Menú Cerrar

6 de octubre de 1848: arzobispo notifica al presidente Martínez quienes son las autoridades eclesiásticas

6 de octubre de 1848: arzobispo notifica al presidente Martínez quienes son las autoridades eclesiásticas

Tras la renuncia del presidente de la República, general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez notifica al secretario de Negocios Eclesiásticos del nuevo gobernante, Juan Antonio Martínez, quiénes son las autoridades eclesiásticas formamente reconocidas en Guatemala tras seis años de litigio con la Santa Sede.

Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez
Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez

Situación política:

Véase también: Rafael Carrera, Mariano Paredes

Tras la renuncia del general Rafael Carrera a la presidencia de la República, este alto cargo recayó en Juan Antonio Martínez, quien tenía ya una avanzada edad y muy pocas intenciones de ser el jefe del gobierno. Si bien los liberales fueron los que lo pusieron en el poder, tenía que lidiar con las autoridades eclesiásticas, las cuales se habían robustecidas durante el gobierno de Carrera.

Comunicación del arzobispo:

Véase también: clero secular, Juan José Aycinena

El 6 de octubre de 1848 el arzobispo Francisco de Paula García Peláez envió la siguiente comunicación al secretario de Negocios Eclesiásticos del nuevo gobernante, informándole de quienes eran las autoridades eclesiásticas más imporantes de la República:1

Curia Metropolitana de Santiago de Guatemala

Señor Secretario del despacho de Gobernación, Justicia y Negocios Eclesiásticos

En el expediente de que aquí se hará mención, he proveído el día de hoy el decreto que dice así:

Visto este expediente, de que resulta,

    • Primero: que nuestro inmediato predecesor, el Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo, ya hoy finado, Dr. y Maestro D. Fray Ramón Casáus y Torres, como delegado apostólico para la ejecución del decreto pontificio que impetró con fecha once de marzo de mil ochocientos cuarenta y tres, se sirvió nombrar a las diez personas que expresa en oficio de tres de agosto del mismo año, para todas las dignidades y canongías de esta Santa Iglesia Metropolitana.Nota a
    • Segundo: que a ninguno de los nombraods se llegó a dar colocación, porque contra aquella providencia, recurrieron a Su Santidad el venerable Cabildo, y en apelación los tres señores Canónigos, que se sintieron agraviados de ella, y fueron los propietarios, don José Antonio Alvarado y don Tomás y Rodríguez, y el honorario dn José Ignacio Figueroa, de los cuales han fallecido los dos primeros.
    • Tercero: que por letras de nueve de mayo de mil ochocientos cuarenta y seis, la Santa Sede Apostólica se ha dignado expresar su deseo, de que se procurase conciliar, de consentimiento de las partes, las controversias suscitadas sobre este gravísimo asunto, dándonos formal comisión y oportunas facultades para el efecto; y no habíéndose podido hacer uso de ellas, por el fallecimiento del Sumo Pontífice Gregorio XVI, de feliz memoria, que sobrevino, reintegra la delegación; nuestro muy sante padre el Sr. Pío IX, que felizmente reina, ha sido muy servido de reiterarnos este encargo, por letras del día doce del último de febrero, consultando a la concordia, que debe haber, principalmente entre personas eclesiásticas: con la declaratoria sí, de que la provisión de las prebendas de oficio, hecha sin concurso, y sin especial dispensación apostólica de este requisito, no puede tenerse por valedera.
    • Cuarto: que bajo este concepto el de no quedar ya en el Cabildo otro prebendado que su Ilmo. actual Presidente, por fallecimiento de los demás; y el de que, para el servicio del altar, del coro y de la iglesia en todos conceptos, es necesario el aumento del número de sus individuos, ya que su total complemento es posible, por las difíciles circunstancias del día: no rehusa este cuerpo, que surta efecto, en cuanto puede tenerlo la provisión hecha por el Excmo. Sr. Casáus, y proponen se hagan las demás que corresponden, guardando las disposiciones de los sagrados cánones, y leyes de la materia: venimos en declarar y determinamos lo siguiente:
    • Artículo 1°.— confirmamos el nombramiento que para Deán de esta Santa Iglesia Metropolitana verificó el Sr. Casáus, como tal delegado Apostólico, en la persona del Ilmo. Sr. Dr. Antonio Larrazábal, obispo electo de Comana ‘in partibus’, actual Canónigo Penitenciario, y Presidente de nuestro muy ilustre y venerable Cabildo, sin admitirle la renuncia que de esta dignidad, hizo desde luego ante S. E. Ilma, quien la dejó sin resolución; y declaramos, que para el Deanato queda vigente a favor suyo, como hasta hoy lo está para la prebenda de Penitenciario, el auto que en expediente por separado proveímos en cinco de septiembre de mil ochocientos cuarenta y cinco, sobre no obligarle la asistencia a las funciones ceremoniales, y poder sin este requisito, percibir su renta, por razón de su avanzada edad, y en justa consideración a sus distinguidos méritos y servicios.Nota b
    • Artículo 2°.— nombramos para Arcediano, por fallecimiento del Sr. Canónigo Dr. don José María Castilla, nombrado por el Excmo. Sr. Casáus, al Sr. don José María Ignacio Figueroa, Canónigo honorario en actual ejercicio, instituido con los derechos de futura sucesión, que estableció el decreto pontificio de veinte de febrero de mil ochocientos treinta y nueve.
    • Artículo 3°.— admitimos la renuncia que de su nombramiento para Chantre, verificado por el Excmo. Sr. Casáus, hace el Sr. don Manuel María Zeceña, actual Provisor, Vicario general del obispado de San Salvador: y para subrogarle, nombramos al Sr. Lic. don José María Barrutia, nuestro actual Provisor y Vicario general de este Arzobispado.
    • Artículo 4°.— declaramos, que quedan hoy subsistentes los nombramientos hechos por el Excmo. Sr. Casáus de los Sres. Doctores don Juan José Aycinena para maestre escuela, y don Antonio Ganzález para tesorero.Nota c
    • Artículo 5°.— igual declaratoria hacemos respecto al Sr. Dr. don José Mariano Méndez, nombrado por el Excmo. Sr. Casáus para la primera canongía de gracia; y a la cual quedará promovido, si previamente hiciere renuncia del Sagrario de esta Santa Iglesia.
    • Artículo 6°.— nombramos para segundo canónigo de gracia, al Sr. don José Mariano Ocaña.
    • Artículo 7°.— finalmente, en caso de renuncia, anterior a la colocación de alguno de los Sres. nombrados, verificaremos la subrogación correspondiente, con la facultad Apostólica, que al efecto nos compete, y cuyo uso nos reservamos.

Comuníquese por oficio con inserción, a nuestro muy ilustre y venerable Cabildo, y a todos los Sres. nombrados a quienes constando su aceptación, se librarán los respectivos títulos, y oportunamente se señalará día para la colocación canónica, que deben tomar. Dése al Sr. Zeceña, por la parte que le toca, la noticia necesaria. Póngase todo en la del supremo gobierno. Y a su debido tiempo se dará cuenta de ello a Su Santidad.

        • Francisco, Arzobispo de Guatemala
        • Antonio Letona, notario público1

Tengo el honor de transcribirlo a U.S. para noticia del supremo gobierno, ofreciéndole mis respecto. Dios guarde U.S. muchos años.

Palacio Arzobispal de Guatemala, octubre 6 de 1848.

        • Francisco, Arzobispo de Guatemala1

Respuesta del Secretario de Negocios Eclesiásticos:

El gobierno de Martínez respondió así:

He tenido el honor de recibir la estimable nota de V.S.I., en que se inserta el decreto del 6 del corriente, por el cual usando de la facultad que el Santísimo Pontífice actual se sirvió concederle, nombra Deán de esta S.I. al Ilmo. Sr. Dr. don José Antonio Larrazábal, Arcediano al Sr. Canónigo honorario don Ignacio Figueroa, Chantre por renuncia del Sr. Dr. don Manuel María Zeceña, al Sr. Lic. don J. María Barrutia; Maestre escuela, al Sr. Dr. don Antonio González; primer Canónigo de la Merced, al Sr. Dr. don José Mariano Méndez, previa renuncia del curato del Sagrario; y segundo, al Sr. don Mariano Ocaña.

Impuesto el Sr. presidente de dicho decreto, me ordena contestar a V.S.I. que le ha sido sumamente satisfactorio, tanto por e; merecimiento de las personas nombradas, cuanto por haberse llenado una necesidad urgente para esta S.I., en cuyo esplendor y buen servicio se complace altamente el Gobierno.  Tengo el honor de repetirme de V.S.K. obediente servidor,

        • Manuel Dardón

Final del gobierno de Martínez:

Poco después renunciaría Martínez, al cabo de tres meses de un tormentoso gobierno en el que la anarquía no solamente no disminuyó sino que se incrementó. Los criollos nombraron eventualmente presidente al general Mariano Paredes, quien se mantuvo como pudo en medio de las agitadas aguas, hasta que finalmente regresó al país el general Rafael Carrera, a hacerse cargo de la jefatura de la fuerzas armadas, y a ser el hombre fuerte en el gobierno de Paredes en agosto de 1849.


Notas:

  • Nota a: Casáus y Torres había sido expulsado del territorio guatemalteco después de que Francisco Morazán venció al régimen de Mariano de Aycinena tras el sitio de Guatemala en 1829. El arzobispo se fue exiliado a Cuba, desde donde envió sus instrucciones.Como se ve, los canónigos guatemaltecos se resistieron a algunos de estos nombramiento. Casáus y Torres falleció en Cuba en 1846.
  • Nota b: Larrazábal tenía ya una larga trayectoria eclesiástica incluso desde antes de la Independencia de Centroamérica, ya que en 1811 fue nombrado como diputado por la Provincia de Guatemala ante las Cortes de Cádiz y su participación pública se mantuvo desde entonces.
  • Nota c: Juan José de Aycinena no solamente era un importante miembro del Cabildo Eclesiástico, sino que también era el marqués de Aycinena y uno de los principales líderes de los criollos conservadores que le habían pedido la renuncia al presidente Carrera.

Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 31-34.

29 de mayo de 1862: muere Mariano Gálvez

29 de mayo de 1862: muere Mariano Gálvez

Muere en la ciudad de México el ex-jefe de estado de Guatemala, Dr. Mariano Gálvez, quien había formado parte de la Junta Provisional de Gobierno que se formó tras la independencia en 1821 y jefe de Estado de 1831 a 1838.

El Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, durante la época en que murió en ese ciudad el Dr. Mariano Gálvez.
El Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, durante la época en que murió en ese ciudad el Dr. Mariano Gálvez. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Escueta noticia sobre la muerte de Gálvez:

Véase también: Mariano Gálvez, José Milla y Vidaurre

El 2 de junio de 1862, la «Hoja de Avisos» —entonces a cargo del escritor José Milla y Vidaurre— reportó la muerte del ex-jefe de Estado Mariano Gálvez con esta breve nota:

El doctor don Mariano Gálvez, jefe del estado de Guatemala que fué, y que el año de 1839 se ausentó de esta su patria para México, falleció en aquella capital el 29 del próximo pasado mayo. (R.I.P.)1

En esa época gobernaba el capitán general Rafael Carrera, quien había llegado al poder tras el derrocamiento de Gálvez en 1838, y por esta razón la Gaceta Oficial —en donde también trabajaba Milla— no publicó anda al respecto de la muerte del ex-jefe de Estado.1

El exilio de Gálvez:

Véase también: Rafael Carrera, Mariano Rivera Paz

Tras ser derrocado el 2 de febrero de 1838, el Dr. Gálvez —a pesar de ser líder un gobierno eminentemente anticlerical— se refugió en la casa de un clérigo amigo suyo, y allí estuvo a salvo de sus enemigos liberales hasta el golpe de estado del 13 de abril de 1839, que perpetró Carrera ingresando a la Nueva Guatemala de la Asunción para restituir en el poder a Mariano Rivera Paz, quien había sido removido a la fuerza por el presidente federal, general Francisco Morazán, en enero de ese año. Tras el golpe de Estado, Gálvez huyó de la ciudad de Guatemala, pues temía que las hordas de Carrera lo asesinaran.2

Su recorrido no fue fácil, pues tuvo que sortear innumerables obstáculos para llegar a las afueras de la ciudad, y luego salir en su mula hacia Chimaltenango. Y no se fue directamente, sino que tuvo que dar grandes rodeos para evitar encontrarse con sus enemigos. Finalmente llegó a Quetzaltenago en donde estuvo un corto tiempo. A pesar de todo, fue electo diputado por Cahabón a la Asamblea constituyente convocada por Carrera para el 1 de junio, y junto Barrundia y Agustín Guzmán protestaron no poder asistir a las reuniones de dicha asamblea ya que habían tenido que huir a Los Altos por la persecución de las huestes de Carrera. Poco después, tras la caída del Estado de Los Altos en enero de 1840, el nuevo jefe del distrito le ordenó que saliera de la ciudad.2

Finalmente llegó a la ciudad de México, en donde unos antiguos adversarios políticos lo ayudaron a ponerse en contacto con personas que lo podían ayudar. Gracias a ello y a su habilidad como abogado, logró establecer un bufete en México junto con el ex-jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina, en donde llevó importantes casos que le representaron una gran fortuna y prestigio.3

Fallecimiento:

Gálvez vivió durante veinticinco años en México, a donde se llevó a su familia, y ya nunca quiso regresar a Guatemala. Y allí murió a los sesenta y ocho años de edad, olvidado en Guatemala, en donde no se le hizo reconocimiento alguno al morir. No fue sino hasta en 1924 que sus restos fueron repatriados e inhumados con grandes homenajes en la antigua Facultade de Derecho y Notariado de la Universidad Nacional en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.3


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulo de ls Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional: p. 360.
  2. Ibid., p. 361.
  3. Ibid., p. 362.

Subir

28 de abril de 1844: Malespín repele la invasión de Arce desde Guatemala

28 de abril de 1844: Malespín repele la invasión de Arce desde Guatemala

El Salvador rechaza una invasión a su territorio encabezada por el ex-presidente federal Manuel José Arce y patrocinada por Rafael Carrera desde Guatemala.

La plaza central de San Salvador, donde se observa la parroquia que sirvió de primera catedral. En los recuadros: el obispo Jorge Viteri y Ungo y el jefe de Estado Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Historia Oficial y Carrera:

Véase también: «Reseña Histórica» de Lorenzo Montúfar

Los historiadores liberales, encabezados por el licenciado Lorenzo Montúfar, pintaron a la figura del capitán general Rafael Carrera como la de un ignorante analfabeto criador de cerdos a las órdenes de los intereses de los criollos aristócratas, diciendo que era «un caite» al servicio de los «serviles«.1-7 Como la historia oficial del Guatemala se ha basado en la obra de Montúfar, esa es la imagen con que el general Carrera es mostrado en las escuelas.8 Sin embargo, estudios más a fondo demuestran que Carrera no estaba al servicio de nadie y que era él quien imponía sus condiciones.

Invasión de Arce a El Salvador:

Véase también: Rafael Carrera, Manuel José Arce

He aquí un ejemplo de cómo Carrera se imponía a sus contemporáneos.

Cuando el general conservador Francisco Malespín llegó al poder en El Salvador, Carrera se dió cuenta de que no le convenía, ya que éste podía llegar a ser un caudillo tan fuerte como él en el vecino país. Malespín había sido electo en enero de 1844 para gobernar El Salvador de 1844 a 1845 y para celebrar su toma de posesión, tres días después de la misma el obispo de El Salvador, Viteri y Ungo, consagró al nuevo arzobispo de Guatemala, el doctor Francisco de Paula García y Peláez en una ceremonia que se extendió por dos días de celebraciones.9

Mientras tanto en Guatemala, estaba de vuelta el general Manuel José Arce, ex-presidente de la República Federal de Centro América, a quien Carrera apreciaba mucho ya que le reconocía sus méritos militares y había sido corneta de órdenes suyo durante la Guerra Civil Centroamericana. Pero entonces, el anciano Arce estaba obsesionado con recuperar el poder que perdió en 1827 por lo que Carrera se aprovechó de su ambición de poder.9 Además Carrera estaba asesorado por Alejandro Marure y Manuel Pineda de Mont, y sabía que los líderes aristócratas querían sacurdirse de su molesta presencia para hacerse definitivamente con el poder en Guatemala.10

Malespín estaba organizando su gobierno, convocando a una asamblea legislativa, cuando se enteró que Arce se dirigía El Salvador al mando de un ejército. Y es que, como ya se ha dicho, a Carrera no le gustaba la presencia de Malespín a pesar de que era conservador, y decidió apoyar a Arce para derrocarlo. Aunque Malespín y el obispo Viteri se sorprendieron con la actitud de Carrera, rápidamente se organizaron para la defensa, y el 28 de abril de 1844, cuando Arce ya estaba en Atiquizaya, en territorio salvadoreño —con suficientes armas y dinero tratando de formar un ejército—, Malespín envió la siguiente proclama:11

En perfecta paz interior, y en las mejores condiciones con los Estados confederados, y aun con el Estado de Guatemala, se hallaba El Salvador, ocupándose de proyectar algunas mejoras y hacer otras de fácil ejecución, en todos los ramos de la administración pública, cuando el señor Manuel José Arce se presentó al pueblo de Atiquizaya, excitando a la municipalidad y vecindario al desconocimiento de las autoridades supremas del Estado, ofreciendo apoyarlo con una partida de tropa que traía armada de Guatemala, con las armas que también conducía empaquetadas y con iguales pronunciamientos que aseguró se verificarían en todo el Estado. Al propio tiempo en Guatemala se presentó el enviado de aquel gobierno, cerca de éste, dimitiendo su comisión, porque siendo vecino del último, no quería se pensase de que él tomaba parte o aprobaba la invasión que allá se intentaba hacer en el El Salvador.12

Y es que el representante de Guatemala en El Salvador, Juan Antonio Alvarado, supo de antemano lo que intentaba Carrera, y renunció antes de quedar involucrado en un asunto tan grave. Por su parte, Malespín envió a su ejército comandado por Pedro Escalón, quien hizo huir a los hombres de Arce y capturó un lote de armas todavía empacadas y un lote de documentos que demostraban la relación de Carrera y Arce.12

En ese entonces existía el Pacto de Chinandega, que formaba las Repúblicas Confederadas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala. Mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, Malespín llegara a Jutiapa.13

Invasión de Malespín y expulsión de Arce:

Véase también: Mariano Rivera Paz

El jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».14 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión.13

Malespín tomó la plaza de Jutiapa y la hacienda de Quesada el 21 de mayo, pero antes de que llegaran las fuerzas guatemaltecas que iban a enfrentarlo, regresó a El Salvador, aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor. Malespín no era un cobarde en lo absoluto, pero se enteró por el mercenario francés Isodoro Saget de que Trinidad Cabañas y Gerardo Barrios —líderes liberales a quienes había acogido tras su exilio con Francisco Morazán en 1840— podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.13

Con todo esto, el ex-presidente Arce quedó sumamente abatido y murió dos años después, cuando se le permitió regresar a El Salvador, casi en la miseria y cuando ya Malespín había caído y el pacto de Chinandega se había roto por la guerra de El Salvador y Honduras contra Nicaragua.12


Bibliografía:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. I
  2. (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. II
  3. (1879). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. III
  4. (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. IV
  5. (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. V
  6. (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VI
  7. (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VII
  8. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 182.
  10. Marroquín Rojas, Clemente (1971). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  11. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 184.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera, p. 253.
  14. Ibid., p. 254.

Subir

11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

11marzo1844
La ciudad de Guatemala en 1865, aproximadamente, vista desde el Cerrito del Carmen. Se aprecian los volcanes de Pacaya y de Agua al fondo, y entre los edificios se reconocen el Teatro Carrera, y las iglesias de La Merced, San Francisco, Catedral y Santa Teresa. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

21 de octubre de 1854: aclaman a Carrera como presidente perpetuo

21 de octubre de 1854: proclaman a Carrera como presidente vitalicio

Cansados de décadas de constantes guerras, los representantes conservadores y clericales de Guatemala proclaman al capitán general José Rafael Carrera y Turcios como presidente vitalicio de la República. Gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

Los miembros del gabinete de Rafael Carrera.
Los miembros del gabinete de Carrera: abajo, a su izquierda, se halla Pedro Aycinena y abajo, a su derecha, Manuel Cerezo. Verticalmente, bajo la figura de Carrera, está la efigie de Manuel Echeverría quien tiene a su izquierda a J. Antonio Azmitia y a su derecha, a Juan Matheu. Debajo de Echeverría, se encuentra el retrato del arzobispo Francisco de Paula García Pelaez; a su izquierda, esta el del Dr. José Luna y a su derecha el de Juan José de Aycinena, Inmediatamente siguen los de José Milla y Vidaurre y el de Antonio José de lrisarri. Luego continuan de izquierda a derecha: Cayetano Batres, Manuel Arrivillaga, Bernardo Piñol y Aycinena, Pedro José Valenzuela y Marcelo Molina; los de la última fila son: J. Víctor Zavala, José Montufar, Vicente Cerna, Ignacio Aycinena, Antonio Padilla e Ignacio García Granados. Imagen tomada de «Huellas de una familia vasco centroamericana en 5 siglos de historia«.

El surgimiento de la figura de Carrera:

Véase también: Rafael Carrera

El surgimiento de la figura del general Rafael Carrera y su impacto en la racista sociedad guatemalteca dominada por los criollos, es resumido por el historiador estadounidense Ralph Lee Woodward, Jr. de la siguiente manera:1

«una personalidad como la de Rafael Carrera y sus seguidores no surgen de cualquier lugar de este país; aparecen en la región oriental que nunca fue hábitat indígena, campesinos pobres y propietarios en precario de tierras áridas como Castilla. Los curas y los políticos conservadores estimularon ahí el rechazo al régimen liberal (que proyectaba a largo plaza traer población blanca de Bélgica y Holanda a la región de Verapaz y Chiquimula y eliminar la tierra comunal de los indígenas y campesinos) y luego de mil detalles […] prepararon una insurrección. Y buscando un liderazgo militar encontraron, a disgusto, una figura cerril, pero que gozaba de fuerte apoyo entre los belicosos mestizos de la región de Mita: era Rafael Carrera, dueño de una porqueriza al por mayor. Renuente, primero, pero sensible al ruego popular, organizó y encabezó finalmente una cataclísmica expresión de descontento campesino, quizá la mayor nunca habida en la historia social. Cuando entraron a la ciudad de Guatemala en febrero de 1838 eran una masa de 8 a 12 mil gentes, que saquearon, asesinaron y se pasearon durante 3 días por una ciudad extraña, que nunca habían conocido. El descalabro del régimen liberal, en ese momento, no fue propiamente una victoria conservadora sino de los alzados, el efecto disolvente del primer gran levantamiento campesino, la ‘Rebelión de la Montaña’. Lo ocurrido fue algo más que un desborde de masas animadas por la oferta de saqueo, fanatizadas por la Iglesia; fue, en rigor, un desafío sin precedentes a todo el orden político por el hecho de invadir y entrar con violencia a la ciudad de Guatemala. Sus efectos marcaron la historia inmediata, llenaron de terror proléptico la sensibilidad de los grupos dominantes. […] como el primer ingreso de las masas ladino/mestizas, y parcialmente grupos indígenas en la política nacional, tuvo efectos negativos para la conciencia criolla, tanto liberal como conservadora, pero racista en ambos casos.«1

Carrera se impone ante los criollos:

Véase también: Familia Aycinena, Estado de Los Altos

Al paso de los años, y a pesar de la anarquía y las fuertes amenazas de invasión de los estados dominados por los criollos liberales, Rafael Carrera siempre salió avante, dominando por la fuerza a los liberales de Los Altos, estableciendo pactos con los indígenas del occidente de la República y derrotando al principal caudillo liberal, el general Francisco Morazán en la ciudad de Guatemala en marzo de 18402. Llegó, incluso, a renunciar al poder voluntariamente en 1848, solamente para que lo llamaran de vuelta pocos meses después.3 Finalmente, cuando aplastó definitivamente las ambiciones de los criollos liberales en la batalla de La Arada el 2 de febrero de 18514, su poder se consolidó de forma absoluta siendo nombrado presidente poco después de que se emitiera por fin la constitución de la República de Guatemala, la cual había quedado pendiente desde 1838.5

Carrera es nombrado presidente vitalicio:

El pueblo guatemalteco, harto de las constantes guerras, proclamó al presidente Carrera como presidente perpertuo en mayo de 1854, y el 21 de octubre de 1854, se firmó formalmente el acta siguiente:6

«En Guatemala a veintiuno de octubre de mil ochocientos cincuenta y cuatro, reunidos en la sala del consejo de estado, los funcionarios públicos, que suscriben esta acta, ministros del despacho, consejeros, diputados a la cámara de representantes, regente y magistrados de la corte suprema de justicia y jueces de primera instancia, miembros del venerable cabildo eclesiástico, jefe superiores de hacienda, y del ejército, corregidores de los departamentos, prelados de las órdenes regulares, párrocos de la ciudad y diputaciones de la municipalidad, claustro de doctores, y sociedad de amigos del país, presididos por el ilustrísimo y veneradísimo arzobispo metropolitano, como vocal nato del consejo, y en virtud de excitación especial; después de haber abierto la sesión con un discurso relativo al objeto de la reunión, el señor ministro presidente del mismo consejo manifestó: que la reunión den respetables funcionarios tenía por objeto aclamar, como se había hecho en los departamentos, jefe supremo perpetuo de la nación al catual presidente excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, pidiéndose al mismo tiempo se hagan en el acta constitutiva las consiguientes modificaciones, segun todo consta de las actas que están a la vista.

Que conforme al dictamente de la comisión, adoptado por el consejo, proponía a los funcionarios presentes concurriesen, si lo tenían a bien, a hacer más general y uniforme la importante manifestación de aprecio y de confianz ahecha en los departamentos, proclamado pública y solemnemente perpetua la autoridad que tan dignamente ejerce su excelencia.

Y reconociéndose con general aceptación que lo aclamado en los departamentos, es también lo que se desea declarar solemnemente, por constituir la benéfica autoridad de su excelencia el bienestar presente de la república, y las esperanzas de su futura prosperidad y engrandecimiento, se nombró una comisión para que propusiera la forma en que debía expresarse; y con vista de su dictámen, fue aprobado, por unanimidad y aclamación de todos los concurrentes, se haga constar en la presente acta: ‘Que la junta general de autoridades superiores, corporaciones y funcionarios públicos, reunida en este día, ha reconocido que la suprema autoridad que reside en la persona de su excelencia el general Carrera, por favor de la Divina Providencia y la voluntad de la nación, no debe ter limitación de tiempo, aclamándose en consecuencia su perpetuidad: y que debe modificarse el acta constitutiva, por el orden establecido en ella misma, para que esté en armonía con este suceso. Que al expressar este unánime sentimiento, todos los concurrentes esperan que el Todopoderoso continuará su protección a Guatemala, y dará a su excelencia la fuerza necesaria para llenar los grandes deberes que le están encomendados, y el acierto y prudencia necesarios para gobernar la república con bondad y justicia’.

Se acordó igualmente que todos los funcionarios presentes pasen a casa de su excelencia el presidente a felicitarle por este suceso, dirigéndose en seguida a la santa iglesia Catedral, en donde se cantará un solemne Te Deum; y finalmente, que la presente acta, después de firmada, se deposite en el archivo del consejo de estado.»6

¿Quiénes firmaron el acta?

Véase también: curas seculares, frailes regulares

Entre todos los firmantes del acta destacan los siguientes personajes entre criollos conservadores y miembros del clero:

  1. Francisco: el arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García y Peláez
  2. Manuel Francisco Pavón y Aycinena: líder conservador y en esa época ministro de Gobernación, Justicia y Asuntos Eclesiásticos
  3. José Nájera: líder conservador y ministro de Hacienda y de la Guerra
  4. Pedro de Aycinena: ministro del Interior, encargado del despacho de Relaciones Exteriores
  5. Luis Batres Juarros: líder conservador y consejero de estado.
  6. Mariano Paredes: brigadier, consejero de estado, corregidor de Verapaz y expresidente de la República.
  7. Pedro José Valenzuela: consejero de estado, diputado y vice-rector de la Universidad de San Carlos; había sido jefe del estado de Guatemala
  8. Ignacio de Aycinena: corregidor de Guatemala
  9. Vicente Cerna: brigadier, corregidor y comandante general de Chiquimula; posteriormente sería el sucesor de Carrera en la presidencia en 1865.
  10. J. Ignacio Yrigoyen brigadier, corregidor de Quetzaltenango y comandante general de los Altos.
  11. José M. Espínola: coronel; era tío del escritor Rafael Spínola
  12. Santos Carrera: coronel y hermano de Carrera.
  13. Serapio Cruz: coronel. Cruz es el famoso «Tatalapo«, quien posteriormente se alzaría en armas contra el presidente Cerna y fue convertido en mártir por los historiadores liberales.
  14. José Víctor Zavala: coronel y diputado. Gran colaborador de Carrera, y quien se cubriría de gloria en la Guerra Nacional de Nicaragua contra los filibusteros de William Walker. Es el famoso Mariscal Zavala.
  15. José Milla y Vidaurre: represente de la cámara y oficial mayor del ministerio de Relaciones Exteriores. Es uno de lo más reconocidos escritores guatemaltecos.
  16. José Nicolás Arellano, canónigo electo y presidente de la congregación del Oratorio.
  17. Manuel C. Espinosa, canónigo electo y rector del Colegio de Infantes.
  18. Francisco A Espinosa, cura del Sagrario
  19. Prudencio Puertas, canónigo honorario y cura de Candelaria.
  20. Quirino Flores, protomédico.
  21. José Luna, diputado a la junta por el claustro de doctores. Era el médico personal de Carrera.
  22. Fr. Julián Hurtado, guardián del Colegio de Cristo, La Recolección6

Bibliografía:

  1. Torres Rivas, Edelberto (2008). La Restauración Conservadora: Rafael Carrera y el destino del Estado nacional en Guatemala. En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura (35), pp. 347-348, ISSN: 0120-2456.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 113.
  4. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 335.
  6. Pineda Mont, Manuel (1859). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Imprenta de la Paz. pp. 87-89.

Subir

7 de marzo de 1844: el marqués de Aycinena renuncia como Consejero de Estado

7 de marzo de 1844: el marqués de Aycinena renuncia como Consejero de Estado

En 1844 gobernaba nuevamente Mariano Rivera Paz, ahora asesorado por el marqués Juan José de Aycinena, como Secretario del Despacho. En ese momento el general Rafael Carrera era el teniente general a cargo de la Comandancia del Ejército y el clero había recobrado mucho del poder que le habían arrebatado en 1829; de hecho, el marqués de Aycinena era obispo y la mayoría de los diputados defendían los intereses de la Iglesia. En ese momento, el clero no miraba con buenos ojos a Carrera, pues recelaba de su poder entre los campesinos y obreros, y éste, por su parte, resentía la resistencia que los religiosos le presentaban. Además, Carrera desconfiaba de los diputados constituyentes, a quienes consideraba advenedizos.1

7marzo1844
Ciudad de Guatemala en 1870, vista desde el sur. Al fondo, las montañas en donde se alzaron los campesinos contra el gobierno de Rivera Paz en 1844. En el recuadro, el marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena, quien era Consejero del Despacho de Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Rebelión en Pinula:

En medio de esta situación no avanzaba la agenda de ni unos ni del otro, por lo que entonces Carrera urdió una estratagema para consolidarse en el poder absoluto. Primero, durante las celebraciones por la llegada del nuevo arzobispo, Francisco de Paula García y Peláez, se retiró de la Ciudad de Guatemala a «hacer un recorrido por los pueblos«; y mientras estaba ausente «convenientemente» estalló una rebelión campesina en Pinula y El Aceituno. Como en esos tiempos estaba todavía muy fresco el recuerdo de las invasiones de Morazán en 1829 y en 1840, cundió el pánico entre los habitantes de la ciudad quienes pensaron que el estudiante de medicina que tenían por jefe de Estado y el sacerdote que éste tenía por consejero no iban a ser capaces de defenderlos contra semejante amenaza.1

El tratado de Guadalupe:

Entonces, en medio de la zozobra, retornó Carrera a la ciudad y tras una escaramuza en las cercanías de la Villa de Guadalupe, se firmó el tratado de Guadalupe, y se alcanzó la paz el 11 de marzo. Los artículos principales de aquel acuerdo pedían que se disolviera la Asamblea Constituyente y que la sustituyera por un Consejo Legislativo, y textualmente, exigía: «que los eclesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia«.

Renuncia del marqués de Aycinena:

Véase también: Juan José de Aycinena, Mariano Rivera Paz

Aquella era una alusión directa al Marqués de Aycinena, quien entonces decidió presentar su renuncia con fecha retroactiva al 7 de marzo, la cual dice:1

«Señor Presidente del Estado, don Mariano Rivera Paz.

Los reiterados ataques que experimenta mi salud, harto achacosa, después de algún tiempo, y al asiduo trabajo que exige el despacho de la Secretaría, mayormente en circunstancias difíciles como las presentes, me obligan a suplicar de nuevo al señor presidente, se sirva aceptar la renuncia que tengo muchas veces hecha del cargo referido. Han pasado, ya, señor, los tiempos en que había peligros, porque la buena causa tenía enemigos poderosos; y hoy mi situación exige de mí, el retiro. No dudo, señor presidente, que usted tendrá la dignación de hacerme esta gracia que recibiré como una recompensa de mis pequeños servicios. Soy, con toda consideración, de usted muy obediente servidor.

Guatemala, marzo 7 de 1844.

(f.) Juan J. Aycinena»1

La renuncia fue aceptada, obligando a Rivera Paz a conformar un nuevo gabinete de gobierno, y Carrera ganó la partida frente al líder de los criollos conservadores.1 Rivera Paz renunciaría a la jefatura de Estado en diciembre de ese año y entregaría el poder a Carrera,2 quien eventualmente llegó a ser presidente vitalicio de Guatemala en 1854.3 Irónicamente, para entonces, su Ministro de Asuntos Eclesiásticos fue el Marqués de Aycinena.


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.
  3. Ibid., pp. 87-89.

Subir

10 de febrero de 1849: fuerzas de los hermanos Cruz entran a la Ciudad de Guatemala

10 de febrero de 1849: fuerzas de los hermanos Cruz entran a la Ciudad de Guatemala

Ciudad de Guatemala en el siglo XIX
La Parroquia de La Candelaria de la ciudad de Guatemala en 1875, vista desde el Cerrito del Carmen. De este barrio era originario el general Rafael Carrera, quien se encontraba en el exilio cuando Vicente Cruz entró a la ciudad en 1849; fotografía de Eadweard Muybridge. En el recuadro: el mariscal Serapio Cruz, hermano de Vicente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación parte del artículo «10 de febrero de 1849, Pax» del historiador Federico Hernández de León, el cual describe la situación de anarquía que vivía Guatemala durante el exilio autoimpuesto del general Rafael Carrera luego que los criollos le pidieran que abandonara el poder.1 Tristemente, la descripción que hace Hernández de León de la vida en Guatemala de 1849, responderá a aquellos lectores que más de alguna vez se habrán preguntado «¿cuándo se arruinó Guatemala?» que, desafortunadamente, el país nunca ha estado del todo bien…

«Todo el año de 1848 y lo que se llevaba del 49 habían sido días de zozobras y de incertidumbres. Los sucesos políticos no daban […] tranquilidad al guatemalteco que, cada noche despertaba sobresaltado, creyendo que una legión de forajidos se le metía por las rendijas de las puertas. En las tertulias del anochecer, se referían los horrores que hicieran los ‘herejes’ encabezado por [Francisco] Morazán allá por el año 28. ¡Qué de episodios! Aquellos no eran hombres, sino satanases. No había para ellos nada sagrado, ni de respeto. Hollaban las casas del clero, martirizaban a sus ministros y hacían de las alhajas lo que se les daba la gana.

Y esos malditos liberales querían volver a las andadas. habían logrado sacar del poder al caudillo adorado de los pueblos.  [Rafael] Carrera se había marchado para México y la Asamblea y el ejecutivo eran una [completa nulidad].  [José Francisco] Barrundia, exaltado, no daba ninguna bola.  Todo se le iba en proponer planes descabellados, en medio de discursos que solo creía una minoría exigua. Los conservadores, por primera vez en su vida, se dividían y, dentro del mismo clero, cada cura tiraba por su lado.  Los elementos [más prominentes] trataban de imponer su voluntad al presidente [Mariano] Paredes, sin lograr que sus actos persuadieran al pueblo de la bondad de su palabra.

Y mientras tanto, Tata Lapo [el mariscal Serapio Cruz], su hermano Vicente, Agustín Pérez y más de otro forajido, mantenían la insurrección viva en el oriente y cometían toda clase de desafueros. Carrera no quiso entrar en una lucha dudosa contra los pueblos levantados y dejó la presidencia. Los liberales creyeron que cuando ellos tomaran la dirección de los asuntos, todo iba a salir por el buen carril. Pero no sucedió así: los alzados peleaban no por ideas ni principios, que no los tenían, sino por ambiciones particulares.

Así, a pesar de la marcha de Carrera, y de los propósitos de una nueva orientación, la facción de oriente se mantuvo en actitidades. Los chapines [es decir, los capitalinos] escuchaban con espanto los crímenes que se cometían y las nombres de Sampaquisoy, Sansur, Sanguayabá, Sansare y otros santos de este linaje, les tenían azorados y temerosos. Cuando se supo que todas las fuerzas de los alzados estaban en Palencia, ya para caer sobre la capital, hubo desmayos y pataletas, […] con los recuerdos de las hordas morazánicas.

El presidente Paredes había entrado el primero de enero y se empeñó, sobre todas las cosas, en lograr la paz para el oriente.  Comisionó a Manuel Sáenz de Tejada y a Raymundo Arroyo para que se entendieran con los levantados; llevaban instrucciones de acceder a todo, con tal de lograr la paz para todos los pueblos. La paz era una necesidad; todos llamaban por ella y ya no se toleraba una existencia en que no se lograba punto de reposo. Ninguno se exponía a salir de los muros de la ciudad, temeroso de caer en manos de una gavilla; por la noche se pasaban cerrojos y se emplazaban trancas en todas partes; pero la seguridad no era completa y, en medio del silencio de las noches, los pobres vecinos creía que, como una plaga infernal, caían los demonios sobre la ciudad inmaculada.

Sáenz de Tejada y Arroyo llegaron hasta Palencia; Serapio Cruz llegó también procedente de Chiquimula para entrar en los puntos del arreglo pacificador. Después, pasaron los mismos comisionados del gobierno a Zacapa, en donde se encontraba Vicente Cruz y celebraron otro convenio. Constaba de una suspensión de hostilidades hasta por ocho días, en tanto que se determinaban los puntos sobre un entendido estable. Por lo pronto, el presidente de la República renunciaba al cargo de Comandante General de las armas y lo transfería a Vicente Cerna, una buena persona, muy amiga del ausente general Carrera, y que se hallaba entregado a su labores de campo en la región de Chiquimula. Cerna aceptó el cargo que se le dispensaba, después de publicar una proclama, un tanto simplona […]

El gobierno de Paredes procedió con la mayor cautela. Cedió a todo lo que se le pedía. Repasando los oficios dirigidos por Vicente Cruz, en que por sí y ante sí se proclamaba presidente de la República, causa admiración la mansedumbre de Paredes. Hay en esos oficios una suficiencia y un tono de superioridad tan molestos que un hombre con menos cautela que Paredes lo echara todo a rodar. Pero Paredes ya tenía entre sus planes, la manera de orientar la situación y se sometió a todo lo que le imponían los pedigüeños. Paredes había dispuesto la vuelta de Carrera, seguro como estaba que era el único que podría poner en cintura a los revoltosos.

De esta suerte, el 8 de febrero se dió la comandancia de las armas al Brigadier don Vicente Cruz, y se invitó al vecindario a dar la bienvenida a las fuerzas revolucionarias que, en son de paz, llegarían a la capital al día siguiente. Y así fue: al día siguiente 9, por la tarde, Vicente Cruz como un jefe victorioso entraba a la ciudad de Guatemala, a la cabeza de mil hombres, que eran salteadores de las haciendas de Oriente. Lo recibieron con un sabroso banquete que presidió el ministro José M. de Urruela. […] Tata Lapo y Agustín Pérez, lo mismo que León Raymundo, uno de los más sangrientos personajes de la época y jefe de una de las gavillas, no quisieran entrar. […]

Y la mañana del 10 de febrero de 1849, los vecinos de la angustiada Ciudad de Guatemala salieron de sus casas y se encaminaron a los veintitantos templos que santificaban el lugar, a despacharse misas para dar gracias al Altísimo que al fin acordara imponer el sosiego en este redil, mientras la palabra del obispo Bernardo Piñol y Aycinena, desde la Catedral repetía las evangélicas palabras del glorioso Apóstol: ‘¡La Paz sea con nosotros!'»2

En efecto, tal y como lo planeó Paredes, Carrera regresó a Guatemala ese año, haciéndolo por el occidente del país desde su exilio en México y estableciendo pactos con todos los líderes indígenas de la región;3 de este modo, llegado el momento, tomó la ciudad casi sin esfuerzo, obligando a los criollos liberales a salir huyendo del país y a los criollos conservadores a pactar con él para no sufrir represalias de los indígenas, como estaba ocurriendo en esos momentos con las masacres de criollos y europeos en Yucatán.4

Los criollos liberales se refugiaron en El Salvador, en donde el presidente Doroteo Vasconcelos los apoyó para desprestigiar al gobierno guatemalteco, y hasta patrocinó a los forajidos que asolaban el oriente de Guatemala.  Finalmente, cuando Vasconcelos se alió con el presidente de Honduras Juan Lindo para invadir a Guatemala junto con los exiliados liberales, Carrera los venció definitivamente en la Batalla de La Arada en 1851, consiguiendo por fin la verdadera paz para el país.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  2. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  4. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  5. Hernández de León, Federico (1963) El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p.88.

Subir

10 de noviembre de 1854: publican edicto arzobispal que confirma el Concordato de 1852

10 de noviembre de 1854: publican edicto arzobispal confirmando el Concordato de 1852

10noviembre1854El Papa Pío IX durante un acto en los Estados Pontificios en 1858. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En noviembre de 1854 Guatemala está finalmente en paz y han ocurrido dos hechos trascendentales para el país: el 1 de abril se publicó y distribuyó el Concordato suscrito con la Santa Sede, y el 21 de octubre se ratificó el acta en que se proclama al general Rafael Carrera como presidente vitalicio.

Carrera llegó al poder por sus propios méritos militares y el apoyo de los curas párrocos y los campesinos, y logró mantenerse allí tras conseguir el apoyo de los grupos indígenas del occidente guatemalteco luego de que los criollos lo habían intentado expulsar del poder.

Gracias al fanatismo católico de Carrera el partido conservador prosperó considerablemente, y la Iglesia fue la mayor beneficiada. Para que el lector se de una idea de cuánto, se reproduce a continuación el edicto que el arzobispo Francisco de Paula García Peláez publicó en la Gaceta de Guatemala el 10 de noviembre de 1854, reproduciendo la bula confirmatoria enviada por el Papa Pío IX para el Concordato de 1852.1

EDICTO.

Ha circulado impreso últimamente el que acaba de expedir el lllmo. Sr. Arzobispo para la publicación de la bula confirmatoria del Concordato. Dicha bula comienza de esta manera:

PIO OBISPO,

Siervo de los siervos de Dios, para perpetua memoria.

Colocados, aunque indignos, en la sublimísima Cátedra de Pedro, en comparacion de la cual ninguna mayor en la tierra se puede concebir. Hemos tomado el trabajo y puesto continuo empeño, ya en custodiar los dogmas de la fe, ya en defender los derechos de la iglesia, ya en aumentar á los fieles aquellos medios con que puedan conformar más y más sus costumbres á la santidad y justicia, y mayormente en estos tiempos, y en ninguna cosa hemos trabajado con más ardor, como en llenar con ahinco el cargo que nos ha sido encomendado por disposición divina en toda la redondez de la tierra. Por lo que nos hemos llenado de sumo gozo y de la mayor alegría siempre que hemos tenido la dicha de que las determinaciones de nuestra solicitud pastoral, con la protección divina, han tenido un próspero suceso.Nota a

Y así nos ha sucedido en aquella parte de la América Septentrional que se llama la República de Guatemala, la que recibiendo cada día mayores aumentos por lo dilatado de sus regiones y su pueblo cristiano, parecía exigir sobremanera nuestra solicitud apostólica. Apenas nuestro amado hijo el ilustre y venerable varón, general Rafael Carrera nos hizo inmediatamente la súplica de que mirásemos por el bien del divino rebaño en aquella República, accedimos con el mayor gusto á sus deseos, y para que todo todo llegase próntamente al fin deseado deseado nombramos para nuestro Ministro plenipotenciario a nuestro amado hijo Santiago de Agata, Diácono Cardenal de la Santa Iglesia Romana, llamado Antonelli, nuestro Ministro de Estado, para que tratase este gravísimo negocio con nuestro amado hijo Fernando Lorenzana, Marqués de Belimonte, Ministro de la República de Guatemala y con libres poderes cerca de la Santa Sede. Ellos, después de haber presentado los documentos de sus respectívos poderes, celebraron un tratado, que ambos firmaron y sellaron el día 7 de octubre próximo pasado. En este tratado con la misma República de Guatemala donde está en todo vigor la religión católica, queda libre a todos la comunicación con el Romano Pontífice, y los derechos de los obispos se conservan ilesos e inviolables, segun los sagrados cánones, y principalmente conforme al Concilio Tridentino. La Iglesia puede libre ó independientemente adquirir y poseer sus bienes, exije diezmos y recibe algunas dotaciones del mismo gobierno. Se establecen seminarios para los jóvenes llamados á la suerte del Señor, dependientes únicamente de les ordinarios, se mira por el bienestar del clero, y por los monasterios de ambos sexos, se dan providencias para la educación mejorada de la juventud, propagación y aumento de la religión católica en esas regiones tan distantes de Nos, y se establecen otras muchas cosas conforme á los susodichos cánones y á las circunstancias de los tiempos; todo lo que no se duda ser conveniente en el Señor. Habiendo sido todas las cosas celebradas y contenidas en el mismo tratado, discutidas y consideradas detenidamente por nuestros venerables hermanos los cardenales de la Santa Iglesia romana, de la sagrada congregación erigida para los negocios eclesiásticos extraordinarios, y pesadas por Nos con maduro examen, por consejo y parecer de los mismos hermanos nuestros, hemos creído deber acceder al dicho tratado. Por estas pues nuestras letras apostólicas, hacemos saber y publicamos las cosas que para aumento de la religión cristiana y utilidad de los fieles de la República de Guatemala se han establecido en el Concordato.Nota b

Habiendo sido aprobados, confirmados y ratificados tanto por Nos, como por el ilustre Presidente de la República de Guatemala los pactos y concordatos de esta convención en todos y cada uno de sus puntos, cláusulas, artículos y condiciones; y habiendo pedido encarecidamente el presidente que para su más firme subsistencia le diésemos la solidez de la firmeza apostólica e interpusiésemos más sublime autoridad y decreto, Nos, confiando plenamente en el Señor, que se dignará su misericordia colmar con sus copiosos dones de su divina Gracia, este nuestro celo en arreglar los negocios eclesiásticos en la República de Guatemala, de nuestra cierta ciencia, madura deliberación y con la plenitud del poder apostólico, aprobamos, ratificamos y aceptamos por el tenor de las presentes las susodichas concesiones, pactos y concordatos, y les damos la solidez y eficacia de la defensa y firmeza apostólica.Nota c

Amonestamos con la mayor intensidad de nuestra alma a todos y cada uno de los obispos existentes en la República de Guatemala y á los que instituiremos en adelante, á sus sucesores y á todo el clero, y les exhortamos en el Señor para que para mayor Gloria de Dios, utilidad de la iglesia y salud de las almas, observen con cuidado y diligencia los dichos decretos en todo lo que les pertenece, y que pongaan todo su pensamiento, cuidado, resolución y conato en que resplandezca más y más en los fieles de la República de Guatemala la pureza de la doctrina católica, el brillo del culto divino, el esplendor de la disciplina eclesiástica, la observancia de las leyes de la iglesia, y la honeslidad de las costumbres.

Decretando que estas presentes letras en ningún tiempo puedan ser notadas ó impugnadas por vicio de subrepción, obrepción ó nulidad, ó por delecto de nuestra intención ó cualquiera otro por grande é impensado que sea, sino que siempre sean y serán firmes, válidas y eficaces, y obliguen y consigan sus plenos é íntegros electos, y que se deben observar inviolablemente cuanto tiempo se guarden las condiciones y efectos, espresados en el tratado; no obstante las constituciones apostólicas y las sinodales provinciales y los consilios universales dadas como generales, y las determinaciones y reglas nuestras y de la Cancillería apostólica, y las fundaciones de cualesquiera iglesias, cabildos y otros lugares piadosos, aun corroboradas por confirmación apostólica, ó por cualquiera otro poder, y también los privilegios otorgados y las letras apostólicas en contrario, de cualquier modo concedidas, confirmadas y renovadas y todas las demás cosas en contrarío. A todas y cada una de las cuales, teniendo su tenor por espreso é inserto á la letra, debiendo quedar por lo demás en su vigor, derogamos especial y expresamente solo para efecto de las presentes.Nota d

Siendo además difícil que las presentes letras lleguen a cada uno de los lugares, en los cuales deba hacerse fé de ellas, decretamos y mandamos por la misma autoridad apostólica que se de plena fé a todas sus copias, aun impresas, con tal que estén suscritas por algún notario público y selladas con el sello de alguna persona eclesiástica constituida en dignidad, lo mismo que si se exhibieran y manifestaran las presentes letras. También hacemos írrito y de ningún valor, si llegare a acontecer, lo que se atentase a sabiendas ó por ignorancia en contrario acerca de ellas por cualquiera persona de cualquiera autoridad. No sea licito á ningún hombre el infringir ó contrariar con atrevimiento esta págna de nuestra concesión, aprobación, ratificacion, aceptación, exhortación, decreto, derogación, mandato y voluntad. Si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios Omnipotente y de los bienaventurados apóstoles San Pedro y San Pablo.Nota e

Dado en Roma en Santa María la Mayor, el año de la Encarnación del Señor mil ochocientos cincuenta y tres, el dia tres de agosto, de nuestro pontificado año octavo.1


NOTAS:

  • a: esta es una típica introducción de una bula papal, en la que el pontífice dice no estar a la altura de suceder a San Pedro al frente de la Iglesia. El papa en esa época era Pío IX, Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, quien además fue el último soberano de los Estados Pontificios ya que éstos fueron absorbido por el nuevo Reino de Italia Unificada del Rey Victor Manuel II en 1870. Su pontificado de 31 años y 8 meses, del 16 de junio de 1846 al 7 de febrero de 1878, es el más largo de la historia de la Iglesia, si se descarta el de san Pedro, cuya duración es difícil de determinar con exactitud.
  • b: todo lo enuncia hasta aquí demuestra que prácticamente la Iglesia Católica había recuperado todos los privilegios que había perdido en Guatemala tras la expulsión de eclesiásticos por Francisco Morazán en 1829.
  • c: ya con esta aprobación Papal que concedía a los soldados guatemaltecos indulgencias por matar a soldados liberales «herejes«, Carrera tuvo a su disposición un formidable ejército con soldados que ansiaban dichas indulgencias, y que por ello no fue vencido por ninguna invasión hasta su muerte, ocurrida en 1865.
  • d: los privilegios de la Iglesia Católica recuperaron el esplendor que tuvieron en la época colonial con grandes haciendas y poblados a su disposición. Incluso los jesuitas retornaron al país, después de que fueran expulsados por las autoridades españolas en 1767. Guatemala se convirtió así en un refugio para los eclesiásticos, que eran expulsados de muchos país de latinoamérica dado el influjo de las ideas liberales en esa época.
  • e: el Concordato fue abandonado por el gobierno de J. Rufino Barrios luego de la expulsión de las órdenes regulares y del arzobispo, de la confiscación de todos sus bienes y de la eliminación del diezmo obligatorio. Se estima que a Barrios lo tenía sin cuidado la indignación que aquí se menciona.

BIBLIOGRAFIA:

  1. La Gaceta (10 de noviembre de 1854). No oficial. Edicto. Guatemala. Imprenta de La Paz.

Subir

26 de octubre de 1855: celebran primer aniversario de la presidencia vitalicia de Carrera

26 de octubre de 1855: celebran primer aniversario de la presidencia vitalicia de Carrera

La Gaceta de Guatemala publica una nota sobre las celebraciones del primer aniversario de la presidencia vitalicia del general Rafael Carrera en Guatemala.

26octubre1855.jpg
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde la Catedral en 1860. A la derecha está el edificio del Ayuntamiento, que en la actualidad ocupa el Palacio Nacional. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cambios en Guatemala con la presidencia de Carrera:

Véase también: Carrera es nombrado presidente vitalicio

La vida en Guatemala se tornó sumamente tranquila luego de que el general Rafael Carrera fuera nombrado presidente vitalicio. Atrás quedaron las constantes amenazas de invasiones, los levantamientos de forajidos en los caminos y los crímenes políticos. Para que el lector se de una idea, reproducimos el artículo que la Gaceta de Guatemala publicó el 26 de octubre de 1855, periódico oficial del régimen conservador, en el que relata las celebraciones del natalicio del presidente y el primer aniversario de que fuera nombrado presidente vitalicio:1

Celebraciones por el primer aniversario:

En virtud de disposiciones dadas con anticipación, para que se celebrasen en esta Capital el aniversario de la declaratoria del 21 de Octubre de 1854 y el cumpleaños de S. E. el Presidente, tuvieran lugar ambas festividades en los días domingo y miércoles de esta semana. Dispuesta una revista de las tropas de la guarnición para el 21, formaron estas en la plaza mayor, á las doce de la mañana, en número de mil hombres. Nota a

La decencia de los uniformes, las músicas de los cuerpos, la artilleria montada etc., daban un hermoso aspecto á la parada. Poco después de las doce, el Presidente atravesó la plaza en coche y seguido de todos los jefes y oficiales de su estado niavor, a caballo, y se dirigió por la calle real al Castillo de San José, hacia donde marcharon inmediatamente las tropas, que formaron frente al fuerte y desfilaron delante del Presidente, á quien acompañaban el Sr. Ministro de la guerra y el Sr. Mayor Gral. Bolaños. Hacia las dos de la tarde, S. E. regresó á su casa y las tropas pasaron al edificio del Ayuntamiento, donde se les había preparado de almorzar. En el salón principal estaba también dispuesto un abundante almuerzo para los jefes y oficiales, que concurrieron, en efecto, con el Sr. Ministro de la guerra, el Sr. Mayor Gral., el Sr. Corregidor y algunos individuos de la Municipalidad.Nota b

Por la noche el mal tiempo impidió las iluminaciones del Palacio y casas consistoriales pero habiendo cesado la lluvia hacia las diez, salieron del Ayuntamiento el Sr. Corregidor y la Municipalidad, con una gran serenata y se dirigieron a casa de S. E. el Presidente, donde se cantaron algunos himnos dispuestos para la función. Después pasaron a las casas de los SS. Ministros, recorrieron algunas calles de la ciudad y se retiraron como a las tres de la mañana.Nota c

El miércoles al amanecer se enarboló el pabellón en el Palacio y en los Castillos de San José y de Matamoros, saludándole las salvas de la artilleria de la plaza y de los fuertes. Mas tarde se enarboló también en todos los edificios públicos, haciéndose igual demostración de cortesía al jefe del Estado en las casas de los SS. representantes extranjeros, donde tremolaron durante todo el día los colores de sus naciones respectivas.Nota d

Desde las diez y media el Presidente comenzó á recibir las felicitaciones de los funcionarios, siendo los primeros que pasaron a cumplimentarle, el Illmo. Sr. Arzobispo, el Venerable Cabildo eclesiástico y los Prelados de las comunidades religiosas. A las doce el Corregidor y la Municipalidad de la Capital fueron a felicitar a S. E., quien recibió también bondadosamente a las Municipalidades de indígenas y ladinos de los pueblos del departamento, que ocurrieron con sus estandartes, insignias de las cofradías, etc. Poco después S. E. recibió al Consulado de Comercio, y a las doce y media, a los SS. Ministros de relaciones exteriores y gobernación, Consejo de Estado, jefes de rentas, oficiales mayores de los Ministerios y otros funcionarios. A la una el Sr. Ministro de hacienda y guerra, con el Sr. Comandante general, auditor de guerra, jefes y oficiales de los cuerpos, fueron recibidos por S. E. Las músicas militares tocaron dianas y se disparó en la calle una multitud de cohetes dobles, obsequio de algunos de los oficiales. El Presidente continuó recibiendo las felicitaciones de la Corte de Justicia, empleados y particulares, hasta cerca de las tres de la tarde.Nota e

Ese dia comieron, en familia, con S.E. y con su esposa, algunas señoras amigas de la casa; los SS. Ministros de relaciones y de hacienda; el Sr. general Bolaños; el Sr. Corregidor del departamento; el Sr. Gral. Ignacio Garcia Granados, que habia llegado la tarde anterior de regreso de su viaje a Europa; el Oficial mayor del Ministerio de relaciones; el Secretario privado del Presidente y algunos particulares amigos de S. E. La comida comenzó a las cuatro y media y concluyó a las seis, reinando en ella la mayor cordialidad y animación.

A las siete de la noche el portal y altillo de Palacio, la portada de la Corte de justicia y la fachada de las casas consistoriales estaban iluminadas de colores, y con hachas de cera los balcones del Presidente. A las ocho se exhibieron en la plaza fuegos artificiales, y en seguida se quemó un castillito de pólvora frente a la casa de S. E. y se dispararon muchos cohetes, obsequio de uno de los jefes del ejército. La concurrencia de personas de todas clases en la plaza y en la calle del Presidente era numerosísima. Por la tarde S. E. había hecho dar, por medio de los oficiales de su estado mayor y personas de su raza, limosnas de dinero a una multitud de gentes pobres que estaban agolpadas en la calle.

El público ha visto con satisfacción esas demostraciones de afecto y de respeto hechas al ilustre jefe a quien la República debe tantos y tan imporlanies servicios. Después de la época en que el vértigo revolucionario confunió las ideas al extremo de hacer considerar al jefe de la nación con uno de tantos funcionarios, y en que apenas se le creia acreedor a algunas muestras de un respeto equívoco, es satisfactorio ver ese sentimienlo unánime de adhesión y afecto que ha sabido inspirar a la generalidad de las gentes la persona a quien el pais entero ha confiado sus destinos.Nota f

Sabemos que en la Antigua se ha celebrado el cumpleaños de S. E. el Presidente con un hermoso baile en el salón de sesiones del Ayuntamiento; en Escuintla con el obsequio de una hermosa fuente pública y en Palín con el de un nuevo Cabildo.1


NOTAS:

    • a: nótese que el Ejército de Guatemala ya existía, lo que contradice la versión de que fue creado por J. Rufino Barrios y Miguel García-Granados y Zavala el 30 de junio de 1871.
    • b: el edificio del Ayuntamiento al que se refieren en este artículo es la antigua municipalidad que se encontraba en donde ahora se encuentra el Palacio Nacional en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala).
    • c: por aquella época no había sistema de alumbrado eléctrico. Lo único de que se disponía era de un sistema de serenos que encendían faroles de cebo por las noches.
    • d: los cuarteles de Matamoros y de San José fueron construidos por el gobierno de Carrera. El primero todavía estaba en construcción en 1855 en el barrio de Candelaria y no tenía ninguna ventaja táctica; solamente había sido construido en ese barrio porque allí había nacido el presidente en 1814. El segundo sí tenía una gran ventaja táctica, ya que se encontraba en la parte más alta de la entonces pequeña ciudad, y le permitía al ejército divisar desde lejos cualquier intento de invasión).
    • e: estas muestras de servilismo han sido siempre la norma para con los gobernantes de turno.
    • f: entre 1838 y 1854 se habían sucedido numerosos jefes de estado y presidentes de la República , incluyendo al mismo Carrera, debido a que la inestabilidad política era extrema y duraban poco en el poder.

Bibliografía:

  1. La Gaceta de Guatemala (26 de octubre de 1855) Funciones del 21 y 24 del corriente. Guatemala: Imprenta de la Paz.

Subir

22 de octubre de 1851: Paredes renuncia a la presidencia

22 de octubre de 1851: Paredes renuncia a la presidencia

Tras emitirse la constitución conservadora, el presidente interino, general Mariano Paredes, renuncia y en su lugar es designado el general Rafael Carrera como presidente de la República de Guatemala.

Patio de la Catedral Metropolitana de Guatemala a mediados de la década de 1940.
Patio de la Catedral Metropolitana de Guatemala a mediados de la década de 1940. El poder del clero durante el gobierno conservador de Rafael Carrera fue considerable. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Consecuencias de la Batalla de La Arada:

Véase también: Batalla de La Arada, Mariano Paredes

Luego de la victoria de la Batalla de La Arada, era solamente cuestión de tiempo que la Asamblea Constituyente emitiera una constitución a la medida de las aspiraciones del general Rafael Carrera y que éste fuera electo o nombrado presidente de la Repúbica. Y así ocurrió, en efecto. El 19 de octubre de 1851 se emitió la nueva constitución de la República de Guatemala, por la asamblea que había sido convocada en 1848, y el 22 de octubre, el general presidente Mariano Paredes renunció a la presidencia. Como era de esperarse, el general Rafael Carrera fue designado presidente de la República para el perído 1851-1855.1

Características de la Constitución de 1851:

Véase también: Constitución de 1851, Rafael Carrera

El Acta Constitutiva promulgada en ese momento tiene algunas características que describimos a continuación:2

  • En primer lugar, esta constitución tenía una amplia influencia de la Iglesia Católica y de hecho iniciaba con las siguientes palabras: «En el nombre de Dios Todopoderoso».
  • La definición de guatemalteco era:
      • Nacidos en la República o que se encontraban en ella al momento de la Independencia de España.
      • Nacidos de padres guatemaltecos en el extranjero
      • Los naturales de otros países centroamericanos
      • Los extranjeros naturalizados
  • La definición de ciudadano guatemalteco era:
      • Aquellos que tengan profesión, oficio o propiedad que les proporcione medios para subsistir con independencia.
      • Aquellos extranjeros que cumplan con los requisitos anteriores y fueran nombrados para cargos públicos y los aceptaran. —Nótese que esta definición dejaba como ciudadanos prácticamente solo a los varones criollos y mestizos.—
  • Se dejaba de ser ciudadano:
      • Al tomar las armas en contra de la República
      • Por condenación a pena corporal
      • Por conducta notoriamente viciada
  • El presidente de la República era electo cada cuatro años, por una Asamblea General compuesta de la Cámara de Representantes, del Arzobispo Metropolitano, de los individuos de la Corte de Justicia y de los vocales del Consejo de Estado y podia ser reelecto.
  • No había figura de vicepresidente, y en caso de falta absoluta del presidente se hacía cargo de la presidencia uno de los Ministros de Estado; por esta razón, cuando murió Carrera el 14 de abril de 1865, fue Pedro de Aycinena quien se hizo cargo de la presidencia, pues fungía como Ministro de Relaciones Exteriores.
  • El Consejo de Estado estaba formado por los Ministros de Estado y por ocho consejeros nombrados por la Cámara de Representantes. Eran nombrados cada cuatro años y podían ser reelectos; ahora bien, podían ser requeridos en el Consejo de Estado por las siguientes autoridades:
      • El Presidente de la República
      • El Arzobispo Metropolitano
      • Los obispos que hubiera en la capital
      • Los gobernadores del arzobispado
      • el Regente de la Corte de Justicia
      • el Presidente del Cabildo Eclesiástico
      • el Rector de la Pontificia Universidad
      • el Prior del Consulado
      • el Presidente de la Sociedad Económica
      • el Comandante General de las Fuerzas Armadas
  • En cuanto al congreso, éste quedó denominado como «Cámara de Representantes» y estaba compuesto por 55 miembros que podían ser reelectos. En caso de alguna acusación en su contra, la Cámara misma decidía si procedía un juicio o no.
  • Los departamentos eran gobernados por los Corregidores y las Municipalidades.2,3

Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Asamblea Constituyente de Guatemala (19 de octubre de 1851). Acta Constitutiva de la República de Guatemala, Guatemala.

Subir

5 de agosto de 1844: tratado de paz entre la República Confederada de Chinandega y Guatemala

5 de agosto de 1844: tratado de paz entre la República Confederada de Chinandega y Guatemala

En la Hacienda de Quesada, en Mita, se firma un tratado de paz entre la República Confederada de Chinandega y Guatemala luego de que el general Rafael Carrera frenara la invasión del recién electo presidente salvadoreño Francisco Malespín.

Retrato de Rafael Carrera
Rafael Carrera. Imagen tomada de Wikimedia Commons

Situación de Guatemala en 1844:

Véase también: Mariano Rivera Paz, clero secular, Rafael Carrera

En 1844 el teniente general Rafael Carrera era el General en Jefe del Ejército de los Pueblos de Guatemala, y debido a su mutuo recelo con los diputados constituyentes y los miembros del clero, ninguna de los dos bandos lograba avanzar con sus planes. Carrera entonces empezó a mover sus piezas y tras un alzamiento en Pinula el 10 de marzo, logró que renunciara del Marqués de Aycinena como Consejero del jefe de Estado Mariano Rivera Paz, luego de que se firmara el convenio de Guadalupe el 11 de marzo de 1844 en el que los militares exigían que no hubiera eclesiásticos en el gobierno.1 Aquella primera victoria no fue suficiente, ya que el convenio también exigía que se disolviera la Asamblea Constituyente y se sustituyera por un Consejo legislativo, pero los diputados no lo aceptaron.2

Movimientos estratégicos de Carrera:

Véase también: Familia Aycinena

Sin embargo, sabiendo que las finanzas del gobierno guatemalteco estaban pasando una grave crisis, Carrera apoyó al expresidente federal Manuel José Arce con tropas guatemaltecas y armas para invadir El Salvador en abril de ese año. Dice al respecto Clemente Marroquín Rojas: «es poco explicable esta actitud, porque debía entenderse que reinara la mejor cordialidad entre ambos pueblos; pero la verdad es que ahora Carrera obraba ya por su cuenta y ello demuestra que no era monigote de los conservadores. Mas estamos en 1844 y ya los conservadores han comenzado a aflojar su amistad con Carrera y se disponen a demostrarle que, sin ellos, su caída es inminente. Sólo [Manuel Francisco] Pavón comprende que es peligrosa esa actitud, porque si Carrera cae en manos de los liberales, el partido conservador entero desaparecería. Sin embargo, [el licenciado Lorenzo] Montúfar sostiene que Carrera no valía nada, que toda la intriga era de los ‘serviles’. No cabe duda que al lado de Carrera había alguno que miraba bien las cosas y que le aconsejaban, posiblemente personas equidistantes de los partidos políticos o desilusionados de ambos: se señala a Alejandro Marure y al señor Pineda de Mont, como los consejeros privados de Carrera…»3

Represalia de Malespín y expulsión de Arce:

Existían en ese entonces las Repúblicas Confederadas por el Pacto de Chinandega, que estaban integradas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala. Primero hicieron retirarse a las fuerzas del ya anciano Arce de Coatepeque y luego, mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, finalmente, las fuerzas de Malespín llegaran a Jutiapa.4

El jefe de Estado Rivera Paz, para evitarse más complicaciones, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».5 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión; además, a fin de obtener fondos para pagar a las tropas solicitó un préstamo por 60,000 pesos. Carrera movilizó sus fuerzas, pues ya las de Malespín habían llegado a la hacienda El Sitio, propiedad de José de Nájera, y encima los salvadoreños habían mandados fuerzas navales a las costa de Suchitepéquez, para intentar distraer a Carrera.4

Pero cuando Malespín se enteró de que las fuerzas de Vicente Cruz iban a enfrentarlo, se retiró a El Salvador, acampando en Chalchuapa y Ahuachapán aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor. De hecho, Malespín sospechaba que podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.4

Intento de resolución diplomática del asunto en Quesada:

Mediante la intervención del Delegado Supremo de las Repúblicas Confederadas por el Pacto de Chinandega, Fruto Chamorro, se logró una solución diplomática que se selló el 5 de agosto de 1844 en la hacienda de Quesada, en la región de Mita en Guatemala. Marroquín Rojas relata así aquel tratado: «consecuencia de estos sucesos fue un tratado entre Guatemala y la república centroamericana de Chinandega. Pero éste no fue ratificado; los delegados de Guatemala, reunidos en Quesada el 14 de agosto, firmaron una declaración donde se dice que quedan sin efecto ni valor los puntos del referido tratado y que muy a su pesar, el Estado de Guatemala cierra sus relaciones con El Salvador mientras esté gobernado por una autoridad hostil al Estado de Guatemala […] Esto es lo que se conoce con el nombre de ‘Declaración de Quesada’5


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  3. Marroquín Rojas, Clemente (1971). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  4. Ibid., p. 253.
  5. Ibid., p. 254.

Subir

17 de julio de 1856: decreto proporciona fondos adicionales a la Universidad

17 de julio de 1856: decreto proporciona fondos adicionales a la Universidad

El 22 de septiembre de 1855, el gobierno del presidente vitalicio, capitán general Rafael Carrera, emitió un decreto reformando los estatutos de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, por su importancia en el buen orden social, para evitar los abusos que se estaban cometiendo y la actualización de los estudios eclesiásticos basados en lo dispuesto en el Concordato celebrado con la Santa Sede en 1854.1

El edificio de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en 1895, para entonces convertido en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro.
El edificio de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en 1895, para entonces convertido en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro. Imagen tomada de El Porvenir de Centro América. En el recuadro: el Dr. y obispo Juan José de Aycinena y Piñol, rector de la universidad en 1856.; retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

Se restablece la Pontificia Unversidad de San Carlos:

Véase también: Juan José de Aycinena, Rafael Carrera

En primer lugar, el estatuto fundamental de la Pontificia Universidad pasó a ser nuevamente las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, aprobado por el rey Carlos II el 20 de febrero de 1686, los cuales se iban a observar tal y como estaban en uso en 1821, al momento de la Independencia de Centroamérica. Por supuesto, en caso de que hubiera discrepancias derivadas de los cambios que habían ocurrido en el gobierno y la sociedad guatemalteca en los últimos treinta años, el Rector quedaba facultado para decidir lo que más le conviniera a la universidad.1

La influencia de la Iglesia Católica sobre la formación universitaria quedó de manifiesto cuando se formó un claustro de consiliarios que elegiría al rector, conformado de la siguiente forma:2

  • Doctores:
    • Facultad de Cánones: Juan José de Aycinena, marqués de Aycinena, obispo in partibus de Trajanópolis y arcediano de la Catedral Metropolitana
    • Facultad de Teología: Basilio Zeceña, consejero de Estado
    • Facultad de Leyes: Pedro Valenzuela, consejero de Estado
    • Facultad de Medicina: Quirino Flores, protomédico
  • Bachilleres:
    • Padre Nicolás Arellano, prepósito de la congregación de San Felipe Neri
    • Fray Juan Félix de Jesús Zepeda. guardián de la comunidad de San Francisco
    • Francisco Abella
    • Presbítero Vicente Hernández2

El requisito de ingreso a los estudios de bachillerato era haber aprobado latinidad y, en el caso de los estudiantes de medicina y de farmacia, ciencias naturales; ahora bien, el decreto de reforma estipulaba que los alumnos del Colegio Tridentino, del Colegio de Infantes y del Colegio de la Compañía de Jesús podían optar inmediatamente al grado de bachiller, previa certificación. Las cátedras generales impartidas eran filosofía, y matemática —que incluía geometría, trigonometría y álgebra—, y los planes de estudio eran los siguientes:3

  • Teología: 3 años
    • Dogma
    • Moral
    • Escritura Sagrada
  • Derecho civil y canónico:
    • Cánones
    • Leyes
    • Instituta
    • Derecho natural
  • Medicina:
    • Anatomía descriptiva
    • Fisiología
    • Cirugía
    • Patología externa
    • Medicina legal
    • Patología interna
    • Higiene3

Asignación de fondos para la Universidad:

Para el funcionamiento de la institución el gobierno asignó una pensión anual de cuatro mil pesos, y le asignó las matrículas, propinas y derechos para los grados, con la que se esperaba cubrir el presupuesto estimado de seis mil quinientos pesos, pero no fue suficiente. Así pues, el 17 de julio de 1856, se emitió el siguiente decreto para mejorar las finanzas de la universidad:4

  • Artículo 1°.— Todos los empleados de la administración pública, inclusos los de las corporaciones civiles, y con excepcion de los militares, pagarán a la arca de la universidad, por una sola vez y al librárseles el título, el dos por ciento de la renta o sueldo de un año, siempre que exceda de trescientos pesos; e igual impuesto pagarán los que obtengan beneficios eclesiásticos titulares; si los proventos ó rentas de un año pasaren de trescientos pesos. En los mismos casos pagarán el uno por ciento, si fueren nombrados interinamente.
  • Artículo 2°.— En los casos en que por las leyes vigentes se adeude alcabala por la venta, arrendamiento e imposición de censos, sobre fincas urbanas ó rusticas, en los mismos se pagará el uno por ciento, en beneficio de la universidad.
  • Artículo 3°.— Por la emisión de títulos de abogados, escribanos, médicos y cirujanos, farmacéuticos, agrimensores e ingenieros civiles, se pagará a la universidad por aquellos en cuyo favor se libren la suma de doce pesos; e igual impuesto se pagará por las venias de edad, para administrar bienes, y por los autos de emancipación, no pudiéndose librar los despachos respectivos, sin que previamente se haga constar haberse hecho el entero, con certificación del tesorero de la misma universidad.4
  • Artículo 4°.— Quedan vigentes los derechos de grados mayores y menores, y los de matrículas y exámenes, de la manera que se hallan establecidos; y se derogan las demás disposiciones que fijaron rentas primeramente a la academia de estudios y después a la universidad.5

Bibliografía:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 203-210.
  2. Ibid, p. 204.
  3. Ibid., pp. 205-206.
  4. Ibid., p. 211.
  5. Ibid., p. 212.

Subir

24 de mayo de 1869: Cerna inaugura su segundo período presidencial

24mayo1869
Iglesia del Cerrito del Carmen hacia principios del siglo XX.  El área seguía muy similar a la época en que Cerna juró para su segundo período presidencial.  Fotografía de Juan José de Jesús Yas.

Cuando el capitán general Rafael Carrera fue nombrado presidente vitalicio en 1854, tuvo la prerrogativa de elegir a su sucesor, y Carrera eligió al Mariscal Vicente Cerna con quien había sido compañero de armas desde su época de guerrillero.1

Tras la muerte de Carrera en 1865, el primer período del Mariscal Cerna había sido una continuación del gobierno del extinto presidente vitalicio, pero las circunstancias imperantes exigían un cambio de gobierno, ya que si bien Cerna era muy honrado y muy moralista, no tenia la capacidad suficiente para enfrentarse a los criollos liberales que poco a poco fueron reforzando sus posiciones.  Por eso, cuando se convocaron a elecciones para su sucesor, los miembros de la Cámara de Representantes —como se le llamaba al Congreso de la República en aquellos años— tenían la opción de elegir al Mariscal José Víctor Zavala, quien también había sido correligionario de Carrera, pero quien además había estudiado en la Universidad y en el extranjero y había retornado de Nicaragua cubierto de gloria tras vencer al filibustero William Walker.1 Aunque muchos daban ya por vencedor a Zavala, el 17 de enero de 1859, luego de asistir a una misa para recibir la «inspiración del Espíritu Santo«, los diputados votaron y eligieron al Mariscal Cerna con 31 votos contra 21 que recibió Zavala dando así, sin querer, la estocada final al régimen conservador en Guatemala.2

La ceremonia de juramentación se llevó a cabo el 24 de mayo en la sede la Cámara de Representantes, cuyo presidente era el señor Juan Matheu, un ciudadano español radicado en Guatemala y quien había estado en el puesto desde la época del general Carrera. Además de los diputados, estaban los miembros del Consejo de Estado, la Corte de Justicia, el Ayuntamiento, el Claustro de la Universidad, y el Consulado de Comercio.  Y también estaban las autoridades eclesiásticas, principiando por el arzobispo metropolitano, y su corte que incluía a los estudiantes del Seminario, y  los colegios de Infantes y Clerical; y los frailes de las órdenes regulares. Por su parte, Cerna hizo su ingreso al recinto acompañado del Corregidor del departamento, del Mayor General del Ejército y de los miembros de su Estado Mayor.3

De acuerdo a lo indicado por la constitución vigente en la época, el arzobispo tomó el juramento al presidente y luego de los discursos de ley, salieron en comitiva hacia la Catedral en donde se celebró un Te Deum con motivo del magno acontecimiento.4

Aquella sería la última gran celebración de los conservadores guatemaltecos, ya que un poco más de dos años después, Cerna caería derrotado por la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871 y se tenía que ir huyendo del país en lomo de mula y con solamente veinte pesos en el bolsillo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 343.
  2. Ibid., p. 344.
  3. Ibid., p. 345.
  4. Ibid., p. 346.

Subir

26 de abril de 1844: Rivera Paz forma un nuevo gabinete de gobierno

26 de abril de 1844: Rivera Paz forma un nuevo gabinete de gobierno

Tras la firma del Convenio de Guadalupe, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, se ve obligado a formar un nuevo gabinete de gobierno

26abril1844
El Palacio Colonial de la ciudad de Guatemala en 1900, que fuera la sede del Ejecutivo durante la época de Mariano Rivera Paz. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Convenio de Guadalupe:

Véase también: Convenio de Guadalupe, Mariano Rivera Paz

Después de una breve escaramuza ocurrida el 11 de marzo de 1844 entre las fuerzas del teniente general Rafael Carrera y unos campesinos alzados de Pinula, se firmó un rápido acuerdo de paz en la Villa de Guadalupe, el cual fue conocido como “El Convenio de Guadalupe”, y que parecía darle un nuevo balance en el gobierno de Mariano Rivera Paz, ya que dejaba encargado a Carrera de disolver a la Asamblea constituyente y sustituirla por un consejo Legislativo con diputados electos en cada departamentos, y exigía que no hubiera miembros del clero en el gabinete de gobierno —en un ataque director al Consejero del Despacho, obispo Juan José de Aycinena—, todo lo cual estaba de acuerdo a lo que planificó Carrera de antemano para sacar a los clérigos y a los diputados de los puestos de poder.2

Los jefes militares que ratificaron el convenio protestaron que después de cinco años de estar establecida, la Asamblea Constituyente no había sido capaz de redactor una nueva constitución, no había satisfecho las necesidades de Mita y de otros departamentos y que los diputados cobraban sumas exhorbitantes sin hacer nada. De hecho, dijeron que la seguridad del país se lograba únicamente gracias al General en Jefe del Ejército, que era Carrera, y que era necesario que un Consejo Legislativo sustituyera a la Asamblea.2

El convenio de Guadalupe —aunque fue inicialmene rechazado por la Asamblea constituyente pues esta tenía que aprovarlo antes de ser disuelta por lo estiuplado en el mismo convenio— demostró que ninguna de las facciones criollas, tanto conservadora como liberal, representaba a las masas rurales, y que más bien, ambas estaban completamente alienadas de los campesinos.3

Renuncia de Juan José de Aycinena:

Véase también: renuncia del obispo de Aycinena

Presionado por esta situación, el marqués y obispo de Aycinena presentó su renuncia como Consejero el 15 de marzo, con efecto retroactivo al 7 de dicho mes y eso obligó a que el 26 de abril de 1844, el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz formara un nuevo gabinete, conformado por moderados encabezados por José Mariano Rodríguez como ministro de Gobernación y Relaciones Exteriores. Miguel Rivera Maestre se rehusó a aceptar el Ministerio de Hacienda, y en su lugar fue nombrado José Antonio Azmitia. Este nuevo gobierno se mudó el 2 de mayo a unas elegantes oficinas que habían sido remodeladas en el Palacio Colonial, después de haber estado sesionando en el edificio que estaba en la esquina opuesta a la Iglesia de Santa Rosa en la Ciudad de Guatemala.3


Bibliografía:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993) Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. p. 137.
  2. Ibid., pp. 138-140.
  3. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.

Subir

1 de marzo de 1832: los liberales crean la Academia de Ciencias y Estudios

1 de marzo de 1832: los liberales crean la Academia de Ciencias y Estudios

La Universidad de San Carlos de Guatemala, única institución pública de educación superior en Guatemala, ha pasado por varias transformaciones durante su existencia. Dejando por un lado la discusión de que si se trata o no de la misma institución que fue originalmente fundada en 1676, existe una breve etapa que es la menos conocidas de la historia de la educación superior en Guatemala: la Academia de Ciencias y Estudios, que existió entre 1832 y 1840.

Invitación an acto de graduación de la Universidad de San Carlos del bachiller Francisco de Paula García y Peláez (futuro arzobispo de Guatemala) en 1817. La invitación estaba escrita en latín y tenía una oración para el santo al que estaba dedicado el acto.  Imagen tomada de la invitación de García Peláez.
Invitación an acto de graduación de la Universidad de San Carlos del bachiller Francisco de Paula García y Peláez (futuro arzobispo de Guatemala) en 1817. La invitación estaba escrita en latín y tenía una oración para el santo al que estaba dedicado el acto. Imagen tomada de la invitación de García Peláez.

Educación en Guatemala en 1830:

Véase también: Guerra Civil Centroamericana

En 1832, luego de triunfar en la Guerra Civil Centroamericana, los criollos liberales se habían hecho con el poder en Centroamérica, aprovechando su poder para expulsar a los criollos conservadores aristocráticos de la región y saqueado los tesoros privados y religiosos de la ciudad de Guatemala.1 El nuevo gobierno liberal del Estado de Guatemala consiguió cierta tranquilidad y decidió restablecer la educación pública.

Para que el lector se de una idea de lo escaso de la preparación de la población guatemalteca de la época, he aquí un listado de las instituciones disposibles para la educación primaria en la ciudad capital:

Para varones:

    • La escuela normal creada el 8 de marzo de 1831.
    • Tres escuelas de primeras letras fundadas en 1829.
    • Dos escuelas de primeras letras creadas por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy a finales del siglo XVIII
    • La escuela de primeras letras del convento de Belén2

Para niñas:

    • Escuela del beaterio de Santa Rosa
    • Escuela del beaterio de Indias
    • Escuela del convento de Belén
    • Colegio «La Presentación«
    • La escuela de la parroquia de San Sebastián
    • La escuela en la parroquia de Candelaria3

Fuera de la capital solamente había escuelas para varones en la cabecera de cada uno de los seis departamentos que existían en ese entonces, y una más para niñas en las cuatro cabeceras que tenían título de ciudades.

La educación secundaria estaba en peores condiciones, ya que estaba concentrada en su totalidad en la ciudad de Guatemala, y era solamente para varones. Existían dos instituciones:

    • El Colegio y Seminario Tridentino, el cual estaba enfocadao a la liturgia, práctica pastoral y ejercicios de predicación.
    • El Colegio de Infantes, el cual estaba encargado del resto de la educación secundaria.4

Creación de la Academia de Ciencias y Estudios:

Véase también: Universidad de San Carlos de Guatemala

Para afrontar la educación superior, que había quedado a la deriva durante la Guerra Civil, el gobierno creó una Academia de Ciencias y Estudios la cual quedó a cargo del gobierno del Estado, y para que contara con las mejores posibilidades de éxito se estipuló incorporar a:

    • Todos los doctores, maestros y licenciados de la antigua Universidad de San Carlos.
    • Todos los abogados de los tribunals del estado, esten o no matriculados en su respectivo colegio.
    • Todos los licenciados y habilitados por el protomedicato para el ejercicio de la medicina y cirugía, y profesores de farmacia.
    • Todos lo que en adelante obtuvieran alguno de estos títulos conforme al nuevo arreglo de la instrucción pública.

Además se estipuló que una vez establecida la Academia, se consideraría suprimida la antigua Universidad y el colegio de abogados, que de hecho estaban casi disueltos debido a los desastres causados por la Guerra Civil Centroamericana y se refundieron en la misma los fondos y pertenencias de ambos cuerpos y sus obligaciones respectivas, en especial la que le tocaba al colegio de abogados, de dirigir la academia de derecho teórico-práctico que convirtieron en esa oportunidad en la cátedra de práctica forense.5

La Academia de Ciencias y Estudios funcionó únicamente por cinco años, ya que la revuelta católico-campesina que estalló en 1838 contra las autoridades liberales anticlericales alteró nuevamente la vida del Estado.6

La Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos fue restablecida con sus estatutos y privilegios originales el 5 de noviembre de 1840, ya cuando el regimen liberal había colapsado, aunque ya solamente funcionaba en el Estado de Guatemala.7 Por su parte, el colegio de abogados fue restablecido por decretos del 23 de diciembre de 1851 y del 30 de octubre de 1852.


Bibliografía:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 60.
  3. Ibid., p. 61.
  4. Ibid., p. 65.
  5. Ibid., pp. 66-69.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-50.
  7. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala., pp. 171-175.

Subir

22 de febrero de 1851: dedican templo de San Francisco en la Nueva Guatemala

22 de febrero de 1851: dedican templo de San Francisco en la Nueva Guatemala

La construcción y dedicación del tempo de San Francisco constituye el mejor ejemplo de las viscicitudes que atravesó la capital de Guatemala tras su traslado a la nueva ciudad en 1776. Fue hasta después de casi 75 años después del traslado de la capital a la Nueva Guatemala, finalmente se dedicó este templo.

22febrero1851
La Iglesia de San Francisco y su convento, ya convertido en la Administración de Correos en 1892. Nótese el alumbrado público, los rieles del tranvía y el poste de telégrafo frente al atrio de la iglesia. Fotografía de Kildare y Valdeavellano, tomada de «Guatemala Ilustrada«.

Traslado a la Nueva Guatemala:

Véase también: terremoto de Santa Marta

Tras el terremoto de Santa Marta las órdenes regulares fueron obligadas por el Capitán General a trasladarse a la Nueva Guatemala de la Asunción, teniendo que abandonar sus fastuosos conventos y empezar de cero aunque sus edificios no estuvieran tan dañados. Si bien el convento de los dominicos quedó por los suelos, el de los franciscanos podría haber recuperado, pero fueron obligados a mudarse también, por lo que construyeron una iglesia provisional en 1778 en la Calle Real y Calle de las Beatas que llamaron «Capilla Provisional de San Francisco el Viejo«.1

Las órdenes regulares recibieron escaso apoyo económico de parte del Capitán General, y aunque los franciscanos tuvieron el diseño del nuevo templo y convento listo en 1788, no fue sino hasta en 1800 que pudieron empezar a construir, luego de haber recuperado todo el material que pudieron de los escombros de la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros y de haber vendido parte de sus propiedades. El arquitecto español Santiago Marquí estuvo a cargo del proyecto inicialmente y alrededor de 1820 —cuando la estructura estaba casi finalizada— los franciscanos solicitaron la autorización real para construir las torres de los campanarios.1

Tras la Independencia de Centroamérica:

Véase también: Independencia de Centroamérica, Anexión a México en 1822

Pero la Independencia de Centroamérica en 1821 obligó a suspender la construcción, y luego ya no se pudo continuar porque la situación económica se deterioró considerablemente con la Anexión a México en 1822.2 La situación de las órdenes religiosos se deterioró tras la caída del emperador Agustín de Iturbide en 1823, pues con la formación de las Provincias Unidas del Centro de América y eventualmente de la República Federal de Centro América, se emitieron numerosos decretos anticlericales.3

Guerra Civil Centroamericana:

Véase también: Guerra Civil Centroamericana

Cansados de los decretos en su contra, los criollos aristócratas y los religiosos convencieron al presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga de unirse a ellos, y cuando el Jefe de Estado de Guatemala, Juan Barrundia, quiso darle un golpe de estado a Arce, éste lo hizo prisionero en 1826. En su lugar fue electo el líder aristócratas Mariano de Aycinena, pero esto sólo provocó que los criollos hacendados de las otras provincias se rebelaran contra el gobierno federal iniciando la Guerra Civil Centroamericana.4

En abril de 1829, los liberales al mando de Francisco Morazán derrotaron a Mariano de Aycinena y los conservadores guatemaltecos y expulsaron del territorio centroamericano a los criollos aristócratas y a los frailes regulares, incluyendo a los franciscanos. Por esta razón, el templo se convirtió en parroquia del clero secular, el cual, por cierto, también quedó debilitado porque se eliminó el diezmo obligatorio y el arzobispo Ramón Casaus y Torres también fue expulsado.5 Y, por si fuera poco, los soldados y oficiales liberales saquearon los tesoros del templo antes de retirarse de la ciudad.6,Nota

Gobierno de los 30 años y dedicación del templo:

Véase también: Rafael Carrera, Batalla de la Arada

Tras el retorno al poder de los conservadores en 1840, luego de la revuelta católico-campesina que derrocó al gobierno del Dr. Mariano Gálvez en 1838, y bajo el liderazgo del capitán general Rafael Carrera,7 las órdenes regulares retornaron a Guatemala y empezaron a prosperar nuevamente.3 Los terciarios franciscanos retornaron también y lograron finalizar la construcción del templo, el cual fue inaugurado el 22 de febrero de 1851 por el arzobispo Francisco de Paula García y Peláez, para celebrar la victoria guatemalteca en la Batalla de la Arada. Las toques finales de la construcción del templo estuvieron a cargo de Miguel Rivera Maestre, pero el edificio ya nunca tuvo campanarios.8

Gobiernos liberales y segunda expulsión:

Véase también: Revolución Liberal de 1871

Tras la muerte de Rafael Carrera en 1865, y luego de la Revolución Liberal de 1871, los franciscanos fueron expulsados de Guatemala nuevamente junto con el resto del clero regular en 1872 por el gobierno anticlerical de J. Rufino Barrios, y mientras que el templo fue entregado al clero secular, el resto de las instalaciones fueron confiscadas: el convento de los terciarios fue convertido en la oficina de Correos y la Aduana, y posteriormente albergó la Estación Sur del Ferrocarril, la Escuela número 2 y la Cárcel de Varones.9

Retorno en 1956:

Los franciscanos retornaron a Guatemala en 1956 y en 1960 recuperaron el templo, pero no así el convento, que ya no existía pues había sido demolido por los terremotos de 1917 y 1918 y en su lugar se construyó el Palacio de la Policía Nacional durante el gobierno del general Jorge Ubico, el cual ahora funciona como el Ministerio de Gobernación. De la estructura original del convento colonial solamente quedaba la sección que era utilizada como cárcel, pero ésta fue demolida durante el gobierno del general Romeo Lucas García y el espacio sigue sin ocuparse hasta la fecha.8


Notas:

  • Estos robos dieron lugar a la conocida frase guatemalteca «se fue con Pancho«, que originalmente quería decir que se lo habían robado los hombres de «Chico Ganzúa«, apodo que le pusieron los guatemaltecos a Francisco Morazán por su afición a los bienes ajenos.6

Bibliografía:

  1. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  2. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821. En: LiminaR XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541
  3. Hernández de León, Federico (1930). (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  6. Coronado Aguilar, Manuel (1975) Apuntes históricos guatemaltenses. (2a. edición) Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 137.
  7. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográfigos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-16.
  8. Urrutia, César (2011). «Historia de la Ciudad de Guatemala: Iglesia de San Francisco». Guatemala de ayer. Guatemala.
  9. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.

Subir

28 de noviembre de 1848: nombran a José Bernardo Escobar como presidente

28 de noviembre de 1848: nombran a José Bernardo Escobar como presidente

Designan al ciudadano José Bernardo Escobar para la presidencia interina de la República de Guatemala. Gobernó poco tiempo, pero durante su breve período tuvo que enfrentar una rebelión de los hermanos Vicence y Serapio Cruz, lo que eventualmente le costaría la vida.  Fue sucedido en la presidencia por el general Mariano Paredes el 18 de enero de 1849.

Plaza Central de Quetzaltenango en 1840. Bosquejo realizado por Frederick Catherwood y publicado en 1854
Plaza Central de Quetzaltenango en 1840. Bosquejo realizado por Frederick Catherwood y publicado en 1854 en el libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan de John Lloyd Stephens.

Primera presidencia de Rafael Carrera:

Véase también: Rafael Carrera, Fundación de la República de Guatemala

Tras llegar a la Jefatura del Estado de Guatemala en 1844,1,2 el General Rafael Carrera decretó la creación de la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847.3 Y agradada en su patriotismo por las medidas del «Caudillo Adorado de los Pueblos«, como le llamaban en ese tiempo a Carrera, el 14 de septiembre de 1848 la Asamblea Legislativa emitió el Decreto que ratificaba que «Guatemala es una nación soberana, una república libre é independiente«.

Pero la Guatemala de 1848 ya no era la de 1847. Había muchas rebeliones e inseguridad y los criollos —tanto conservadores como liberales— le exigieron exigido al presidente Carrera que dejara el poder. Carrera conocía muy bien a los criollos y había aceptado irse al exilio a México, sabiendo que no iba a pasar mucho tiempo antes de que lo llamaran de vuelta.4,5

Exilio de Carrera:

Véase también: Mariano Paredes, Estado de Los Altos

Y tal como él vaticinó, ocurrió: a los pocos días de la firma del decreto arriba mencionado se inició la rebelión armada del general Vicente Cruz, en Antigua Guatemala que aprovechó que Carrera estaba exiliado y el hecho de que el general Mariano Paredes, jefe del Ejército, estuviera sometiendo insurrecciones liberales en Los Altos. Es decir, aprovechó que la Ciudad de Guatemala estaba prácticamente indefensa ya que los dos jefes militares más calificados del momento nada podían hacer por ella.6

Designan a Escobar como presidente interino:

Véase también: Pedro Molina, José Francisco Barrundia, Serapio Cruz

Cruz y sus hombres dejaron la Antigua Guatemala y, dando un rodeo, llegaron a Villa Nueva. Ante tal actitud, el gobierno convocó a la Asamblea, la cual se reunió el 27 de noviembre y ante ella presentó su renuncia el Presidente interino licenciado Juan Antonio Martínez. En el mismo acto la Asamblea aceptó la renuncia y designó presidente interino al liberal José Bernardo Escobar, personaje culto y diputado a la misma Asamblea, de quién «no se podía decir que fuera un pelele en manos de nadie«.

Era el peor momento posible para asumir la presidencia de la República: el ejército de Cruz avanzaba casi sin encontrar resistencia y el primero de diciembre, desde San José Pinula, dirigió una nota al presidente Escobar intimidándole a entregar la plaza, ofreciendo respetar vidas y haciendas, menos las de los Molina, los Arrivillaga, Vidaurre, Manuel Dardón, el expresidente Juan Antonio Martínez, los Zepeda y José Francisco Barrundia, todos ellos, importantes criollos liberales a quienes Cruz consideraba traidores a la causa. A pesar de la situación crítica, haciendo gala de energía y patriotismo Escobar rechazó la petición de los alzados, lo que resultó en que siguieran las hostilidades. Y para colmo de males, en Palencia se encontraba ya el general Serapio Cruz («Tata Lapo«), hermano del también general Vicente Cruz.

El general Cruz repitió su oferta el 12 de diciembre y Escobar sin dinero ni tropas envió varias embajadas a parlamentar, en una de las cuales iba el propio Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez. Por fin Cruz, admitió celebrar conversaciones, pero uno de los puntos que propuso era que se restableciera el Estado de Los Altos diciendo: «El gobierno retirará de Los Altos las fuerzas de Ocupación, para que aquellos pueblos puedan libremente decidir su futuro, para lo cual no se les molestará en nada«. A pesar de ser liberal, Escobar rechazó lo que se le proponía respecto de Los Altos, por el daño que ocasionaría a la integridad territorial de la Guatemala.6-8

Tras el fracaso de la negociación, Escobar buscó un arreglo político: quitó a Basilio Porras del Ministerio de la Guerra y lo colocó en el de Relaciones Exteriores, y entregó la cartera militar al Teniente Coronel de Ingenieros Manuel José Narciso de Jonama y Belsolar, que estaba retirado de la vida pública desde 1829, pero conservaba simpatías entre los liberales y era además amigo personal de Carrera. Pero esta medida tampoco solucionó nada y la rebelión continuó, obligando entonces a Escobar a presentar formalmente su renuncia a la presidencia el 30 de diciembre de 1848. La Asamblea eligió a Manuel Tejada, quién renunció al día siguiente por lo que Escobar tuvo que seguir en el mando.6-8

Mariano Paredes es nombrado presidente:

Véase también: Mariano Paredes

A principios de 1849 se reunió la Asamblea para elegir sustituto a Escobar y decidió nombrar al general Mariano Paredes quien había logrado la pacificación de Los Altos y detener la revuelta de los Cruz. Finamente, Escobar pudo entregar la Primera Magistratura el 18 de enero de 1849 y con el fin de evitarse ofensas o represalias se exiló voluntariamente en El Salvador. Pero hasta allí lo siguieron sus enemigos: los hermanos Cruz ordenaron su envenenamiento por haber rechazado sus exigencias.6-8

En cuanto a Carrera, en agosto de 1849 regresó a Guatemala y se convirtió en el verdadero poder tras el presidente Paredes pues se aseguró de conseguir todas las alianzas que pudo entre los indígenas del Occidente guatemalteco, férreos opositores al Estado de Los Altos que pretendían establecer los criollos liberales y obligó a pactar a los criollos conservadores para evitar que los indígenas los lincharan.6-8


Bibliografía:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía nacional. p.123.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.
  3. Ibid., pp. 73-76.
  4. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  6. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  7. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  8. — (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. III. Sánchez y de Guise.

Subir

16 de noviembre de 1854: arzobispo solicita que se restablezca cobro del diezmo a la cochinilla

16 de noviembre de 1854: arzobispo solicita que se restablezca el cobro del diezmo a la cochinilla

El arzobispo de Guatemala, amparándose en las leyes coloniales de Indias, solicita al gobierno del general Rafael Carrera que se restablezca el cobro del diezmo a la cochinilla.

Catedral y Palacio Arzobispal en 1890. En el recuardo: retrato oficial del Arzobispo Francisco de Paula Garcia y Peláez, quien fuera quizá el ultimo arzobispo guatemalteco que verdaderamente tuvo poder económico y politico en el país.
Catedral y Palacio Arzobispal en 1890. En el recuardo: retrato oficial del Arzobispo Francisco de Paula Garcia y Peláez, quien fuera quizá el ultimo arzobispo guatemalteco que verdaderamente tuvo poder económico y politico en el país. Fotografía de Juan José de Jesús Yas.

El gobierno pro-católico de Rafael Carrera:

Véase también: Rafael Carrera, clero secular, Concordato de 1852

El gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera se caracterizó por la fuerte influencia que tuvo la Iglesia Católica en Guatemala.1 No solamente se permitió el retorno de los frailes de las otrora poderosas órdenes regulares —incluyendo a los jesuitas que habían sido expulsados por los propios españoles en 17672—, sino que también por el apoyo económico al clero secular, dirigido por el Arzobispo y la firma de un Concordato con la Santa Sede, por medio del cual el gobierno se comprometió a defender los intereses económicos del clero a cambio de la educación y de indulgencias para sus soldados.1

El gravámen de la cochinilla:

Un ejemplo es la restitución del diezmo a la cochinilla —tinte que entonces era el principal producto de exportación de Guatemala— que fue solicitado a Carrera por el arzobispo Francisco de Paula Garcia y Peláez el 16 de noviembre de 1854; este gravamen había sido eliminado por el gobierno liberal el 21 de abril de 1831, pero el arzobispo argumentó que «se debía entender la obligación general de pagar el diezmo, que segun la ley 4a., título 16, libro 1o. de la Recopilación de Indias —es decir, leyes coloniales—, se satisfice por todos los frutos de la tierra.»3

El gobierno de Carrera accedió a entregar el diezmo solicitado, pero solamente 4 reales sobre cada tercio de ciento cincuenta libras y no doce como estaba antes de la derogación de 1831, debido a que en ese momento el precio del producto estaba pasando una crisis considerable.4

El decreto de la cochinilla de 1854:

He aquí el decreto:4

Habiendo tomado en consideración el acuerdo del venerable cabildo eclesiástico relativo al diezmo que debe pagar la cochinilla, y que comunicó el muy reverendo arzobispo en oficio de 16 de noviembre ultimo; y teniendo presente haber cesado el privilegio concedido en decreto de 21 de abril de 1831, en favor de dicho fruto, y que eu este concepto debe comprenderse la obligación general de pagar el diezmo, que segun la ley 4a., título 16, libro 1o. de la Recopilación de Indias, se satisface por todos los frutos de la tierra ; y atendiendo al estado de decadencia en que se halla aquel ramo de agricultura y las demás razones de interés público que se han tenido presentes; de conformidad con la consulta del consejo de estado, el presidente acuerda:

1°. — Se manifieste al venerable cabildo eclesiástico, por medio del muy reverendo arzobispo, que a juicio del gobierno será conveniente y equitativo que por ahora, la asignación de doce reales acordada por el mismo venerable cabildo, se reduzca a cuatro reales sobre cada tercio de ciento cincuenta libras, a reserva de aumentarla más adelante si mejoraren los precios del fruto.
2°. — Que tal imposición comience a tener efecto desde el 1°. de enero próximo, para lo cual se harán las prevenciones convenientes.
3°. — Que no pueda arrendarse el diezmo respectivo a la cochinilla; y que para facilitar su percepción, y auxiliar en ella a la autoridad eclesiástica, según lo dispuesto en el artículo 5°. del concordato celebrado con la Santa Sede, se autorizará á las administraciones de rentas, a efecto de que al extender las guías, cobren la cuota señalada, entendiéndose para todo esto con los comisionados del venerable cabildo.4

Consecuencias:

La imposición tomó vigencia a partir del 1 de enero de 1855 y para facilitar su recaudación y ayudar al clero secular a cobrarla, se autorizó a las administraciones de rentas para cobrar el diezmo indicado con comisiones del cabildo. Todo esto, amparado en el Concordato que se había establecido con la Santa Sede en 1852 y ratificado en 1854.5

Este tributo se mantuvo hasta la Revolución Liberal de 1871, cuando se empezaron a hacer críticas a las grandes riquezas que poseía la Iglesia Católica y eventualmente todos sus privilegios le fueron retirados.6


Bibliografía:

  1. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  3. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 299.
  5. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  6. Ciudadanos Libertadores (3 de julio de 1871), Colección de Hojas Sueltas 1871-1873 6. Guatemala.

Subir

13 de junio de 1830: Asamblea declara traidor a la patria al arzobispo Casaus y Torres

13junio1830Retrato oficial del arzobispo Ramón Casaus y Torres. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo de Francisco Morazán contra Mariano de Aycinena y Mariano de Beltranena en abril de 1829, los criollos liberales tomaron el control de la antigua capital de la Capitanía General de Guatemala. Morazán expulsó a la familia Aycinena y a los miembros de las órdenes regulares de todo el territorio centroamericano y sus aliados liberales saquearon cuanto pudieron de las casas y monasterios de los expulsados.1 Además, las enormes haciendas de los religiosos fueron entregadas a los socios ingleses del caudillo liberal. En cuanto al clero secular, dirigido por el arzobispo Ramón Casaus y Torres, éste fue marginado con la expulsión del arzobispo el 11 de junio de 1829.2

Cuando llegó exiliado a la Habana, Casaus y Torres se dedicó a buscar todos los medios para atacar a los liberales en el poder. Y fue tal la agitación causada en Guatemala gracias a la distribución de las pastorales por los curas párrocos que predicaban en el área rural, que hubo revueltas indígenas en San Agustín Acasaguastlán y Zacapa. Las autoridades se vieron así en un grave problema y tuvieron que expedir un decreto por el que declara al arzobispo enemigo de la Patria el 13 de junio de 1830:2

  1. Se declara traidor a la patria al Arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus.
  2. Se declara que el mismo Arzobispo ha perdido los derechos de ciudadano, conforme a lo dispuesto en el párrafo 1, artículo 20 de la Constitución federal.
  3. En consecuencia queda extrañado perpetuamente del territorio del Estado, y su silla vacante.
  4. Mientras se provee canónicamente el Arzobispado, sus rentas entrarán a la tesorería. Los bienes particulares de fray Ramón, serán ocupados con arreglo a lo dispuesto en el decreto de 23 de noviembre último.
  5. El Cabildo eclesiástico nombrará Vicario y Gobernador general del Arzobispado, arreglándose a lo dispuesto en el derecho canónico; pero el que así fuere nombrado, no entrará a ejercer su cargo sin aprobación previa del gobierno.
  6. Es prohibida, de hoy en adelante toda comunicación con el expresado fray Ramón Casaus, a quien se considerará enemigo público.
  7. El gobierno cuidará de informar a Su Santidad sobre todo lo ocurrido, activando las disposiciones prevenidas en el decreto de 5 de diciembre del año próximo pasado.
  8. El mismo gobierno hará imprimir y publicar los documentos principales que demarcan la conducta hostil del Arzobispo, a quien se le intimará el presente decreto.2

Este decreto tambien dejó sin el beneficio del diezmo obligatorio al clero secular, con la intención de dejar a los curas párrocos en situación muy difícil; pero ,a pesar de todo esto, éstos siguieron azuzando el ánimo de los campesinos indígenas.2

En ese entonces, como en el siglo XXI, los criollos abrazaban causas idealistas para esconder sus verdaderos fines. Por su lado, los criollos liberales decían que defendían el progreso y las ideas avanzadas del siglo XIX contra el oscurantismo católico colonial, mientras que los criollos conservadores decían defender la verdadera religión y las buenas costumbres. En realidad, ambos perseguían el poder político y económico, y cuando lo perdían, luchaban sin cesar por recuperarlo. Así fue como el país se vio envuelto en una guerra civil hasta 1851.

Volviendo a Casaus y Torres, cuando el campesinado católico al mando de Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1839, la Asamblea Constituyente declaró nula e inconsistente la expulsión del arzobispo, y lo reconoció de nuevo.3 La Catedral, que había estado cerrada desde la partida del prelado en 1830, volvió a abrir sus puertas en espera del pastor. Pero éste nunca regresó y, de hecho, tras dos años de que el gobierno le estuvo rogando que dejara La Habana y regresara a Guatemala, se decidió que lo mejor era dirigirse al Vaticano directamente en busca de un sustituto.4

Finalmente, en 1843 fue reconocido como arzobispo metropolitano de Guatemala el presbítero Francisco de Paula García y Peláez, quien sería un de los baluartes del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera aunque al principio hubo algunos roces entre ambos.4,5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 361-366.
  2. Ibid., pp. 284-286.
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Geográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise. pp. 17-90.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  5. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.

Subir

23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman a Carrera como presidente perpetuo

23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman a Carrera como presidente perpetuo

El 23 de mayo de 1854, los representantes civiles, militares, y religiosos de todos los corregimientos y principales poblaciones del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios. Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.1

Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.
Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Estructura del gobierno de Rafael Carrera:

Véase también: Rafael Carrera, clero secular, Familia Aycinena

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder: el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez. Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera. Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas, y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.2

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852.3 Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces.2 México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él era simplemente el brazo armado de los Aycinena,4 esto no pudo ser más lejano a la realidad pues fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país ya que no eran bienvenidos por los regímenes liberales del área y, además querían evitar a toda costa que los indígenas los lincharan, como estaba ocurriendo en Yucatán con la Guerra de Castas. Y así el nombramiento como presidente vitalicio fue hecho oficial el 25 de octubre de 1854, por medio de un acta en la que se aconsejaba modificar la constitución para reflejar que Carrera era presidente de por vida.2

Versión de Federico Hernández de León:

He aquí como describe el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:1

«Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear. No había garantía ni para la persona, ni para los bienes. La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto. Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.1

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo. No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos. Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades. Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.5

A Carrera le llamaban ‘Caudillo’, ‘Salvador de la Patria’, ‘Protector de la Religión’, ‘Hijo Predilecto’, ‘Enviado de la Providencia’; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -‘Hallo, Mr. Chattfield; how do you do’?5

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso. El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes. Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera5

Y así, Carrera gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

¿Quiénes firmaron el acta?

Entre los firmantes del acta del 25 de octubre hay varios personajes históricos que se pueden clasificar en tres grupos: correligionarios de Carrera durante su época de guerrillero, los miembros del clero y los miembros del partido conservador. He aquí algunos de ellos:6

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre «Cuadros de Costumbres«7 y la de Ramón Salazar «El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud«8 las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y desde la de los liberales, respectivamente.


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 335.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 114-165.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides. pp. 336-337.
  6. Junta General de Autoridades (1854). Acta declarando presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  7. Milla y Vidaurre, José (1865). Cuadros de costumbres guatemaltecas. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  8. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

Subir