22 de enero de 1829: los liberales de Antigua se rebelan contra Aycinena

Debido a la persecusión de que eran objeto por parte del gobierno conservador de Mariano de Aycinena, los liberales en Antigua Guatemala se rebelan contras la autoridades del Estado

22enero1829
Ruinas del pórtico principal de la iglesia de la Compañía de Jesús antes de ser destruidas por los terremotos de 1917-18 y 1976. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano de Aycinena. Imágenes tomadas de Mizner Scrap Book of Central America y de Wikimedia Commons.

Tras el desastre de Milingo en 1827, el general Manuel José Arce se dió cuenta de que no podía luchar contra las pasiones políticas de los criollos centroamericanos y renunció a la presidencia de la República Federal de Centro América, dejando el poder en manos de Mariano de Beltranena.  Para entonces, los criollos liberales habían dado la espalda al proyecto político de Arce, y lo acusaban de haberse aliado a los criollos aristócratas conservadores de la ciudad de Guatemala, que servía en ese entonces como capital de la Federación.1  Por su parte, en el estado de Guatemala gobernaba desde 1827 el líder conservador Mariano de Aycinena, quien había llegado al poder tras el golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia y la captura de éste por parte de Arce en 1826, y quien había emprendido una labor enérgica en contra de los criollos liberales.2

A pesar de la persecución de Aycinena, los liberales se refugiaron en la ciudad de Antigua Guatemala, en donde el jefe político del departamento, Sebastián Morales, era un liberal que se había puesto al servicio del gobierno conservador para conseguir una puesto como éste, ya que Sacatepéquez y Chimaltenango eran la puerta de acceso a la región de Los Altos.3  Además, la antigua capital del Reino de Guatemala se prestaba para una conjura, ya que en ese época contaba apenas con diez mil habitantes, y quedaba sumida en la oscuridad y quietud tan pronto como se ponía el sol.4

Uno de los organizadores de aquella conjuta era el Dr. Mariano Gálvez, quien en esa época no era bien visto por los criollos liberales porque había apoyado sido secretario de Gabino Gaínza y firmado el decreto de anexión a México en 1822,5 pero quien gracias a su inteligencia logró imponerse entre sus correligionarios, cuyo número crecía día a día. Y así, el 22 de enero de 1829, los liberales con  el jefe político Sebastián Morales, desconocieron la autoridad de Aycinena aduciendo que solamente reconocían el gobiero del despuesto Juan Barrundia.6

Los alzados, que eran aproximadamente seiscientos, pidieron que les proporcionaran armas y le ofrecieron el mando de la fuerza al coronel francés Nicolás Raoult, quien políticamente declinó la oferta, aduciendo que era ir al sacrificio, a pesar de que era uno de los principales alborotadores.  Y antes de que lograran conseguir un nuevo jefe militar, las autoridades conservadores enviaron un contingente militar a Antigua y los liberales se dispersaron como pudieron.6

A pesar de aquella derrota inicial, los liberales resultaron vencedores sobre el gobierno de Aycinena porque cuando la noticia del fracaso de la revuelta llegó a oídos del general hondureño Francisco Morazán, este movilizó  su “ejército protector de la ley” y emprendió camino a Guatemala, sitiando la ciudad y obligando a la renuncia de las autoridades federales y estatales el 14 de abril de ese mismo año.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  3. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 129.
  4. Ibid., p. 130.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 131.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

30 de marzo de 1944: declaran a Antigua Guatemala como Monumento Nacional

Por sugerencia del arquitecto Verle L. Annis y el apoyo del embajador de Estados Unidos, Boaz W. Long, se emite un decreto legislativo declarando Antigua Guatemala como Monumental Nacional.

30marzo1944
El convento abandonado de la Escuela de Cristo en la Antigua Guatemala en la década de 1920. En ese estado se encontraba la mayoría de edificios en la ciudad antes de ser declarada Monumento Nacional. En el recuadro: el general Jorge Ubico, presidente de Guatemala de 1931 a 1944. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras siglos de abandono, la ciudad de Antigua Guatemala finalmente fue reconocida como Monumento Nacional por el gobierno del general Jorge Ubico, luego de un extenso estudio sobre la misma que fue realizado por el arquitecto Verle L. Annis, quien fue patrocinado por el entonces embajador de los Estados Unidos Boaz W. Long.  Aquel estudio fue publicado en la “Revista de Guatemala” el 1 de septiembre de 1945.1

En vista del estudio de Annis y con base a las sugerencias del embajador Long, la Asamblea Legislativa emitió el siguiente Decreto:2

Decreto Número 2772

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que la Ciudad de Antigua Guatemala contiene edificios públicos y privados, calles y plazas de inestimable valor histórico y arquitectónico;

Considerando: que dicha ciudad fue durante más de dos siglos la sede principal de las autoridades de la Capitanía General de Guatemala, y una de las ciudades más famosas y de mayor importancia del Nuevo Mundo, en los primeros años de la Colonia;

Considerando: que Guatemala, de acuerdo con las Resoluciones XIII y XIV de las conferencias interamericanas celebradas en Montevideo en 1933 y en Lima en 1938, y en cumplimiento de las estipulaciones del Tratado general interamericano sobre la protección de instituciones artísticas y científicas y monumentos históricos, suscrito en Washington por el Gobierno de Guatemala, con fecha 15 de abril de 1935.

Por tanto: con base en lo que dispone el artículo 28 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. Se declara Monumento Nacional la ciudad de la Antigua Guatemala

Artículo 2°. Todo lo relativo a su conservación, restauración y nuevas construcciones, queda bajo la protección, cuidado y vigilancia del Ejecutivo.

Artículo 3°. Se fija un plazo máximo de tres años para cambiar por tejas de barro el techo de los edificios que lo tengan de láminas de metal;  y se sustituan por aleros volados, del mismo estilo de los primitivamente construidos, los pasamanos o antepechos que no correspondan a la estructura original.

Artículo 4°. Un Comité presidido por el Intendente municipal de la ciudad de la Antigua e integrado por un arquitecto especializado en construcciones coloniales y tres vecinos de la ciudad, todos de nombramiento del Ejecutivo, tendrá a su cargo la autorización de los trabajos que las autoridades locales o los particulares se propongan llevar a cabo para conservar, restaurar o modificar los edificios, calles y plazas comprendidos dentro del perímetro urbano, así como para las nuevas construcciones.

Artículo 5°. Queda autorizado el Ejecutivo para que emita los reglamentos, dicte las disposiciones que conduzcan al mejor resultado de lo dispuesto y de facilidades a fin de que se introduzcan las modificaciones que repongan a su estilo primitivo los edificos que hayan sufrido alteración en su estructura. 

Artículo 6°. Las infracciones a lo dispuesto en este Decreto, serán penadas conforme las leyes y reglamentos que se dicten por el Ejecutivo.  

Artículo 7°. Este Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial.Nota a

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el treinta de marzo de mil novecientos cuarenta y cuatro.

        • L.F. Mendizábal, presidente
        • F. Hernández de León, secretario
        • R. Ruiz Castanet, secretario.

Palacio Nacional: Guatemala, treinta y uno de marzo de mil novecientos cuarenta y cuatro. Publíquese y cúmplase.

        • Jorge Ubico
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Educación Pública, J. Antonio Villacorta C.2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 295.
  2. Ibid., p. 294-295.

20 de enero de 1780: Audiencia da ultimatum a arzobispo Cortés y Larraz

Tras más de seis años de resistirse al traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción luego del terremoto de Santa Marta, la Audiencia de un ultimatum al arzobispo Cortés y Larraz para que renuncie a su cargo.

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Vista de la Ciudad de Antigua Guatemala en 2010. Al fondo, el Volcán de Agua. En el recuadro: retrato del arzobispo Pedro Cortés y Larraz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz fue el principal opositor al traslado de la dañada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala su nuevo solar en el Valle de la Ermita, principalmente porque comprendía que la idea era debilitar la posición del clero frente a las autoridades civiles de la Capitanía General de Guatemala.

Debido a las Reformas Borbónicas que se iniciaron en la segunda mitad del siglo XVIII, la relación entre el Estado y la Iglesia Católica en el Imperio Español se resquebrajó, y por ello la ciudad ya no fue reconstruida como había ocurrido tras los terremotos de San Miguel en 17171 y de San Casimiro en 17512.  La nueva familia real -los Borbones- tenía ideas que simpatizaban con la Ilustración y poco a poco fue alejándose del rígido dogma católico; de hecho, en 1767, el rey Carlos III proclamó la Pragmática Sanción por la cual expulsó a la otrora poderosa e intocable Compañía de Jesús de todos sus territorios, lo que puso sobre aviso al resto de órdenes religiosas.3

En esa situación se encontraba el Estado Español cuando ocurrió el terremoto de Santa Marta en 1773, lo que fue aprovechado por el Capitán General Martín de Mayorga para forzar el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y con ello restarle considerable poder económico al clero, que perdería sus posesiones.  Esto lo comprendión perfectamente el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien desde un principio se opuso rotundamente al traslado.4

Si bien la nueva ciudad se trasladó oficialmente el 2 de enero de 1776, cuando se celebró el primer cabildo en el Valle de la Ermita, el arzobispo se quedó en Santiago de los Caballeros, junto con el clero secular bajo su mando, aunque hubo un momento en que la tensión fue tal, que los miembros del Cabildo eclesiástico se vieron en un serio dilema, porque por una parte el arzobispo los amenazaba con la excomunión si no le obedecían, mientras que el Capitán General los amenzaba con enviarlos a la Inquisición si se quedaban en la ciudad.4  Por su parte, los frailes del clero regular, todavía amedrentados tras las expulsión de los jesuitas, dócilmente abandonaron sus dañados palaciegos conventos y se trasladaron a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad, en lo que se construían sus nuevas instalaciones.5

En un arranque de ira, Cortés y Larraz presentó su renuncia, aunque luego recapacitó y la retiró; pero para entonces el rey ya le había invitado a retornar a España y habían nombrado al arzobispo Cayetano de Francos y Monroy como nuevo arzobispo de Guatemala.  Al enterarse de esto último, Cortés y Larraz advirtió a los miembros del Cabildo Eclesiástico, diciéndoles que “esas bulas tienen vicios sustanciales, porque han sido libradas en virtud de una renuncia que yo ya retiré; y aún cuando se tuviera en cuenta dicha renuncia, ha sido desestimada por un real acuerdo de 15 de agosto de 1775.”6

En 1779 el Capitán General Mayorga partió para México, a donde había sido nombrado Virrey,7 y Cortés y Larraz continuaba aferrándose a su arquidiócesis. De hecho, al regreso de una visita pastoral a Santiago de los Caballeros, la población salió a recibirlo con gran entusiasmo y cariño; todas las casas estaban adonadas y hubo comisiones con bandas de música que salieron a recibirlo.6  Al ver esto, la Real Audiencia se dió cuenta de que la situación podía desembocar en una guerra civil, por lo que el 20 de enero de 1780 le enviaron a Cortés y Larraz de la Nueva Guatemala una notificación en la que le advertían sin mayores preámbulos que sería expulsado por la fuerza de Guatemala si no acataba el mandato real de retornar a España.  Y también lo conminaron a que condediera el pase a las bulas del nombramiento de Francos y Monroy.8  

Para hacer efectivo el ultimatum, la Audiencia nombró al Oidor Tomás Calderón para que fuera a Santiago de los Caballeros a entregar personalmente esta misiva con instrucciones de que regresara con la renuncia firmada por el arzobispo.  Ante esto, Cortés y Larraz, no tuvo más remedio que renunciar, y salir de Santiago de los Caballeros con rumbo a Sololá.  En Panajachel se encontró con la comitiva del nuevo arzobispo, pero no cruzó palabra con éste.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, versión digital).
  2. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 116
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 117.
  7. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 118.

 

7 de enero de 1675: Fuentes y Guzmán felicita al rey por su cumpleaños

El historiador del Cabildo de Santiago de los Caballeros de Guatemala, capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, escribe unos versos para felicitar al rey Carlos II en su décimotercer cumpleaños.

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El convento de los mercedarios en la Antigua Guatemala en 2011. En el recuadro: la firma del historiador colonial Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los primeros historiadores de Guatemala fue el capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, criollo descendiente del conquistador Bernal Díaz del Castillo, y quien en su “Recordación Florida” dejara plasmados numerosos hechos históricos mezclados con descripciones difíciles de entender debido a la forma de escribir propia de su tiempo.1 Fuentes y Guzmán era una especie de Historiador del Ayuntamiento Criollo y estaba encargado de dilucidar todos aquellos asuntos que por su antigüedad resultaban dudosos al Cabildo criollo.2 Aspiraba a obtener el título de Cronista del Reino y por ello, cuando el rey de España era Carlos II, apodado “El Hechizado” cumplió trece años de edad, le dedicó unos versos al monarca.3

He aquí cómo está estructurado aquel documento: en primer lugar, los versos tienen un título que incluye el acontecimiento, el nombre del autor y sus títulos, el nombre y títulos del capitán general y el nombre y licencia del impresor: “Fiesta Reales, en geniales días y festivas pompas celebradas, a felicísimos trece años que se le contaron a la Majestad de nuestro señor Don Carlos segundo, que Dios guarde; por la Nobilísima y siempre leal ciudad de Guatemala.  Dedícalas la obsequiosa y reverente Musa del capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, regidor perpetuo de dicha ciudad, el Ilustrísimo señor don Francisco Fernando de Escobedo, señor de las villas de Samayón y Santís en la Religión de Señor San Juan, general de Artillería del reino de Jaen, Presidente, Gobernado y Capitán general de estas provincias, etc.  Con licencia en Guatemala, por Joseph de Pineda Ibarra, impresor de libros, año de 1675.”4

A continuación, aparece la licencia que otorgó el capitán general: “en la ciudad de Santiago de Guatemala, a los ocho días del mes de enero de mil seiscientos setenta y cinco“, la cual fue autenticada por el señor Diego de Escobar.  Después le siguen el informe técnico de Lorenzo Ramírez de Guzmán, y una aprobación del maestro Juan Velásquez de Lara, capellán mayor del Convento de Religiosos de la Concepción de Guatemala, la cual dice: “Por mando del señor doctor don Antonio de Salazar, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala, Juez provisor, vicario general y gobernador del obispado, con fecha de 10 de enero de 1675“.   Esta aprobación es seguida por la autenticación realizada por el notario apostólico y público, Miguel de Cuéllar Varona.5

Ya con las aprobaciones de que lo escrito no ofendía al rey ni al dogma católico, se presentan las recomendaciones literarias.  La primera es una décima escrita por el licenciado Francisco Márquez de Zamora, relator de la Real Audiencia, y las siguientes son sonetos del capitán Felipe Arenzana, de Gaspar Ochoa de Zárate, del capitán de mar Antonio de Lima, del capitán Juan Cristóbal de Lima y Cabrera, hijo del anterior, y, por último, un soneto de Juan Antonio Guerrero, natural de San Miguel Ultramar y vecino de la ciudad de San Juan de Puerto Rico de las Indias. Y, por último, antes de escribir su poema al rey, Fuentes y Guzmán agrega una dedicatoria al capitán general Escobedo.6

Debido a todos estos protocolos que parecen absurdos para quienes viven en el siglo XXI, la obra de Fuentes y Guzmán, en especial su compendio histórico “Recordación Florida“, está llena de conocimientos y observaciones valiosas pero que se han tomado con cierta duda debido a que todo lo escribió en forma exagerada y confusa.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1883) [1690]. Zaragoza, Justo; Navarro, Luis, ed. Recordación Florida. Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala II. Madrid, España: Central.
  2. Martínez Peláez, Severo (1965) [2015] La Patria del Criollo; ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca.  Guatemala: Papeles de Sociedad. p. 26.
  3. Hernández de León, Federico (1963). El libro de las Efemérides. Captítulos de la Historia de la América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 45.
  4. Ibid., p. 46.
  5. Ibid., p. 47.
  6. Ibid,. p. 48.

17 de diciembre de 1693: agradecen al rey la restitución del capitán general

El Ayuntamiento criollo acuerda elevar un memorial al Rey para agradecer la restitución del capitán general Jacinto Barrios Leal

17diciembre1693
Castillo de San Felipe de Lara en Izabal, Guatemala. Este fue reforzado por el presidente Jacinto de Barrios Leal luego de haber sido atacado por piratas en su camino a tomar posesión como Capitán General de Guatemala. En el recuadro: la firma del capitán general Barrios Leal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons. y de “Gobernantes de Guatemala del siglo XVII“.

El capitán general Jacinto Barrios y Leal había tomado posesión el el 26 de enero de 1688, luego de haber tenido problemas con piratas en su camino hacia Guatemala.1  Ya durante su gestión tuvo que enfrentarse a la crisis que se derivó del enfrentamiento entre los criollos comerciantes y el Superintendente Real de Aduana, Enríquez de Selva en 1688,2 y a los destrozos provocados por el terremoto del 12 de febrero de 1689, el cual destruyó el Real Palacio, las Casas Consistoriales y varios templos católicos.3 Y por si esto fuera poco, en forma ilícita, comerciantes peruanos vendían varios productos al Reino de Guatemala. Toda esta situación hizo que el licenciado Fernando López de Urziño fuera nombrado juez pesquisidor el 13 de marzo de 1690 para que “secreta y extrajudicialmente” verificara si Barrios Leal estuvo involucrado en el contrabando entre Guatemala y el Perú, además de la agresión sufrida por el supertindente y el acoso al Oidor Francisco de Valenzuela.4

El licenciado Fernando López de Urzino y Orbaneja llegó el 1 de febrero de 1691 a Santiago de los Caballeros, para encargarse de la comisión de juez de residencia del presidente y capitán general de caballería Jacinto Barrios Leal.5 López de Urziño tomó el poder y envió a Barrios Leal a reclusió primero a Patulul y luego a Santa Ana. A pesar de esto, la población seguía en contacto con él, lo que obligó al juez de residencia y presidente interino a celebrar un cabildo abierto el 1 de octubre de ese año para notificar a los alcaldes, capitulares y vecinos, que tenían que cesar toda comunicación con Barrios Leal, porque éste estaba “sometido a juicio de Su Majestad“. 5 Al cabo de un tiempo, el juez pesquisidor presentó serias acusasiones contra el Presidente, las cuales fueron refutadas por éste. Y mientras esperaban la resolución, la corrupción en los asuntos de la Corona prosperó por el descuido del presidente y del pesquisidor, y por el poder que ya ostentaban los criollos locales que retaban a las autoridades peninsulares.4

Uno de los asuntos más importantes que tuvo que resolver López de Urzino fue la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, la cual se realizaba el 5 de noviembre de cada año, pero como desde 1689 existía un litigio por la compatibilidad del maestrescuela de la Catedral, doctor Lorezno Pérez Dardón para ociupar el cargo, el claustro le expuso al presidente interino la necesidad de celebrar una junta para elegir al nuevo rector. López de Urzino y Orbaneja se excusó de conocer el asunto, aduciendo que había que esperar la resolución del rey.6

Los ánimos políticos de la ciudad estaban muy caldeados con fuertes bandos contra el presidente y las autoridades peninsulares.  Por ello, el 10 de junio de 1692, para estar mejor preparado y más seguro ante el descontendo de la población, junto con la la Real Audiencia que presidía prohibió que hubiera armas de fuego en las casas particulares, y ordenó que fueran depositas en la Sala Real de Armas del Palacio.5 Aunque esto ayudó un tanto, la exaltación se mantenía, pues exactamente un año después, la Real Audiencia prohibió que los indígenas hicieran “juntas o mitotes” en sus festividades y que “usaran armas, sino que solamente usaran fuegos de cohetes, bombas y ruedas de pólvora“.7

Mientras esperaban la resolución real sobre el juicio de residencia, los miembros del ayuntamiento recibieron una carta del nuevo presidente, Gabriel Sánchez de Berrope el 21 de julio de 1693, anunciado que iba a llegar próximamente a la ciudad.  Y, finalmente, el 23 de noviembre de 1693, en real acuerdo extraordinario de justicia, el juez de residencia y presidente interino, junto con los oidores y fiscal de la Real Audiencia acordaron obedecer la Real Cédula por la cual el general Barrios Leal fue restituido en su puesto de presidente.8

El 17 de diciembre de ese año, el Ayuntamiento celebró un cabildo extraordinario para despedir al licenciado López de Urzino y Orbaneja, al terminar su comisión, y el mismo día dispusieron que despidieron al juez de residencia, acordaron elevar un memorial al rey para agradecerle que hubiera restituido al capitán general a su antiguo puesto.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 128.
  2. Ibid., p. 136.
  3. Ibid., p. 135.
  4. Ibid., p. 137.
  5. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica, p. 86.
  6. Ibid., p. 87.
  7. Ibid., p. 88.
  8. Ibid., p. 89.

16 de noviembre de 1555: establecen la Correduría de Lonja

El ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala acuerda establecer la Correduría de Lonja y pone a su cargo a Diego Ponce

16noviembre1555
Ruinas del templo de La Merced en la Antigua Guatemala en 1926. Al fondo se observa el complejo volcánico Fuego-Acatenango. En el recuadro: la porta de la Recordación Florida del capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, historiador criollo guatemalteco. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los Corredores de Lonja eran burócratas del reino español que incluían a los Corredores de Mercancías, de Seguros y Fletes, y de Cambio, entre otros.  Con la conquista de América la reglamentación del comercio en tan vasta región se hizo de vital importancia para el Imperio Español por lo que por Real Cédula de 1527, el emperador Carlos V instituyó el oficio de corredor de Lonja aplicable a la Nueva España.1

En las colonias americanas se extendió la aplicación de las Ordenanzas de Bilbao, que mantuvo un principio monopolista de la profesión de corredor, permitiendo a las partes libremente contratar, otorgándoles seguridad jurídica pues los documentos en que intervenían tenían carácter de instrumento público.1

De acuerdo a estas Ordenanzas, los Corredores de Lonja estaban reglamentados de la siguiente forma:2

  1. Los Corredores de Lonja debían ser nombrados por los Cónsules, con la obligación de prestar juramento, ratificándolo a principio de cada año.
  2. Debían ser naturales del Reino y vecinos de la villa, ser hombres de buena opinión y fama, prudentes, secretos, hábiles e inteligentes en el comercio.
  3. Proponer los negocios con discreción y modestia, sin exagerar las partes y calidades, proponiéndolo sinceramente.
  4. Al intervenir en letras debían llevarlas del Librador al Tomador, y estar presentes si lo pedían las partes en la entrega, peso y medida de las mercancías.
  5. Estaban obligados a llevar un libro foliado para los asientos diarios de las operaciones en que intervinieran.
  6. Se les prohibía hacer por si o para si mismos negocio alguno, bajo pena de ser multados la primera vez y destituidos la segunda.
  7. Se les prohibía ser aseguradores por mar ni tierra, ni tener interés en navíos.
  8. El corretaje debía ser pagado por mitad entre el vendedor y comprador.
  9. Debían prestar también juramento cada año de haber llevado bien su libro y demás registros.2

En la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el ayuntamiento acordó establecer la Correduría de Lonja el 16 de noviembre de 1555 y nombró a Diego de Ponce para hacerse cargo de la misma.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Astiazarán, Adrián Ahumada (2018) Evolución histórica de la Correduría Pública. Conociendo sus orígenes. En: Iuris Tantum (28). p. 243.
  2. Ibid., p. 242.
  3. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala. 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 8.

31 de octubre de 1755: finalizan camino entre Omoa y Santiago de Guatemala

Finalizan el camino entre el puerto de Omoa, en la costa de Honduras, y la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

31octubre1755
Un camino en Guatemala en 1840, aproximadamente. Así eran todos los caminos en el Estado en esa época. Nótese el uso de indígenas para transportar carga y viajeros cuando los caballos no pueden transitar por las veredas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La estructural vial de la Capitanía General de Guatemala era paupérrima, al punto que la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala se comunicaba con el resto del Reino por medio caminos  de herradura, que en general eran escabrosos y difíciles y que estaban eran  interrumpidos por ríos y barrancos. Aunado a esto, lo insalubre de las regiones selváticas de Izabal, Verapaz y Petén provocaba que muchos viajeros procedentes de España contrajeran paludismo y perdieran la razón en su camino hacia la capital del Reino. (Nota de HoyHistoriaGT: Debido a esto, llegar a la costa actual de Belice era sumamente difícil y esto fue aprovechado por los corsarios ingleses, que establecieron un enclave en la región a la que no podían llegar ni las autoridades de Yucatán, ni las de Guatemala. Este enclave -que se extendía desde Yucatán hasta el río Belice- era controlado por la corona británica desde la isla de Jamaica y luego de la Independencia de Centroamérica fue el centro de operaciones de los ingleses en la región.)

Las vías de comunicación eran de vital importancia, pero la teconología de la época no permitía que se construyeran caminos adecuados. Desde el prinicipoi de la colonia, el 28 de enero de 1538, el emperador Carlos V, ordenó que se construyeran y conservaran caminos y puentes para que pudieran transitar carretas, y  con ello ayudar a evitar que los indígenas cargaran carga y personas. Luego, por medio de la Real Cédula del 20 de enero de  1541 se ordenó a los Ayuntamientos que tuvieran bajo su cuidado la  construcción y conservación de caminos. 1

Para tener mejor  comunicación con el puerto de lztapa, ubicado en la costa del Océano Pacífico, el 31 de julio de 1538 el Cabildo dispuso abrir un camino de carretas, de modo que pudiera ir una y venir otra, salvo en los estrechos. Se ofreció a quienes lo abrieran el privilegio de  comerciar con las carretas por dos años o vender sus derechos. El 22 de  agosto de dicho año propuso tomarlo Antonio Salazar, pidiendo se doblase  a cuatro años la concesión, porque la carretada hasta la mar no pasaba  de veintisiete pesos, por lo que los miembros del Cabildo le concedieron tres años el 31 de enero de 1539. El camino que construyó  Salazar era una vereda por donde podían pasar las carretas tiradas por  bueyes y mulas.1

El licenciado Alonso López Cerrato, presidente de la Real Audiencia, presentó un proyecto para la construcción  de varios caminos en la provincia de Guatemala el 9 de noviembre de 1548, y luego, en junio de 1549  el monarca español ordenó que se enviaran bestias de carga a Guatemala, y envió órdenes a  López Cerrato para que se gastaran de su Real Hacienda mil pesos oro para abrir  caminos al Golfo y al Mar del Sur. 1

El 7 de junio de 1550 la Real Audiencia anunció al rey que se había  iniciado la construcción de una vía que comunicaría la nueva capital de Santiago de los Caballeros con las  costas del norte, la cual fue concluida en 1576.

Cuando era capitán general Alonso Criado de Castilla se descubrió y comenzó á utilizar el puerto de Santo Tomás de Aquino, que actualmente se conoce como “Santo Tomás de Castilla” en su honor.  Para  1615, cuatro años después del fallecimiento de Criado de Castilla, avanzaba la construcción del camino entre Santiago de los Caballeros el puerto, bajo los auspicios de su sucesor, el Conde de la Gomera.

Finalmente, en octubre de 1754, durante el gobierno del Mariscal de Campo Alonso Arcos y Moreno se dispuso llevar a cabo el reconocimiento de un  posible camino desde Santiago de los Caballeros de Guatemala hasta el puerto de Omoa en las costa de Honduras. Este camino se inició desde  Omoa y el 31 de octubre de 1755 se unió en Gualán, con el trazo hecho  por Pedro Truco que saliendo de la capital de la Capitanía General, pasaba por Mixco hasta llegar a la ribera del río Motagua, que desde entonces ha servido como la principal vía de comunicación desde las regiones del altiplano guatemalteco y los puertos en el Atlántico.

La construcción de caminos no mejoró luego de la Independencia de Centroamérica, ya que los criollos locales se enfrascaron en una guerra civil que provocó que la región se mantuviera prácticamente estancada hasta 1851. En Guatemala, no fue sino hasta el gobierno de J. Rufino Barrios (1873-1885) que se utilizó el trabajo forzoso de indígenas para abrir caminos que permitiera sacar la producción de café de las nuevas plantaciones que se formaron con el cultivo a gran escala de ese grano, y posteriormente, el mismo gobernante introdujo el ferrocarril para el transporte de la producción de las mismas fincas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Dirección General de Caminos (s.f.) La Dirección General de Caminos, Quiénes Somos. Guatemala: Ministerio de Comunicaciones, Gobierno de Guatemala.

13 de septiembre de 1543: establecen la Real Audiencia de los Confines

Por Real Cédula del Emperador Carlos V se establece la Real Audiencia de los Confines con sede en la Nueva Valladolid de Comayagua

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Comayagua, Honduras, durante la epoca colonial. En el recuadro: retrato del emperador Carlos V. Imagenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros por el deslave del Volcán de Agua el 11 de septiembre de 1541, acaecida pocos meses despues de la muerte del adelantado Pedro de Alvarado, el emperador Carlos V decidió trasladar la Real Audiencia de Guatemala a una nueva sede. Por Real Cédula del 13 de septiembre de 1543 se decidió que la Real Audiencia se llamaría “de Los Confines” y estaría ubicada en la Nueva Valladolid de Comayagua, actualmente en Honduras.1

Aquella nueva Audiencia comprendía las provincias de Guatemala, Nicaragua, Chiapa, Yucatan y Cozumel, Higueras Honduras, y “cualquier provincia e isla que estuviere en la costa y parajes de las dichas provincias“.  De acuerdo a lo estipulado en la ordenanza XI de las Leyes Nuevas, aquella fue una Audiencia Gobernadora, en sustitución de un gobernador provincial de provisión real;  de esta forma, en el distrito de los Confines ya no iba a haber más gobernadores en cada una de las diferentes provincias, sino que la Audiencia iba a gobernar sobre todas ellas.1

El licenciado Alonso de Maldonado fue nombrado presidente de la primera Audiencia y Cancillería Real de los Confines el 1 de marzo de 1543.  El ya habia sido nombrado gobernador interino de Guatemala por el Virrey de Mexico en 1542,2 y junto con él fueron designados como oidores los licenciados Diego de Herrera, Pedro Ramírez de Quinones y Juan Rogel. Herrera y Rogel desembarcaron en Puerto de Caballos, procedentes de Castilla, el 16 de marzo de 1544, mientras que Ramirez de Quinones zarpó de Sanlucar de Barrameda el 3 de noviembre de 1543, llegando al puerto de Nombre de Dios el 9 de enero de 1544.  Inicialmente llego a Panamá, en donde procedió a sustanciar y sentenciar el juicio de residencia de los oidores de la extinta Audiencia Real de Panamá.  Herrera y Rogel, por su parte, se trasladaron de Puerto de Caballos a la villa de San Pedro de Puerto de Caballos (actualmente San Pedro Sula) para esperar la llegada de Alonso de Maldonado, quien tenía que llegar procedente de Santiago de los Caballeros en Guatemala.3

Maldonado les envió una carta informándoles que se iban a reunir en la población de Gracias a Dios, y ante el cabildo del 13 de mayo de 1544, los tres tomaron posesión de sus cargos y celebraron el primer Real Acuerdo, abriendo la primera sesión publica de la Audiencia y Real Cancillería de los Confines el 15 de mayo de 1544.  En esa oportunidad, acordaron que la sede audiencial fuera la población de Gracias a Dios y no la villa de la Nueva Valladolid de Comayagua, como decía la Real Cédula del 13 de septiembre de 1543, amparados en la facultad regia de la que disponían de elección final de sede; tal y como informaron al emperador Carlos V el 30 de diciembre de 1544, eligieron a Gracias a Dios porque “estaba en mejor comarca y más abundante de mantenimientos que las villas de San Pedro y de Comayagua“.3


BIBLIOGRAFIA

  1. Vallejo Garcia-Hevia, Jose Maria (2008). Juicio a un conquistador. Pedro de Alvarado. Su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)  I. Castilla-La Mancha: Marcial Pons Historia. p. 222
  2. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Vallejo Garcia-Hevia., Juicio a un conquistador, p. 223.

 

31 de agosto de 1544: Guatemala apela las Leyes Nuevas

La Real Audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

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Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: “estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas” y querían que el rey les compensara por esto, diciendo “páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran “acabados de conquistar, indomables y contumaces“.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque “si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe.”4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales (es decir, indígenas que comunes que no eran esclavos) como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región “no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido“, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que “todos eran muertos“; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala “asola y destruye“.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: “por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son“. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.

27 de agosto de 1717: fuerte erupción del Volcán de Fuego

La erupción del Volcán de Fuego inició enjambre sísmico que resulta en el terremoto de San Miguel el 29 de septiembre.

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Volcanes de Fuego y Acatenango en Guatemala. En el recuadro: portada del informe hecho en 1774 acerca del terremoto de Santa Marta, que recoge todos los terremotos que se habían registrado en la ciudad de Santiago desde 1541. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1717 el dominio de la Iglesia católica sobre los vasallos de la corona española era absoluto y esto hacía que cualquier desastre natural fuera considerado como un castigo divino y tratara de resolverse mediante demostraciones de fe. En el caso particular de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, los habitantes también creían que la cercanía de los volcanes y las montañas que rodeaban a la ciudad, en especial el Volcán de Fuego, era la causa de los temblores que los afectaban con frecuencia.​  De hecho, un breve resumen de lo que había ocurrido hasta 1717 es el siguiente escrito elaborado por la Junta General del año de 1717, para realizar un informe para el rey sobre los terremotos de San miguel del 29 de septiembre:1

  • Por el año de 1541, en que no habían pasado 14 de la fundación de Guatemala en el paraje, o sitio, que actualmente llaman Ciudad Vieja, se experimentó no solo la quasi general inundación, sino también con desmesurados estremecimientos comenzó babanear la tierra (así dice el Escritor) como a las 2 de la madrugada del 11 de septiembre del citado año”.
  • Por los meses de agosto y septiembre del año de 1565, se experimentaron también fuertes y espantosos temblores, que generalmente causaron muchas ruinas en los edificios;
  • En 1575 se sintieron los terribles terremotos que igualmente causaron considerables estragos, con la circunstancia de que desde el expresado año hasta el de 1590, apenas pasó alguno en que no se experimentaran estos terribles avisos de la Divina Justicia.
  • El día de San Andrés del de 1577, en que sindiéndose uno como por el término de tres horas (así dice el Historiador) arruinó muchas casas. 
  • El 26 de diciembre de 1581 se experimentaron grandes sobresaltos, y temores; pues se llegó a encencer luz a las 12 de la mañana, por haberse cubierto el Sol con porción considerable de ceniza, y sin verse unos a otros.  
  • El 14 de enero de 1582, no se vio nada del Volcán sino ríos de fuego, y que eran tantos, y tan temerosos los truenos, que andaba toda la gente atemorizada.
  • Desde el 16 de enero de 1585 hasta el 23 de diciembre de 1586 hubo fuertes y terribles terremotos, que se asoló casi toda la Ciudad.
  • El 8 de octubre de 1651 se volvió a asolar la ciudad de fuertes temblores, los cuales cesaron por intercesión de Nuestra Señora del Rosario, a cuya milagrosa imagen joró por su Patrona.
  • El fuerte temblor del día del Señor de San Felice, en que se arruinó casi toda la Ciudad.  
  • En 1663, 1666 y el 12 de febrero de 1689 se volvieron a destruir todos los edificios, y dicen que fueron grandes pérdidas de los censos de Conventos y Capellanías impuestas sobre sus fincas.
  • En 172 se volvieron a experimentar temblores, siguiedo el 1 de febero de 1705 cuando el volcán arrojó tanta porción de ceniza y humo, y con tanto ruido, que dicen, estuvieron para perecer; y con la circunstancia de que cubriéndose la atmósfera, fue preciso entre nueve o diez de la mañana encender la luz. 
  • El 14 de octubre de 1709 refieren haber experimentado el espantoso y terrible suceso que atemorizó a los habitantes pues fueron tantos los plumajes y ríos de fuego que vomitó el Volcán con grandísimo estruendo.1

Varios testigos fueron consultados por la Junta General del año de 1717, siendo éstos:

  • Bernardo Valdes de 39 años
  • Pedro de la Barrera, de 31 años
  • Felipe Ximenez, de 40 años
  • Juan Santos, Sargento mayor, de 42 años
  • Licenciado Diego Arias de Miranda, Cura del Partido de Caluco, de 41 años
  • Josef Sierra y Rebolorio, de 45 años.
  • Juan de Molina, de 55 años
  • Juan Antonio Mallén, de 37 años
  • Josef Fernández de la Fuente, de 42 años
  • Alfonso Capriles de Guzmán, español de 30 años
  • Bachiller Laureano Simón de Ypinza, de 40 años.2

De acuerdo a los testigos “resulta acreditado, que desde principios de la noche del 27 de agosto de aquel referido año (bien fatal, y trabajoso a la desgraciada Ciudad de Guatemala, y sus vecinos) arrojó uno de los Volcanes voraces llamas de Fuego, y humo con espantosos bramidos, y retumbos, atemorizando en extremo a todos los habitadores; continuando en esta conformidad el siguiente día 28, y aún el 29; cuyos espantos sucesos se habían experimentado en otras ocasiones, de que se hará alguna atención: que se suspendieron por espacio de tiempo; y que se aplacó su furia, mediante la Divina Misericordia, que imploraron los habitadores, por medio de los Santos, de Rogativas, Procesiones, y Novenas, y con particularidad la Ciudad, tomando por Patró al Señor San Miguel, y jurándole como se acostumbra“.3

Continúa el reporte oficial: “No parándose la consideración en que afirmen los testigos, que la causa de los temblores proviene de los Volcanes, pues no son los únicos que concuerdan en este común sentir, resulta justificado, que hallándose como se halla, la Ciudad circunvalada por todas partes de Cerros elevados (bien que el de Agua, y los dos Volcanes de Fuego con exceso considerable, como es hecho manifiesto) estimaban su temperamento poco favorable, y aún nocivo a la salud por su mala situación, y cielo melancólico; y de que en su concepto provenía variedad de enfermedades.”4

Y finaliza: “no cesaron, segun parece, estos actos religiosos y devotos, pero sí calmaron los Terremotos, y los cuidados, y peligros de los habitantes de Guatemala por algún tiempo: pero cuando se hallaban en parte tranquilizados los ánimos, empezaron a aumentarse los sustos, y temores con espantosos, fuertes y terribles terremotos, que principarion como aprima noche del 29 de septiembre del citado año de 717“.5


BIBLIOGRAFIA: