13 de mayo de 1642: toma posesión como presidente de la Real Audiencia de Guatemala el licenciado Diego de Avendaño, en sustitución del marqués de Lorenzana

13mayo1642
Ruinas del Convento de San Francisco de Antigua Guatemala en 1916.  En este convento fue sepultado Diego de Avendaño al morir en 1654.  Imagen Arnold Genthe, tomada de Wikimedia Commons.

El licenciado Diego de Avendaño, presidente de la Real Audiencia de Guatemala entre 1642 y 1650 es recordado como uno de los más probos y rectos gobernantes que tuvo la Capitanía General durante la época colonial.

Se encontraba en Granada, como oidor de la Cancillería cuando fue notificado por el Consejo Superior de Indias que, por recomendación del conde duque de Olivares, había sido nombrado como presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

Luego de un penoso viaje desde Granada, llegó a la ciudad de Santiado de los Caballeros, el 13 de mayo de 1642 y la población lo recibión con fiestas y celebraciones.  Un año después arribó su señora esposa, Ana de Rentería desde España, en donde se había queado reponiéndose de una enfermedad.

Su gobierno se vio afectado por las constantes incursiones de corsarios holandeses que se internaron hasta el lago de Izabal, y se caracterizó por la absoluta honradez con la que desempeño el cargo.

Avendaño murió en el poder en 1654, y fue enterrado a petición suya en la portería del Convento de San Francisco, siendo sustituido por el oidor decano Antonio de Lara Mongrovejo.

Cuenta la leyenda que cuando murió su esposa tres años después la enterraron junto a él, y cuando abrieron la tumba para depositar a doña Ana, encontraron con sorpresa que las manos de Avendaño se mantenían intactas, a diferencia del resto del cuerpo que ya estaba corroído.  El prior del convento, exclamó: “¡Claro! Esas manos están intactas por la pureza que tuvieran en vida: en ocho años que nos gobernara, no recibió el valor de un maravedí de cohecho o de regalo…”

Nos preguntamos a cuantos cadáveres de políticos y gobernantes guatemaltecos encontraríamos con las manos intactas si hubiera necesidad de abrir sus tumbas…


BIBLIOGRAFIA:


12 de mayo de 1840: tras aplastar a Francisco Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un tratado a El Salvador por las reparaciones de guerra

12mayo1840
Mapa de oficial El Salvador de 1859, con una extensión muy similar a la que tenía en 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de derrotar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840 en la Cuidad de Guatemala, el general Rafael Carrera se fue al Estado Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región,  en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos, y a la que ya había advertido que no le iba a  tolerar ningun alzamiento luego de haberlos derrotado el 29 de enero de ese añp. Luego, regresó a la Ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, ya que Morazán había sido el presidente salvadoreño hasta ese momento.

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó convenios para maniatar a El Salvador.  Hacía allá se dirigió en compañía del padre Joaquín Durán, ministro de Relaciones Exteriores, y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado.

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria y de su llegada, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y, sin mediar palabra, despidió a los salvadoreños hasta el día siguiente y se fue a dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza.

Los emisarios salvadoreños le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco y apenas y pudieron expresarse en su presencia, mientras que el general tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de como se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.

Fue hasta el día siguiente que fue el general guatemalteco quien mandó a llamar al presidente Cañas y a su ministro Barberena y les dijo:  “No habrá mucho que hablar: aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Solo queda que saquen en limpio lo que dice allí y firmemos.

Y así se hizo.

En resumen, el convenio firmado esa vez decía que El Salvador no ocuparía en cargo públicos a ningún funcionario y militar que hubiera cooperado con el ex-presidente Morazán en la invasión a Guatemala, y que se comprometía a entregar a Guatemala a todos los involucrados en las maquinaciones contra ella.  Además, decía que Guatemala se reservaba el derecho de decidir cuando iba a permitir el regreso de los prisioneros de guerra que había dejado Morazán en Guatemala cuando huyó después de ser derrotado.

Baste decir que Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, mientras que el gobierno salvadoreño tuvo que reprimir serias revueltas cuando el contenido del convenio se hizo público.


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11 de mayo de 1827: el jefe del Estado de Guatemala, el líder conservador Mariano de Aycinena, manda a fusilar al mercenario francés José Pierzon quien se había aliado a los liberales y alzado en armas

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Cementerio San Juan de Dios, ubicado junto al hospital del mismo nombre en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Allí fue sepultado Pierzon tras su fusilamiento en 1827.  La mayoría de las tumbas de este cementerio fueron trasladadas al entonces Nuevo Cementerio General en la década de 1880. Fotografía de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

José Pierzon era un ciudadano francés que llegó a Centroamérica en busca de aventuras y fortuna en 1825, huyendo del despotismo del reinado de Luis XVIII y su primer ministro Richelieu.  Al llegar, se puso a las órdenes del gobierno Federal de Centroamérica, entonces a cargo del presidente Manuel José Arce, quien lo nombró teniente coronel.

Arce envió al recién nombrado teniente coronel a vigilar la frontera de Soconusco y Chiapas (que ya para entonces había abandonado a Centroamérica y se había unido a México), situación que aprovechó Pierzon para buscar fortuna con los mexicanos.  Al enterarse de esto, el presidente federal envió al coronel Manuel Montúfar a sustituir a Pierzon, quien se resistió a entregar su puesto.

Pero, para variar, las constantes pugnas entre los criollos liberales y conservadores marcarían el rumbo de la historia:  las autoridades federales, apoyadas por la familia Aycinena entraron en conflicto con las autoridades del Estado guatemalteco, dirigido por liberales.  Las autoridades del estado salieron de la Nueva Guatemala de la Asunción y se fueron a San Martín Jilotepeque, a donde llegó Pierzon y se puso a las órdenes de los liberales; ya a las órdenes de sus nuevos jefes fue a Chimaltenango, a la Antigua Guatemala y a Quetzaltenango en donde enardeció los ánimos y reclutó a doscientos hombres dispuestos a derrocar a los aristócratas de la ciudad.

Las autoridades federales encarcelaron al jefe de Estado, el liberal Juan Barrundia, mientras que el vicejefe de Estado, el doctor Cirilo Flores fue linchado en Quetzaltenango por un conflicto con los  frailes franciscanos (férreos aliados de los conservadores).  Tras ese asesinato, Pierzon se enfrentó a las fuerzas federales conservadoras en Salcajá y en Malacatán, en donde su escasa preparación militar resultó en sendas derrotas.

Llegó entonces Mariano de Aycinena al poder del estado en Guatemala y emitió duros decretos que le permitían, entre otras cosas, ordenar el fusilamiento de cualquier instigador de rebelión y por ellos empezaron a perseguir a Pierzon, quien salió huyendo a Chiapas.   Pero los mexicanos lo devolvieron a Guatemala tras varias gestiones diplomáticas, y cuando Pierzon huyó de sus captores, le avisaron a las autoridades guatemaltecas del camino que seguía el prófugo.

Pierzon fue capturado y enviado engrilletado y encadenado a la Nueva Guatemala de la Asunción, a donde llegó el 10 de mayo de 1827.  Fue juzgado sumariamente y el jefe de Estado decretó su fusilamiento inmediato. Pierzon fue fusiliado el 11 de mayo, frente a los muros del hospital San Juan de Dios, luego de desfilar desde la Plaza de Armas y fumando un habano, como última gracia.  No permitió que le vendaran los ojos y él mismo ordenó fuego en su contra.

La Guerra Civil Centroamericana y la caída de los aristócratas guatemaltecos, apenas empezaba.


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10 de mayo de 1907: la revista oficial “La Locomotora” publica un detallado artículo sobre como fue el atentado de La Bomba contra el presidente licenciado Manuel Estrada Cabrera

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Efectos del artefacto explosivo en las casas vecinas.  Imagen tomada de La Locomotora.

La rivalidad entre los criollos liberales y conservadores ha estado presente en la historia de Guatemala incluso desde antes de que se firmara la Independencia de España en 1821.  Ambos grupos se han alternado en el poder y se han culpado mutuamente de los problemas nacionales.  De hecho, los libros de historia que se han escrito por autores de la talla de Alejandro Marure, Agustín Gómez Carrillo y José Milla y Vidaurre tienen todos el sesgo del partido en el poder.

No han sido pocas las ocasiones en que el encono entre ambos grupos provocó guerras que retrasaron el desarrollo del país.  Basta mencionar con la Guerra Civil Centroamericana de 1829, la guerra contra Mariano Gálvez y los herejes ingleses y liberales en 1837, y la Reforma Liberal de 1871.

En 1907, la rivalidad estaba decantada en favor de los liberales, quienes estaban gobernando desde 1871 y acusaban a sus rivales conservadores de ser “enemigos del progreso”, al punto de que los atentados que sufriera el presidente Estrada Cabrera en ese año y el siguiente no eran vistos por sus correligionarios como producto de sus desatinadas decisiones económicas y dictatoriales, sino como resultado de la envidia de los consevadores retrógrados y “cachurecos enemigos del progreso”.

El 10 de mayo de 1907, la revista oficial “La Locomotora” publicó con gran detalle, y con el apoyo de fotografías, diagramas y explicaciones técnicas cómo fue el atentado de “La Bomba” en la novena avenida y 17 calle de la ciudad, atentado del que el presidente sobrevivió milagrosamente.  Hasta entonces, la férrea dictadura del licenciado Estrada Cabrera había mantenido el control de la situación por temor, pero luego de este atentado y del de los cadetes en 1908, el gobierno de don Manuel se convirtió en una auténtica tiranía despótica.

El lector interesado podrá ver los detalles del atentado en el enlace que se encuentra en la bibliografía.


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8 de mayo de 1866: el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna eleva al rango de departamento a los distritos de San Marcos, Huehuetenango, Petén, Izabal y Amatitlán

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Lago de Amatitlán en 1892, publicado por Guatemala Ilustrada.  En el recuadro: retrato del mariscal Vicente Cerna.

La formación de los departamento de Guatemala ha obedecido principalmente a cuestiones administrativas, lo que en un principio fue de la mano de los curatos que las órdenes regulares habían establecido para impartir la doctrina cristiana a los indígenas locales.  Tras la Independencia de 1821, las autoridades criollas utilizaron los curatos para agrupar a las poblaciones y cuando éstas aumentaron en número de habitantes poco a poco fueron estableciendo nuevos departamentos.

Un año después de la muerte del general Rafael Carrera, su sucesor y antiguo compañero de armas, el mariscal Vicente Cerna, dispuso elevar a categoría de departamentos a varios de los distritos de la República.  Todos, excepto Amatitlán, habían sido distritos dependientes de otros departamentos debido a su lejanía de la capital de Guatemala:  San Marcos y Huehuetenango por ser fronterizos con México al occidente, y Petén e Izabal por lo inhóspito de su territorio.

El decreto por el cual se constituyeron en departamentos estos territorios dice textualmente:

Palacio de Gobierno
Guatemala 8 de mayo de 1866,

Habiendo tomado en consideración la solicitud hecha por la municipalidad de San Marcos, para que el distrito de este nombre fuese elevado al rango de departamento: atendiendo a que el nombre de distrito que llevan hasta el día de hoy algunas divisiones territoriales de la república, la que tuvo su origen en un sistema que ya no existe; y

Considerando así mismo, que el régimen político militar, judicial y económico es actualmente uniforme en la república.

El Presidente

En uso de las facultades que le da el decreto del 9 de septiembre de 1839, tiene a bien acordar:

Que los territorios de San Marcos, Huehuetenango, Petén, Izabal y Amatitlán, que han conservado la denominación de distritos, se les dé en lo sucesivo la de departamento, debiendo en consecuencia sus autoridades tomar las mismas denominaciones que usan las de los otros departamentos de la república, sin que ninguno de ellos conserve dependencia de otro en su régimen político y administrativo.

Comuníquese a quien corresponda y publíquese en la Gaceta Oficial.

Cerna


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7 de mayo de 1934: obligado por la Gran Depresión, el presidente Jorge Ubico deroga el Reglamento de Jornaleros instuido por J. Rufino Barrios en 1877

7mayo1934
Pago a los Jornaleros.  Obsérvese la presencia de niños trabajadores.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 7 de mayo de 1934, enfrentando una severa crisis económica derivada de la Gran Depresión que se originó en los Estados Unidos tras la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el gobierno del general Jorge Ubico derogó el “Reglamento de Jornaleros“, que había sido instituido durante el gobierno de J. Rufino Barrios y uno de los principales motores económicos de los terratenientes liberales por décadas.

El “Reglamento de Jornaleros” no era más que la legalización del trabajo forzado de los pobladores indígenas en las grandes fincas cafetaleras que recién se habían establecido por los liberales en Guatemala y que requerían de grandes cantidades de mano de obra para ser rentables. Por medio del decreto 177 del 3 de abril de 1877, el gobierno de Barrios emitió mencionado reglamento, y a partir de ese momento se permitió a los propietarios particulares de las fincas cafetaleras solicitar a los jefes políticos de los departamentos “mandamientos de jornaleros” para trabajar en sus propiedades.

Estas “propiedades” se originaron tras una reforma del sistema de propiedad de la tierra que los liberales guatemaltecos implementarion tras el triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871.  Por este método, pretendían convertir a todos sus allegados en propietarios individuales e iniciaron la venta de las tierras baldías, o tierras “realengas”, de las grandes haciendas confiscadas a las antiguamente ponderosas  órdenes regulares de la Iglesia Católica, y las tierras comunales que tenían las comunidades indígenas.  Los principals favorecidos fueron los criollos liberales, y ciudadanos alemanes que se establecieron en la región de la Verapaz.

Ya en 1829, tras la invasión del general Francisco Morazán y la expulsión de la familia Aycinena y de las órdenes regulares del territorio centroamericano, se expropiaron por primera vez propiedades rurales para ser rematadas en subasta, principalmente a los socios ingleses del general Morazán.  El principal ejemplo fue la Hacienda de San Jerónimo, ubicada en el municipio de dicho nombre en la Verapaz, y que fue expropiada a los Dominicos y entregada a un ciudadano inglés. Sin embargo, los conservadores recuperaron el poder en 1840 y devolvieron muchas de esas propiedades a las órdenes.

Debido a que el Reglamento de Jornaleros no era suficiente para sostener la economía nacional, el gobierno de Ubico lo derogó y a los tres días, en sustitución de este reglamento, en el Decreto 1996 se promulgó la “Ley contra la Vagancia” y la “Ley de Vialidad“. Por medio de esta ley se tenía por “vagos” a los jornaleros indígenas que no pudieran demostrar haber prestado servicios por montos de entre cien y ciento cincuenta jornales en las fincas de los terratenientes, por lo cual se los enviaba a romper piedra a los caminos sin paga alguna. De esta forma, ya no había necesidad de retenerlos en las fincas a la fuerza, pues a partir de entonces, con tal de evitar el trabajo en los caminos, se ofrecían voluntariamente para trabajar como jornaleros.


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2 de mayo de 1918: las Escuelas Facultativas son incorporadas en la Universidad “Estrada Cabrera” de Guatemala

2mayo1918
Retrato oficial del licenciado Manuel Estrada Cabrera en cuyo honor fue nombrada la Universidad “Estrada Cabrera” el 2 de mayo de 1918.  Imagen tomada del Libro Azul de Guatemala.

La Universidad de San Carlos de Guatemala ha tenido varias etapas durante su existencia, desde su fundación como una institución católica hasta convertirse en una universidad autónoma con tendencias de izquierda.  Inicialmente la “Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo” estuvo bajo el control del clero regular y su enseñanza era netamente eclesiástica.  Los estudios de medicina se iniciaron hasta en el siglo XVIII y hasta la Independencia de Centroamérica en 1821 fueron muy pocos los médicos que habían egresado de sus aulas.

Tras la Independencia la Universidad continuó, pero ya fue solamente la “Pontificia Universidad de San Carlos“.  Y cuando el general Francisco Morazán expulsó a los criollos conservadores de la familia Aycinena y a la mayoría de los miembros del clero regular, la Pontificia Universidad fue clausurada y sustituida por la “Academia de Ciencias y Estudios”, una entidad con orientación laica que desechó el derecho eclesiástico por completo. El rector de la nueva Academia fue el doctor Pedro Molina, el máximo líder liberal, contrapuesto a la antigua Pontificia Universidad en la que los miembros de la familia Aycinena habían sido rectores.

Pero la inestabilidad política que se vivió en Centroamérica entre 1829 y 1840 mantuvo a la Academia de Ciencias completamente abandonada. Finalmente, en 1840, los conservadores retomaron el control de Guatemala, y ya con la Federación de Centroamérica desmembrada, restituyeron la Pontificia Univesidad, pero ya solamente con jurisdicción en el Estado de Guatemala.   El rector de la Pontifica Univesidad fue el marqués y obispo Juan José de Aycinena.

Los acontecimientos politicos continuaron afectado a la Universidad guatemalteca.  En 1871, tras el triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio, la Pontificia fue definitivamente clausurada y en su lugar se instituyeron las Escuelas Facultativas de Medicina y Farmacia del Centro, la de Derecho del Centro, y la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, en Quetzaltenango.  Estas nuevas escuelas fueron parte del Ministerio de Instrucción Pública y era el presidente de la República el que designaba a los rectores, decanos y profesores.

El gobierno conservador de Rafael Carrera y luego los de los liberales desde J. Rufino Barrios hasta el general Jorge Ubico se caracterizaron por el servilismo desmedido hacia el gobernante.  Pero fue en el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera que llegaron a un nivel desmedido.  A tal punto, que hubo poblados, ríos, y barrios de la ciudad que fueron nombrados como “Estrada Cabrera” o “Joaquina” en honor a la madre del gobernante.  Le tocó el turno a la Universidad el 2 de mayo de 1918, cuando el proyecto de integrar a todas las facultades en una sola entidad pasó de llamarse “Universidad de Guatemala” a “Universidad Estrada Cabrera” y el acto ceremonial del cambio de nombre incluyó el grado de Doctor para el presidente.

El cambio no duró mucho tiempo, pues uno de los primeros actos del gobierno del señor Carlos Herrera luego de que la Asamblea Legislativa declaró mentalmente incapaz para gobernar al presidente Estrada Cabrera en abril de 1920, fue el de desmantelar la Universidad “Estrada Cabrera” y regresar al sistema de Escuelas Facultativas, pero con autonomía para que éstas eligieran a sus autoridades.  Esta autonomía no duró mucho: el general Jorge Ubico la derogó en 1931.


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1 de mayo de 1857: el Ejército Aliado Centroamericano derrota a los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker en Rivas, Nicaragua

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Retrato del entonces coronel José Víctor Zavala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los conflictos entre criollos liberales y conservadores siempre han tenido consecuencias catastróficas para los países latinoamericanos.  Véase por ejemplo en México, cuando los conservadores quisieron oponerse a los cambios impuestos por los liberales liderados por Benito Juárez y para ello implantaron una monarquía en el país, la que otorgaron al Emperador Maximiliano con el respaldo de Napoleón III, emperador de Francia.  Esto tuvo resultados desastrosos no solamente para los criollos mexicanos, sino que para todo el país y para el mismo Maximiliano, que murió fusilado tras solo un corto tiempo en el poder.

En Nicaragua la cuestión no fue muy diferente.  Enemistados como siempre, los criollos liberales y conservadores entraron en disputa por el gobierno y terminaron pidiendo ayuda al filibustero estadounidense William Walker, quien vio la oportunidad perfectar para hacerse del poder en la nación centroamericana, muy apetecida por sus grandes lagos y la facilidad que estos ofrecían para pasar del Océano Pacífico al Atlántico, en una época en que todavía no existía el Canal de Panamá.

Los países de la región dejaron por un lado sus diferencias y, con la ayuda de armamento porporcionado por los ingleses, y con sus mejores militares se enfrascaron en la “Guerra contra los Filibusteros”, o “Guerra Nacional de Nicaragua”. En ese país, Walker se había autoproclamado presidente y estaba cometiendo todo tipo de atrocidades, perpetrando frecuentes fusilamientos y  quedándose con propiedades e intereses de los ciudadanos nicaragüenses.

Entre los militares guatemaltecos, estuvo el sargento mayor José Víctor Zavala, quien a los 42 años fue enviado a Nicaragua por el presidente guatemalteco Rafael Carrera como parte del Ejército Aliado Centroamericano. Zavala condujo sus tropas por territorio nicaragüense para luego agregarse a la columna al mando del general Mariano Paredes, expresidente de Guatemala, con quien se dirigió a Cojutepeque, logrando una avasalladora victoria.

Pero Walker recibia continuo apoyo de contingentes enviados por los Estados Unidos y se volvia mas y mas prepotente.  ​Paredes fue asesinado y Zavala quedó como primer jefe de las tropas guatemaltecas en Nicaragua. Por esta razón, el 19 de diciembre el ministro de la Guerra de Guatemala ascendió a Zavala a coronel efectivo de infantería y le confirió el grado de brigadier.​  Ya al mando de los guatemaltecos, Zavala entró en discordia con el comandante general de los aliados, el salvadoreño Ramón Belloso.

El 12 de octubre de 1856, durante el sitio de Granada, Zavala demostró su valentía al atravesar la plaza de la ciudad hacia la casa donde se resguardaban los filibusteros bajo fuego intenso, logrando arrancar la bandera del enemigo.  Cuando regresó a sus trincheras se ubicó en la parte más alta y blandiendo la bandera le gritó a sus soldados: “¡Veis, las balas filibusteras no matan!” ​No obstante haber recibido un proyectil la bandera y otro la guerrera que vestía, el futuro Mariscal saldría ileso de la acción.

El 22 de marzo de 1857 se inició el sitio de la ciudad de Rivas con un estrecho cerco a la ciudad y cortando el suministro de agua a la misma.  Los aliados sufrían no solamente los efectos de las balas filibusteras, sino que tambien los del cólera morbus, pero no conseguian que la ciudad se rindiera.  El 11 de abril intentaron asaltar la ciudad, pero no lograron tomarla, aunque sí mermaron su resistencia.  Durante el tiempo que duró el sitio habían salido las mujeres, niños y ancianos poco a poco, tras una serie de penurias y hacia el final, algunos de los filibusteros trataron de desertar, porque ya no soportaban el hambre.

El 27 de abril se cañoneó la ciudad, y esto continuó hasta el 30, cuando ya sólo quedaban algunos estadounidenses totalmente derrotados.  Entonces, el capitán Davis de la corbeta “Santa María” ofreció su intervención para alcanzar un acuerdo de paz y el 1 de mayo de 1857 se acordó que se dejaría salir a los pocos norteamericanos que quedaban y se otorgaba amnistía a los nicaragüenses que hubieran tomado las armas en el nombre del filibusterismo.

El brigadier Zavala recibió bajo su autoridad la ciudad de Rivas aquel 1 de mayo y fue comisionado a llevar al derrotado Walker hasta San Juan en donde fue expulsado de Nicaragua.

Doce dias después llego a Guatemala la noticia de la rendición de Walker y el triunfo se celebró por todo lo alto.  Se echaron al viento las campanas de todas las iglesias, se enarboló la bandera nacional y hubo celebraciones religiosas con Te Deums.  Y cuando arribaron las tropas vencedoras, fueron recibidas como los héroes que eran en todos los poblados en que pasaron.


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30 de abril de 1876: J. Rufino Barrios derroca al presidente Andrés Valle y al general González en El Salvador, y coloca al doctor Rafael Zaldívar en su lugar

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Retrato del presidente Rafael Zaldívar, a quien puso J. Rufino Barrios en el poder en El Salvador el 30 de abril de 1876, y contra cuyo gobierno moriria el 2 de abril de 1885. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el siglo XIX Guatemala no era el débil estado que es ahora.  Por el contrario, sus gobernantes tenían mano de hierro y una voluntad inquebrantable que solamente la muerte pudo detener.  Tanto el conservador Rafael Carrera como el liberal J. Rufino Barrios gobernaron hasta el final de sus días e impusieron su voluntad ante quien fuera. Ambos presidentes tuvieron en común que pusieron y quitaron presidentes en Honduras y en El Salvador para tener aliados afines a sus estilos de gobierno y evitar invasiones de exiliados guatemaltecos opositores.   Y ambos se ponían al frente de sus tropas y no rehuían el combate cuerpo a cuerpo.  La diferencia fue que Carrera logró imponer su autoridad sobre el resto de las naciones centroamericanas durante su largo gobierno, mientras Barrios solamente lo logró a medias.

He aqui un ejemplo de lo que ocurrió con Barrios:

Hacia 1875, con la intervención de Guatemala, se formó en El Salvador el partido arista, que llevó a la presidencia de Honduras al licenciado Céleo Arias. Pero, a pesar de contar con el apoyo de Guatemala y El Salvador, su gobierno no pudo evitar que los hondureños se levantaron en varios puntos y empezó una época de insurrecciones que se prolongó por mucho tiempo. El Salvador y Guatemala enviaron contingentes de tropas, armas y dinero al señor Arias, pero el gobierno hondureño no podia controlar tanto descontento. Entonces, general González, presidente salvadoreño se dirigió a Arias diciéndole que renunciara, cosas que no le agrado al presidente  hondureño, quien se mantuvo en el poder a pesar de la insistencia de Gonzalez y de la presión del presidente de Guatemala, el general Barrios.

Ante la terquedad de Arias, los generales Barrios y González dieron orden a los jefes de las tropas que habían enviado originalmente para ayudar al presidente hondureño para que se aliaran a los sublevados, lo que precipitó la caida del gobernante.  Y a partir de ese momento empezaron las discordias entre los gobiernos de Honduras y Guatemala.

Las tropas aliadas apoyaron decididamente a Ponciano Leiva, quien se conritio en el nuevo presidente, pero esto no le gustó al gobierno de Barrios y se resolvió a derrocarlo.  Llamó entonces el presidente guatemalteco nada menos que a dos expresidentes hondureños (Céleo Arias y el general José María Medina) a Guatemala, y les dió facilidades para hacer la revolución en Honduras. Y cuando triunfó la revolución, se firmó el pacto de Amapala y, el doctor Marco Aurelio Soto fue colocado en la presidencia de la República.  Soto era incondicional de Barrios, habiendo servido como Ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Publica durante los primeros años de su gobierno en Guatemala y en agradecimiento le envió un elevado tributo feudal durante los años que estuvo de presidente en Honduras.

Mientras tanto, Barrios mantuvo en apariencia las mejores relaciones con el presidente del Salvador, el general González, pero esta relacion se complicó cuando el mariscal salvadoreño empezo a dar asilo a los emigrados guatemaltecos. Cuando ocurrieron las elecciones presidenciales de 1876 en El Salvador, resulto electo Andrés Valle, que no pertenecía ostensiblemente a ningún partido, y que dejó de vice-presidente al mismo mariscal González, lo que equivalía a prolongar el estado de cosas.

Barrios, tomando como pretexto los asuntos de Honduras, citó al nuevo presidente Valle a una entrevista que debía tener lugar en Chingo. A mediados de febrero del dicho año de 76, se entrevistaron los dos presidentes y firmaron un convenio acerca de la conducta que deberían observar con respecto a Honduras. Pero como dice el historiador Federico Hernandez de Leon: “el convenio duró lo que dura un suspiro”  y el general Barrios lo anuló unilateralmente a los pocos días.

Guatemala se preparó para hacer la guerra a El Salvador y Barrios dijo en su manifiesto declarando las hostilidades: ”El general González, cuando estaba en el poder, manifestó aparentemente ser amigo de mi gobierno; pero siempre traidor, acogía a mis enemigos …. La enemistad de ese jefe hacia mi gobierno fué aumentándose más y más cada día ; la paz que disfrutaba esta república y los progresos que se alcanzaban eran para él motivos de celos y de más rencor contra mí y de mayor odio a Guatemala …. Yo continué soportando todas sus felonías en la esperanza de que el cambio de gobierno que debía de operarse según la Constitución, llevase a la silla presidencial de esa república, a un hombre digno, que conservase conmigo leales relaciones de amistad. …”

Barrios personalmente levantó su gente y se dirigió a la frontera. El Salvador se vió atacado por los dos lados. El gobierno salvadoreño contaba con escasos recursos y tuvo que firmar el tratado de paz en el cuartel general de los guatemaltecos, emplazado en Chalchuapa. En esas estaban cuando se presentó el doctor Rafael Zaldívar, con un
oficio de varios vecinos, en que pedían al general Barrios que colocara en la presidencia al citado doctor; y como Barrios había tenido oportunidad de conocer a Zaldívar dos o tres días antes y le había caído en gracia, dispuso que se accediera al pedimento de los vecinos.

Así, el 30 de abril de 1876, el doctor Rafael Zaldívar era designado para sustituir
interinamente al presidente Valle. Barrios dejó bien sentado a Zaldívar en su puesto, quien a cambio le enviaba un elevado tributo feudal cada año; ambos se verían frente a frente nueve años después, tambien en Chalchuapa, pero esta vez Barrios moriría intentando reunificar Centroamérica combatiendo contra su antiguo títere.


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28 de abril de 1897: la Asamblea Legislativa extiende el período presidencial del Gral. José María Reina Barrios y nombra al Lic. Manuel Estrada Cabrera como primer designado a la presidencia

28abril1897
Museo Nacional que funcionaba en el Palacio de la Reforma.  Construido durante la gestión del general Reina Barrios y destruido por los terremotos de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La situación del país durante el gobierno del general José María Reina Barrios era muy compleja.  Tras la Revolución Liberal de 1871, los gobiernos de Miguel García Granados y de J. Rufino Barrios emprendieron una amplia reforma agraria, que resultó en la eliminación de las tierras comunales de las comunidades indígenas y el embargo de todas las grandes haciendas que tenían las órdenes regulares de la Iglesia Católica.  Todas estas extensiones de tierra pasaron a los correligionarios de los generales liberales quienes las utilizaron para sembrar café, un cultivo novedoso en esos años.  Adicionalmente, para poder cultivar café se necesita de grandes cantidades de mano de obra y, para ello, el gobierno de Barrios estableció el Reglamento de Jornaleros, por medio del cual mediante artimañas legales, se obligaba a las poblaciones indígenas a trabajar en la fincas cafetaleras y a hacer jornales de una a otra.

Como resultado de esta política económica, los grandes caficultores, el gobierno liberal y el propio general Barrios vieron un incremento considerable en sus ingresos.  Para cuando Reina Barrios asumió la presidencia en 1892, Guatemala disfrutaba de una bonanza económica sin precedentes.  Aprovechando esto, Reina Barrios emprendió numerosos proyectos faraónicos que incluyeron:

  • El Ferrocarril que comunicaba a Puerto Barrios con la Ciudad de Guatemala
  • La construcción de un nuevo Palacio Presidencial
  • La construcción de un nuevo acueducto para el suministro de agua para la Ciudad de Guatemala, para complementar el suministro que venía en el acueducto de Pinula
  • Numerosas construcciones de palacios y edificios públicos
  • Embellecimiento de la Avenida de la Reforma con estatuas traídas del extranjero
  • Remodelación de la Plaza de Armas
  • La Exposición Centroamericana, al mejor estilo de la Exposición de París.

Fue tal el auge económico que su gobierno fue el único de todos los gobiernos liberales que permitió la libertad de prensa y derogó el reglamento de jornaleros.  De hecho, se preocupó por la educación de los indígenas y estableció la Escuela Agricola de Indígenas en la ciudad de Guatemala, en donde llegaban becados los estudiantes más aventajados.

¿Qué pasó entonces?  Ocurrió que concluyó una larga revolución en Brasil, enorme país que empezó a producir café, con lo que el precio del grano se desplomó en 1897, y con él, el gobierno del general Reina Barrios.  Aprovechando la libertad de prensa que existía en ese entonces, se hicieron serias acusaciones contra el gobierno, llamándolo inepto y hasta corrupto.

La situación era desesperada, y por ello, Reina Barrios disolvió la Asamblea Legislativa y con unos cuantos representates que le favorecían consiguió que extendieran su mandato presidencial de 1898 hasta 1902, y que le confirieran atribuciones dictatoriales.  Y el 28 de abril de 1897, nombró al Lic. Manuel Estrada Cabrera (entonces Ministro de Gobernación y Justicia) como Primer Designado a la Presidencia. Al saber esto, hubo grupos de poderosos caficultores que se levantaron en armas, tanto en Occidente como en Oriente de Guatemala.

La Revolución Quetzalteca de 1897, dirigida por los paisanos del presidente, quien era originario de San Marcos, fue sumamente violenta y fue reprimida a sangre y fuego por el gobierno.  Reina Barrios estaba muy decepcionado de que sus propios paisanos se alzaran en armas y estuvo dispuesto a dar un escarmiento ejemplar.  Hizo mandar a fusilar a los supuestos líderes de la revolución, Juan Aparicio, hijo y Sinforoso Aguilar algo a lo que los quetzaltecos se opusieron y mandaron un telegrama rogando al presidente que reconsiderara.   Reina Barrios accedió y dió orden a Estrada Cabrera de que notificara la suspension de la sentencia, pero Estrada Cabrera era quetzalteco y tenía una vieja rencilla contra Aparicio, por lo que mandó el telegrama pasada la hora de la ejecución.  Por cierto, Edgar Zollinger era un ciudadano inglés que trabajaba para los Aparicio y decidió vengar este atropello en contra de su benefactor con los resultados arriba mencionados.

A Reina Barrios no le dio tiempo de cambiar el nombre del Primer Designado a la Presidencia en caso de muerte del gobernante, y por ello, al morir, fue sucedido por el licenciado Estrada Cabrera.  Y su obra física no fue duradera: el ferrocarril quedó inconcluso, la Exposición fue un fracaso rotundo y los terremotos de 1917-1918 destruyeron la mayor parte de los edificios que fueron construidos durante su gestión.  Irónicamente, cuando ocurrieron los terremotos todavía gobernaba Guatemala el licenciado Estrada Cabrera.


BIBLIOGRAFIA: