5 de mayo de 1856: tropas guatemaltecas parten para luchar contra Walker en Nicaragua

Tropas guatemaltecas pasando revista durante la Guerra Nacional de Nicaragua. En el recuadro: el héroe costarricense Juan Santamarina, quien se autoinmoló para incendiar un mesón en donde había filibusteros. Imágenes tomadas de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano y Wikimedia Commons.

Durante la guerra contra los filibusteros, luego de la salida de las fuerzas costarricenses debido a los estragos que estaba provocando entre ellos el cólera morbus, los gobiernos conservadores de la región enviaron a sus ejércitos para combatir al filibustero estadounidense William Walker y a sus mercenarios estadounidenses y europeos.1

El 5 de mayo de 1856, al alba, el general Mariano Paredes, expresidente de la República de Guatemala, partió del Guarda de Buena Vista en la Ciudad de Guatemala al frente de quinientos soldados, escogidos de entre los mejores del ejército guatemalteco de la época. 2

El gobierno de los Estados Unidos al principio había rechazado la invasión que perpetró Walker, pero luego cambió de opinión y el 4 de marzo de 1856 reconoció al gobierno presidido por Walker, recibiendo en Washington, D.C., al representante del gobierno filibustero, el padre Vigil.3

El capitán general Rafael Carrera, presidente de la república, publicó un manifiesto a todos los habitantes aquel 5 de mayo, en el que les decía: «A la vanguardia de las fuerzas expedicionarias. Bien conocidos son los sucesos ocurridos en Nicaragua desde que, en octubre del año pasado, unos pocos extranjeros, procedentes de California, se apoderaron en aquella república de la autoridad, aprovechándose del agotamiento que había producido la discordia y una prolongada lucha intestina.».  Y terminaba su manifiesto diciendo: Vais a defender una causa santa: la causa de nuestra religión y de nuestra raza.  A vuesto hermanos de Costa Rica ha cabido el honor de derramar la primera sangre en defensa de la patria.  Vosotros váis a acreditar que en Guatemala estamos dispuestos a sacrificar todo por ella. Tengo entera confianza en el jefe que os manda y en vuestro valor y sufrimiento  Yo os seguiré de cerca, con todos vuestros compañeros, si fuere necesario.  Entretanto os recomiendo la más estrecha unión con vuestros hermanos del Salvador, Honduras y Costa Rica, para llevar a cabo la obra común de lanzar del país a los que, sin derecho alguno, han venido a mezclarse en nuestra disensiones y a amenazarnos con la más oprobiosa servidumbre«.4

Las tropas guatemaltecas iniciaron entonces, a pie, el largo y tortuoso camino hasta Nicararagua.  El entonces coronel José Víctor Zavala, quien estaba en El Salvador en una comisión diplomática, recibió la orden del presidente Carrera de incorporarse a la columna guatemalteca en calidad de segundo jefe lo que cumplió cuando la tropas pasaron por el territorio de aquel país.5

Las tropas aliadas centroamericanas eventualmente vencieron a Walker, pero todo aquel sacrificio no serviría de nada, pues en 1912, el gobierno conservador de Nicaragua llevó nuevamente a los Estados Unidos al país. Al respecto, un líder conservador hizo la siguiente observación: «En el año 56 un gobierno liberal llevó a los filibustero sa Nicaragua; el gobierno conservador de Guatemala, presidido por Carrera, el gobierno conserador del Salvador, presidido por don Rafael Campo en inmediatamente por don Francisco Dueñas, el gobierno conservador presidido por el general Guardiola, imitaro pronto al gobierno de Costa Rica, presidido por Mora y pusieron a las órdenes de la soberanía centroamericana dinero y hombres, para combatir contra los [estadounidenses].  Pasaron los años y un gobierno conservador en Nicaragua llevó de nuevo a los gringos. ¿Qué pasó?  El gobierno liberal de Guatemala, presidido por Estrada Cabrera, el gobierno liberal del Salvador presidido por el doctor Manuel Enrique Araujo, el gobierno liberal de Honduras presidido por el general Manuel Bonilla y el amplio gobierno de Costa Rica, presidido por don Ricardo Jiménez, se cruzaron de brazos ante la tragedia que los [estadounidenses] consumaron en las tierras ensangrentadas por Walker, y no hubo siquiera una protesta por el sacrificio de Benjamín Zeledón, el gran mártir«.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 225.
  2. Ibid., p. 226.
  3. Ibid., p. 227.
  4. Ibid., pp. 227-228.
  5. Ibid., pp. 229.

4 de mayo de 1830: renovación de las autoridades del Estado de Guatemala

Con el fin de retirar al Dr. Pedro Molina de la Jefatura del Estado de Guatemala, la Asamblea Legislativa convoca a elección de nuevas autoridades.

Calle real de Jocotenango en la ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. En los recuadros: los líderes liberales Pedro Molina, José Francisco Barrundia y Mariano Gálvez. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Pensamiento Centroamericano.

A principios de 1830 ya gobernaba el Estado de Guatemala el líder liberal y médico Pedro Molina, pero los mismos liberales dentro de la Asamblea Legislativa le abrieron un expediente y tuvo que delegar el poder al vicejefe de Estado, Antonio Rivera Cabezas.  Como era frívola la acusación, cuando ésta fue tramitada por la Corte Superior de Justicia se determinó que no había motivo para proceder contra Molina.  Sin embargo, los diputados estaban empeñados en salir del jefe de Estado y cerraron sus sesiones ordinarias antes de conocer el dictamente de la Corte Superior.1

Molina apeló ante el Congreso de la República Federal de Centro América —el cual en ese entonces se reunía en la Nueva Guatemala de la Asunción— y éste le pidió un informe a la Comisión Permanente de la Asamblea, forzándola a reiniciar sus sesiones.  Los diputados del Estado, empecinados en salir de Molina, formularon nuevas acusaciones en su contra y, comprendiendo que la Corte Superior de Justicia iba a desestimar el caso, decidieron dictar un decreto mandando a que se eligieron nuevas autoridades para el Estado.2

Esa era la situación cuando se produjo el terremoto del 23 de abril de 1830, que dañó severamente a la ciudad, y que forzó a las autoridades a trasladarse al poblado de Jocotenango, que entonces era un poblado indígena que estaba alejado del centro de la Nueva Guatemala de la Asunción, y que en el siglo XXI es parte de la zona 2 del Centro Histórico de la ciudad.3

Pero ni los sismos hicieron desistir a los diputados en su afán de salir de Molina.  Y así, el 4 de mayo de ese año suscribieron el siguiente Decreto en Jocotenango:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, teniendo presente:

1°.— Lo dispuesto en los artículos 86, 87, 115 y 199 de la Constitución del Estado;

2°.— Que el artículo 138 y el 139 de la misma, establecen que en falta del primero y segundo Jefe, antes de la época constitucional los designados para subrogarles no duren en sus funciones sino el tiempo que faltaba a los subrogados para la renovación ordinaria.

3°.— Que la de los ciudadanos Juan Barrundia y Cirilio Flores por un efecto de circunstancias, debía de verificarse hasta en las próximas elecciones, y los nuevos nombrados empezar a fungir en el año de 1831.

4°.— Que en tal concetp las funciones del primero y segundo Jefe, ciudadanos Pedro Molina y Antonio Rivera, deben termina en el mismo año, ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1°.— Se procederá a las elecciones de los representantes, consejeros, primero y segundo Jefe, y magistrados de la Corte Superior de Justicia, que deben renovarse con arreglo a las disposiciones de la materia y a la adjunta tabla y en los días que señala la Constitución.

Artículo 2°.— El departamento de Guatemala y Escuintla elegirá un diputado propietario y dos suplentes. Igual número el de Sacatepéquez y Chimaltenango.  El de Totonicapán nombrará dos diputados propietarios y dos suplentes. Los departamentos de Quetzaltenango, Verapaz, Sololá y Chiquimula, sufragarán cada uno por un diputado propietario y un suplente.

Artículo 3°.— Las juntas electorales de los departamentos de Sacatepéquez, Sololá, Chiquimula y Verapaz, procederán cada una a nombrar un Consejero propietario y un suplente.

Artículo 4°.— Todas las del Estado procederán a sufragar para primero y segundo Jefe y para cuatro magistrados propietarios de la Corte Superior de Justicia y tres suplentes.

Artículo 5°.— La legislatura de 1831 procederá en la renovación del primero y segundo jefe y magistrados de la Corte Superior de Justicia con arreglo a lo dispuesto en el artículo 4°. del decreto de la Asamblea Constituyente de 25 de octubre de 1825.

Comuníquese.

Jocotenango, mayo de 1830.4

En las elecciones resultó electo José Francisco Barrundia, quien no aceptó el cargo y se hizo a un lado, dejando el camino para que el Dr. Mariano Gálvez fuera prácticamente nombrado como Jefe de Estado el 24 de agosto 1831.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 220.
  2. Ibid., p. 221. 
  3. Archivo General de Centro América. Leg. 2404. Exp. 50121. Folio No. 1, 1v y 2.
  4. Hernández de León, El libro de las Efemérides, pp. 222-223.
  5. Ibid., p. 224. 

3 de mayo de 1973: aparecen murales en los edificios de la USAC

Durante el gobierno del general Carlos Arana Osorio aparecen mordaces murales en los edificios recién construidos de la Universidad de San Carlos en el Campus Central de la zona 12 de la Ciudad de Guatemala.

Murales pintados en los edificios recién construidos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en el Campus Central de la Universidad de San Carlos en 1973. Se observa al fondo el mural de la sangre que trajo el Movimiento de Liberación Nacional al país. Imagen tomada de «Rutas del Conceptualismo en Guatemala (1954-2011)«.

En la década de 1970 se iniciaron las fricciones entre los grupos de estudiantes en la Universidad de San Carlos de Guatemala, ya que mientras unos adoptaron la visión comunista, otros pertenecían a organizaciones pro-militares. En este marco de división estudiantil los artistas Marco Antonio Flores, Arnoldo Ramírez Amaya y Edgar Palma Lau, secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), decidieron aprovechar los nuevos edificios que se estaban construyendo en el Campus Central de la Universidad para las facultades de Humanidades, Ciencias Económicas y Ciencias Jurídicas y Sociales para hacer murales panfletarios e irreverentes. Empezaron en 1972, y entre los artistas había grupos de estudiantes de la Facultad de Humanidades, de la Escuelas de Artes Plásticas, de la Facultad de Arquitectura, y un grupo de drogadictos, ya que en esa época estaba en auge la distribución de estupefacientes en el Campus Central en la zona 12 de la ciudad de Guatemala.1

Aquellos fueron los murales originales en la Universidad; he aquí algunas fotografías de cómo eran, y de cómo quedaron descuidados los que no han desaparecido con el paso del tiempo:

  • El muro profético:  este mural tiene una parodia del escudo de la Universidad de San Carlos y dice» «estudiante: sospecho que te vas a graduar de EXPLOTADOR!«2

El muro profético, al que acostumbraban a llevar a los estudiantes de primer ingreso durante el tradicional bautizo de principio de año. Imagen tomada de «Rescate de murales, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales«.

  • El verdadero lema de la Universidad:  los muralistas modificaron el lema de la Universidad, que dice «Id y enseñad a todos«, por el de: «Id y aprender de todos» y remataban lo que le iba a suceder al estudiante usando el logotipo de una reconocida marca estadounidense de refrescos.1

Mural con el «verdadero» lema de la Universidad. Una crítica a la injerencia extranjera en Guatemala y a los verdaderos propósitos de la universidad en 1973. Imagen tomada de «Rutas del conceptualismo en Guatemala (1954-2011)«.

  • El gorila: en este mural dibujaron a un gorila con uniforme militar y con un lema que decía: «los gorilas al zoológico, los hombres al poder«, en alusión directa a los gobiernos militares que estaban gobenando a Guatemala desde 1954.1

Mural descuidados tras tres décadas de abandono en el que había un gorila con uniforme militar, en alusión a los gobiernos militares que gobernaban desde 1954. Imagen tomada de «Rescate de Murales, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales«.

  • «Otto está vivo, Rogelia está viva, vos estás muerto«, en alusión a las muertes violentas de los guerrilleros comunistas Otto René Castillo y de Rogelia Cruz y a la falta de acción de los estudiantes en contra de los gobiernos militares.1

Mural que aludía a las muertes de los guerrilleros Otto René Castillo y Rogelia Cruz, y a la inacción de los estudiantes universitarios. Imagen tomada de «Rutas del conceptualismo en Guatemala (1954-2011)«.

  • El retrato de la ex-Miss Guatemala y combatiente guerrillera Rogelia Cruz, que había sido asesinada en 1968, y que tenía un mensaje claro y contundente, «Mujer: En nuestra lucha falta el fusil«. Este mensaje se refería no solamente a la muerte de Cruz, sino al debilitamiento del clandestino Partido Guatemalteco del Trabajo, que había sufrido un golpe brutal el 26 de septiembre de 1972. Ese día, mientras el Comité Central estaba conmemorando el 23er. aniversario de su fundación, fueron aprehendidos los dirigentes Bernardo Alvarado Monzón, Secretario General del Partido, y los dirigentes Hugo Barrios Klee, Mario Silva Jonama, Carlos Alvarado Jerez, Carlos René Valle y Valle, Miguel Ángel Hernández y Fantina Rodríguez. 1

Mural en los edificios de la Universidad de San Carlos, con la efigie de la ex-Miss Guatemala y combatiente guerrillera Rogelia Cruz tal y como estaba en 2006. Imagen tomada de «Rescate de murales Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales«.

Los murales generaron polémica entre los universitarios. Por un lado, entre quienes rechazaron la acción estuvo el rector Rafael Cuevas del Cid, el escritor Manuel José Arce y el secretario generla de la Asociación de Estudiantes de Humanidades, Francisco Mencos, quienes restaron importancia a los murales aduciendo que eran simplemente una muestra del resentimiento del equipo de la revista Alero, por haber perdido la Asociación de Estudiantes Universitarios. Por su parte, los de Alero enfatizaron que la importancia de los murales estaba en la carga ideológica de los dibujos, que pretendían servir como un sistema de comunicación colectiva y formación política.1

Tras un enfrentamiento con policías la polémica llegó a la prensa, que trató de restarle importancia al asunto. Por ejemplo, el 3 de mayo de 1973, el periódico «El Imparcial» publicó una nota con el titular «Pintarrajearon la USAC» minimizando completamente la importancia de los murales.1

Con el paso de los años, algunos de los murales fueron borrados, mientras que la violencia contra los dirigentes universitarios hizo que los murales que sobrevivieron quedaran descuidados y olvidados hasta que algunos de ellos fueron rescatados en 2007.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vásquez Medeles, Juan Carlos (2012). El olvido en la memoria de Rogelia Cruz.  En Tzintzun. (56) Morelia. ISSN 0188-2872.
  2. Véliz, María Victoria (2019). Rutas del conceptualismo en Guatemala (1954-2011). 79 (1). Escena: revista de las artes.  ISSN 2215-4906. pp. 75-98.

2 de mayo de 1832: los liberales decretan la tolerancia de cultos

Púlpito de la iglesia de La Merced en la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el jefe de Estado de Guatemala de 1831 a 1838, Dr. Mariano Gálvez. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Nuestro Diario.

La influencia de los religiosos en los gobiernos de Guatemala ha sido una constante desde la época colonial.  Originalmente, la Iglesia Católica tenía el dominio absoluto de la situación, hasta que se produjeron las reformas borbónicas en la segunda mitad del siglo XVIII en la que las órdenes regulares perdieron gran parte de su poder,1 e incluso expulsaron a la otrora intocable orden de la Compañía de Jesús de todos los territorios del Imperio Español en 1767.2

A pesar de haber quedado debilitados, los frailes regulares mantuvieron su influencia en el gobierno, y por ello sus vicarios y comendadores estuvieron presentes en la firma de la Independencia el 15 de septiembre de 1821, juntamente con los miembros del cabildo eclesiástico y claustro de la Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo, todos ellos líderes del clero secular.3 A partir de ese momento, los clérigos intervinieron en los asuntos políticos de la región y fueron los principales aliados de los criollos aristócratas en el partido conservador; de hecho, varios de los principales líderes eclesiásticos eran familiares de los aristócratas.4 No es casualidad, pues, que la misma acta de Independencia incluya el siguiente párrafo:

10.°— Que la religión católica, que hemos profesado en los siglos anteriores y profesaremos en los siglos sucesivos, se conserve pura é inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala, respetando a los ministros eclesiásticos seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades.3

En contraposición, los criollos hacendados crearon el partido liberal y abrazaron la causa del libre pensamiento y de la Ilustración para atacar sistemáticamente a los miembros de partido conservador, minando poco a poco sus privilegios.  Esto llevó a la Guerra Civil Centroamericana de 1826-29, que se inició cuando los conservadores, hartos de todos los decretos anticlericales y anti-aristócratas que se estaban emitiendo en el Estado de Guatemala, aconsejaron al presidente Manuel José Arce a que hiciera prisionero al jefe de Estado, Juan Barrundia.4

En aquella guerra resultaron triunfadores los liberales, dirigidos por el general Francisco Morazán, quien no solamente destituyó a los aristócratas de los gobiernos federal y estatal en Guatemala, sino que expulsó a los líderes conservadores y a los frailes regulares de toda la región centroamericana en septiembre de 1829.5  Con el camino libre, Morazán llegó a la presidencia de la República Federal y en Guatemala eligieron como jefe de Estado al líder liberal Mariano Gálvez, quien otrora fuera conservador, secretario del Gabino Gaínza e incluso secretario de la Junta Provisional Consultiva que se formó tras la independencia.6

Aunque los liberales expulsaron a los frailes regulares, perimitieron que se quedaran los curas párrocos, exceptuando al líder del cabildo eclesiástico y jefe del clero secular, el arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien tuvo que salir al exilio a Cuba.7  Y aunque los liberales toleraron la presencia de los párrocos, los siguientes atacando, quitándoles el diezmo obligatorio y haciendo la siguiente declaración terminante en el Congreso Federal de Centro América el 2 de mayo de 1832: «todos los habitantes de la República son libres para adorar a Dios según su conciencia, y el Gobierno Nacional les protege en el ejercicio de esta libertad«.8

Esto sería a la larga una de las causas por las que cayó estrepitósamente el gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838, y por las que se fracturó irremediablemente la República Federal el 18 de mayo de ese mismo año:9 los liberales empezaron a hacer muchos negocios con los británicos protestantes de Belice, cuya religión era ahora protegida por la ley federal.10

Los liberales olvidaron que en el Acta de la Independencia también había quedado plasmado el papel del clero secular:

11.°— Que se pase oficio a los dignos prelados de las comunidades religiosas para que cooperando á la paz y sosiego, que son la primera necesidad de los pueblos, cuando pasan de un gobierno a otro, dispongan que sus individuos exhorten á la fraternidad y concordia á los que estando unidos en el sentimiento general de la Independencia, deben estarlo también en todo lo demás, sofocando pasiones individuales que dividen los ánimos y que producen funestas consecuencias.3

Este párrafo quiere decir que los curas párrocos eran los encargados de indoctrinar a sus fieles.  Sólo que después de la declaración de 1832, en lugar de exhortar a la fraternidad y concordia, los curas párrocos hicieron labor de hormiga entre sus feligreses campesinos diciéndoles que los liberales eran «herejes» y enemigos de la «santa religión«.  Tras cinco años de estar inculcando estas creencias, los campesinos eran totalmente antiliberales, y no ayudó a la causa de Gálvez el que hubiera establecido un impuesto individual abusivo en contra del campesinado.11

La gota que colmó el vaso fueron los códigos de Livingston que se establecieron el 1 de enero de 1837, ya que parte de ellos eran las leyes laicas que permitían el matrimonio civil y el divorcio.  Esto reforzó la creencia de que los liberales eran heréticos y bastó con que llegara la epidemia del cólera para que los campesinos estallaran y se rebelaran contra el gobierno, cantando el «Salve Regina» en todas las batallas.  De hecho, el comandante guerrillero Rafael Carrera fue ungido por los curas párrocos como el «ungido por la Santísima Virgen María» para salir de los herejes.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 135-140.
  2. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  6. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 5.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 132-133.
  8. — (1963) [1944]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional.  pp. 132-133.
  9. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  10. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise.  pp. 17-50.
  11. Woodward, Ralph Lee Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

1 de mayo de 1838: prohiben que los sacerdotes sean empleados públicos

En uno de los últimos decretos anticlericales, la Asamblea Legislativa emite un decreto prohibiendo a los crérigos ostentar cargos públicos

Pasillo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala, que estaba cerrada cuando este decreto se emitió. En el recuadro: el doctor Pedro Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego de la Independencia de Centroamérica en 1821 se formó el partido liberal entre los criollos hacendados que querían para sí el poder que habían tenido los funcionarios españoles y sus principales aliados, los criollos aristócratas.  Por otra parte, también se formó el partido conservador, conformados por dichos aristócratas y los miembros del clero.  En esa época, los clérigos participaban abiertamente en política y lo hacían siempre que podían.1

Tras la derrota del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838 por las huestes de Mita dirigidas por Rafael Carrera,2 la Asamblea Legislativa trataba de poner orden en el estado anárquico en que se encontraba el Estado de Guatemala. Entre los miembros de aquella Asamblea estaba el padre José Quiñónez, representate del clero secular, pero la Asamblea mantenía una mayoría de criollos liberales, liderados por Pedro Molina, José Francisco Barrundia, Mariano Padilla e Ignacio Gómez.1

Quiñónez buscaba que se decretara una amnistía general con lo que pretendía que se permitiera retornar al arzobispo Ramón Casaus y Torres, a los frailes y a los aristócrats  expulsados por Morazán en 1829, a lo que se opuso tajantemente el Dr. Molina, quien puso la moción que decía: «Ningún eclesiástico puede ser en el Estado, elector ni elegido, para ningún destino político«.3

A pesar de las objeciones de varios diputados que hicieron ver que los clérigos habían sido parte importante del gobierno colonial y de los primeros años del gobierno independiente, la Asamblea dictaminó lo siguiente:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala,

Considerando: que la separación entre la Iglesia y el Gobierno y la incompatibilidad del ministerio eclesiástico con los empleos seculares se deduce de la esencia de las cosas, y es conveniente y aun necesaria, para la libertad y paz pública y para los progresos de la moral religiosa: que tal separación establecida felizmente en países libres, cultos y religiosos, donde asegura la felicidad nacional y la pureza de la fe, debe consignarse especialmente entre nosotros como necesaria en nuestras circunstancias para calmar el fanatismo y las preocupaciones, que tiende a fomentar la unión del prestigio sacerdotal al poder temporal imperando sobre las instituciones y los negocios civiles, y alarmando las conciencias y la ignorancia popular; y por último, que el precepto del evangelio y leyes canónicas y el espíritu de la Iglesia prohiben a los sacerdotes toda intervención en los asuntos públicos, como ajenos de su sagrado ministerio, se ha servido decretar y DECRETA:

    1. Los Ministros del culto, de cualquier secta religiosa, no podrán ser elegidos ni designados para ningún destino político.
    2. Se reforma en estos términos la Constitución del Estado.

Pase a la próxima Legislatura pa su sanción.

Dado en Guatemala a primero de mayo de mil ochocientos treinta y ocho.4

Fue el útimo de los decretos legislativo que atacaba los intereses del clero, pues poco después, el 25 de julio de 1838, el nuevo jefe de Estado Mariano Rivera Paz emitió un decreto anulando todos los decretos anti-aristócratas y anticlericales que habían emitido de 1829 a 1838,5 y luego los liberales perdieron el poder tras el golpe de estado de Rafael Carrera contra Carlos Salazar el 13 e abril de 1839.6


BIBLIOGRAFIA: 

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 200.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-40.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 201.
  4. Ibid., p. 203.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y ar1eglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

30 de abril 1859: el tratado de Wyke-Aycinena

Debido a las enormes deudas incurridas con bancos ingleses para poder sufragar los gastos de las guerras desde 1839 hasta 1851, y la Guerra Nacional de Nicaragua en 1856 y 1857, el gobierno del capitán general Rafael Carrera firma un tratado por el que prácticamente dobla el territorio de Belice.

Mapa del tratado Wyke-Aycinena. Por este tratado la extensión de Belice reconocida por el gobierno de Rafael Carrera se extendió del río Belice al río Sarstún. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Así como los españoles se apropiaron de las tierras de los indígenas americanos, así los ingleses robaban los barcos de transporte que salían desde América hacia España.  Esto provocó numerosas guerras y conflictos entre ambas naciones europeas, hasta que se firmó un tratado en Versalles a mediados del siglo XVIII por medio del cual se le permitió a los ingleses permanecer en las costa del norte de Centroamérica, con lo que surgió el enclave de Belice hacia finales del siglo XVIII.

Después de la Independencia de Centroamérica en 1821, fueron numerosas las potencias que intentaron apoderarse del territorio de la antigua Capitanía General de Guatemala.  Primero fue México, que consiguió anexarlo al imperio de Agustín de Iturbide el 5 de enero de 1822,1 pero cuando éste imperio colapsó en 1823, la región centroamericana volvió a quedar a merced de los intereses de las grandes potencias europeas.

De esta cuenta, los holandeses intentaron construir un canal en Nicaragua,2 los belgas intentaron establecer una colonia en Izabal sin éxito3 y fueron varios los mercenarios franceses que se unieron a los ejércitos centroamericanos buscando fortuna.4 Pero entre todos, los que lograron en realidad hacerse cargo de la situación fueron los ingleses quienes lograron influenciar en la política de la región y resquebrajar la República Federal de Centro América desde el enclave de Belice formando cinco débiles naciones que eran presa fácil de las manipulaciones del embajador Frederick Chatfield.5

Para 1859 la relación entre el gobierno del capitán general Rafael Carrera y la reina Victoria de Inglaterra era excelente, al punto que ambos intercambiaban cartas personales.  Pero también Guatemala estaba sumamente endeudada con las casas de cambio inglesas no solamente por todas las guerras que había habido entre 1829 y 1851, sino que por las armas utilizadas para combatir al filibustero estadounidense William Walker en Nicaragua entre 1856 y 1857, y las que adquirió para contrarrestar una posible nueva invasión de filibustero.6 Inglaterra había patrocinado de muy buena gana aquella campaña de los ejércitos centroamericanos en contra del estadounidense que quería convertir a Nicaragua en una colonia esclavista para su país, lo que le dejaba el camino libre para poder construir el apetecido canal interocánico en Nicaragua.7

Entonces, los gobernantes de Guatemala y de Inglaterra nombraron a sus representantes para que se llegara a un acuerdo para frenar los abusos que estaban cometiendo los ingleses al adentrarse en la selva petenera a cortar maderas preciosas y que, al mismo tiempo, resolviera la cuestión de la deuda contraída con los bancos ingleses.  Y es que a pesar del tratado de Versalles, España nunca delimitó las fronteras del enclave británico, y como éste está ubicado en una región a la que en esa época solamente se podía llegar por barco, los ingleses expandieron su área de influencia cuanto pudieron, y llegaron hasta el punto de establecer una Superintencia y una Corte de Justicia;8 es más, dado lo remoto del lugar y lo estratégico que era para la política británica para la región, el gobierno del general Carrera había establecido un consulado guatemalteco en Belice.5

Reproducimos aquí el nefasto convenio, por medio del cual Guatemala le cedió la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún a los ingleses, a cambio de una carretera que nunca se construyó:9

Por cuanto: no han sido todavía averiguados y señalados los límites entre los territorios de la República de Guatemala y el Establecimiento y posesiones de S.M. en la bahía de Honduras; la República de Guatemala y S.M. la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, deseando definir los límites referidos, con la mira de desarrollar y perpetuar las relaciones amistosas que felizmente existen entre los dos países, han resuelto celebrar una Convención con aquel objeto, y han nombrado por sus plenipotenciarios, a saber: S.E. el Presidente de la República de Guatemala, al Sr. Pedro de Aycinena, consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de la República; y S.M. la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, al Sr. Carlos Lennox Wyke, encargado de negocios de S.M.B. en la República de Guatemala, quienes, habiéndose comunicado sus plenos poderes respectivos y encontrándolos en buena y debida forma, han convenido y concluidos los artículos siguientes:

Artículo 1.°— Queda convenido entre la República de Guatemala y su Majestad Británica que los límites entre la República y el Establecimiento y posesiones británicas en la bahía de Honduras, como existían antes del 1 de enero de 1850 y en aquel día y han continuado existiendo hasta el presente fueron y son los siguientes:

Comenzando en la boca del río Sarstoon en la bahía de Honduras y remontando la madre del río hasta las Raudales de Gracias a Dios; volviendo después a la derecha y continuando por una línea recta tirada desde los Raudales del Río Belice, y desde los Raudales de Garbutt, norte derecho, hasta donde toca con la frontera mexicana.

Queda convenido y declarado entre las altas partes contratantes que todo el territorio al norte y este de línea de límites arriba señalados, pertenece a S.M.B.; y que todo el territorio al sur y oeste de la misma pertenece a la República de Guatemala.

Artículo 2.°— La República de Guatemala y Su Majestad Británica nombrarán, dentro de doce meses después del canje de las ratificaciones de la presente convención, un comisionado por cada parte, con el objeto de señalar y demarcar los límites descritos en el artículo precedente. Dichos comisionados averiguarán la latitud y longitud de los Raudales de Gracias a Dios y de Garbutt, y harán que la línea divisoria entre los Raudales de Garbutt y el territorio mexicano se abra y se demarque donde sea necesario, como una protección contra futuras transgresiones.

Artículo 3.°— Las comisiones que se mencionan en el artículo precedente se reunirán en el punto o puntos que en lo de adelante se determine, tan pronto como sea posible y conveniente después que hayan sido nombrados respectivamente; y antes de proceder a ningún trabajo, harán y firmarán una declaración solemne de que examinarán y decidirán, según su leal saber y entender, y conforme a la justicia y equidad, sin miedo, favor o afección a su propio país, todas las materias sometidas a su decisión; y tal declaración quedará asentada en el registro de sus operaciones.

En seguida los comisionados, antes de proceder a ningún otro trabajo, nombrarán una tercera persona que dedica como árbitro o amigable componedor en cualquier caso o casos en que ellos puedan diferir de opinión. Si no logran ponerse de acuerdo para la elección de dicha tercera persona, nombrará cada uno una persona; y en cualquier caso en que los comisionados puedan diferir de opinión con respecto a la decisión que deben dar, la suerte determinará cuál de las dos personas nombradas será el árbitro o amigable componedor en aquel caso particular. La persona o personas que han de ser así elegidas, antes de proceder a funcionar, harán y suscribirán una declaración solemne, semejante en su forma a la que de haber sido ya hecha y suscrita por los comisionados, cuya declaración será también agregada al registro de operaciones. En caso de muerte, ausencia o incapacidad de alguno de dichos árbitros o amigables componedores; o si se omitieren, declinaren o cesaren de funcionar, se nombrará otra persona de la misma manera para que funcione en su lugar, y hará y suscribirá una declaración igual a la mencionada.

La República de Guatemala y Su Majestad Británica se comprometerán a considerar la decisión de los comisionados conjuntamente, o del árbitro y amigable componedor, en su caso, como final y concluyente en las materias que deben someterse respectivamente a su decisión, y a llevar inmediatamente ésta a debido efecto.

Artículo 4.°— Los comisionados arriba mencionados harán a cada uno de los gobiernos respectivos una declaración o informe común firmado y sellado por ellos, acompañando por un mapa o mapas por cuatriplicado (dos caras para cada gobierno) certificando ellos ser verdaderos mapas de los límites señalados en el presente Tratado, y recorridos y examinados por ellos.

Artículo 5.°— Los comisionados y el árbitro o amigable componedor llevarán registros exactos y minutas o notas correctas de todas sus operaciones, con las fechas respectivas; y nombrarán y emplearán los agrimensores, amanuense o amanuenses, u otras personas que consideren necesarias para auxiliarlos en el arreglo de los asuntos que puedan tener que entender.

Los sueldos de los comisionados serán pagados por sus gobiernos respectivos. Los gastos contingentes de la comisión, incluyendo el sueldo del árbitro o amigable componedor y de los agrimensores y amanuenses, serán costeados por los dos gobiernos por partes iguales.

Artículo 6.°— Queda convenido, además, que las corrientes de la línea de agua divisoria descrita en el Artículo 1.° de la presente Convención, serán igualmente libres y abiertas a los buques y botes de ambas partes; y que ellas, pertenecerán a aquella parte hacia cuya banda de la corriente estén situadas.

Artículo 7.°— Con el objeto de llevar a efecto prácticamente las miras manifestadas en el preámbulo de la presente Convención para mejorar y perpetuar las amistosas relaciones que al presente existen felizmente entre las dos Altas Partes contratantes, convienen en poner conjuntamente todo su empeño, tomando medidas adecuadas para establecer la comunicación, más fácil (sea por medio de una carretera, o empleando los ríos o ambas cosas a la vez, según la opinión de los ingenieros que deben examinar el terreno) entre el lugar más conveniente de la costa del Atlántico cerca del Establecimiento de Belice y la Capital de Guatemala, con lo cual no podrán menos que aumentarse considerablemente el comercio de Inglaterra por una parte, y la prosperidad material de la República por otra; al mismo tiempo que quedando ahora claramente definidos los límites de los dos países, todo ulterior avance de cualquiera de las dos partes en el territorio de la otra, será eficazmente impedido y evitado para lo futuro.

Artículo 8.° — La presente convención será ratificada y las ratificaciones canjeadas en Guatemala o en Londres, tan pronto como fuere posible y en el espacio de seis meses.

En fe de lo cual, los respectivos plenipotenciarios la han firmado y sellado en Guatemala, a treinta de abril del año de mil ochocientos cincuenta y nueve.

        • P. de Aycinena
        • Charles Lennox Wyke9

Al principio, Carrera no estuvo de acuerdo en firmar el tratado, pero finalmente se convenció cuando Wyke le hizo ver que Inglaterra iba a ayudar a Guatemala a construir la carretera mencionada en el artículo 7. Por otra parte, Wyke le hizo saber al gobierno británico que la carretera no solamente era importante para convencer a Carrera, sino que iba a ser útil para recuperar un poco del comercio que Inglaterra ya estaba perdiendo debido al auge del comercio marítimo de los Estados Unidos.10

El gobierno estadounidense, por su parte, se quejó de que el tratado Wyke-Aycinena era una violación al tratado Clayton-Buwler firmado entre ingleses y norteamericanos con relación a la construcción del canal en Nicaragua, pero el Departamento de Estado finalmente cesó la queja porque Inglaterra le explicó que  estaba resolviendo sus asuntos pendientes en la región.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.
  2. Marure, AlejandroEfemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América de 1821 a 1842. Tipografía Nacional, Guatemala 1895.
  3. Compagnie Belge de Colonisation (1844). «Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union»Collection de renseignements publiés ou recueillis par la Compagnie (en francés) (Original held and digitised by the British Library): 31-44.
  4. Belaubre, Christophe (2007). Principales aspectos de la experiencia militar de José Pierson en Centroamérica. AFEHC.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. pp. 280-300.
  6. Walker, William (1860): The War of Nicaragua, S. H. Goetzel & Co. Mobile, Alabama
  7. Departamento de Estado de los Estados Unidos (2005). List of Ambassadors to Guatemala. United States: Department of State. (en inglés)
  8. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 194-197.
  9. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859». Guatemala: Google Docs
  10. Woodward, Rafael Carrera and the Emergency of the Republic of Guatemala, p. 310.

28 de abril de 1844: Malespín rechaza la invasión de Arce desde Guatemala

El Salvador rechaza una invasión a su territorio realizada por el ex-presidente federal Manuel José Arce y patrocinada por el comandante de las fuerzas armadas de Guatemala, general Rafael Carrera.

La plaza central de San Salvador, donde se observa la parroquia que sirvió de primera catedral. En los recuadros: el obispo Jorge Viteri y Ungo y el jefe de Estado Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los historiadores liberales, encabezados por el licenciado Lorenzo Montúfar, pintaron a la figura del capitán general Rafael Carrera como la de un ignorante analfabeto criador de cerdos a las órdenes de los intereses de los criollos aristócratas, diciendo que era «un caite» al servicio de los «serviles«.17  Como la historia oficial del Guatemala se ha basado en la obra de Montúfar, esa es la imagen con que el general Carrera es mostrado en las escuelas.8 Sin embargo, estudios más a fondo demuestran que Carrera no estaba al servicio de nadie y que era él quien imponía sus condiciones.

He aquí un ejemplo.

Cuando el general conservador Francisco Malespín llegó al poder en El Salvador, Carrera se dió cuenta de que no le convenía, ya que éste podía llegar a ser un caudillo tan fuerte como él en el vecino país.  Malespín había sido electo en enero de 1844 para gobernar El Salvador de 1844 a 1845 y para celebrar su toma de posesión, tres días después de la misma el obispo de El Salvador, Viteri y Ungo, consagró al nuevo arzobispo de Guatemala, el doctor Francisco de Paula García y Peláez en una ceremonia que se extendió por dos días de celebraciones.9

Mientras tanto en Guatemala, estaba de vuelta el general Manuel José Arce, ex-presidente de la República Federal de Centro América, a quien Carrera apreciaba mucho ya que le reconocía sus méritos militares y había sido corneta de órdenes suyo durante la Guerra Civil Centroamericana.  Pero entonces, el anciano Arce estaba obsesionado con recuperar el poder que perdió en 1827 por lo que Carrera se aprovechó de su ambición de poder.9  Además Carrera estaba asesorado por Alejandro Marure y Manuel Pineda de Mont, y sabía que los líderes aristócratas querían sacurdirse de su molesta presencia para hacerse definitivamente con el poder en Guatemala.10

Malespín estaba organizando su gobierno, convocando a una asamblea legislativa, cuando se enteró que Arce se dirigía El Salvador al mando de un ejército.  Y es que, como ya se ha dicho, a Carrera no le gustaba la presencia de Malespín a pesar de que era conservador, y decidió apoyar a Arce para derrocarlo.  Aunque Malespín y el obispo Viteri se sorprendieron con la actitud de Carrera, rápidamente se organizaron para la defensa, y el 28 de abril de 1844, cuando Arce ya estaba en Atiquizaya, en territorio salvadoreño —con suficientes armas y dinero tratando de formar un ejército—, Malespín envió la siguiente proclama:11 

En perfecta paz interior, y en las mejores condiciones con los Estados confederados, y aun con el mismo de Guatemala, se hallaba El Salvador, ocupándose de proyectar algunas mejoras y hacer otras de fácil ejecución, en todos los ramos de la administración pública, cuando el señor Manuel José Arce se presentó al pueblo de Atiquizaya, excitando a la municipalidad y vecindario al desconocimiento de las autoridades supremas del Estado, ofreciendo apoyarlo con una partida de tropa que traía armada de Guatemala, con las armas que también conducía empaquetadas y con iguales pronunciamientos que aseguró se verificarían en todo el Estado.  Al propio tiempo en Guatemala se presentó el enviado de aquel gobierno, cerca de éste, dimitiendo su comisión, porque siendo vecino del último, no quería se pensase de que él tomaba parte o aprobaba la invasión que allá se intentaba hacer en el El Salvador.12

Y es que el representante de Guatemala en El Salvador, Juan Antonio Alvarado, supo de antemano lo que intentaba Carrera, y renunció antes de quedar involucrado en un asunto tan grave.  Por su parte, Malespín envió a su ejército comandado por Pedro Escalón, quien hizo huir a los hombres de Arce y capturó un lote de armas todavía empacadas y un lote de documentos que demostraban la relación de Carrera y Arce.12

En ese entonces existía el Pacto de Chinandega, que formaba las Repúblicas Confederadas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala.  Mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, Malespín llegara a Jutiapa.13

El jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».14 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión.13

Pero cuando Malespín se enteró de que las fuerzas guatemaltecas iban a enfrentarlo, regresó a El Salvador, aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor.  Malespín no era un cobarde en lo absoluto, pero sabiendo lo que planeaba Carrera, sospechaba que podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.13

Con todo esto, el ex-presidente Arce quedó sumamente abatido y murió dos años después, cuando se le permitió regresar a El Salvador, casi en la miseria y cuando ya Malespín había caído.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. I
  2.  (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. II
  3.  (1879). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. III
  4.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. IV
  5.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. V
  6.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VI
  7.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VII
  8. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 182.
  10. Marroquín Rojas, Clemente (1971).  Francisco Morazán y Rafael Carrera.  Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  11. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 184.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera, p. 253.
  14. Ibid., p. 254.

5 de octubre de 1918: nacionalizan la Empresa Eléctrica

El gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera confisca y nacionaliza la Empresa Eléctrica, que era de propiedad alemana

5octubre1918
Una escena de la vida de la Cuidad de Guatemala en 1918. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Por medio de un Acuerdo Gubernativo, el 10 de octubre de 1894 el Ministerio de Fomento del gobierno del general José María Reina Barrios otorgó a Enrique Neutze, una concesión que le permitiría aprovechar las cascadas del Río Michatoya cerca de Palín, Escuintla para producir electricidad, venderla a domicilio y proporcionar alumbrado público enla Ciudad de Guatemala, Antigua Guatemala, Chimaltenango, Amatitlán, Palín y Escuintla. Así pues, el 7 de diciembrescuine de 1894 se constituyó la sociedad anónima Empresa Eléctrica de Guatemala. Los socios fundadores fueron: Enrique Neutze, Herman Höpfner, Federico Gerlach, Víctor Matheu, Antonio de Aguirre y Juan Francisco Aguirre. Inicialmente, se instalaron generadores para producir 1,000 HP de fuerza.

En 1916, la demanda servida era de 1,560 HP y cubría 25,300 focos de 16 bujías, además de 577 motores y aparatos. Para entonces, el mundo estaba inmerso en la Primera Guerra Mundial, la que, no obstante, fue un asunto ajeno a Guatemala hasta en un hecho sorpresivo el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera en Guatemala, tiró por la borda la declaratoria de neutralidad que había hecho en 1914 y, bajo la presión de los Estados Unidos, emitió el Decreto Gubernativo número 727, por medio del cual rompió relaciones diplomáticas con el Imperio Alemán el 27 de abril de 1917.  El gobierno le solicitó al ministro alemán Curt Lehmann que abandonara el país, y sin poner mayor resistecia obedeció a la solicitud despidiéndose con esta frase:: “¡Apunta republiqueta, ya Alemania pegará!”

Tambien se expropiaron algunos bienes a la colonia alemana, los cuales pasaron a manos estadounidense.  Por ejemplo, la Bond & Share Electrical Company, adquirió la Empresa Eléctrica de Guatemala gracias al Acuerdo Gubernativo 742, publicado en el Diario Oficial el día 5 de octubre de 1918, que dice: “Autoriza al intendente general del Gobierno para que, mediante las formalidades del caso, proceda a la confiscación, nacionalización y venta en su caso de la Empresa Eléctrica de Guatemala.”

Ahora bien, el cambio en la política exterior se debió, no sólo a las fuertes presiones de los Estados Unidos, sino también a la declaración de guerra marina irrestricta, lanzada por el Imperio Alemán.  Guatemala protestó ante este anuncio y el gobierno aprovechó para declarar la ley marcial en el país, ya que las implicaciones de la declaración de guerra irrestricta marítima afectaba directamente a todo el comercio por mar, ya que la marina alemana quedaba autorizada por el Káiser para detener, incautar e incluso atacar cualquier buque cuyas intenciones no quedaran claras a criterio del capitán alemán involucrado. La declaración constituía indirectamente, una declaración de guerra a todos los países que comerciaban con Europa, pues implicaba que la marina alemana adquiría autoridad de policía marítima.  Y esto lo había hecho el emperador alemán a pesar de que existía un marco jurídico de derecho internacional que garantizaba ciertos derechos de los países neutrales, en un intento por debilitar a las entonces ponderosas Inglaterra y Francia y romper la línea de suministros que iba de los puertos de los Estados Unidos hacia los territorios ingleses.


BIBLIOGRAFIA:


27 de abril de 1932: se establece pago de cuotas para la educación secundaria

En medio de la grave crisis provocada por la Gran Depresión, el general Jorge Ubico decreta que los estudiantes de secundaria deben empezar a pagar por sus cursos.

La novena avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. A la izquierda: el Instituto Nacional Central para Varones y la Facultad de Derecho y Notariado. Enfrente, la dirección de Telégrafos Nacionales. En el recuadro: los estudiantes del Central, cuando éste estaba militarizado. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Jorge Ubico llegó al poder en medio de los graves efectos económicos de la Gran Depresión, apoyado por el gobierno de los Estados Unidos, que consideraba que él era el personaje idóneo para velar los por los intereses norteamericanos en el país.1 En esa época, las compañías estadounidenses en guatemala eran: International Railways of Central America, Electric Light Co., United Fruit Company, W. R. Grace y Co., National Aviation Co., Rosenthal bankers, Pacific Band and Trust Co., Standard Oil Company, Union Oil, Pan American World Airways, Reltahuleu Electric Co., Amsinck Sanne and Co., y British American Tobacco Co..2

Una vez en el poder, Ubico empezó a tomar una serie de medidas de austeridad que poco a poco rindieron los frutos esperados para paliar la crisis económica que provocó el derrame cerebral de su antecesor, el general Lázaro Chacón.3 Entre las medidas que tomó Ubico, estuvo la de restringir los presupuestos de educación —el cual había sido mejorado considerablemente por Chacón—, como lo muestra el siguiente decreto, por medio del cual establece pago de cuotas para los estudiantes de institutos de educación secundaria.4

Decreto Número 1264

Jorge Ubico, presidente de la República

Considerando: que la difícil situación económica del país ha sacrificado notoriamente al Erario, de tal manera que lo permite seguir haciendo fuertes erogaciones para el sostenimiento de la enseñanza Secundaria, Normal y Especial, en la forma que hasta la fecha ha acostumbrado;

Considerando: que, por otra parte, el Estado tiene obligación de costear sólo la Instrucción Primaria, por ser base imprescindible y de suma necesidad para la preparación del pueblo y el ensanche de la cultura nacional;

Considerando: que será iniminente el cierre de los establecimientos a que se refiere el primero de estos puntos, si no se dictan todas aquellas medidas que tiendan a evitar tan lamentable determinación,

Por tanto, en uso de las facultades que confiere al Poder Ejecutivo el inciso 22 del artículo 77 de la Constitución, decreta:

Artículo 1°.— Los alumnos que hacen estudios en los establecimientos nacionales de Instrucción Secundaria, Normal y Especial, pagarán, mensualmente, cuotas de enseñanza conforme a la siguiente reglamentación:

        • a: Los externos de los Institutos y Escuelas Normales, Q.0.75 por materia, y los pensionistas Q.0.50 por la misma razón, excepto las asignaturas generales, y para los normalistas las de carácter netamente pedagógico. Los que hubieren perdido el año, de conformidad con la Ley, Q.0.75 por curso reprobado;
        • b: Los estudiantes de las Escuelas Nacionales de Comercio y el Conservatorio Nacional de Música, Q0.75 por material, e igual suma por cada curso quienes tuvieran asignaturas reprobadas.

Artículo 2°.— Quedan exceptuados del cumplimiento de esta disposición, los alumnos que disfruten de becas y los de los demás establecimientos de enseñanza especial.

Artículo 3.°— La Secretaría de Educación Pública queda encargada de reglamentar la forma en que deben recaudarse los fondos que ingresen por concepto de cuotas de enseñanza.

Artículo 4°. Este Decreto entrará en vigor desde el período escolar próximo entrante y de él se dará cuenta a la Asamblea Legislativa en las presentes sesiones ordinarias.

Dado en la Casa del Gobierno: en Guatemala, a los veintisiete días del mes de abril de mil novecientos treinta y dos.

        • Jorge Ubico
        • El secretario de Estado en el Despacho de Educación Pública, Ramón Calderón4

BIBLIOGRAFIA:

  1. Secretary of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. p. 186.
  2. Ibid., p. 192.
  3. Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) «Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República«. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  4. Méndez, Rosendo P. (1935) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1932-1933.  LI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 170-171

26 de abril de 1856: Costa Rica retira sus tropas de Nicaragua

Costa Rica retira precipitadamente sus tropas de Nicaragua, y Guatemala envía a su ejército para ayudar a combatir a los filibusteros de William Walker

Hospital de pacientes cólera morbus en Granada, durante la Guerra Nacional de Nicaragua. En el recuadro: el presidente costarricense Juan Rafael Mora. Imágenes tomadas de Revista conservadora del Pensamiento Centroamericano y de Wikimedia Commons.

Luego de que el filibustero estadounidense William Walker invadiera Nicaragua, el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, dejó el mando en manos del doctor José María Castro y se puso al frente de sus tropas invadiendo Nicaragua.  Iba a combatir a mercenarios que procedían no solamente de los Estados Unidos, sino que de Francia, Alemania y Holanda, entre otros.1

En las primeras batallas hicieron pedazos a los filibusteros, y aunque éstos contraatacaron en la ciudad de Rivas, los costarricenses lograron resistir al asesio filibustero. Sin embargo, el clima de Nicaragua en esa época era hostil y fue propicio para que se desatara una epidemia de cólera morbus, la cual diezmó a los soldados costarricenses.2 Ante esta situación, Mora no tuvo más remedio que retirarse de Nicaragua, no sin antes lanzar la siguiente proclama:3

Jefes y oficiales: derrota de los filibusteros en cuanto encuentro hemos tenido, ocupación de San José y de Rivas, posesión de la línea de tránsito, tales son los resultados de nuestra corta campaña.  A pesar de mil obstáculos y de peligros independientes del cálculo humano, hemos hecho por ahora lo bastante por el honor de nuestro nombre, para la gloria del ejército, para el interés de la república.  No hay deshonor en cejar ante un clima insalubre.  Podemos retirarnos a nuestro territorio con serenidad y erguila la cabeza dejando escarmentado y a distancia a un enemigo  exhausto, sin prestigios, sin recursos, mejor preparado para la fuga que para la resistencia.3

Así pues, el 26 de abril Mora retiró a sus tropas en Nicaragua, y el secretario general del gobierno nicaragüense hizo saber al Ministro de la Guerra: «al comunicar al Ministerio esta urgente medida, dictada por los progresos alarmantes del cólera y la necesidad de atender a la salud de nuestras valientes tropas, no puedo prescindir  de deplorar el que una calamidad, superior a las fuerzas humanas, detenga el triunfo de nuestros triunfos y la ruina del filbusterismo…«3

La actitud digna del presidente Mora llegó al punto de separar a sus hombres en diferentes grupos que se internaron en la selva para evitar el paso por ciudades y poblados, aunque esto significara dejar numerosos soldados muertos.3

Ante la salida del fuerte ejército costarricense, los Estados Unidos siguieron proveyendo de armas y municiones a los filibusteros de Walker que se perfilaban como nuevos conquistadores de Nicaragua.  Pero entonces, en mayo de 1856 el gobierno del capitán general Rafael Carrera envió sus tropas comandadas por el general y expresidente Mariano Paredes y el coronel José Víctor Zavala.4 En Nicaragua, por su parte, Walker se declaró dictador del país el 19 de junio, iniciando así la segunda parte de la Guerra Nacional.

Eventualmente, las fuerzas comandadas por Zavala resultaron triunfantes sobre los filibusteros, aunque con muchas pérdidas, incluyendo la de Paredes, quien murió víctima del cólera morbus.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 171.
  2. Ibid., p. 172.
  3. Ibid., p. 173.
  4. Ibid., p. 174.