21 de febrero de 1768: arriba a la ciudad de Santiago de los Caballeros don Pedro Cortés y Larraz, tercer arzobispo de Guatemala

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Descripción gráfica de los curatos de San Pedro, Sololá, Panajachel y Atitlan según lo report el arzobispo Pedro Cortés y Larraz en 1770.  Imagen tomada del Archivo General de Indias.

Fue el arzobispo Pedro Cortés y Larraz uno de los que más labor realize durante su trabajo episcopal, recibiendo una arquidiócesis casi en ruinas producto de las rencillas entre las ponderosas órdenes regulares de los dominicos y los franciscanos, y de la debilidad en que quedaron las doctrinas de indígenas cuando éstas pasaron de las órdenes regulares a un clero secular muy mal preparado.

Cortés y Larraz emprendió un viaje por toda su arquidiócesis para conocerla de primera mano y dejó para la posteridad una excelente descripción de la vida en el Reino de Guatemala en 1770.  Luego, tras el terremoto de Santa Marta de 1773, organizó al clero secular y rechazó el traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción que ordenó el Capitán General Martín de Mayorga, hasta que fue expulsado de la mitra en 1778.  Y también fue responsible de las únicas medidas sanitarias sensatas tomadas para reducir los nefastos efectos de la epidemia de tifo encemático que se produjo luego del terremoto en la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros.

Cortés y Larraz no quería venir a Guatemala originalmente.  Para que el lector se de una idea de por qué, a continuación reproducimos la narración que hace el historiador Federico Hernández de León de la llegada del arzobispo a su arquidiócesis:

El prelado había llegado a Guatemala desde la triste y soñolienta Zaragoza en España, de cuya catedral era reverendo canónigo. Por cierto que la noticia de su nombramiento le sonó a escopetazo disparado a mansalva.  Conversaba una tarde otoñal de 1766 con otro de los canónigos zaragozanos, cuando fue llamado violentamente al palacio arzobispal.  Acudió presuroso y allí fue notificado que Su Santidad, como premio a sus virtudes y talentos, lo agraciaba con la mitra guatemalteca.

No tenía muy buena fama la diócesis designada, por las noticias de alborotos y enredos que levantaban los mismos frailes, en sus rivalidades de dominicos y franciscanos, poniéndose de por medio los jesuitos, atizando los rencores de las dos comunidades magnas.  Por esto, a la muerte del arzobispo, doctor don Francisco José de Figueroa y Victoria, un viejecito ciego, de más de ochenta años, fue designado para sustituirlo el doctor don Pedro Marrón, doctoral de Toledo.  Pero el reverendo señor Marrón no aceptó y, de esa cuenta, la pedrada había sido dirigida al señor Cortés y Larraz.

Dejó el señor Cortés y Larraz la quietud beatífica de Zaragoza y se dirigió a México en donde fue consagrado.  Luego enfiló sus pasos a nuestras tierras y el 21 de febrero de 1768 entraba en la capital del reino, bajo el simbólico palio, a lomos de una burra pensativa y escoltado por una larga muchedumbre que le aclamaba a cada paso de la burra.  Salió a recibirlo hasta la puerta del palacio episcopal el señor dean y doctor don Francisco de Palencia, que fuera el encargado de soportar el peso arzobispal, desde la muerte de Figueroa y Victoria, en junio del año 65.  Al llegar el nuevo arzobispo, al lugar de su residencia, levantó en alto la mano con la señal de la cruz, y bendijo a la muchedumbre apiñada a su alrededor.

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23 de enero de 1752: se emite la Bula Papal designando a Francisco José de Figueredo y Victoria como el segundo arzobispo de Guatemala

Ruinas de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Antigua Guatemala.  Fotografía de Eadweard Muybridge tomada en 1875.

Francisco José de Figueredo y Victoria fue el segundo arzobispo y XVIII Obispo de Guatemala.  Era originario de Granada  y fue nombrado obispo de Popayano en 1740 y luego arzobispo de Guatemala en 1751. La Bula Papal que lo confirmó se expidió el 23 de enero de 1752 y llegó  la Capitanía General el 13 de mayo de 1753.  La ceremonia en que se le impuso el palio en la iglesia de Cuajiniquilapa.

Lo más importante de su gestión fue poner en práctica la orden Real por la que se despojó a las órdenes religiosas regulares de sus doctrinas y pasarlas al control del clero secular.  Aunque en la práctica la poderosa orden de los Dominicos conservaron sus grandes docrinas en la Verapaz y en el Quiché.

Figueredo y Victoria era ya de edad avanzada cuando se hizo cargo de la mitra guatemalteca, pero eso no le impidió visitarla ni apoyar en todo cuando pudo a otra orden muy poderosa, la de los Jesuitas, a quienes apoyó mucho con su colegio en la ciuad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Figueredo y Victoria quedó ciego a los 80 años de edad y pidió al rey que le asignaran un coadjutor que le ayudara en su ministerio.  El Rey asignó al guatemalteco  Miguel de Cilieza y Velasco, quien era Maestrescuela de la Catedral, pero la autorización llegó al Reino después del fallecimiento del arzobispo, que ocurrió el 24 de junio de 1765.

Irónicamente, los jesuitas serían expulsados de todos los territorios del Rey de España en 1767, como parte de la Pragmática Sanción.

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20 de enero de 1731: se erige la Real Casa de Moneda en la Capitanía General de Guatemala por real cédula del rey de España

Palacio de los Capitanes Generales, cuando su arcada se había reconstruido parcialmente.  Imagen de Eadweard Muybridge de 1875, tomada de Wikimedia Commons.

Con el fin de paliar la escacez de dinero circulante, la Real Casa de Moneda se erigió en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala por Real Cédula el 20 de enero de 1731 y el 17 de febrero de 1733 llegaron los sellos y otros instrumentos para la fabricación de monedas de oro procedentes de México.

Los instrumentos mencionados fueron recibidos con toda solemnidad:  salieron a encontrarlos al pueblo de Jocotenango y fueron colocados en el carruaje del Capitan General, en donde fueron transportados con guardias montados a ambos costados.  Por delante del carruaje iban los representantes de los poblados vecinos, los miembros de Ayuntamiento y los criollos vestidos de gala, acompañados de repique general de campanas y una salva de artillería.

El 19 de marzo se acuñaron la primeras moneda de oro, al mismo tiempo que se prohibió la extracción de plata.  Las monedas fueron cinco doblones de a dieciséis que por un lado tenían un busco del Rey y la inscripción “Philipus V, Dei gratia, Hispaniarum et Indiarum Rex“; y por el reverso las armas de los Reyes de España y la inscripción “Initium Sapientia est timor Domini”.  Con motivo de tan importante evento, estuvieron presents el Ayuntamiento, los Prelados Regulares y muchos criollos; y al concluir la ceremonia, el Capitan General y su comitiva se trasladaron a la Catedral en donde se encontraba el Obispo con su cabildo y se canto con gran solemnidad un Te Deum.  Al finalizar el acto religioso se hizo repique general de campanas y una salva de artillería y fusilería.

El edificio de la Casa de Moneda fue concluida el 15 de julio de 1738 en la esquina noroeste frente al  Palacio de los Capitanes Generales y fue bendecida por el Obispo de Guatemala, Pedro Pardo en presencia de toda la nobleza local.  El edificio era muy sólido y apenas fue afectado por los terremotos de Santa Marta en 1773.

Las monedas eran acuñadas a mano y eran de mala calidad, lo que se prestaba al contrabando del oro en la región.

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16 de enero de 1775: el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez inicia el retiro de los materiales que se podían utilizar de las ruinas del Palacio de Capitanes Generales

Ruinas del Palacio de los Capitanes Generales luego de que se había retirado todo el material utilizable tras los terremotos de 1773 y antes de la reconsttrucción de 1890. Imagen publicada por Harper’s Weekly en el artículo- An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly

Después de los terremotos de 1751, se renovaron muchos edificios y se construyeron numerosas estructuras nuevas en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, de tal modo que para 1773 daba la impresión de que la ciudad era completamente nueva. La mayoría de las casas particulares de la ciudad eran amplias y suntuosas, al punto que tanto las puertas exteriores como las de las habitaciones eran de madera labrada y las ventanas eran de finos cristales y tenían portales de madera labrada. Era frecuente encontrar en las residencias pinturas de artislas locales con marcos recubiertos de oro, nácar o carey, espejos finos, lámparas de plata, y alfombras delicadas. 

Pero el 29 de julio de 1773, día de la festividad de Santa Marta de Betania, un enjambre sísmico destruyó la ciudad ​en medio de una tenaz lluvia que azotaba el lugar. La sacudida ocasionó el destrozo de las edificaciones religiosas, gubernamentales y privadas, así como rompió acueductos y provocó la escasez de alimentos.

El 13 de diciembre dos fuertes sismos sobrevinieron en la zona,​ desatando un nuevo enjambre sísmico, lo que reforzó la posición de quienes preferían mudarse a una nueva ciuad. En enero de 1774 el Concejo de Indias se pronunció sobre el traslado interino hacia el valle de La Ermita.

Posiblemente los daños causados por el terremoto fueron serios, pero fueron más serios los que provocó el saqueo y el abandono de la ciudad. El 16 de enero de 1775 el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez, comenzó a sacar todos los materiales utilizables del edificio para trasladarlos a la nueva capital ya que se había emitido orden legal en la cual se ordenaba que debían ser trasladados al nuevo asentamiento todos los materiales que pudiesen servir en la construcción de edificios y casas. Por esta disposición el Palacio Real fue despojado de puertas, ventanas, balcones, objetos decorativos, etc.

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9 de enero de 1630: fallece el Obispo de Guatemala, Fr. Juan Zapata y Sandoval, O.S.A.

Obispos y arzobispos de Guatemala desde Francisco Marroquín en 1525 hasta Ricardo Casanova y Estrada en 1913.  Composición fotográfica de Juan José de Jesús Yas.

Fray Juan Zapata y Sandoval, O.S.A. fue Obispo de Guatemala de 1621 a 1630. Era oriundo de la Ciudad de México, proveniente de una de las familias criollas más  influyentes de dicha ciudad y, como tal, había tomado los hábitos en una de las órdenes regulares, específicamente en la de San Agustín.  Fue professor en México y luego en Valladolid hasta que fue electo Obispo de Chiapas en 1613, gobernando dicha diócesis hasta que fue trasladado a Guatemala en 1621.

Zapata fue el primer Obispo que impartió cátedras en el Colegio de Santo Tomás en Guatemala y durante su época como Obispo s estrenó el primer templo del Colegio de la Compañía de Jesus, en cuya función canto la misa.  (Ese templo fue destruido por el terremoto de 1717, lo que obligó a los jesuitas a construir uno nuevo, que es el que esta en ruinas hoy en día en Antigua Guatemala).

Vivió en completa austeridad y escribió una obra llamada “Justicia distributiva”.  Falleció el 8 de enero de 1630 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y fue sepultado en la Catedral Primada de Santiago, la cual también fue destruida por lo terremotos de 1717, 1751 y 1773.

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7 de enero de 1681: con poco más de sesenta estudiantes la Real Universidad de San Carlos de Borromeo inicia lecciones en cinco de sus nueva cátedras

Retrato de San Carlos de Borromeo, santo patrocinador de la Universidad de Guatemala que se encuentra en el Museo Diocesano de Milán.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de varias décadas, alegatos y peticiones, el rey Carlos II expidió una real cédula, con fecha de 31 de enero de 1676, que dio licencia a la capital del Reino de Guatemala (situada entonces en Santiago de los Caballeros de Guatemala) para fundar una universidad real o Estudio General, como también se les denominaba a este tipo de instituciones. Esta sería la tercera universidad real y pública de la América hispánica.​ Después de un conflictivo proceso de organización, cinco años después de expedida la cédula real, la Real Universidad de San Carlos inició las lecciones de cinco de sus nueve cátedras, el 7 de enero de 1681, con más de sesenta estudiantes matriculados y siendo el Rector el Doctor José de Baños y Soto Mayor, arcediano de la Catedral, Predicador del Rey de España y Doctor de la Universidad de Osuna.​ La universidad fue inaugurada bajo el patrocionio de San Carlos Borromeo, dictando sus estatutos don Francisco Saraza y Arce, copia de los de México que, a su vez, eran adaptación de los de la Universidad de Salamanca en España.

Algunos de los catedráticos electos no tomaron posesión de sus sillas, debido a sus ocupaciones como procuradores y su pronta salida del reino, otros porque consideraron que su nueva categoría, como “interinos” y no como “propietarios” de la cátedra, no eran digna de su prestigio, y uno más, el catedrático de medicina, nunca llegó a Guatemala porque se encontraba en la Real Universidad de México leyendo otra cátedra.e

La constitución universitaria exigía la libertad de cátedra, asimismo obligaba a que se leyesen doctrinas filosóficas contrarias para motivar la dialéctica y la discusión de ideas.

Las primeras cátedras de la Universidad de San Carlos fueron:

  • Cánones
  • Leyes
  • Medicina
  • Teología Escolástica
  • Teología Moral
  • Dos cursos de lenguas

La Real Universidad de San Carlos Borromeo recibió la aprobación papal por bula del 18 de junio de 1687, diez años después de su fundación y seis años después de que comenzaran las clases.

BIBLIOGRAFIA:

2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir

La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pude ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitude en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.

Luego de los terremotos de «Santa Marta» en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y este era el tercer terremoto de magnitud considerable en el ultimo siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad (es decir, las autoridades civiles y militares) impusieron su opinión y partieron rumbo al “Valle de la Ermita”, mientras que la oposición (es decir, el clero secular y parte de la población) se quedó en Santiago de los Caballeros a reconstruir la ciudad.

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de «la Culebra», había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la Nueva Guatemala de la Asunción empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de «la Culebra» para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado «Loma de Talpetate» y dividía el llano de “la Culebra” con el de “la Ermita”. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos (como en efecto ocurrió en 1917-18). Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en «El Cambray» en Santa Catarina Pinula– y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona (conocida como “bulevar Liberación” a partir de 1954). Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del “Valle de la Ermita” era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, ​pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido.  Y el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad.  Esta situación se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.  El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, pero no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y huyó hacia El Salvador.   Ese sería el fin de la férrea resistencia al traslado de la capital.

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores ​retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la “Tacita de Plata”, aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.

BIBLIOGRAFIA: