30 de mayo de 1838: el gobierno de la República Federal de Centro América autoriza a los estados que la componen a constituirse como mejor les parezca

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La Nueva Guatemala de la Asunción, vista desde el Cerrito del Carmen.  La Iglesia que se observa al centro es La Merced, y la que se ve a la derecha es la Catedral, todavía sin torres de campanarios.  Grabado de 1876, tomado de Wikimedia Commons.

A principios de 1838 el gobierno federal del general liberal Francisco Morazán estaba combatiendo a los alzados guatemaltecos en Mita y Mataquescuintla, liderados por el general campesino Rafael Carrera, y la situación de la región se le empezó a ir de las manos al presidente federal.  El Dr. Mariano Gálvez había sido derrocado y los criollos liberales guatemaltecos se habían refugiado en el recién fundado Estado de Los Altos, el cual formaron con todos los departamentos del occidente guatemalteco, con el beneplácito de Morazán y el Congreso Federal.

Pero en abril de ese año Nicaragua se declaró como Estado libre, soberano e independiente, lo cual debilitó considerablemente la Federación.  Patra contrarrestar esto, el congreso federal autorizó a todos sus estados miembros que se constituyeran como mejor les conviniese, siempre y cuando conservaran el gobierno republicano representativo.  Todos los estados estuvieron de acuerdo, pero esto ya no le serviría de mucho ni a Morazán ni a los criollos liberales, porque en Guatemala se había consolidado ya una fuerza que no podrían contrarrestar:  el catolicismo conservador del general Rafael Carrera, quien contaba entre sus aliados a los miembros del entonces muy debilitado partido de los criollos conservadores, a los curas párrocos y a los indígenas y campesinos.

Al cabo de dos años, la Federación era solamente un recuerdo, y era Carrera el que imponía su voluntad en Guatemala, tras reincorporar al Estado de Los Altos a la misma, expulsar a los criollos liberales a El Salvador y derrotar de forma aplastante a Morazán, quien no solamente perdió la presidencia federal, sino que toda su carrera política, teniendo que huir a Perú.  De allí quiso regresar a Centroamérica, instalándose en Costa Rica, en donde fue fusilado tras intentar hacerse del poder por la fuerza.

BIBLIOGRAFIA:

 

28 de mayo de 1872: el encargado de la presidencia, teniente general J. Rufino Barrios, expropia una hacienda que tenían los dominicos en el municipio de Palencia

 

Iglesia de Santo Domingo en la Nueva Guatemala de la Asunción en 1875.  El convento aledaño también fue expropiado a los dominicos por Barrios y convertido de la Dirección de Rentas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

La relación entre Miguel García Granados y J. Rufino Barrios ha sido romantizada en los libros de los historiadores liberales que han sido la base de los libros de historia que se utilizan en la actualidad.  En dichos libros se dice que ambos eran colaboradores y que el traspaso de poder de uno al otro fue totalmente planificado y sin problemas.  Pero no hay nada más lejos de la realidad.

Miguel García Granados era originario de España y tenía muchos lazos de parentesco con los miembros de la familia Aycinena, recién derrocada por la Reforma Liberal de 1871. Por su parte, J. Rufino Barrios era oriundo de San Marcos, es decir, del Estado de Los Altos (que incluía desde Soconusco hasta Suchitepéquez y Sololá) y por ende, era un liberal de la nueva guardia que aborrecía a los conservadores.  Una vez que éstos fueron derrocados, García Granados empezó una política de acercamiento para iniciar cambios graduales, a los que se oponían Barrios y sus adláteres rotundamente.

Es por esa razón que cada vez que García Granados se retiraba de la capital para atender asuntos militares contra rebeliones o invasiones, Barrios se quedaba como encargado de la presidencia y tomaba medidas drásticas en ausencia del presidente provisorio.  Tras dos años de esta situación, los liberales decidieron cambiar definitivamente a García Granados y colocar en su lugar a Barrios y así realiar todos los cambios que querían.

Uno de los cambios que hizo Barrios mientras estaba encargado de la presidencia fue la expropiación de una de las haciendas que tenían los monjes dominicos en Palencia, el 28 de mayo de 1872.  La Guatemala de Rafael Carrera había sido el único estado centroamericano que permitió a las órdenes regulares nuevamente en su territorio, y el único que les permitió tener posesiones materiales.  De esta cuenta, para 1871, las  órdenes que habían regresado al país eran poseedores no solo de grandes monasterios sino que también lo eran de grandes extensiones de tierra.  Una de las más grandes órdenes eran los dominicos, y a ellos les expropiaron esta hacienda, que ya había pertenecido al general Rafael Carrera, pero que les vendió en 1849 cuando tuvo que salir temporalmente exiliado hacia México.

La expropiación de las grandes haciendas de las órdenes regulares apenas empezaba y una vez que Barrios se hizo del poder en 1873, fueron completadas.

BIBLIOGRAFIA:

25 de mayo de 1935: se realiza un plesbicito para determinar si se extiende o no el período constitucional del presidente general Jorge Ubico

 

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Volante a favor de la extension del mandato presidencial.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Constitución de 1879 que el general J. Rufino Barrios mandó a hacer para poder extender legalmente su mandato presidencial, que ya tenia desde 1873, fue la base de los gobiernos liberales que le siguieron.  Con algunas modificaciones fue utilizada por Manuel Lisandro Barillas y por José María Reina Barrios.  Pero fueron el licenciado Manuel Estrada Cabrera y su émulo, el general Jorge Ubico, quienes hicieron caso omiso a la prohibición de reelección.  Estrada Cabrera se reeligió cuatro veces por decreto legislativo e incluso partició en las elecciones presidenciales tras quedar como presidente interino luego del asesinato del general José María Reina Barrios a pesar de que se lo prohibía la mencionada Constitución.

El general Ubico, con el antecedente del licenciado Estrada Cabrera, de quien fue Ministro y Jefe Político de Retalhuleu y Verapaz modificó la metodología para extender su gobierno.  Hizo un referendum al que convocó a todos los ciudadanos para determinar si era conveniente que él siguiera en la presidencia.

Para justificar ese referendum el gobierno digo que había un complot de civiles que planeaban asesinar al general presidente, y que incluso había colaboradores militares que habían perdido los mensajes o comandos administrativos bajo su gobierno. Sin embargo, de acuerdo a la versión oficial, los complotistas fueron traicionados desde dentro, y muchos fueron ejecutados como resultado. Seis meses después, la Asamblea Legislativa habría recibido miles du peticiones espontáneas e idénticas de 246 municipios, en la que todos hacían in llamado para que la Constitución de 1879 fuera modificada y que Ubicio pudiera extender su mandato. Ubico luego llamó a un plesbicito sobre el tema, el cual fue aprobado por unanimidad.

El escritor Efraín de los Ríos en su obra “Ombres contra Hombres” da otra versión sobre el supuesto complot.  De acuerdo a de los Ríos, cuando Ubico decidió a convocar a un plebiscito para que Guatemala decidiera si podría seguir otros seis años en el poder, el licenciado Efraín Aguilar Fuentes (director del Primer Registro de la Propiedad Inmueble) se negó a ser parte de los seguidores del presidente, y cuando éste lo citó a su despacho para recriminarle su actitud, Fuentes le dijo que estaba enterado de que el entonces director de la policía nacional, Roderico Anzueto Valencia, se había apropiado ilícitamente de veintiocho propiedades y que por esa razón ya no apoyaría al gobierno. Ahora bien, de acuerdo a De los Ríos, lo que Aguilar Fuentes no sabía en ese momento, era que Anzueto Valencia solamente era testaferro del general Ubico en unas de esas propiedades.​

En las semanas siguientes, Anzueto Valencia elaboró una lista de personas involucradas en un complot para asesinar al presidente, y entre ellas estaba el licenciado Aguilar Fuentes. Todos los conjurados fueron apresados y torturados, y sus confesiones arrancadas en las torturas fueron publicadas en el periódico “El Liberal Progresista”, período oficialista. De los Ríos escribió estas fuertes acusaciones en el libro “El Jardín de las Paradojas”, el cual fue confiscado cuando De los Ríos fue apresado y enviado a la Penitenciaría Central, en donde pasó la mayor parte del resto del gobierno del general Ubico Castañeda.  Estas acusaciones vieron la luz hasta que “Ombres contra Hombres” fue publicada en 1945, ya durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo.

Para promocionar el referendum, el gobierno de Ubico public panfletos en donde aparecía sentado con la República parada detrás suyo, en la misma forma en que los militares de la época se retrataban con sus progenitoras.  Los enemigos del régimen le hicieron entonces este poema, lógicamente de autor anónimo:

Si una pública mujer
por p… es conocida,
una república vendría a ser
una mujer más corrompida.
Siguiendo el decir
de esta lógica absoluta,
tenemos que convenir
que todo aquel que se reputa
ser de la República hijo
viene a resultar de fijo,
un hijo de la gran p…”

BIBLIOGRAFIA:

  • Batres Villagrán, Ariel (2009). «Ombres contra Hombres de Efraín de los Ríos». El diario del gallo.
  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México, D.F.: Fondo para la cultura de la Universidad de México.
  • Gaitán, Héctor (1989). La calle donde tu vives. Volumen 2 (2.a edición). Guatemala: Artemis y Edinter.
  • Grieb, Kenneth J (1996) “El gobierno de Jorge Ubico” Historia general de Guatemala 1993-1999. Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Volume 5, p54
  • Schlewitz, Andrew James (1999) The rise of a military state in Guatemala, 1931-1966 New York: New School University. Unpublished dissertation, p319
  • Yashar, Deborah J (1997) Demanding democracy: reform and reaction in Costa Rica and Guatemala, 1870s-1950s Stanford: Stanford University Press,p42

23 de mayo de 1854: declaran presidente vitalicio de Guatemala al capitán general Rafael Carrera

 

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Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 23 de mayo de 1854, los representantes de todas las municipalidades del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios.  Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder:  el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez.  Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera.  Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852.  Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces.  México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él habría simplemente el brazo armado de los Aycinena, esto no pudo ser más lejano a la realidad.  De hecho, fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país y evitar que los indígenas los lincharan.

He aquí como describe este episodio el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:

“Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear.  No había garantía ni para la persona, ni para los bienes.  La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto.  Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo.  No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos.  Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades.  Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.

A Carreral le llamaban “Caudillo, Salvador de la Patria, Protector de la Religión, Hijo Predilecto, Enviado de la Providencia; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -Hallo, Mr. Chattfield; how do you do?

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso.  El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes.  Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera.”

Y Carrera gobernó hasta su muerte, acaecida el 14 de abril de 1865.

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre Cuadros de Costumbres” y la de Ramón Salazar “El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud”  las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y la de los liberales, respectivamente.

BIBLIOGRAFIA:

22 de mayo de 1872: el presidente interino J. Rufino Barrios funda la Escuela Politécnica mientras el presidente provisiorio Miguel García Granados estaba al frente de tropas en la guerra contra Honduras

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Ejercicio militares en el antiguo Convento de la Recolección. Imagen tomada de “Revista Militar“.

La educación fue una de las principales reformas que impusieron los criollos liberales cuando alcanzaron el poder en Guatemala en 1871, ya que hasta entonces había estado bajo el control de la Iglesia Católica, de acuerdo al Concordato establecido por el gobierno de Rafael Carrera en 1852.  A los liberales les interasaba eliminar todo lo relacionado con la religión de los programas educativos e instituir una educación laica; además, instituyeron un colegio militar en donde no solamente se enseñara el arte de la Guerra, sino también ingeniería y agrimensura.

Acababa de iniciar un conflicto bélico contra Honduras, y el presidente de facto provisorio Miguel García Granados se puso al frente de las tropas guatemaltecas y se fue hacia la frontera dejando entonces al teniente general J. Rufino Barrios como presidente interino.  Fue en este período que Barrios dictó el siguiente acuerdo:

“Palacio de Gobierno: Guatemala, mayo 22 de 1872.

Siendo necesario el establecimiento de un colegio militar donde se eduquen jóvenes que sirvan de base para la organización de las milicias de la Repúbica, y habiéndose pedido con tal objeto el correspondiente cuerpo de oficiales, el señor Teniente General, encargado de la presidencia del Gobierno, ha tenido a bien acordar la creación de aquel establecimiento, designado para local el edificio del Campamento y encargándose los Ministros de los respectivos ramos, de su repación y demás obras que su destino exija.  Comuníquese y publíquese. “

Barrios

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La Escuela no se fundó en el Campamento indicado en el decreto (y que se encontraba en los campos que conlindaban con lo que luego sería la Penitenciaría Central), sino que cuando regresó García Granados, éste redactó el reglamento definitivo que estableció el colegio militar en los extensos campos y anexos del extinguido convento de La Recolección, en lo que ahora es el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.

Los primeros profesores y directores de la Escuela Politécnica fueron militares españoles y la institución era para estudiantes de nivel medio y no universitario como lo es ahora.  Tras el atentado de los cadetes en 1908 en contra de Manuel Estrada Cabrera las instalaciones fueron demolidas hasta sus cimientos, los campos divididos en parcelas y las autoridades pasadas por las armas, acusadas de traición (cargo del que eran completamente inocentes).

La Escuela Politécnica fue restablecida hasta el 4 de mayo de 1920 por el licenciado José A. Betera, ministro de la Guerra del presidente Carlos Herrera, en sustitución de la Academia Militar que Estrada Cabrera creó en lugar de la original, ubicada en las instalaciones del Cuartel de Artillería situado en la Avenida de La Reforma.

BIBLIOGRAFIA:

20 de mayo de 1907: la policía cerca a los autores del atentado de La Bomba contra el presidente Manuel Estrada Cabrera; ellos optan por suicidarse

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Plano de la casa en donde se suicidaron los fugitivos tras el atentado de La Bomba.  Los símbolos P, P’, P” y P”’ representan el lugar en donde se encontraron los cadáveres.  Imagen de Enrique Invernizio, tomada de “La Locomotora“.

El 29 de abril de 1907 hicieron estallar la bomba al paso del Estrada Cabrera, quien sobrevivió milagrosamente y salió ileso.  Los hermanos Ávila Echeverría y sus cómplices habían planeado el golpe muy bien: no solamente colocaron bombas en varios puntos subterráneos de calles de la Ciudad de Guatemala, sino que tenían a un cómplice listo para disparar al presidente en caso de que este sobreviviera a la deflagración.  Pero no contaron con que Estrada Cabrera iba a resultar ileso y que su cómplice se iba a acobardar al verlo salir caminando de la nube de humo que produjo la explosion, y que iba a salir huyendo hacia El Salvador.

Inmediatamente se inició una persecución implacable. Estrada Cabrera creyó que el embajador mexicano Federico Gamboa estaba dando asilo a quienes habían intentado matarlo y envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M., a que le manifestara al embajador que tenía informes de que los perpetradores estaban en la embajada mexicana y que esperaba que los pusiera a disposición del gobierno. Gamboa replicó en fuertes términos ya que si bien anteriormente había albergado a desafectos al régimen, esto se trataba de una cuestión muy diferente.

Gamboa (quien llevaba un diario detallado de su vida que sería publicado décadas después) escribió que para el 1 de mayo la fisonomía de la ciudad y de sus moradores nacionales y extranjeros había cambiado increíblemente: el terror era evidente y los relatos que se escuchaban rayaban casi en la locura. Ese día, a la hora de la cena, recibió la solicitud de asilo de los hijos de Julio Valdés Blanco (es decir, sobrinos de Jorge y Enrique Ávila Echeverría) dos muchachas de aproximadamente veinte años y un joven de quince, que vivían a la vecindad de la embajada mexicana, y a quienes su madre los envió con él para evitar que los capturaran durante el cateo inminente que se avecinaba.​ Gamboa aceptó a las muchachas pero envió al jovencito de regreso, para que ayudara a sus familiares sin imaginarse que durante el cateo policiaco se lo llevarían prisionero y luego lo torturarían en la dirección de la policía.

Juan y Adolfo Viteri y Francisco Valladares, otros de los conjurados, escaparon por los barrancos de Corona, camino de Chinautla; Adolfo Viteri iba disfrazado de mujer y Valladares de albañil italiano. Pero cuando iban a subir al ferrocarril en Guastatoya un testigo advirtió los pantalones masculinos debajo del vestido y fueron apresados por elementos militares de Zacapa. Por su parte, Felipe y Rafael Prado Romaña intentaron huir hacia El Salvador en cortas jornadas nocturnas para evitar retenes y puestos militares en las montañas; pero extraviados, se refugiaron en un rancho cuyo dueño los denunció; fueron enviados a prisión, donde murieron años más tarde.

Pero los principales conjurados no aparecían y el presidente puso precio a sus vidas. Ellos estuvieron un tiempo escondidos en la casa de Francisca Santos, quien había sido sirvienta en la casa de los Ávila Echeverría; de allí pasaron a la casa de los Romaña; y luego a la embajada de España, vecina de la anterior, en donde la esposa del embajador Pedro de Carrera y Lembelle los recibió mientras el diplomático estaba ausente, pero de donde tuvieron que huir cuando se enteraron de lo que había ocurrido en la embajada de México pocos días antes.

El 2 de mayo, al regresar de un paseo a la Avenida Reforma, el embajador Gamboa recibió una llamada de la esposa del embajador español solicitándole que la visitara; allí la dama le explicó cómo los autores del atentado se habían escondido en la casa de los Romaña y le solicitó que los sacara de la casa, pues era muy difícil la situación en ese momento. Gamboa llegó a la embajada española y se entrevistó con los perseguidos, quienes estaban profundamente demacrados y mentalmente enajenados y juraron que saldrían de la legación española lo antes posible. También le informaron a Gamboa que habían jurados matarse en caso extremo, formando un círculo y apoyando las bocas de sus revólveres en la sien del vecino, para no caer en las manos de la policía del presidente. Por último, se despojaron de sus joyas y reliquias y se cortaron mechones de cabellos que entregaron al embajador mexicano para que los trasladara a sus familiares cuando fallecieran. Gamboa había llegado acompañado por el médico Fidel Rodríguez Parra, amigo de los perseguidos, y a quien éstos solicitaron infructuosamente cianuro de mercurio.

Los elementos del orden fueron estrechando poco a poco el cerco hacia el centro, revisando escrupulosamente cada casa, terreno o arrabal. Por su parte, los hermanos Ávila Echeverría, Rodil y Valdés Blanco se refugiaron finalmente en la casa número veintinueve del callejón del Judío, frente a la iglesia del Cerrito del Carmen, donde residía la señora Rufina Roca de Monzón con sus hijos y algunos sirvientes. Estaban escondidos en el segundo piso para que no se enterara la servidumbre, ya que planeaban escapar confundidos con trabajadores de una finca de la dueña de la casa y luego refugiarse en la finca del doctor Mateo Morales, quien les había proporcionado los papeles de cuatro de sus mozos. Sin embargo, cuando el hijo menor de la señora Roca de Monzón se enfermó, el doctor Jorge Ávila Echeverría bajó a atenderlo, y fue visto por una de las sirvientes quien luego se lo relató a su novio, un oficial del Fuerte de Matamoros.

En la madrugada del 20 de mayo, toda la plana mayor de Estrada Cabrera y los miembros de su policía secreta rodearon la manzana donde se escondían los perpetradores del atentado.​ A las tres de la mañana se escucharon los golpes a la puerta, la cual fue derribada pocos después; las tropas, comandadas por el coronel Urbano Madero se dirigieron a las escaleras en el segundo nivel pero allí los repelió el doctor Julio Valdés Blanco, quien mató al coronel Madero de un tiro y se parapetó junto con sus compañeros. Los sitiados se defendieron como pudieron de las fuerzas del batallón número tres, reforzadas más tarde por una tropa comandada por el general José Félix Flores.

De acuerdo al historiador Rafael Arévalo Martínez, al final, ya sin cartuchos, los sitiados acabaron con sus vidas, tal y como se lo habían comunicado al embajador Gamboa.​ Pero otras versiones (que quedarían evidenciadas por las fotografías tomadas por José García Sánchez y en las que se advierten discrepancias en las posiciones de las manos y brazos de los caídos) se habrían rendido, pero los habrían asesinado los miembros de la policía secreta.

El reporte detallado de la autopsia de cada uno de los fallecidos fue publicado en La Locomotora en su número del 20 de mayo de 1907.

BIBLIOGRAFIA:

 

18 de mayo de 1936: el gobierno del general Jorge Ubico establece la Orden del Quetzal

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Orden del Quetzal en el grado de “Gran Cruz”, máximo galardón que otorga la República de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 18 de mayo de 1936 el gobierno del general Jorge Ubico instituyó la Orden del Quetzal, la cual ha sido el máximo galardón que otorga la República de Guatemala desde entonces.  En 1973, el gobierno del también general Carlos Arana Osorio estableció los seis grados en que se otorga la orden:

  • Gran Collar
  • Gran Cruz
  • Gran Oficial
  • Comendador
  • Oficial
  • Caballero

En su historia ha habido polémicas condecoraciones, ya que éstas se han otorgado a personajes que son del aprecio de los gobernantes de turno.  Por un lado, el presidente Ubico la otorgó a Benito Mussolini, el dictador italiano que gobernó a ese país europeo desde 1922 y que lo llevó a la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, aliado con la Alemania Nazi; por otro lado, el gobierno socialista de Alvaro Colom la otorgó al líder cubano comunista Fidel Castro.  Y también durante los gobiernos militares que gobernaron Guatemala entre 1954 y 1985, la condecoración fue otorgada a dictadores militares latinoamericanos como Juan Domingo Perón de Argentina, Alfredo Stroessner de Paraguay y Augusto Pinochet de  Chile.

Aparte de polémicas también hubo una instancia en que se sospechó que el anhelo de obtener la condecoración fue mortal para un presidente de facto de Guatemala.  Una de las teorías del asesinato del coronel Carlos A. Castillo Armas fue que no le dió la Orden del Quetzal al dictador dominicano, el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, que gobernó a la República Dominica desde 1930 hasta su asesinato en 1961 y quien tenía prácticamente toda las condecoraciones habidas y por haber.  La teoría asume que Trujillo apoyó la invasión liberacionista a Guatemala para derrocar al coronel Jacobo Arbenz en 1954 a cambio de que Castillo Armas le concediera la Orden del Quetzal, pero que cuando el president de facto no lo hizo, ordenó su asesinato.  Esta teoría nunca ha sido demostrada ni desmentida por completo.

BIBLIOGRAFIA: