerdote y entender lo que le decían piedras. Esto inició un culto por dichas piedras que resultó en que los indígenas tzotziles dejaran de asistir a las celebraciones religiosas en San Cristóbal de las Casas, y al mercado de la ciudad. Esto, aunado a que se sabía que se reunían en en los parajes, puso en alerta a las élites criollas deSan Cristóbal, ya que eso significaba que ya no podrían controlar a los indígenas que necesitaban para cultivas sus haciendas.3,4

Por esta razón la élite criolla no solamente intentó deshacer el culto, sino que hizo correr el rumor de que los tzotziles planeaban atacar la ciudad, algo que en esa época era muy posible, ya que ya había ocurrido en Yucatán. Para frenar el nuevo culto, las autoridades civiles y eclesiásticas confiscaron las piedras e hicieron prisioneros a sus líderes, Cuscat y Gómez Checheb a quienes llevaron a San Cristóbal.3,4

En aquella ciudad el anarquista Ignacio Fernández de Galindo se había unido a los indígenas, y los entrenó militarmente con el fin de rescatar a Díaz Cuscate y a «la Leona«. El 13 de junio de 1869 se supo en Ciudad Real de Chiapas que los indígenas del poblado de Chamula se estaban reuniendo en actitud sospechosa y amenazante, y los criollos locales pidieron ayuda al gobierno chiapaneco del general José Pantaleón Domínguez ante la amenaza de que se iba a desatar la violencia. Y es que Fernández de Galindo, ayudado ayudado por el matemático pasante de ingeniería Benigno Trejo, llegaron a los límites de San Cristóbal de las Casas con 7000 indígenas armados y exigieron la libertad de Cuscat y de «la Leona«.5

La violencia estalló cuando el cura Martínez, el maestro de escuela Luciano Velasco y a otros dos vecinos se apoderaron de uno de los tres ídolos.5 Los indígenas alzados los buscaron y asesinaron, mientras que el resto se vecinos se encerraron y defendieron como pudieron hasta que llegó una fuerza del gobierno de Domínguez, a cargo del general Crescencio Rosas al mando de un ejército de 90 hombres, y desalojó la plaza de los indígenas amotinados.3,4

Pero al día siguiente, se presentó una fuerza indígena aún mayor, portando picas, lanzas, machetes, hachas y escopetas cuyo jefe mandó emisarios y le dijo a los pobladores que lo único que querían era que les devolvieran al gran sacerdote indígena y a «la Leona«.5 Rosas firmó el Convenio de Esquipulas con Fernández de Galindo, por medio del cual se estipuló que Luisa Quevedo, Benigno Trejo y Fernández de Galindo quedarían detenidos en lugar de Cuscate, Agustina y Manuela, quienes serían puestos en libertad.4

Aceptado el intercambio, y cuando ya se habían retirado los indígenas, Galindo y Trejo fueron enviados a un consejo judicial, pero lograron enviar mensajeros a los indígenas antes de ser hechos prisioneros. Los indígenas, al enterarse, se arremolinaron alrededor de la población y a la atacaron con fiereza. Afortunadamente para los pobladores de Chamula un joven logró escapar e ir hasta San Cristóbal de las Casas donde pidió ayuda para que enviaran otro fuerza militar para repeler a los alzados. Mientras tanto, a pesar del ataque de los indígenas, la autoridad de militar de Chamula logró reunir a un consejo de guerra, que juzgó y condenó a muerte a Galindo y a Trejo quienes fueron fusilados inmediatamente.5

Aquella rebelión se extendió hasta que llegó un ejército de mil soldados desde San Cristóbal de las Casas, quienes finalmente repelieron a los indígenas, que dejaron tras de sí a cinco sacerdotes católicos muertos, y a cientos de criollos y mestizos asesinados. Además, durante varios meses escuadrones de indígenas estuvieron rondando el poblado, los que fueron finalmente sometidos cuando el general Domínguez ordenó una serie de incursiones en las comunidades indígenas para detener a las “gavillas” que todavía se mantenían insurrectas.4

Mientras tanto, en Guatemala, el poder del partido conservador se iba debilitando, pues el presidente Vicente Cerna y Cerna no tenía el mismo don de mando ni la inteligencia de Carrera y fue fácilmente manipulado por los criollos conservadores, lo cual fue aprovechado por los criollos liberales para hacerse con el poder en 1871, apoyados por Benito Juárez con armas que le habían proporcionado a su vez los Estados Unidos para luchar contra Maximiliano. Es más, con el antecedente de la guerra de Reforma en México y de la rebelión en Chiapas, los liberales guatemaltecos expropiaron las propiedades de la Iglesia y de los indígenas, para luego establecer leyes que los obligaba a trabajar de jornaleros en las fincas cafetaleras que se formaron, reduciendo la posibilidad de que se organizaran y alzaran en armas.1

Finalmente, es importante destacar que la situación de los indígenas chiapanecos no ha mejorado , pues a pesar de haber sido apaciguados en 1870, pelearon a las órdenes de Emiliano Zapata en la revolución mexicana en 1911 y se alzaron en 1994 con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821–1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. González Roblero, Vladimir (s.f.) La prensa y el mito de la guerra de castas en Chiapas. El caso de La Brújula. México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. pp. 2-5.
  4. Moscoso Pastrana, Prudencio (1992). Rebeliones Indígenas en los Altos de Chiapas. México: Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México . ISBN 968-36-2399-9.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 467-468.

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