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23 de noviembre de 1840: Carrera lanza una proclama al pueblo

El general de brigada Rafael Carrera, jefe de las Fuerzas Armadas, lanza una proclama dejando en claro que defenderá los intereses de clero a capa y espada y que no tolerará que se cobre el diezmo sin que haya retornado del exilio el arzobispo Ramón Casaus y Torres.

Las ruinas de la Catedral Primada de Santiago en Antigua Guatemala en 1840, aproximadamente.
Las ruinas de la Catedral Primada de Santiago en Antigua Guatemala en 1840, aproximadamente. Nótese que todavía conservaba sus torres, antes del terremoto de septiembre de 1874. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Situación de Carrera en 1840:

Véase también: Rafael Carrera, Mariano Rivera Paz

En noviembre de 1840, tras haber vencido al general Francisco Morazán en marzo, Rafael Carrera había sido nombrado general de brigada y colocado al frente del ejército guatemalteco. En ese momento, ya se hacía notar que era él quien verdaderamente mandaba en el país, a pesar de que el jefe de estado era Mariano Rivera Paz; ademas, se advierte que desconfiaba de los criollos aristócratas, encabezados por la familia Aycinena a pesar de que ellos estaban estrechamente relacionados con las autoridades del clero católico.

Si bien los historiadores oficiales que redactaron la historia guatemalteca después de la revolución de 1871 presentan a Carrera como un bárbaro sin educación ni instrucción alguna, la verdad es que aunque era analfabeto, disponía de un amanuense que se encargaba de transcribir sus proclamas y tratados. Así pues, el 23 de noviembre de 1840, envió al pueblo guatemalteco la siguiente proclama, en la que deja en claro que luchaba por defender los intereses de la Iglesia Católica y el retorno del arzobispo Ramón Casaus y Torres a pesar de la posición de los criollos aristócratas, y que el influjo de Carrera había sido determinante para eliminar las leyes laicas y restablecer aquellas que estaban basadas en la doctrina católica.

Motivaciones para defender interes del clero:

Véase también: clero secular

Los escritores que han tratado de religión, le han vertido y opinado de diversas maneras, pero la cuestión se ha fijado al fin, diciendo que ella es en las sociedades la base de sus instituciones: por ella, más que por las leyes, los hombres estrechan sus simpatías con el lazo de unión, porque en verdad, es la muralla que contiene las pasiones, el desenfreno y el ejercicio de todos los actos que se desvian de la sana moral. Este principio tiene pocos antagonistas, que no pueden resistirse sin ser convencidos: los Gobiernos para subsistir han procurado protegerla, conociendo la necesidad, que sin ella son nulos y de ningun valor; y en el mundo, casi no se ve un Gobierno sin religión, y que esta no este arregalda a su creencia. Yo nací y me eduqué grabando en mi corazón los principios de la religión santa de Jesucristo, y ellos son la base principal de mis operaciones, y por lo que he peleado contra la administración que poco hace despareció: por esto ha sido que mis primeros conatos han tendido a restablecer a los habitantes de mi amado suelo, las leyes cristianas que los funcionarios en su delirio derogaron, y he tratado de abolir todas las que se dieron en subrogación de aquellas: esto no se ha hecho por mi mano, pero sí podre decir que debido a los esfuerzos de mi influjo, se arreglaron la mayor parte de las que se ven restablecidas y que rigen con todo el esplendor que se merecen.

No me canso de decir que los pueblos conocen cuando se les hace el bien cuando el mal y menos no ignoran quienes cooperan a uno o a otro; de aquí es que no hay que extrañar que la docilidad de los pueblos se convierta en odio implacable cuando ven que hay tenacidad para atraerles la ruina. Los delirante para obrar no ven el mal que se atraen para sí y para sus semejantes, y cuando despiertan se sorprenden de lo que ha sucedido, pero creían que el daño no refluía contra el que lo motivaba: ese ha sido el tema de todos los desorganizadores.

El fallido retorno del arzobipos Casaus y Torres:

Véase también: Ramón Casaus y Torres

Sin detenerme, pues en esta materia, que es bastante abundante para apoyarla en razones, me limito a exponer lo esencial de ella, con el fin de imponer al público de mis manejos en las cosas del bien común, igualmente que los obstáculos que se cruzan de parte de algunos para entorpecerlos, al mismo tiempo recordando que los pueblos han luchado desde el año de treinta y siete hasta el treinta y nueve, porque no se les cumplía la pretensión de la vuelta del señor Arzobispo, y que yo, como caudillo de ellos desde el principio, no he cesado de solicitarlo con tal empeño desde abril de 39, cuando tome esta capital, valiendome de todos los medios que la razon y el juicio me han sugerido, obrando en esta empresa con la mayor buena fe, y persuadido de los que debían auxiliarme, obrarían de acuerdo, pues no podía dudar que en un interes general, cabría falsedad de ninguna especie, y que no se lograría con el trabajo de todos; pero no ha sido así, porque se ha obrado en sentido contrario de lo que se debía, cuya conducta me ha sorprendido bastante, aunque ya se me había anticipado por los conocedores de las personas que en esto intervenían; por eso se ve que solo se intenta concentrar la propiedad de todos los poderes en un solo círculo de personas, dirigiendo las solicitudes precisamente con el fin de colocar sujetos del mismo gremio, porque es claro que al señor Cassaus no lo podrian dirigir a su antojo, y les parecía mejor que se sustituyese la mitra de esta diócesis en el senor Provisor actual, ya por medio de cartas alarmantes y tambien con obstaculo para que no pudiese determinar su venida el legítimo pastor, haciéndole entender que la gente con quien va a tratar es la peor que se viera en el globo, porque ya no es la del año 29; con estas frases han querido honrar a la totalidad de la población que quiere religión, que está interesada en el aumento de sacerdotes, la que respeta las fundaciones eclesiásticas; y en fin, la que no quiere sistemas ni leyes que contravengan con los preceptos divinos. Es indudable que no habrá uno que niegue que esta exigencia es popular, y que por mi medio se ha estrechado muchas veces, como que en una de ella el Supremo Gobierno acordó que fuese una comisión con tal objeto a la Habana, lo que al sin se realizó que se nombrase al canónigo doctor señor José María Castilla, que fue en aquella misión. Y, ¿qué hizo sobre el particular? Prevenir mal al señor Arzobispo, infundiéndole temores que precisamente lo debían retraer de la resolución de volver, como lo justifican las cartas privadas, lo que satisface mi aserto, porque se vé que esto no era más que la preparación de dos mitras, y entre tanto, que la comunidad carezca de los auxilio que tanto necesita.

Entiendo que el senor Presidente del Estado, no habria secundado esos manejos, y que no ha sido con su consentimiento, porque sería muy monstruoso que un Gobierno obrase en dos sentidos diamentralmente opuestos, y que desoyese las justas demandas, agregando los crecidos gastos que se impidieron sin dar el lleno a la comisión.

La cuestión del cobro del diezmo obligatorio:

Las demandas de los pueblos por el cobro de diezmos, son muchas y dan la resistencia de pagarlos en que no habiendo Arzobispo, vuelve a suceder como antes, que aquellas cantidades entren a un poder extraño de su objeto, y creo que no carecen de razón para rehusarlo; porque en medio de la sencillez de los hombres a quienes se pretende engañar, se ve que ya no es el tiempo de atrás, porque quien ignore la inversión de las contribuciones, y cada uno está sobre si para impedir que se realicen los abusos del régimen antiguo. Yo respeto como el primero, las disposiciones y las leyes que hay de contribuciones que son para sostener el culto y sus ministros; pero nunca podré estar porque éstas se dirijan hasta el rancho o choza más infeliz, quitando al pobre dos mazorcas de viente que tiene, una gallina, un cerdo, etc., etc., de los pocos animales con que cuenta para su subsistencia; porque mientras las dichas contribuciones no sean dirigidas a los que pueden cómodamente darlas, sin que causen novedad a sus familias, no creo prudente se continúen haciendo como antes, porque siempre habrá resistencia contra la dureza de los colectores; por eso mismo debe ponerse un dique contra esos abusos, para que los pueblos en donde reine la pobretería, no se resistan con las exacciones, ni menos que se engrosen con estas pequeñeces, de que no dan cuenta los depositarios de estos ramos, porque estamos cansados de ver que en descargo sólo dan gastos de papel y recaudaciones, después de haber consumido infinitas familias.

Posición con respecto al clero:

Los ministros del altar y los hombres caracterizados por su rectitud, haciendo juicio de estas observaciones, apoyaran mi pensamiento, penetrandose que por esto mismo no quiero se haga ilusorio el cobro confome a mis impugnaciones, y así por mis indicaciones, pues todos saben que el clero se sostiene por mí mucha parte, porque se hacer respetar sus fueros, carácter y ritos, y siempre hallarán en mí no sólo esta disposición, sino también el sacrificio de mi vida é intereses, como lo he hecho cuando he visto hollados sus derechos y he combatido por ellos; de aquí es que cada providencia o ley que ha contrariado sus principios, no pasa a tener efecto, porque siempre la desconozco. De esta especie es el decreto recientemente publicado por esta curia, suprimiendo días festivos, y descargando la obligación que la iglesia impuso a los fieles en ellos, que según entiendo, no tuvo facultades para emitirlos; y si mucha aprisa le corría hacer ese bien público, según se dice en él, debió, para subsanarlo, reunir un concilio del país, para que expuestas las dificultades, urgencias y posiciones nuestras, se resolviese tan delicado negocio con más madurez. Entonces se vería que había o no razon para hacerlo; pero sin este requisito dar una ley tan avanzada sin prevenir los resultados funestos que debe traer, no pareció prudente, que no es extraño que por esto se va pronto una conmoción, que en ninguna manera contrariaré y antes bien los sostendré, pues contra la razón no se puede oponer fuerza, y mucha mas contra el interes general y las costumbres religiosas establecidas, en que la masa debe precisamente oponerse e imponer a los que intenten introducir las diposiciones contrarias a la creencia de la generalidad.


Bibliografia:

  1. Hernandez de Leon, Federico (1959), [1926]. El libro de las Efemerides; capitulos de la historia de la America Central. IV. Guatemala: Tipografia Sánchez y de Guise. pp: 316-319.